Bandas: Biffy Clyro – Bartees Strange
Lugar: Roig Arena Auditorium – Valencia – 3 de febrero de 2026
Texto: Juan Enrique Tur
Fotos: Javi Reaktiu
Una de las preguntas más recurrentes que nos llevamos haciendo los viejos seguidores de rock los últimos años es a quién veremos en los grandes escenarios una vez se retiren los dinosaurios que actualmente dan sus últimos coletazos. ¿Quién será su relevo y por qué se nos ocurren tan pocos nombres en predisposición de hacerlo? La respuesta es compleja, pero asistiendo al espectáculo que Biffy Clyro desplegaron el pasado 3 de febrero en València en la primera cita española de la gira de presentación de su reciente Futique, uno atisbaba a comprender por qué el de los escoceses es uno de los pocos nombres que aparecen como seguros en la lista de bandas que abanderarán lo que se entienda como rock en los próximos lustros.

Las expectativas en la capital del Turia, con un sold out conseguido con meses de antelación (mezcla de la relevancia de la banda y de la ocasión de estrenar el auditorio del Roig Arena con el primer concierto programado significativamente relevante hasta la fecha), eran altas. No obstante, también había algunas dudas ante la “autenticidad” —por llamarlo de alguna manera— de los Biffy Clyro que veríamos dada la anticipada ausencia del bajista James Johnston, autodescartado de la gira inmediatamente antes de su inicio para centrarse en afrontar problemas personales. Sin embargo, las dudas pasaron a un segundo plano apenas superado el primer estribillo de “A Little Love”, el tema que abrió el concierto como un vendaval y el primero de los siete de Futique que sonarían en la velada.
Los Clyro llegaban a València sin todo el despliegue escénico con el que iniciaron su gira en recintos más grandes por el Reino Unido, pero, quizás ayudados por el más reducido espacio, el enorme hueco de James fue perfectamente disimulado al incrementar la presencia al frente del escenario tanto de sus sustituta Naomi Macleod como del fiel Mike Vennart a la guitarra de apoyo. Con ellos (y las dos violinistas incorporadas al equipo en las últimas giras, que también se avanzaron al frente en más de una ocasión) y el desempeño colectivo coreografiado al milímetro, la ausencia del pelirrojo se hizo menos notoria; aunque a pesar del empeño de todos, no dejara de hacerse evidente cada vez que Simon Neil, presa de un automatismo, se giraba a su izquierda buscando la complicidad de su colega sin encontrar respuesta.
Pero más allá de esta anécdota, en lo anterior estaba una de las claves del éxito de los escoceses y de la proyección que desprenden de la que hablábamos al principio: la precisión de sus espectáculos. Y es que a estas alturas nadie se sorprenderá al saber que Biffy Clyro interpreta cada día y con el mismo orden el mismo show. Algunos dirán que eso es menos meritorio que, manejar decenas de temas y variar el set a diario para que cada concierto sea de algún modo único; pero la virtud de los Clyro, en cambio, es que con su programación consiguen lo que todo espectador desea: sentirse por un rato en el centro del mundo, presenciando un show intensísimo que parezca único. Aunque no lo sea. Y desde luego Simon Neil y compañía lo consiguen con creces.
No solo por su capacidad de interpretación y porque la programación cimenta y facilita la ejecución de su vertiente más progresiva (que les aporta el hecho diferencial), sino porque además les permite que la selección y disposición de los temas mantenga el nivel climático de su show —que mezcla temas nuevos con clásicos, y piezas de gran agresividad sonora con otras en las que predomina lo íntimo—siempre arriba, sin que ninguna canción que te saque del concierto. Y al mismo tiempo, repasando toda su carrera y sin escatimar en esfuerzo, algo que muchas bandas actuales parecen haber olvidado: el mito se construye cada día, y si en cada gira te limitas a presentar los temas nuevos olvidando los de los discos inmediatamente anteriores o crees que debes dejar al público con ganas, el primer enemigo de consolidar tu carrera eres tú mismo.

Biffy Clyro no hicieron eso, y en València —como seguro al día siguiente en Madrid— no solo presentaron ampliamente Futique, sino que, apuntalando nuevos clásicos, realizaron alguna o varias paradas en cada uno de sus álbumes desde el Puzzle que les lanzó a la fama en 2007. Y la selección, salvando gustos personales fue más que satisfactoria. Ahí estuvieron “The Golden Rule”, “Wolves Of Winter”, “A Hunger In Your Haunt” o “Living Is A Problem Because Everything Dies”, interpretados con fiereza por unos Clyro que esta vez eran más superbanda que trío, pero no por ello perdieron intensidad.
A mi parecer quizás, tras el inicio apabullante, la recta final en la que se acumularon las “imprescindibles”, no consiguió elevar el tono por lo predecible y por la acumulación de sus temas más mainstream, pero mentiría si dijera que la parroquia no las celebró ampliamente. Y esa capacidad para sumar públicos provenientes de distintos mundos es también parte de su éxito. Un éxito que ese martes de febrero en València no opacó la ausencia de James Johnston, que apenas se comentaba por los dos mil asistentes que salían del recinto con cara de satisfacción tras una hora y cuarenta y cinco minutos de concierto. Conscientes seguramente muchos, de haber asistido a una noche histórica en la ciudad, al haber presenciado la actuación en un recinto “pequeño” de un grupo que seguro aún será más grande.
Como apunte final, señalar que Clyro se trajeron de gira a Bartees Strange, que presentó en formato one man band algunos de sus temas ante un gran número de asistentes que no atendió su actuación con el debido respeto, ni al músico ni al resto de público. Quizás las dimensiones del recinto no era lo más adecuado para el formato íntimo que desplegó el norteamericano, pero ni el artista ni los que querían escucharle se merecen esa tristemente cada vez más frecuente falta de educación.



