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BEAT y el poder de la manada

Banda: BEAT
Lugar: Real Jardín Botánico Alfonso XIII (Madrid) – 26 de junio de 2026
Texto y Fotos: Enrique Bernaola

El Festival Noches del Botánico de Madrid vivió el pasado viernes una auténtica estampida sonora. Llega a la capital la talentosa banda BEAT, compuesta por viejos rockeros de un talento descomunal como Adrian Belew (voz y guitarra), Tony Levin (bajo y Chapman Stick), Steve Vai (guitarra) y Danny Carey (batería). Juntos han formado un grupo que rinde homenaje a la etapa más experimental de King Crimson y, más concretamente, al trío de álbumes formado por Discipline (1981), Beat (1982) y Three of a Perfect Pair (1984).

Una oportunidad de absoluto oro para los amantes de la banda por excelencia cuando se habla de referentes del rock progresivo. Músicos de dilatada experiencia que desplegaron su enorme talento para deleitar a un recinto abarrotado donde hubo que luchar con un calor de justicia. Unas temperaturas que jugaron una mala pasada a Belew, que en la primera parte del concierto lo pasó francamente mal. Pero vayamos por partes.

La velada comenzó puntual y a ritmo de «Neurotica», con las guitarras de Belew y Vai conversando como si fuera un ritual sónico. A su lado, el bajo de Levin parecía un martillo, y detrás, Danny Carey empezaba a dar rienda suelta a su enorme precisión con la batería, aunque con sonidos más pausados de los que acostumbra con Tool. Y, casi sin tiempo para aplaudir, «Neal and Jack and Me», uno de los temas más conocidos de aquella etapa de King Crimson. Ahí empezamos a ver que algo no iba del todo bien con Belew, que pronto se apresuró a avisar de que sus dedos estaban ya viejos pero que intentaría hacerlo lo mejor que pudiera. Un comentario recibido entre risas, pero que luego cobró más sentido…

«Heartbeat» subió aún más las temperaturas con un ritmo más cálido y una técnica muy depurada. En «Sartori in Tangier» se vio a Carey disfrutar como un niño de este proyecto. Es como su juguete; alejado del misticismo y la oscuridad de Tool, el batería es la persona perfecta para poner el tiempo a esta gran banda. «Dig Me» trajo el lado más industrial de la banda con un bajo poderoso y profundo antes de «Man With an Open Heart», que bajó un poco las pulsaciones, empezando por el propio Belew. Con 76 años y una dilatada carrera junto a Frank Zappa, David Bowie o Talking Heads, entre otros, el cantante sufrió un golpe de calor. Tuvieron que ponerle una toalla mojada en la nuca para poder combatir el imprevisto. Decidió seguir adelante arropado por su manada, que le cubrió en todo momento demostrando que el poder está en el grupo, más que en las individualidades.

«Industry y Larks’ Tongues in Aspic (Part III)», con el músico ya recuperándose, pusieron el tono más experimental del primer tiempo antes de tomarse un descanso de algo más de veinte minutos. Una pausa necesaria para el cantante, que tiró de experiencia y tablas para salir al escenario y hacer una segunda parte mucho más contundente. Le sentó bien el parón. A él y al público, que, ya de noche, disfrutó aún más del ambiente, cada vez más mágico, empezando por un set preparado para Carey al que luego se sumó Belew para introducir «Waiting Man».

«The Sheltering Sky» y «Sleepless» sirvieron de entrante para el momento Steve Vai de la noche. El guitarrista sigue siendo un ciclón a sus 66 años. En «Frame by Frame», uno de los clásicos de la banda, su duelo de guitarras con Belew fue sencillamente brillante. Ambos continuarían su idilio en Matte Kudasai, con el cantante emocionado por momentos. Con «Elephant Talk» la cosa volvió a animarse con un Belew ya más entero e incluso bromeando: «Si no habéis subido ya el vídeo a YouTube… no lo subáis», en alusión a sus constantes disculpas por sus pequeños imprevistos durante el concierto. El público, lejos de criticar su actuación, aplaudió ese humilde gesto de autocrítica. Los años pasan, pero el talento y la honestidad son eternos e innegociables.

«Three of a Perfect Pair» e «Indiscipline» cerraron el primer bloque, con solo de Carey incluido. El respetable, totalmente entregado, estaba pidiendo a gritos que volvieran cuanto antes. No se hicieron de rogar y regresaron con Red, una de las mejor recibidas. Un tema que sirvió de homenaje para Fripp y Bruford, los miembros de King Crimson que siempre han dado su bendición a este proyecto. Steve Vai en trance y solos de guitarra demoledores bajo una aplastante batería de Carey.

Cerraron con «Thela Hun Ginjeet», tema que logró terminar en alto el concierto. Ovación muy acalorada y con ganas de que vuelvan pronto. Porque es muy difícil poder disfrutar de este tipo de veladas. Músicos que llevan toda una vida sobre el escenario y cuyo talento parece no terminar nunca, porque un elefante nunca olvida. Rock progresivo en vena y dignidad por bandera. Larga vida a esta manada.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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