Molina Rock City VI: dos jornadas, ocho bandas y un escenario para todos

Festival: Molina Rock City VI
Lugar: Aud. Tomás Fernández Gil, Molina de Segura – 11 y 12 de septiembre de 2026
Texto y Fotos: Rubén Rosinos

Un escenario para distintas generaciones

Hay festivales a los que uno llega pensando casi exclusivamente en los cabezas de cartel. En otros merece la pena estar desde el primer grupo, aunque las gradas todavía presenten bastantes huecos. El Molina Rock City pertenece a esta segunda categoría. Su sexta edición volvió a reunir a bandas de la Región de Murcia con músicos de mayor recorrido, ocho actuaciones repartidas en dos jornadas y un escenario compartido por distintas generaciones.

La cita regresó al Auditorio Municipal Tomás Fernández Gil, dentro de las fiestas de Molina de Segura, con el impulso del Ayuntamiento, la Asociación Amigos del Rock Táder juntos con sus voluntarios que trabajan mucho antes de que suene la primera guitarra. El viernes costó reunir público; el sábado, en cambio, el recinto fue llenándose hasta ofrecer una imagen muy diferente. Los horarios se cumplieron con una puntualidad poco habitual, las barras mantuvieron precios razonables y los cambios entre grupos fueron ágiles. Hubo también acoples y mezclas que necesitaron varios temas para encontrar el equilibrio.

Viernes 11: del metal extremo a los clásicos

Vatican Spectrum

A las ocho de la tarde, con puntualidad de reloj suizo, los cartageneros Vatican Spectrum abrieron fuego. Y no es solo una expresión: entre llamaradas, imágenes siniestras en las pantallas y una descarga de thrash metal, salieron dispuestos a repartir caña ante unas gradas todavía poco pobladas. No es fácil inaugurar un festival cuando buena parte de los asistentes aún no ha llegado, pero ellos no parecían dispuestos a reservarse nada.

Las guitarras tenían un sonido áspero, casi de picadora de carne. Los amplificadores de válvulas acoplaban entre canción y canción y la mezcla no era perfecta, aunque las voces conseguían hacerse oír. Black Yisus 666 intentaba arrancar una reacción a quienes habíamos llegado temprano mientras alternaba voz y guitarra. A su lado, Guille Arnaldos defendía unos solos cargados de wah-wah, con Matt al bajo, reciente incorporación y guitarrista en Mortis Cruentus.

Me llamó especialmente la atención Víctor War. Con todo lo que ocurría delante era fácil dejarse llevar por las guitarras, pero su batería sonaba contundente, bien marcada y sin perder el pulso. Durante unos cuarenta minutos, Vatican Spectrum mantuvo la intensidad pese a la escasa respuesta del recinto. El sonido podía haber estado mejor; actitud no les faltó.

Sheken

Con Sheken cambiamos de registro musical. La banda murciana apuesta por el hard rock en castellano, con estribillos melódicos y dos guitarras que tienen bastante que decir, en sus fraseos armonizados. Al frente a las voces nos encontramos a Rox Robles, acompañada por Johnny Lorca (Hitten) y Rudolf a las guitarras, Marco Zanetti al bajo y Willy Medina a la batería.

Los primeros temas tuvieron un problema evidente: el bajo estaba demasiado alto y costaba escuchar al grupo con equilibrio. A partir de «Santa Contradicción», la mezcla quedó bastante más estabilizada y pudimos apreciar mejor el trabajo de Johnny Lorca y Rudolf, que alternaban el protagonismo en sus solos, uy con Jonnny un poco más estático de lo habitual en Hitten ya que compartía voces con Rox.

Mientras Marco Zanetti permanecía más tranquilo, concentrado en su instrumento, el resto no paraba de moverse, recordaba a la imagen clásica del bajista inamovible en su metro cuadrado de escenario. Rox Robles defiendo las canciones con una voz que encaja a la perfección en este tipo de rock, recordándome un poco a Santa pero con timbre menos agudo. Sonaron temas de Sheken y La Sociedad del Espectáculo.

Durante su actuación empezó a llegar más gente. Primero se ocupó parte del fondo del anfiteatro y después fueron apareciendo espectadores en las gradas. Quienes estábamos allí desde el principio pudimos escuchar a una banda bastante más interesante de lo que sugerían aquellos primeros minutos de sonido desequilibrado.

Doble Esfera

Con Doble Esfera llegó uno de los conciertos más intensos y variados del viernes. La incorporación de Rubén Zarza, antiguo batería de Ansia y actualmente también en Scilla y Sons of Aguirre, aporta una pegada importante a una formación que ha ganado posibilidades con sus dos voces. Frente a la etapa anterior, con un único vocalista, ahora Eladio y Moisés se entrelazan, se responden y juegan con registros muy trabajados.

