Banda: Great American Ghost, After The Burial y Bleed From Within
Lugar: Razzmatazz 2, Barcelona – 5 de octubre de 2025
Texto: Òscar Saro
Fotos: Alfredo M. Geisse
Great American Ghost, After The Burial y Bleed From Within nos ofrecieron una noche de metal en su estado más puro: energía, hermandad y furia redentora.
Hay noches en las que el metal deja de ser música y se convierte en un ritual colectivo. No se trata solo de guitarras chirriantes y baterías demoledoras, ni de voces extremas; es algo más profundo, casi primitivo. Un latido compartido que une a amigos y desconocidos en un mismo impulso: golpear el aire, chocar cuerpos. Saltar, girar y gritar al unísono. Vaciarse por dentro.

Esto es lo que yo pude vivir el pasado domingo 5 de octubre en la segunda sala de Razzmatazz, en Barcelona. Donde Great American Ghost encendieron la mecha con su rabia desbordada, After The Burial aumentaron la apuesta desatando una locura ininterrumpida, y Bleed From Within elevaron el espíritu colectivo hasta el clímax final.
Las tres bandas, unidas por su afinidad con los sonidos extremos y modernos de estilos mezclados que tienen de apellido core (metalcore, deathcore o hardcore), comparten una amistad forjada años atrás y actualmente se encuentran inmersas en una extensa gira europea de un mes, con cerca de treinta paradas, que culminará los próximos 12 y 13 de octubre en Glasgow, ciudad natal de los cabezas de cartel, Bleed From Within. En España han recalado en Madrid y Barcelona, gracias al impulso del Resurrection Fest —que ya los trajo en 2022— y, especialmente, a su rama de conciertos de sala, Route Resurrection Fest, claramente orientada a este tipo de propuestas.
El aforo
En las primeras horas, la sala mostraba una entrada discreta, pero a medida que avanzaba la noche el espacio se fue llenando de una multitud dispuesta a disfrutar sin reservas.
La iluminación
Varió según las exigencias de cada banda: de la penumbra casi ritual de After The Burial a la explosión de atmósferas cambiantes que Bleed From Within utilizó para dar vida a cada canción.
El sonido
El sonido, demoledor, obligaba a ponerse tapones en las primeras filas si uno no quería poner a prueba la resistencia de sus tímpanos.
Las transiciones
Las transiciones entre bandas fueron tan fluidas como puede permitirse cuando hay que montar y desmontar una batería distinta para cada grupo.
Disfrutamos de una explosión de energía que estamos más acostumbrado a ver en un festival como el Resu que en una sala. Desde el primer acorde, el recinto se transformó en un espacio tribal donde las danzas extremas se volvieron comunión y la música ruidosa, una forma de catarsis. Fue una noche de metal en su estado más puro: energía, hermandad y furia redentora.
No os perdáis el vídeo que hemos publicado en nuestra redes (al final de esta entrevista tenéis un enlace), en el que se puede ver más en detalle todo lo que intento sintetizar en esta crónica. Aunque, como siempre, es mucho mejor vivir el ritual en directo. No dejéis de formar parte de los conciertos.
Great American Ghost: entrega absoluta para encender el fuego
La noche arrancó con Great American Ghost, un torbellino llegado desde New Hampshire que mezcla metalcore con hardcore como si les fuera la vida en ello. Con la sala todavía medio llena y unos minutos de retraso, irrumpieron en el escenario con una energía capaz de despertar a un muerto.
El frontman Ethan Harrison, ampliamente tatuado y con un permanente gesto de rabia, fue un tsunami que rugió, saltó, agitó los brazos y recorrió cada centímetro del escenario como si quisiera conquistar terreno enemigo. Los guitarristas acompañaron con coros melódicos que equilibraban tanta rabia con algo de luz, mientras la batería lo rompía todo a base de una pegada poderosa y poco convencional.
El arranque con “Hymn of Decay” fue puro fuego: un muro sonoro pesado y demoledor que culminó con Ethan posando de espaldas, brazos en cruz, cual mesías. Sin dar tregua, “Lost in the Outline” aceleró pulsaciones y desató movimientos extremos en el público, con riffs metalcore de manual y una batería que parecía percutía en una cadencia diferente.

