Festival: Resurrection Fest 2025 – Cuarto día
Lugar: Viveiro (Lugo) – 28 de junio de 2025
Textos: Òscar Saro
Fotos: Yagros Stilav y Álvaro Foronda
Morriña es una palabra de origen gallegoportugués (morrinha) que indica la “Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal” (RAE). Es un término especialmente ligado a la enorme añoranza que los gallegos emigrantes tenían de la tierra que los vio nacer. El uso del vocablo para referirse a circunstancias menos trascendentes es imposible que albergue un sentimiento tan profundo como la de los gallegos lejos de su hogar, pero resulta una palabra bonita para señalar una añoranza similar por algo.
Es domingo 29 y estoy escribiendo la última crónica del Resurrection Fest 2025, la de la última jornada del festival que llegado a su fin hace tan solo unas horas. Creo que por ahora el cansancio no ha abierto la puerta a la morriña, pero se perfectamente que me visitará más temprano que tarde. Una especia de nostalgia propia de haber vivido una experiencia intensa durante cuatro días seguidos que, por un tiempo, no me dejará marchar totalmente de Viveiro. Pero ya pasará y no nos quedará más remedio que buscar las siguientes experiencias y esperar un año a que vuelva esta.

El contraste entre agresividad, vanguardia y melodía han marcado una jornada final tan intensa como variada. Hemos empezado nuevamente con bandas locales, de la mano de los euskaldunes Our Natural Killer, los gallegos Archivo Adxunto, los barceloneses Saturna o los navarros The Broken Horizon. Los checos Gutalax han desplegado su show escatológico festivo. Hemos descubierto el sugerente rock psicodélico de los Dirty Sound Magnet. El black metal de Spectral Wound nos ha golpeado fuerte. Russian Circles han expandido el universo con su post-rock en quizás el mejor momento de la jornada. Y todo ello ha desembocado en el esperado espectáculo de Slipknot, que transformó el escenario del Main Stage en un infierno catártico, a base de furia y ritmos frenéticos, valiéndose de todo el peso de su historia. Nuevamente la explanada central se mostró absolutamente abarrotada y nadie abandonó el lugar hasta que finalizara el ENDSHOW. A pesar de que todavía quedaban algunas bandas por tocar, los fuegos artificiales marcaron el final oficial de esta veinteava edición y anunciaron a bombo y platillo las fechas de la siguiente: del 1 al 4 de julio del 2026. Anotadas queda en la agenda.

En Galicia, la lluvia suave y persistente es conocida como «orballo». Este término se refiere a una llovizna fina que a menudo parece más bien una especie de neblina húmeda que empapa lentamente. El clima ha girado en esta última jornada del festival y, para que se note que estamos en esta tierra de brujas, nos ha visitado un orballo muy suave que ha empapado poco pero que no nos ha dejado ver el sol. Quizás el momento en que se ha notado un poco más ha sido durante los minutos previos de espera al concierto de Slipknot.
Cierto es que el clima no afectó ni lo más mínimo ni al ánimo general ni a devenir de la jornada. Sí que quedó patente ese principio festivalero de que en el último día hay que acabar de darlo todo. Las ceremonias tribales que contamos en nuestra crónica del viernes se repitieron, incluso con mayor intensidad. Como buenos reporteros de guerra, nos acercamos a todos los puntos más calientes y nos dejamos contagiar por toda la intensidad de las celebraciones. Os invito a ver el resumen en el reel que hemos publicado en nuestro perfil de Instagram. Si el segundo día explicábamos que el barómetro de las preferencias del público eran las camisetas, en este último día la pauta evidente venía marcada por toda de gente que había decidido enmascararse para reverenciar a Slipknot y, de paso, ocultar por unas horas su identidad. Nos cruzamos con caretas y personajes que en el contexto del festival se antojaban muy festivos, pero que mejor no encontrárselos caminando de vuelta al hotel.











Pasando a temas de mayor actualidad, no quería acabar sin hacer una reflexión sobre el efecto que ha tenido la noticia de la entrada del fondo inversor proisraelí KKR (Kohlberg Kravis Roberts) en multitud de festivales de música en España, entre ellos el Resurrection Fest. Ante la polémica generada, ya conocimos la respuesta oficial del festival, emitida el 19 de mayo, en la que vimos cómo se desmarcaba de su vinculación con su nuevo inversor y condenaba explícitamente la situación en Palestina. Por parte de las bandas también hemos conocido reacciones, de las cuales me gustaría hacerme eco en estas líneas de tres de ellas, las tres absolutamente lícitas y respetadas:
- Siguiendo la decisión de multitud de bandas de nuestro país, los madrileños Crossed decidían renunciar a su participación en el festival. Los entrevisté a principios de año y son una “bandaza” con un sentido del arte extraordinario. Me ha apenado mucho no poder verlos. Les tocaba abrir el festival e, indudablemente, su participación hubiera sido un gran impulso como banda underground que son. Sin embargo, renunciaron a todo ello por querer priorizar sus principios. Una decisión valiente que celebro.
- Angelus Apatrida es una de las bandas más conocidas de la escena metalera de nuestro país. Todo el mundo sabe que son currantes y comprometidos. A través de un vídeo publicado en sus redes condenaron explícitamente la situación en Palestina y nos confirmaron su decisión de no renunciar a su agenda de conciertos, defendiendo que significaría renunciar a su principal fuente de ingresos. En esta explicación clara y muy bien argumentada se mostraron tal como son y como los conocemos. Fue así como los pudimos ver cerrar la noche del viernes, en la que sacaron una bandera Palestina y volvieron a ser muy sinceros en su condena. Me parece una decisión bien tomada, bien explicada y de un sentido común aplastante.
- Los vigueses Aphonnic tocaron en el Resu por primera vez en el 2015. Todos sus seguidores sabemos que son una banda muy comprometida y de un perfil claramente antifascista. Estos principios no les impidieron tocar en la edición actual, y los vimos en el Main Stage con una bandera palestina enorme por fondo. Explicaron que toda la recaudación del concierto la destinaban a una ONG que ayudaba a paliar las calamidades que está viviendo el pueblo Palestino. Sinceramente, me ha parecido un manera genial de no darse de baja sin renunciar a sus principios.
La situación en Palestina es profundamente preocupante y la actitud de estas tres bandas, y de muchas otras, es muy importante para generar una conciencia colectiva. Cada uno dentro de sus maneras y posibilidades. También es muy preocupante la presencia de fondos inversores en los festivales, porque pone en riesgo una identidad que ya es parte de nuestra propia historia y que no nos gustaría que se viera afectada.
Cierro este capítulo de reflexión y también pongo punto y final a la última crónica del Resurrection Fest 2025, esperando haber podido explicar, en las cuatro crónicas que hemos publicado, un poco de lo que hemos visto en el festival. Como siempre digo, nunca las palabras escritas podrán transmitir todo lo se vive en un concierto de música y menos en un festival con más de veinte grupos cada día. Sin duda, es mucho mejor vivirlo. Nos vemos en Viveiro el 1 de julio del 2026.






