Bandas: After Lapse, Agent Fresco, Einar Solberg, The Dear Hunter, The Ocean, SerapiS Project, Iotunn, Rendezvous Point, Green Carnation, Soen.
Lugar: Carpa del Poble Espayol (Barcelona) – 25 y 26 de setiembre de 2026
Texto: Gerard Gras y Òscar Saro
Fotos: Enric Minguillón
El Be Prog! My Friend celebró su octava edición en el Poble Espanyol de Barcelona con dos jornadas de altísimo nivel y diez bandas que demostraron que el rock y el metal progresivo no entienden de fronteras ni de etiquetas. Desde la experimentación de Agent Fresco hasta la contundencia de The Ocean, pasando por la elegancia sinfónica de Einar Solberg, la épica de Iotunn o la intensidad de Soen, el festival volvió a reivindicar la diversidad de un género tan fascinante como difícil de definir. Dos días de música extraordinaria que también nos invitaron a recuperar una vieja pregunta: ¿qué significa realmente ser progresivo?
INTRODUCCIÓN: El progresivo no tiene dueño
Autor: Òscar Saro
Un año más, hemos acudido militantes a una nueva convocatoria del singular festival Be Prog! My Friend, dedicado al rock y al metal progresivo, que cada septiembre el promotor Madness Live celebra en el Poble Espanyol de nuestra querida Barcelona.

A propósito de esta octava edición, entre un grupo de amistades volvió a surgir el eterno debate sobre si el festival es suficientemente progresivo. Una controversia que hemos mantenido en repetidas ocasiones y que, al ser fruto de opiniones y gustos personales, difícilmente conseguiremos enterrar algún día.
Sin embargo, creo que, en el fondo, toda esta polémica se reduce a dos preguntas: ¿Se puede considerar el metal música progresiva? ¿Qué música merece realmente el calificativo de progresiva?
Este es el núcleo de la cuestión y lo que me ha llevado a adentrarme en una investigación que bien merece el extenso artículo que estoy preparando, pero cuyas conclusiones intentaré resumir aquí, a modo de introducción a la presente crónica.
Obviamente, la música no ha dejado de evolucionar desde que nuestros ancestros golpeaban tambores alrededor del fuego. Es un proceso de transformación constante que no conoce límites. Pero, buscando referencias documentadas, es inevitable acercarnos a tiempos más recientes. Así, encontramos que, a mediados del siglo XIX, ya se hablaba de progreso artístico (1) en el ámbito de la crítica musical para referirse a compositores que desafiaban las convenciones de su época y exploraban nuevas libertades rítmicas, armónicas y estructurales.
Pero una cosa es ser musicalmente progresista y otra muy distinta hacer música progresiva como género. No fue hasta mediados del siglo XX cuando comenzó a utilizarse el término jazz progresivo (2) para identificar una evolución del género que incorporaba armonías complejas, disonancias, estructuras elaboradas y elementos de la música clásica, alejándose del jazz convencional destinado al baile.
En los años sesenta ya se hablaba de pop progresivo (3) para referirse a una música que aspiraba a una mayor complejidad y ambición artística. Apenas unos años después, el concepto de rock progresivo (4) ya aparecía en revistas especializadas asociado a músicos cuya combinación de formación clásica, jazz y rock abría las puertas a un lenguaje musical novedoso. Para el metal, que es claramente un género más joven, parece que las primeras referencias documentadas del concepto de metal progresivo (5) se remontan a principios de los ochenta, antes de que en los años noventa ya se llegara a consolidar.