Lo que más me gustó fue el feeling entre los músicos. Se notaba que estaban conectados y disfrutando, y esa complicidad llegaba hasta abajo. En una misma actuación podías encontrarte pasajes de metal pesado y, poco después, riffs con sabor a blues rock o incluso a country. Las dos voces cruzándose sobre las guitarras, la pegada de la base rítmica y una puesta en escena muy visual mantuvieron el concierto en movimiento. No hacía falta que nadie explicara lo bien que se entendían: bastaba con verlos tocar.

Ronnie Romero

Ronnie Romero era el principal reclamo del viernes. Llegó acompañado por José Rubio a la guitarra, Tony «T. C.» Castell al bajo y Chris Allan a la batería, con un repertorio que combinaba canciones propias y clásicos del rock y el metal. Comenzó defendiendo su presente con “Never Felt This Way”, ”Backbone” y “Eternally”, de Backbone publicado en 2025 por el sello Frontiers, pero pronto quedó claro que no iba a limitarse a seguir una lista de canciones de principio a fin.

Después de haber vivido doce años en España, Ronnie se mueve con absoluta naturalidad en castellano y no dejó de bromear. Uno de sus blancos favoritos fue José Rubio, al que chinchaba con la confianza de quien disfruta compartiendo escenario y años de amistad cercana. También hubo bromas con Chris Allan, que no habla ni papa de castellano. Romero preguntaba qué queríamos escuchar y llegó a alterar el orden habitual del repertorio según las respuestas. Aquello tenía bastante más de conversación entre canciones que de espectáculo encerrado en un guion.

Musicalmente, el recorrido fue de sus temas propios a clásicos de Rainbow, Ronnie J. Dio, Judas Priest o Manowar. Su voz respondió a las exigencias de un repertorio que obliga a moverse entre registros muy distintos. Y cuando llegaban los solos de José Rubio, se retiraba hacia la batería para dejar que la guitarra ocupara el centro de la escena.

Entre bromas, encontró tiempo para recordar con cariño que uno de sus primeros conciertos como cantante profesional había sido en la Región de Murcia, cuando formaba parte de Santelmo. “Rainbow in the Dark” fue uno de los momentos de mayor conexión con el público, que respondió cantando desde las gradas. Más allá de las notas altas, me quedo con su carisma y con esa facilidad para hacer que un concierto de grandes clásicos parezca una reunión entre conocidos.

Sábado 12: Veteranos y nueva generación comparten tablas

Suburb Boyz

El sábado comenzó puntual a las 20:00 con Suburb Boyz, una banda joven, pero no de principiantes. Aitor Ortín se ocupa de la voz, Víctor Calvo de la guitarra, Eduardo Vicente del bajo y Hugo Meseguer de la batería. Llevan tiempo tocando juntos y se nota: la juventud aparece en su energía, no en una falta de recursos para defender las canciones.

Aitor salió con ganas de pasarlo bien y no dejó escapar la oportunidad de bromear con el público. Musicalmente, se mueven entre el metal, pasajes más accesibles y algún acercamiento al pop metal. En el segundo tema apareció incluso el slap en el bajo muy común en bandas como RHC. Esa variedad muestra inquietud, aunque todavía están buscando una personalidad colectiva que permita reconocerlos desde los primeros compases.

Y entonces llegó “Tornado of Souls”, de Megadeth. Víctor Calvo se enfrentó al conocido solo con una Les Paul Custom, no es la guitarra más recomendable para ese estilo, y me dejó con la boca abierta. No esperaba semejante despliegue técnico a aquella hora de la tarde. Fue una de las sorpresas del festival y dejó claro que el reto de estos chavales no es aprender a tocar: eso ya saben hacerlo.

Encontrar una identidad propia es otra historia. Se consigue con años, kilómetros, conciertos buenos y malos, vivencias compartidas y decisiones musicales. Suburb Boyz tiene herramientas para recorrer ese camino. Mientras tocaban, Miguel Franco, cantante de Saurom, seguía el concierto desde las gradas con una sonrisa. Más tarde volveríamos a acordarnos de aquella imagen.

Hyden

Hyden tomó el relevo con una propuesta de hard rock capaz de pasar de la melodía a la contundencia en cuestión de segundos. Cano asumió la voz y la guitarra rítmica, acompañado por Dave a la guitarra solista, Alejo Cortés al bajo y Manuel Lorca a la batería. Recordaron su anterior visita a Molina, compartieron alguna anécdota y combinaron canciones antiguas con material más reciente.

Hubo una dedicatoria vinculada a “Little John” y un momento especialmente interesante cuando redujeron la instrumentación a guitarra, voz y bajo. La canción respiró durante unos minutos, hasta que la batería regresó con un doble bombo que nos devolvió de golpe a la parte más dura del concierto.

Para entonces, el anfiteatro empezaba a tener otro aspecto, aunque parte del público seguía repartido entre las barras y el puesto de merchandising. El público murciano puede parecer un mar en calma hasta que, de repente, se levanta el temporal. Algo parecido ocurre con la música de Hyden

Hard Love

Hard Love comenzó tres minutos antes de la hora prevista. Sonó la introducción y los músicos fueron ocupando sus posiciones para ofrecernos la vertiente más melódica del sábado: hard rock clásico, teclados, guitarras de inspiración ochentera y arreglos cercanos al AOR.