Tras una breve presentación, “Altar of Snakes” trajo la vertiente más hardcore del grupo. El sonido sufrió algún pequeño bache con la voz, pero eso no frenó la conexión con el público: brazos en alto y gritos a coro. “¿Cuántos nos habéis visto antes?”, preguntó Harrison. Menos de la mitad de la sala levantó la mano.
El momento de comunión total llegó con “Kerosene”. Ethan bajó al foso, abrió el espacio y el caos se desató. Cuerpos chocando, empujones, sonrisas y el inevitable moshpit. De allí salió alguien sin su zapatilla, pero con una historia para contar.
Con “Echoes of War”, el grupo se permitió un respiro melódico sin perder intensidad, y en “Writhe” pidieron que las luces móviles hicieran su magia: un instante hipnótico que cerró con una ovación atronadora.
Para el final, “Forsaken”. Harrison ordenó “Spin this motherfucking room!”, y el público obedeció al instante. Circle pit monumental, energía djent en los riffs y una traca final digna de unos teloneros plenamente conscientes de su objetivo.
Great American Ghost demostraron por qué son una banda absolutamente arrolladora con una conexión con el público ideal para abrir conciertos. Entrega absoluta y un directo que deja sin aliento… y a veces, sin calzado.
After The Burial: técnica, brutalidad, penumbra y un moshpit en combustión permanente
Con la batería recién montada, y un fondo bañado en luces verdes fantasmales, After The Burial tomaron el escenario sumiendo la sala en una penumbra casi ritual. Desde Minnesota, nos ofrecieron un metalcore y deathcore técnico, dispuestos a romperlo todo a base de precisión quirúrgica y pura rabia.
En escena Trent Hafdahl (guitarra), Dan Carle (batería) y Anthony Notarmaso (voz), acompañados de Davie Provan, bajista de Bleed From Whitin, substituyendo a un accidentado Adrian Oropeza. Hafdahl aportó la parte más singular del bolo, con sus guitarras de siete y ocho cuerdas y afinaciones imposibles, desplegando un arsenal de riffs angulares y con un groove demencial; Carle, desde la batería, fue una apisonadora de precisión matemática; y Notarmaso, sin un solo coro melódico que suavice sus maneras, gritó con una furia tan contagiosa que la sala entera acabó rugiendo con él.
Abrieron con “In Flux”, y el efecto fue inmediato: moshpit instantáneo. Sin espacio para recuperar el aliento, encadenaron “Exit, Exist”, más acelerada y con Anthony arengando al público a hacer ruido una y otra vez. La respuesta fue ensordecedora: palmas, saltos y el centro de la pista convertido en zona sísmica.

Con “Behold the Crown” la locura alcanzó otro nivel. El vocalista pidió que toda la sala saltara y convocó un circle pit que rápidamente fluyó. También se interesó por saber “¿Cuántos nos habéis visto antes?”. Pocas manos levantaron el brazo. En este momento de calma aprovechó para explicarnos que el bajista Adrian Oropeza se había roto el brazo. El público, solidario, estalló en aplausos, y el grupo devolvió el gesto reconociendo la ayuda de Davie Provan. También aprovecharon para pedir un aplauso para los antecesores Great American Ghost.
Para “Hum From the Hollow”, su reciente sencillo publicado en julio, Hafdahl usó una guitarra de ocho cuerdas que brilló con luz propia. Luego llegó “Lost in the Static”, uno de los momentos álgidos de la noche: cortina de luces, coro masivo del público y brazos al aire. El riff principal, tan característico, retumbó como una firma sonora inconfundible.
El tramo final fue una demolición. “Death Keeps Us From Living” empezó épica, casi atmosférica, antes de sumergirse en la cadencia machacona y absorbente marca de la casa. Anthony pidió un nuevo aplauso, esta vez para Bleed From Within, la banda que cerraría la noche, y después remataron con “Collapse”. Una base electrónica inicial sirvió de antesala al torbellino sonoro final, con los tres músicos de a pie subidos a las plataformas, dejando claro su control absoluto del caos.
El público respondió con una ovación final tan ruidosa como agradecida, entre sudor, sonrisas y la sensación colectiva de haberlo dado absolutamente todo.
Bleed From Within nos presentan Zenith en un auténtico ritual de comunión colectiva
Y el plato principal de la noche corría a cargo de los escoceses Bleed From Within, que con veinte años de trayectoria y un nuevo disco bajo el brazo venían dispuestos a dejar huella… y vaya si lo hicieron.
Desde el primer vistazo, una escenografía más trabajada dejó claro que esto iba en serio: paneles de LED cuadrados, una batería elevada sobre una estructura metálica y plataformas laterales para mostrar más elevados a los guitarras y el bajista, todo coronado por un fondo decorativo con las formas puntiagudas del arte de Zenith, su nuevo álbum publicado em abril de 2025. Un montaje digno de un cabeza de cartel, perfectamente alineado con su mezcla de metalcore técnico, groove moderno y un directo arrollador.
El quinteto de Glasgow con Scott Kennedy a la voz principal y extrema, Ali Richardson (batería), Craig “Goonzi” Gowans (guitarra solista), Davie Provan (bajo) y Steven “Snev” Jones (guitarra rítmica y voces limpias), desplegó un set bien elegido, vigoroso y lleno de complicidad con el público.