Con estos antecedentes, mi respuesta es rotunda: el metal puede ser progresivo, exactamente igual que cualquier otro tipo de música que tenga la voluntad de ir más allá de las convenciones de su tiempo.
Primero existe esa voluntad de explorar nuevos territorios; después, otros músicos transitan caminos similares y, finalmente, esas inquietudes compartidas acaban cristalizando en una etiqueta que identifica un género. Por eso entiendo que el concepto de metal progresivo todavía pueda provocar ciertas dudas, especialmente cuando se aleja de los patrones que hemos aprendido a reconocer como propios del estilo.
O, dicho de otra manera, poca controversia genera afirmar que Dream Theater o Symphony X hacen metal progresivo. Sin embargo, incluir bajo ese mismo paraguas a bandas actuales como Jinjer o Infected Rain todavía despierta muchas reticencias. Y quizá sea precisamente porque están explorando territorios que no encajan en los moldes establecidos y que, por su propia naturaleza, no resultan aptos para todos los oídos.
Sea como sea, mi conclusión es que lo progresivo no debería definirse únicamente por cómo suena una banda, sino también por su voluntad de explorar, experimentar y trascender las convenciones. Ningún estilo tiene la exclusiva de esa inquietud y ninguna banda debería necesitar el permiso de los guardianes del género para reivindicarla.
Al fin y al cabo, el propio nombre del festival nos ofrece la mejor respuesta: Be Prog! My Friend
| Nota | Fuente y enlace |
|---|---|
| (1) | Die Neudeutsche Schule — Springer. Incluye la referencia bibliográfica exacta a los artículos de Lobe. |
| (2) | The Sins of Progressive Jazz — Barry Ulanov, 1948 |
| (3) | Melody Maker, 2 de marzo de 1968 y Artículo histórico de Simon Frith |
| (4) | Billboard, 13 de julio de 1968, pág. 12 |
| (5) | Heavy Metal Subgenres in the 80s — Parte 2, Metalzone (2025) |
CRÓNICA DEL VIERNES 25
Autor: Òscar Saro
Pidiendo disculpas por esta extensa introducción, que sentía la necesidad de compartir, toca centrarse en la primera jornada de esta octava edición del festival, que, musicalmente hablando, nos ofreció uno de los niveles más altos que recuerdo en la historia del Be Prog! Cierto es que, si alguien acudía en busca de rock progresivo clásico, probablemente no era su día. The Dear Hunter eran quienes más se acercaban a esa definición, mientras que las otras cuatro formaciones, After Lapse, Agent Fresco, Einar Solberg y The Ocean, indudablemente progresivas, transitaban por territorios más próximos al metal, cada una desde una personalidad y una propuesta musical muy diferentes.
AFTER LAPSE: El progresivo nacional abre el festival

La responsabilidad de inaugurar esta octava edición recayó en After Lapse, una formación madrileña que representa la vertiente reconocible del metal progresivo local. Y no lo tuvieron precisamente fácil. A las cuatro de la tarde, como hemos visto en otras ocasiones en este mismo escenario, con el sol castigando sin piedad el escenario del Poble Espanyol y buena parte del público todavía por llegar, disponían de poco tiempo para presentar sus credenciales.
Con dos álbumes publicados, Face the Storm (2022) y Pathways (2024), los madrileños apostaron principalmente por su trabajo más reciente, arrancando con “The Shadow People” y “Clones”, dos composiciones que dejaron clara su predilección por las estructuras elaboradas, las melodías vocales y el protagonismo de los teclados.
Los vi por primera vez en el Z Live! del 2025 y entonces estaban probando con un vocalista que parece no ha tenido continuidad. Por esa razón, vemos como Unai Iglesias, además de encargarse de la guitarra asume la voz con una solvencia que merece destacarse. Los teclados de Pablo Sancha, que también aportó segundas voces, fueron otro de los elementos destacados de una actuación en la que el equilibrio entre los instrumentos permitió apreciar los matices de las composiciones.
Con “Dying Star” continuaron explorando esa combinación de metal melódico y desarrollos progresivos, mientras que “The Lie”, recuperada de su primer trabajo, nos regaló uno de los momentos más curiosos de la actuación. Un pasaje de cierto aire flamenco nos acercó inesperadamente al universo de Triana, demostrando que las influencias del progresivo pueden extenderse mucho más allá de sus referentes habituales.
Para el final reservaron “Thanks, But No Thanks”, un tema de considerable fuerza, con ciertos aires funk y una energía que terminó de despertar al público. Unai reclamó nuestra colaboración, invitándonos a agacharnos para levantarnos al ritmo de la música y acercarnos al escenario. La banda estaba grabando imágenes para un futuro videoclip y quería contar con la participación de los asistentes.
Un cierre festivo y contundente para una actuación demasiado breve, pero suficiente para demostrar que la fuerza de esta banda que ya me impresionó en tierras zamoranas.
AGENT FRESCO: Una banda que no entiende de etiquetas
Diez años después de su primera participación en el Be Prog!, los islandeses Agent Fresco regresaban al festival para ofrecer una de las propuestas más interesantes de toda la jornada. Y es que, si hay una banda difícil de etiquetar es precisamente esta.