Los primeros compases sirvieron para ajustar el sonido. Hubo algún acople en el micrófono, pero la mezcla mejoró conforme avanzaba el concierto. A partir del tercer tema se apreciaba mejor el trabajo de las guitarras de Juanjo Parrón y Charly García, los teclados de Javi Ros y la voz de Pedro Oliva. Pedro García se encargaba del bajo, mientras Manuel Lorca hacía doblete a la batería después de haber tocado con Hyden.

“Libre”, acompañada por su videoclip en la pantalla del fondo, llegó cuando el sonido ya estaba más equilibrado. Muy apreciadas por el público murciano fueron “Princesa de Hielo” y “21 Grapas”, dedicada a Charly García tras una operación importante. Los solos encontraron su sitio sin tapar las melodías, verdadero hilo conductor de sus temas.

Mientras tocaban, el recinto terminaba de llenarse. A menos de media hora de la actuación de Saurom, las gradas presentaban ya una imagen muy diferente a la del viernes. Hard Love aprovechó ese ambiente y dejó un concierto de rock melódico bien defendido, pese a los problemas de sonido del comienzo.

Saurom

Saurom celenbra su XXX Aniversario, compaginando estas actuaciones eléctricas con sus conciertos en acústico, y preparó para el Molina Rock City un repertorio especial de unos noventa minutos. Los he visto incontables veces, desde sus comienzos como Sauron Lambert, pero la introducción en vídeo volvió a ponerme los pelos de punta. Niños y adultos seguían atentos la animación en la que el pequeño príncipe pide al aviador que le dibuje un cordero y este termina dibujándole una caja con el animal dentro. Conozco de sobra la historia; aun así, consiguió emocionarme otra vez, porque sabemos lo que viene detrás.

Antes de tocar, Miguel Franco había estado viendo a Suburb Boyz desde las gradas, sonriente, mientras Santi, Narci y José charlaban con los asistentes por el recinto. Ya sobre el escenario, Miguel recordó que las bandas del festival, tanto las jóvenes como las que llevan más años de carretera, le habían hecho pensar en sus propios comienzos y en las tres décadas recorridas por Saurom.

Con Saurom, el público que hasta entonces se había repartido entre las barras, la entrada y los puestos de merchandising se volcó en el concierto. Se cantaba y bailaba tanto en el foso como en las gradas. “No Seré Y”, “El Pájaro Fantasma”, “El Lazarillo de Tormes” y “El Rey que no Sabía Mandar” estuvieron entre las más coreadas, y “La Batalla con los Cueros de Vino” volvió a levantar al auditorio. Eli Amoedo aportó sus matices vocales y Narci alternó instrumentos con su habitual soltura. Eché de menos “La Leyenda de Gambrinus”, una de mis favoritas, aunque la recta final no dejó demasiado tiempo para lamentar ausencias: durante “Fuego”, Miguel bajó a cantar y bailar entre el público, y “El Carnaval del Diablo” y “El Círculo Juglar” prolongaron la fiesta.

Para “La Taberna”, la banda invitó a subir a los integrantes de la Asociación Amigos del Rock Táder y a los niños de las primeras filas. El escenario se llenó de músicos, organizadores y pequeños aficionados cantando juntos. Quienes habían trabajado durante dos jornadas para sacar adelante el festival pudieron disfrutar también bajo los focos, mientras los más pequeños vivían el concierto desde el otro lado. Hay una verdad inamovible de la banda gaditana, se entregan al publico , y saben que el público es parte principal de cada actuación de la banda.

Lo que queda cuando se apagan las luces

El Molina Rock City en su sexta edición mostró dos caras: un viernes con menor afluencia de público y con estilos más duros, y un sábado en el que el auditorio acabó prácticamente lleno y una vertiente más melódica. La organización cumplió los horarios, mantuvo precios razonables y resolvió los cambios entre grupos sin esperas interminables y ofreciendo una hospitalidad y tickets de cortesía a todos los compañeros de prensa que nos reunimos allí, tanto de medios nacionales como fotógrafo amateur tiene hueco en su foso. El trabajo de la Asociación Amigos del Rock Táder, junto al de quienes impulsan otras citas en la Región, permite que bandas de distintas generaciones sigan encontrando escenarios donde tocar.

Me llevo de recuerdo a nivel personal, la complicidad de Doble Esfera, las bromas de Ronnie Romero con José Rubio, la sorpresa de Víctor Calvo ante el solo de “Tornado of Souls” y un auditorio entero bailando con Saurom. Al apagarse las luces y silenciar el zumbido de los amplificadores, lo que queda son dos días de música en directo, músicos que se escuchan entre sí y una organización dispuesta a repetir el esfuerzo para que todo vuelva a empezar, en la próxima edición.

By Rubén Rosinos Vaamonde

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