Banda: Avatar – Alien Weaponry – Witch Club Satan
Lugar: Santana 27, Bilbao – 28 de febrero de 2026
Fotos: Xabier Aresti
Han pasado nada más y nada menos que dos décadas desde aquel modesto concierto en la sala Antzoki: Avatar, con unos integrantes jovencísimos, que aún no alcanzaban ni los veinte años, visitaban Bilbao para intentar abrirse camino en este ‘mundillo’ de la música. Su Thoughts of No Tomorrow había visto la luz en enero de aquel año y, con muchas ganas, pero no demasiado éxito la banda sueca, tocó frente a un público bastante escaso.
Desde entonces, Avatar ha cambiado mucho: no solo en su estilo musical, donde hemos visto cómo han ido evolucionando y madurando álbum tras álbum, sino también en todo el trabajo, mimo y detalle que ponen en su escenografía. El propio Johannes Eckerström haría alusión a aquella etapa y a las diferentes visitas de Avatar a la capital bizkaina. Pero vayamos por partes, porque la noche tuvo muchas emociones y lo correcto es empezar por el principio.
El año pasado, cuando ya teníamos la confirmación de los chicos de Eckerström como teloneros de Iron Maiden para verano en Madrid, Madness anunciaba que, además de esa fecha, en 2026 Avatar volvería a visitarnos en tres ciudades diferentes: la primera, en la sala Razzmatazz 1, en la Ciudad Condal el 24 de febrero, seguida por Madrid, que recibiría a los suecos en La Riviera al día siguiente y, por último, en Bilbao, concretamente en la Santana 27 el 28 de febrero. Además, por si nos pareciese poco recibirlos, compartirían cartel con la bandaza neozelandesa Alien Weaponry, a la que hemos podido ver anteriormente en nuestro país en festivales como el Resurrection Fest de 2022, y con Witch Club Satan, que son sinónimo de movimiento.

Y así, llegó el día del concierto. Sábado en Bilbao que amaneció con buenas temperaturas y sol, lo que animó a que un montón de seguidores de alguna de estas tres bandas (¡o de las tres!), a acercarse temprano a los alrededores de la sala. Desde primera hora de la tarde ya podían verse grupos de gente tomando algo por la zona o aguardando pacientemente para acceder al recinto con la intención de conseguir un buen ‘huequito’ cerca del escenario.
Una vez abiertas las puertas, a eso de las seis de la tarde, los asistentes comenzaron a repartirse rápidamente entre el puesto de merchandising –ubicado nada más entrar–, la barra, con la idea de tomar algo para ir animando la fiesta y, por último, la propia pista. Los más impacientes se colocaron en las primeras filas mientras la sala comenzaba a llenarse hasta la hora de inicio del primer concierto de manos de las noruegas Witch Club Satan.
Cuando faltaba un cuarto de hora para las siete, el trío apareció con tranquilidad sobre escenario envuelto en una iluminación completamente roja. Portaban palitos de incienso que terminaron apagando con la boca antes de comenzar su actuación. En sus cabezas, una especie de vendaje que hacía la labor de sombrero de bruja, daba a las componentes de la banda una apariencia cuanto menos misteriosa. Nikoline Spjelkavik, Victoria Røising y Johanna H. Kleive no tardaron en sumergir la sala en su particular propuesta de black metal, abriendo con “Fresh Blood, Fresh Pussy” tras la intro “Witch Craft Techno” e incluyendo otros cortes como “I Was Made By Fire”.
Aunque el sonido no terminó de ser el más limpio de la noche, la intensidad del grupo fue evidente desde el primer momento. En mitad del concierto decidieron cambiar su vestuario por completo, despojándose de sus vestimentas ‘de bruja’ y luciendo largas pelucas negras, algo que reforzó todavía más la provocadora estética de su espectáculo (no debemos olvidar que el primer traje mostraba sus pechos, tapados con esparadrapo en forma de cruz). Para el cierre, continuaron con el repertorio basado en su único disco homónimo, interpretando “Black Metal Is Krig” y “Solace Sisters” como despedida. Sin duda, acapararon las miradas de todos los que nos encontrábamos allí. Curiosas.