El cuarteto liderado por Arnór Dan Arnarson tiene una personalidad que trasciende cualquier categoría. En su música conviven el rock progresivo, el pop alternativo, las texturas electrónicas y una sensibilidad melódica muy particular. Todo ello presentado con una teatralidad escénica similar a la que vemos en grupos como Leprous y que contrastan con la imagen de músicos concentrados exclusivamente en las complejidades de sus instrumentos.
Tras superar algunos problemas técnicos iniciales, arrancaron con una composición nueva antes de recuperar “Howls”, “Pyre” y “Destrier”, pertenecientes a su celebrado segundo álbum, Destrier (2015). Arnór no dejó de moverse y sonreír por el escenario, alternando momentos de enorme intensidad con pasajes delicados en los que su particular registro vocal se convirtió en protagonista absoluto.
Pero uno de los aspectos más interesantes fue la facilidad con la que los músicos intercambiaron sus funciones. Tras presentar al batería, Hrafnkell Örn Guðjónsson, Arnór hizo referencia a Einar Solberg, con quien compartiría el brillante instrumentista apenas unos minutos después. A partir de ahí, la banda se permitió alterar constantemente su configuración instrumental.
En determinados pasajes, el guitarrista Tóti (Þórarinn Guðnason) y el bajista Vignir Rafn abandonaron sus cuerdas para sentarse ante los teclados. Especialmente llamativo resultó “Bemoan”, con una instrumentación mucho más delicada y atmosférica, que exigía al público dejarse llevar por un lenguaje musical alejado de las estructuras más convencionales.
Hubo también un momento en el que la batería cedió protagonismo al piano, dando lugar a uno de los pasajes que personalmente más me costó asimilar. La composición parecía perder parte de su impulso hasta que el regreso de la percusión volvió a proporcionar el punto de apoyo necesario. Pero quizá ahí resida precisamente una de las virtudes de Agent Fresco: no están especialmente interesados en ofrecer siempre el camino más sencillo para el oyente.
Entre saludos, presentaciones y algún nuevo adelanto discográfico, los islandeses fueron construyendo una actuación que no dejó de crecer. “Dark Water” nos condujo hacia el desenlace, mientras que “The Autumn Red” acabó de romper cualquier barrera entre el escenario y el público.
Arnór descendió entre los asistentes armado con su micrófono y un interminable cable blanco, cantando rodeado de seguidores que respondieron con entusiasmo a su proximidad.
Agent Fresco demostraron que el progresivo no necesita renunciar a la emoción, al movimiento ni a la espontaneidad. Y que, a veces, ser progresivo consiste precisamente en no parecerse a lo que esperamos de una banda progresiva.
EINAR SOLBERG: Un genio buscando nuevas formas de expresión
La tercera actuación de la jornada nos ofrecía un cambio radical de escenario musical. Einar Solberg, conocido principalmente por su trabajo al frente de Leprous, llegaba al Be Prog! para presentar su proyecto en solitario, con el reciente y brillante Vox Occulta (2026) como gran protagonista.

La simple composición de la banda ya anunciaba que estábamos ante una propuesta diferente. Además de la formación habitual de rock, encontramos dos violonchelos y un violín, responsables de aportar la dimensión sinfónica que ocupa un lugar fundamental en su nuevo trabajo.
Completando la banda, Quentin Godet a la guitarra, Eero Maijala al bajo y Harrison White a los teclados, junto a Hrafnkell Örn Guðjónsson, que regresaba a la batería tras su actuación con Agent Fresco. El apartado de cuerdas quedó en manos de Maya Fridman y Raphael Weinroth-Browne a los violonchelos y Chris Baum al violín.
El propio Einar apareció elegantemente vestido, con chaleco y pajarita, reforzando una estética que parecía querer trasladarnos del ambiente de un festival de metal a una sala de conciertos de música contemporánea.
Abrieron con “Stella Mortua”, “Liberatio” y “Vita Fragilis”, tres composiciones de su nuevo trabajo que permitieron comprobar hasta qué punto Solberg ha querido ampliar sus horizontes creativos. Las cuerdas no ejercieron un simple papel ornamental, sino que se integraron plenamente en las composiciones a la vez que se mostraron muy activos y móviles en la línea habitual de los músicos que rodean a Einar.
Naturalmente, la voz fue uno de los grandes atractivos del concierto. Einar posee un registro absolutamente reconocible, capaz de transitar de la delicadeza más íntima a interpretaciones de una potencia casi desgarradora. Una versatilidad que ya conocemos por Leprous, pero que aquí encontró un entorno instrumental diferente para desarrollar nuevas posibilidades expresivas.
“A Beautiful Life”, “Serenitas” y “Splitting the Soul”, estas dos últimas de discos diferentes, fueron dando forma a un repertorio que no renunció a los momentos de contundencia.
El tramo final, con “Vox Occulta”, “Over the Top”, “Medulla” y “Grex”, terminó de mostrar la amplitud de una propuesta en la que el metal progresivo se encuentra con el universo sinfónico.
Un concierto de enorme elegancia, sustentado en la calidad de los músicos y en la personalidad vocal de un artista que continúa buscando nuevas formas de expresión.
THE DEAR HUNTER: Un universo musical propio
La cuarta actuación llegaba cargada de expectación. The Dear Hunter tenían una cuenta pendiente con el Be Prog! después de que su participación prevista para la edición anterior quedara frustrada por la cancelación de su gira europea. Esta vez, por fin, el público pudo disfrutar de la primera visita de la formación estadounidense a nuestro país.