Abrieron con “Violent Nature”, primer puñetazo de Zenith, una exhibición de fuerza pura que marcó el tono de la noche. Sin pausa, llegó la homónima “Zenith”, donde la mezcla entre brutalidad y melodía alcanzó su punto álgido: el coro fue cantado por todo el público, confirmando que el nuevo material ya se había ganado su lugar.
Con “Sovereign”, el vocalista Scott Kennedy pidió movimiento, y el público respondió como un ejército bien entrenado. Los solos de guitarra se alternaban con precisión, creando una tensión perfecta antes de que ordenaran un wall of death que dividió el centro de la sala en dos antes del impacto final.
“We are Bleed From Within from Glasgow!”, gritó después, entre sonrisas y agradecimientos.
El momento más participativo llegó con “I Am Damnation”, un tema que juega al diálogo entre la voz extrema de Kennedy y los coros melódicos de Snev. La gente se apropió de la parte limpia, coreando a pulmón abierto mientras las guitarras retumbaban con un groove denso.
En “Stand Down”, Scott pidió que tras él gritar “Out for blood” contestáramos con “Out for war!”, generando una proclama colectiva. La temperatura del ambiente le obligó a quitarse la chaqueta, empapado en sudor y energía.
Y cuando llegó “A Hope in Hell”, la banda presentó verbalmente su nuevo disco: una intro con arpegio melódico y un ambiente casi etéreo que, cómo no, acabó explotando con un ritmo devastador.
Pero el festín no acababa ahí. La banda encadenó una segunda mitad del concierto de infarto, repasando temas nuevos y viejos himnos:

“Crown of Misery”, de enfoque más hardcore, fue pura rabia controlada. En “Levitate”, Kennedy invitó a cantar a quien conociera la letra, y la respuesta fue masiva. Empezó suave, creció como un tsunami y culminó con un solo de guitarra que hizo vibrar hasta los cimientos. La banda aprovechó para pedir un aplauso atronador para los grupos anteriores.
“Night Crossing” arrancó con luces rojas, manos en alto y gritos rítmicos, culminando con un solo de batería brutal que demostró el poder de Ali Richardson.
Luego llegaron cuatro temas nuevos seguidos, una declaración de intenciones de que Zenith no es solo su presente, sino su futuro inmediato: “Dying Sun”, atmosférica y oscura. “God Complex”, donde Kennedy hizo arrodillarse al público y no les dejó saltar hasta su señal; incluso regañó, entre risas, a una fan que se levantó antes de tiempo.
“Hands of Sin”, primer adelanto del nuevo álbum contó con la colaboración de Ethan Harrison, de Great American Ghost, en un gesto de camaradería propia de las giras largas.
Y con “Edge of Infinity”, las guitarras acústicas y la voz limpia marcaron un momento más heavy clásico, antes de que la voz extrema irrumpiera en un tono más reconocible.
Antes del final, la banda nos agradeció nuestro apoyo, se hizo la típica foto finish de espaldas al público y Kennedy aseguró que estaba siendo uno de los mejores shows de toda la gira.
Y entonces llegó la locura final. “The End of All We Know” desató el moshpit más grande de la noche: la gente gritó cada palabra de la letra, Kennedy bajó a cantar al foso y llegó a ceder el micrófono a alguien del público.
Para rematar, “In Place of Your Halo” cerró la velada con latencias, cortina de luces y una descarga final de pura fuerza. Scott se lanzó a cantar alzado encima de la gente para cerrar el concierto con una auténtica simbiosis con el público
Mientras la banda se despedía en un mar de ovaciones, por el lateral entraban las pizzas que habían pedido para cenar. Un cierre tan humano como brutal.
Bleed From Within no solo alcanzaron su Zenith, sino que lo compartieron con todos los presentes en una comunión de técnica, poder y emoción. Un concierto enérgico, intenso y de absoluta comunión con el público.