Sin apenas pausa, ya que el cambio de escenario se completó a la velocidad de la luz, llegaba el turno de Alien Weaponry, banda por la que muchos de los asistentes se habían animado a acudir al show. El trío procedente de Nueva Zelanda, subió al escenario poco después de las siete y media. El primero en aparecer fue el batería Henry de Jong, que inició la actuación rodeado de luces amarillas y naranjas mientras, con sus peculiares movimientos, interpretaba la ‘haka’. Poco después se unieron su hermano Lewis y el bajista Türanga para arrancar con el temazo “Rū Ana Te Whenua”, de su primer trabajo de estudio Tū, lanzado en 2018.
Tras ese arranque cargado una energía que no sabemos de dónde la sacan, el grupo continuó alternando temas más añejos con composiciones de su último álbum, Te Rā, publicado hace menos de un año. Sobre el escenario demostraron su enorme capacidad para conectar con el público: Lewis liderando el show mientras agitaba sus rastas, Türanga con una fuerza que parece que va a destruir su bajo y Henry poniendo intensidad desde su batería. En la parte central, como decíamos, aprovecharon para meter el triplete de sencillos nuevos: “Te Riri o Tāwhirimātea” dio paso a “Mau Moko” para dar fin a este bloque con “Taniwha” que, en el disco incluye a Randy Blythe de Lamb of God como colaboración estelar. El final llegó con “Kai Tangata”, tema incluido también en su álbum debut Tū, que hizo saltar por los aires la sala. Simplemente brutales.




Con la sala ya casi a rebosar y el ambiente bien caldeado, todo estaba listo para la llegada de Avatar. Pasadas las ocho y media, el grupo apareció envuelto en una escenografía que nos llegaba a recordar un poco a los grandes stages de Alice Cooper, con un toque bastante teatral. Un telón con estética circense cubría el fondo mientras los músicos salían vestidos con capas, creando un ambiente misterioso que encajaba perfectamente con lo que esperábamos.
Johannes Eckerström hizo su entrada encapuchado y sujetando un farol mientras comenzaban a sonar los primeros acordes de “Captain Goat”, uno de los temas de su reciente álbum Don’t Go in the Forest, publicado el pasado octubre. Tras quitarse las capas que llevaban, el concierto continuó con “Silence in the Age of Apes”, perteneciente a su Hunter Gatherer de 2020.

El tema “In the Airwaves”, que da nombre a la gira, llegó como cuarto corte de la noche, cuando el público ya estaba totalmente volcado con la formación originaria de Mölndal. Retrocediendo hasta su Hail the Apocalypse de 2014 para el siguiente sencillo, “Bloody Angel”, continuaron haciendo gala de sus tablas sobre el escenario y esa tranquilidad como de quien anda por el salón de su casa que desprenden en cada uno de sus shows. Se les veía cómodos y disfrutando de cada momento, y eso es algo que los fans también perciben.
Algunas piezas del nuevo trabajo como “Death and Glitz” fueron alternándose con otras más antiguas como “The Dirt I’m Buried In” o “Torn Apart”, repasando prácticamente toda su trayectoria musical. En “Howling at the Waves”, una de las ‘nuevas’, Johannes se sentó al piano, creando un momento más calmado que sirvió como pequeño descanso a los asistentes. Pero sin pasarse, porque, seguidamente venía “Legend of the King”, de los cortes más teatrales en los que Jonas «Kungen» Jarlsby toca su guitarra desde un enorme trono de terciopelo rojo y oro, y se convierte en el protagonista de la velada durante unos cuantos minutos.
Tras un par de temas más, la formación sueca abandonó el escenario como si el concierto hubiese terminado. Pero el público sabía que quedaba algo más, las cuentas no encajaban y aún quedaban clásicos que no podían faltar en el setlist. El bis comenzó con “Don’t Go in the Forest”, coreada con fuerza por casi toda la sala. La respuesta de los asistentes fue enorme; la verdad es que hacía mucho tiempo que no veíamos un entusiasmo de ese nivel en esta sala, espectacular.


El cierre definitivo llegó con dos clásicos que, como decíamos, no podían faltar: “Smells Like a Freakshow” y “Hail the Apocalypse”. Más de una década después de su publicación, ambas canciones siguen funcionando a la perfección en directo y consiguieron que sus fans se viniesen totalmente arriba en el tramo final del concierto.
Con un sonido impecable y un espectáculo cuidado hasta el último detalle, Avatar volvió a demostrar que tiene unos directos a los que merece la pena acudir. Su profesionalidad, esmero y detalle en cada cosa que hacen, los convierte en una banda que está logrando subir como la espuma. Tal y como decía el propio Eckerström, la última vez que habían visitado Bilbao en esa misma sala, acompañados por Hellzapoppin y Old Kerru McKee, para nada habían tenido el éxito de esta ocasión, sino que se encontraron con una Santana 27 bastante vacía y triste, nada que ver con lo vivido en 2026. Esperamos que no tarden otros ocho años en regresar.