Liderados por el genial Casey Crescenzo, The Dear Hunter representan una de las aproximaciones más singulares al rock progresivo contemporáneo. Su universo musical está construido a partir de composiciones conceptuales, melodías de una enorme riqueza, influencias teatrales y una mezcla de estilos que puede conducirnos del rock sinfónico al pop, el jazz o el funk sin apenas transición.
El concierto arrancó con “Marauders” y “The Bazaareteria”, dos composiciones de su trabajo Sunya, que sirvieron para presentar esa variedad de recursos. El protagonismo de Crescenzo, alternando la voz con tecjado o guitarra, fue uno de los elementos centrales de una actuación marcada por su riqueza melódica.
“Ring 7 – Industry”, “Wait” y “The Most Cursed of Hands” permitieron recorrer diferentes etapas de su discografía, mientras que “The Glass Desert II – Cliffs and Stormlands” y “The Bitter Suite IV and V: The Congregation and the Sermon in the Silt” reforzaron el carácter narrativo y teatral de su propuesta.
Lejos de la contundencia del metal que dominaba buena parte del cartel, The Dear Hunter apostaron por la construcción de ambientes, los cambios de intensidad y unas composiciones donde las voces y los arreglos comparten protagonismo con las guitarras.
Tras recuperar “At the End of the Earth” y “The Revival”, afrontaron el desenlace con “Ring 5 – Middle Class” y “Ring 4 – Patrol”, dos piezas de Antimai que cerraron un recorrido por diferentes capítulos de su particular universo conceptual.
Su cuenta pendiente con en el festival y con su público fiel quedo plenamente saldada.
THE OCEAN: Un cierre de máxima intensidad

La responsabilidad de cerrar la primera jornada recayó en The Ocean, una de las propuestas más atmosféricas y esperadas del cartel. Entre el público pudimos distinguir muchas camisetas que demostraban el acierto de su papel como cabezas de cartel de la primera jornada.
Los alemanes llegaban a Barcelona en un momento especialmente significativo, coincidiendo con la publicación de su nuevo álbum, Solaris, y con una formación profundamente renovada. Liderados por Robin Staps, presentaban a Enrico Tiberi y Lane Shi en las responsabilidades vocales, una combinación que ampliaba considerablemente el abanico expresivo de unas composiciones ya caracterizadas por sus contrastes extremos.
Especialmente interesante fue su puesta en escena en una penumbra permanente que nos permitió apreciarlos en todo momento como simples siluetas dentro de la niebla que se construyó a base de humo y un juego de luces especialmente diseñado para el propósito. Una puesta en escena oscura, dominada por los contraluces, las atmósferas densas y una extraordinaria presión sonora.

El concierto comenzó con “Light Pollution”, del nuevo trabajo, antes de recuperar “Pleistocene” y “Preboreal”. Desde los primeros minutos quedó claro el objetivo de construir un muro sonoro y visual que nos envolvió por completo.
Con “Jurassic | Cretaceous” y “Mesopelagic: Into the Uncanny” regresaron a algunas de las etapas más reconocibles de su discografía, desarrollando ese particular lenguaje en el que conviven el post-metal, los pasajes atmosféricos y una contundencia que por momentos se aproxima a los territorios más extremos del género.
El contraste entre las voces fue uno de los elementos más llamativos de esta nueva encarnación. Mientras los desarrollos instrumentales iban acumulando tensión, ambos vocalistas se alternaban y complementaban, aportando registros que oscilaban entre la melodía, los gritos y las interpretaciones guturales.
La intensidad no se limitó al terreno musical. Tanto Tiberi como Shi buscaron constantemente el contacto con el público, abandonando el escenario e incluso dejándose llevar sobre los asistentes, en una actuación que terminó por convertir las primeras filas en una prolongación de la propia banda.
“Miocene | Pliocene” y “Swallowed by the Earth” mantuvieron la tensión antes de que “Belligerence” nos devolviera al presente discográfico. El desenlace llegó con “Ultima Esperanza” y “Milk of My Dreams”, dos nuevas composiciones que pusieron el punto final a una actuación marcada por la oscuridad, la agresividad y una notable intensidad emocional.
The Ocean demostraron que el progresivo también puede expresarse a través de una experiencia física que va mucho más allá de escuchar atentamente una sucesión de complejas estructuras musicales.
Un cierre poderoso para una primera jornada que, desde el metal melódico de After Lapse hasta el universo sonoro de The Ocean, había recorrido cinco maneras muy diferentes de entender la música progresiva. Y quizá esa diversidad sea precisamente la mejor respuesta al debate con el que comenzábamos esta crónica.
CRÓNICA DEL SÁBADO 26
Autor: Gerard Gras
SERAPIS PROJECT: epicidad local para empezar a calentar motores

Bien puntuales a las 16, a la banda local SerapiS Project (formada por Joaco Luis, Kristina Vega, Carly Pajarón, Lucas Luis y Sergi Martínez) se les presentaban una serie de retos. El primero era abrir la segunda jornada de un festival que, el día anterior, había dejado el listón muy alto, la segunda era conseguir que un Poble Espanyol azotado por el sol de Barcelona vibrara con su música, y el tercero condensar dos horas de show en un concierto de 30 minutos.
Con “Ascension” iniciaron el set, y la pieza instrumental épica y virtuosa dio paso a “Act I: Defiance” para continuar con su relato. Tanto Kris como Juaco mostraron una especial química al unir sus voces, y a su vez, se encargaron de construir una atmosfera que nos introdujo por completo a ese paisaje mitológico que han creado con su música.
El relato siguió con “The Gravest Mistake” y “Act IV: The Vengeance” nuevamente mostrando el talento de la cantante, y con “The Fury Of The Storm” nos introdujeron lo que todo fan del progresivo quiere ver en estos festivales, un epílogo de 8 minutos que cierre el concierto. El tema elegido no podía ser otro que “Act VIII: Palingenesis” …
No hay duda alguna de que los Barceloneses tienen lo que hace falta para irrumpir en la escena del progresivo español y europeo. Lucas en el bajo se encargó de animar al público durante sus partes instrumentales, Kris mostró una solidez y versatilidad vocal que no dejaron a nadie indiferente, Joaco y Sergi en las guitarras se encargaron de mantener la atmosfera, y Milton se encargó de mantenerlo todo unido y en movimiento sentado detrás de la batería.
Se podría decir, por lo tanto, que pudieron con todos los retos que se les presentaron enfrente y que el BeProg fue un calentamiento ideal para su gira europea.
IOTUNN: un coloso nórdico en el escenario
Siempre fieles a su puesta en escena los daneses nos enseñaron que un doom metal progresivo también es posible y tiene cabida en los grandes festivales del país. Con su formación habitual de Jon Aldará en las voces, los hermanos Jesper y Jens en las guitarras, Eskil Rask en el bajo, y Bjørn Wind Andersen en la bateria, se encargaron de seguir con la velada manteniendo un nivel muy bueno y acogiendo en la pista a todos aquellos que acababan de llegar.

El set empezó por todo lo alto con “Mistland” tema en el que guitarras y baterías nos ofrecen una introducción épica y enérgica ideal como carta de presentación. Del mismo álbum, siguieron con “Kinship Elegiac” sacando a relucir el gran registro vocal de Jon con esos graves iniciales que poco a poco nos transportan hacia el clímax de la canción en el que toda la banda se entrega por completo a la música y la canción cambia completamente de registro.
En una misma línea siguieron con “Twilight” en la que Bjørn, sacó a relucir todo su talento detrás de los tambores manteniendo la energía de la canción en todo momento. Con “Earth To Sky” las revoluciones bajaron dando paso al sonido limpio de las guitarras que iban construyendo el camino que culmina con una implosión de energía y ritmo para todo lo que resta de tema. Dinámica que se mantuvo con “The Anguished Ethereal” para hacer que todo aquél que aún no había quedado convencido por el sonido de Iotunn empezara a disfrutar y vibrar con ellos.
Finalmente, y como único tema fuera de “Kinship”, los de Dinamarca optaron por cerrar su set con “The Tower Of Cosmic Nihility”, como ya es habitual en sus conciertos.
Precisamente esto es lo bueno del progresivo, la cabida que tiene para muchos estilos y registros diferentes, que hacen de este sub-genero un lugar para experimentar y dar rienda suelta a todas esas ideas que no se acaban de alinear con aquello más clásico o tradicional.
Iotunn se encargaron de mantener el listón y de acabar de calentar los motores para todo lo que aún estaba por venir.
RENDEZVOUS POINT: cuando se fusionan precisión y pasión
Rendezvous point llegó a una carpa del Poble Espanyol con el atardecer en el cielo, y se aseguraron de que todo el trabajo hecho por las dos bandas anteriores no fuese en vano. Con Geirmund Hansen en la voz, Baard Kolstad en la batería (conocido también por su papel en Leprous), Peter Hallaråker en la guitarra, Nicolay Tangen en los teclados, y Kjetil Hallaråker en el bajo, hermana de Peter y substituta de la bajista original Gunn-Hilde Erstad, nos regalaron alrededor de una hora y media de progresivo en estado puro dónde la energía desenfrenada se vio complementada con un fuerte despliegue de habilidad y virtuosidad.

Con todos los cuerpos ya a tono y una carpa casi llena del todo empezó “Don’t Look Up” sencillo de su último álbum y su ritmo se empezó a contagiar con esa base de sintes tan característica. De repente la batería se apoderó de todo el protagonismo y con un 7/4 bien marcado empezó “Pressure” que, además de enseñar la calidad de Baard Kolstad en la batería (no podíamos esperar otra cosa del batería de Leprous), nos permitió escuchar la gran voz de Geirmund Hansen.
El nivel de precisión no bajó en absoluto cuando los primeros compases de “Wasteland” empezaron a sonar, y para el siguiente tema decidieron quedarse en el mismo álbum. “Through The Solar Storm” nos presentó una introducción lenta para dar entrada a guitarras y batería que crean una melodía inquietante pero que te hace disfrutar igualmente.
La energía volvió a subir con “Universal Chaos” y la gran demostración de registro y control que nos ofreció Hansen, y el público reconoció el esfuerzo con los brazos bien arriba y todas las cabezas moviéndose al compás.
Con “Presence” el sonido del sintetizador nos acompañó durante todo el tema complementando la voz del cantante y dando entrada al resto de instrumentos para que explotaran todos en el estribillo de la canción, demostrando, una vez más, la cantidad de talento que había reunida encima del escenario.
“The Hunger” nos llevó a un metal más convencional con un obstinado distorsionado en la guitarra y una voz con potencia y desgarro, acompañado por unos bombos marcados, cosa que inevitablemente llevó a todos los allí presentes al headbanging viendo mucho pelos y gorras volar. Seguramente fue el momento más metalero de todo su set.
Y de su metal más clásico pasamos a más progresivo en estado puro. “The Tormented” unió todo lo que buscamos, polirritmias en los instrumentos, líneas de voz poco convencionales y una atmosfera completamente etérea, que, con la puesta de sol ya casi en su fin, nos regaló un momento mágico y de introspección.

Siguió “Still Water” con una voz tranquila y fina acompañando unos acordes de piano sin efectos, que poco a poco se iban acelerando hasta que volvían los sintetizadores para ir aumentando la fuerza, como si de una supernova se tratara, para acabar explotando en un momento musical que nos llevó al espacio. Sin duda, uno de los mejores momentos de todo el concierto con una demostración de habilidad y talento que, en la escena musical actual, cada vez cuesta más de encontrar.
Ese clima creado les sirvió para “Apollo”, otro tema con un principio calmado y casi místico que poco a poco se va cargando de energía y que provoca que acabes sintiendo el tema con todas las fibras de tu cuerpo y, por momentos, te olvides de donde estas y solo sientas aquello que nos están diciendo desde el escenario.
Como última canción y después de ese paréntesis más cósmico, el grupo eligió “Mirrors” como su bajada de telón, y creo que fue una muy buena elección. El tema recogió, como si de un resumen se tratase, todas las sensaciones que habíamos podido disfrutar durante su tiempo de concierto, des de un inicio tranquilo y melódico, a la distorsión en guitarras y la fuerza tanto en batería como en voz, poniendo un broche de oro a un concierto muy técnico y preciso de principio a fin.
Los noruegos nos demostraron, una vez más, que unir pasión y energía con precisión y técnica es posible y mejora la experiencia de la música en directo de manera exponencial.
GREEN CARNATION: un poema oscuro y trágico, pero inolvidable
Con la noche ya encima de nuestras cabezas los noruegos Green Carnation asediaron el pequeño escenario de la carpa para hacer caber a sus siete integrantes para contarnos una historia. Una historia que transcurre a lo largo de sus tres últimos trabajos, una trilogía de álbumes bajo el título de “A Dark Poem”, una historia que en sus propias palabras, “es lo mejor que hemos hecho des de 2001”.

Así fue pues, como los noruegos nos metieron de lleno en su relato de rock y metal progresivo inspirado en el poema “Ophélie”, de Arthur Rimbaud, que a su vez remite al personaje de Ofelia de Hamlet, de William Shakespeare.
Con los músicos a contraluz y el público expectante los primeros acordes de “As Silence Took You” empezaron a sonar, y con la limpia pero fuerte voz de Kjetil Nordhus nos presentaron su clásica tragedia y oscurecieron la atmosfera para que pudiésemos disfrutar aún más de todo aquello que nos querían contar. Oscuridad que siguió con “In Your Paradise” y su melodía en tonalidad menor acompañada de un potente Jonathan Alejandro Pérez en la batería, que, en cierto modo te deja inquieto.
De repente, entre el silencio, el sonido de los teclados se hizo hueco para introducir “Unconditional Artificial Chemistry”, un tema con menos velocidad pero una fuerza innegable perteneciente al último volumen de la historia.
Toda la fuerza acumulada dio paso a un momento de relativa tranquilidad con “Me, My Enemy”, en la que la distorsión se pierde y un suave ritmo de bajo y batería introducen el tema que explota en forma de balada, con un toque de melancolía ideal para conectar con “The Shores Of Melancholia” (título del primer volumen) que recupera el tono narrativo del primer tema. Sin embargo, toda la atmosfera construida se vio comprometida por instantes por fallos técnicos en el micrófono del cantante, que aunque se arregló con velocidad estropeó, por unos breves instantes, toda la magia que nos habían llevado.

La energía volvió a toma protagonismo con “I Am Time” y “Too Close To The Flame” que nos volvieron a meter en la historia e hicieron olvidar los pequeños problemas sufridos. Batería y guitarras tomaron las riendas cuando la voz no pudo hacerlo, en una verdadera demostración de que el espectáculo debe seguir. Al público pareció no importarle en absoluto nada de lo ocurrido y así lo demostró interactuando con la banda durante el puente del segundo tema con esos característicos golpes en caja, bombo y tom de suelo, así pues, nos volvimos a situar en la tragedia de Ophelia.
Los teclados volvieron a convertirse en narradores introduciendo “Sanguis” y el marcado bombo de la batería los siguió mientras en la pista se derrochaba energía, sudor y mucha cerveza. Brazos alzados y torsos con movimientos laterales mientras sonaba el melódico estribillo es un perfecto resumen de lo que pudimos ver durante los nueve minutos de canción.
Por desgracia, todas las historias y relatos tienen un final, y este concierto no podía ser diferente, y como no podía ser de otra manera, el grupo cerró su concierto con el tema que les sirve también para cerrar su trilogía de progresivo. “Broken Souls, Common Enemies” llenó la carpa con música, melodía, fuerza y melancolía, para contarnos el final de su historia. El tema de casi nueve minutos pasa por múltiples fases, incluyendo fragmentos que nos recuerdan al doom metal característico de la formación en sus orígenes y muestran el amplio registro de los noruegos, y pasa también por momentos dulces en los que las guitarras acústicas toman todo el protagonismo, es un final de historia que deja hablar a todos sus personajes y nos resume en una sola canción todo lo que ha sido este épico y trágico poema que han convertido en música. Un final que te deja pensando en todo aquello que nos contaron durante su hora y cuarto de set.
SOEN: la guinda del pastel que culmina la edición
Cuando se habla de rock/metal progresivo europeo hay una banda que nunca se pierde la fiesta, y en esta ocasión no podía ser diferente. Soen tampoco quiso perderse la fiesta del progresivo en Barcelona y con su rango de cabezas de cartel se encargaron de poner el broche de oro en lo que fueron 16 horas de música dividido en dos días. Con Joel Ekelöf en la voz, Cody Lee Ford en la guitarra, Stefan Stenberg en el bajo, Martin López en la batería y Lars Ahlund alternando teclados y guitarra, el grupo sueco tuvo la misión de hacernos saltar en la que sería la última hora y media de música de esta edición del festival.

El listón estaba alto, pues los 9 grupos que les habían precedido habían dado muchísimo de que hablar, para bien evidentemente, y Soen no se arrugó ante el desafío. Las luces de la carpa se apagaron y con los primeros compases de “Mercenary” el público irrumpió en locura y la banda se presentó en el escenario lleno de energía, creo que hay pocas canciones más adecuadas para abrir su hora y media de concierto, la fuerza de la primera estrofa mezclado con el melodioso puente, nos dieron un cóctel que estalla en el estribillo. Con las energías a tope el grupo siguió con “Antagonist” haciendo cantar y saltar a un público completamente entregado.
Tocaba tirar de nostalgia, y los suecos retomaron un tema de su álbum “Cognitive” (su álbum de debut), escrita en 2012, “Fraccions” bajó un poco el pulso para que todos los allí presentes pudiésemos apreciar cómo empezaron y donde habían llegado.
Se hizo el silencio y el sonido de unos latidos mezclado con lo que parecían ser ametralladoras invadieron el escenario y dieron pase a unos redobles militares y a un Joel Ekelöf vestido como un auténtico oficial militar. No podía ser otra canción que “Memorial”, un tema que nos habla de las tragedias y las consecuencias de la guerra, tema muy acertado si tenemos en cuenta la situación política mundial actual.

Pero no todo podía ser tan trágico, por ello la banda volvió a su último álbum para deleitarnos con la primera gran balada de la noche. “Indifferent” como dice el nombre no dejó indiferente a nadie, el inicio a piano y voz, mezclado con los agradecimientos que se dedicaron al público dieron para uno de los momentos más emotivos de la velada, parejas bailando abrazadas y miradas de asombro de aquellos que estaban viviendo esta experiencia por primera vez.
Con “Discordia” y “Lascivious” llegamos al ecuador del set y las pulsaciones volvieron a subir llevando al público a saltar, los potentes riffs de guitarra y la batería se encargaron de que la energía no se acabara, y la voz de Ekelöf estuvo completamente a la altura de ambos temas, demostrando, una vez más, no solo fuerza y potencia sino un control excelente de dinámicas.
Las siguientes canciones salieron ambas del mismo álbum “Lotus” pero no podrías ser más diferentes, con “Martyrs” nos pusieron a saltar al ritmo de los riffs distorsionados de la guitarra, y con “Lotus” las emociones volvieron a flor de piel, la balada que da nombre al álbum nos dejó en completo silencio mientras escuchábamos aquel momento introspectivo que nos estaba regalando la banda wake the animal inside of you.

La tranquilidad pero no tardó en acabarse, y después de un discurso introductorio, la guitarra y bajo volvieron a retumbar con los acordes de “Primal”, donde la voz rasgada de Joel volvió a mostrar su potencia y control. Todos estos elementos se mantuvieron también con “Violence” para dar fin no solo a su concierto sino al festival entero. O eso pensábamos.
Después de que la banda abandonase el escenario y el público coreara su nombre, mostrando así sus pocas ganas de irse a casa, el piano y la voz volvieron a sonar para dar comienzo al bis. La lenta melodía de “Illusion” empezó a mover brazos de lado a lado, y un público entregado disfrutaba de los últimos momentos de música del día. El momento balada pero no se alargó mucho, y se vio interrumpido por la fuerza de “Unbreakable” un tema que representa perfectamente la esencia del metal progresivo de Soen y que ahora si que sí les sirvió para dar fin a la hora y media de música ininterrumpida. Un gran solo de guitarra, miles de agradecimientos y un último coro cantado por un público que se habría quedado horas ahí, cerraron la edición de 2026 del BeProg My Friend.
2 días, 10 bandas, 16 horas de música y alrededor de 1200 personas fue lo que nos ofreció esta edición 2026 del BeProg My Friend, que repitió localización y que nos muestra, un año más, que el progresivo existe y que cada vez gusta y se acerca a más gente.
El increíble cartel de este año nos ha permitido disfrutar de muchos rangos diferentes de este género que tanto nos apasiona a algunos, des de un rock más clásico a un metal más duro pasando por la mezcla de elementos sinfónicos. Y nuevamente, nos llevamos recuerdos, nuevos descubrimientos y la oportunidad de haber disfrutado de los más grandes como Soen, Einar Solberg, The Ocean o Green Carnation.
Lo que queda claro es que es un festival que debe seguir y debe seguir creciendo. De momento tenemos ya confirmada la edición de 2027 con los australianos Karnivool como cabezas de cartel y estoy seguro que el resto de grupos harán lo que esté en sus manos para asegurar que no solo se mantendrá el nivel, sino que, un año más, el festival seguirá mejorando.
Es una suerte poder disfrutar de este festival y de las alineaciones que nos trae edición tras edición, y por eso es tan importante, es nuestra forma de decirle al mundo que en Barcelona el progresivo no ha muerto y que no es cosa de algunos locos que disfrutamos con él.
Dicho esto, solo nos queda decir: Be Prog! My Friend






































