Festival: Estaka Rock
Lugar: Polideportivo Palomares – Jodár (Jaén) – 11 y 12 de julio de 2025
Texto: Adriano H. Pinelo / Marta Grimaldi
Fotos: Marta Grimaldi / Aitana Bofill
Reporte del Estaka Rock Fest 2025
La historia del Estaka Rock Fest es la de un festival que no se parece a ninguno. Si buscas postureo, influencers y pulseras VIP, no es tu sitio. Aquí lo que manda es la música y la gente de verdad, puesto que es un evento hecho por y para los que nunca han encajado en ningún otro sitio y este año, una vez más, lo demostraron.
Viernes 11 de Julio
Llegar a Jaén en julio es como jugar a la ruleta rusa con el calor, pero nos recibe con 20 grados. Ni el mismísimo Google se atrevería a predecir esto. A mediodía, 26º, que en otras latitudes sería una amenaza, pero aquí es casi primavera. La organización va a tope aunque tienen ese punto de tranquilidad de quien sabe que nada puede salir mal.
El primero en darnos la bienvenida es Juan, uno de esos tipos que no hace ruido, pero sin él el festival se caería a pedazos. Nos hace el tour completo: escenarios, puestos, food trucks, hasta el rincón más escondido. Todo está preparado.

Dos escenarios: uno en la azotea de una especie de asociación (sí, has leído bien, EN EL TECHO), y el otro en el parking, al fondo del recinto. Si pillas buen sitio, puedes ver ambos sin moverte. El backline está en pleno montaje y las bandas empiezan a aparecer, unos con prisas, otros más relajados, probando sonido, ajustando cables y echando risas. Nada de lo que no pase en cualquier festival, solo que aquí lo vives más de cerca.
GAYOLA
Mucha actitud bajo una bandera de Free Palestina. La banda tiró temazo tras temazo. Sonaron “La de Iberdrola”, “Mendigo”, “Llorona”, “El punk no ha muerto” y el imprescindible “Pako el madero” entre otras. Hicieron saltar y gritar a una peña, bastantes de ellos además venían al festival sobre todo por esta joven banda, y no me extraña, a mi personalmente, nada más que la sonrisa de su baterista durante el espectáculo, ya me tenía conquistada.
En el público, nadie miraba el móvil. La gente bailaba, se armaban pequeños pogos y hasta hubo algún valiente que saltó al escenario. Son divertidos, gamberros y directos. Un comienzo brutal, que superó cualquier expectativa que pudieras tener sobre ellos.
TENSÖ
Sale Tensö, rápidos, breves y provocadores. Punk en vena, de la vieja escuela. Se lanzó una pelota de playa y el público no dejó de moverse ni un segundo. Carismáticos, desafiantes, y acelerados. Me quedo con la frase de su voz y guitarra Hernán: “El amor no es el nuevo punk, estáis hippies perdidos”. La banda no dio respiro. Con temas como “Voy a matarte”, sueltan una mezcla de nihilismo ácido y humor negro. La melodía en su música es caótica, guitarras al límite, un avance atropellado que remarca la rabia contra lo establecido. Fantástico. Tensö vino a patear culos al Estaka, y os aseguro que lo consiguieron.
PORRETAS
La célebre canción de Monty Python “Mira Siempre El Lado Positivo De La Vida” daba paso a los gamberros Porretas quienes, con un sonido impecable, comenzaban su actuación arrancando con “Si Lo Sé Me Meo” y “Hortaleza”, (Baladas Pa Un Sordo, 1997). La tercera sería otro clásico de la banda, “Y Aún Arde Madrid”, de su álbum de 2002, “Hortaleza”. Lo que en su origen fue un homenaje al desaparecido Pepe Risi, guitarrista del mítico grupo madrileño Burning, desgraciadamente ha pasado a estar dedicada a Roberto Mira “Rober”, compañero y fundador de Porretas, tristemente fallecido en 2011 a causa de un cáncer.
El ambiente volvió a animarse con la divertida “Si Los Curas Comieran Chinas Del Río” (Última Generación, 1993), y la reivindicativa “Dos Pulgas En Un Perro”, de su disco Hortaleza (2002). La versión que hicieran de la mítica canción “Resistiré”, del Duo Dinámico, para Clásicos II (2017), llegaría en el ecuador del concierto haciendo las delicias del respetable, que la coreó con ganas. “Última Generación” (Última Generación, 1993) o “Porretas” (No Tenemos Solución, 1995) no faltarían a la cita, para cerrar la noche con otra versión, en esta ocasión “La Chica De Ayer”, de Nacha Pop. Un setlist de lo más completo, divertido y reivindicativo a partes iguales, donde se pudo apreciar que el público lo pasó en grande.

LONCHA VELASCO
La fiesta mutó en carnaval. Allí estaban Loncha Velasco. Los malagueños han aprendido a mezclar lo teatral con lo musical igual que se mezcla el cubata en vaso de plástico, sin medida y a lo loco, pero siempre acertando. Lo suyo fue una descarga de rap-punk-electrónica con humor y mala leche.
“Piratas del mechero” incendió el lugar y cuando atacaron con “Chica Yeyo”, el festival se dio la vuelta como un calcetín. Sonaron con rabia y sentido, entre ritmos que piden circle pits y letras que, si te paras a escuchar, llevan una cuchilla escondida. Diversión con mensaje, crítica social emboscada entre risas y beats, un chute de realidad envenenada de ironía.
Loncha Velasco han venido a quedarse y a liarla en cada escenario que pisen y si les dejas, te hacen saltar hasta que el cuerpo dice basta.
HAMLET
El reloj sangra minutos hacia la medianoche. Hamlet asalta el escenario principal y arrancan con “Limítate”, esa patada en la puerta que no permite medias tintas, y rematan con “Queda mucho por hacer”. Molly corre, salta, agita el micro, se deja la garganta y la vida, orbitando por todo el escenario como un electrón furioso al que no puede detener ni el propio tiempo.
No faltan los himnos, pero Hamlet también entrega “Acto de fe” y “En mi piel”, parte de su último disco, Inmortal. Los ves ahí arriba, serios y elegantes en modo bulldozer. Hay momentos en los que todo tiembla, el escenario, el público… El sonido es una ola que te golpea en el pecho, gordo, rotundo, imposible de ignorar.
Entre canción y canción, agradecimientos sinceros. Hamlet vinieron para mirarnos a los ojos y decirnos: “seguimos aquí, joder”, y a recordarnos que, aunque pase el tiempo, sigue habiendo cosas que merecen la pena ser gritadas en la cara del mundo.
KTULU
Poco antes de las dos de la mañana saltarían al escenario los incendiarios Ktulu. Vestidos con pantalones de camuflaje y pertrechados con guitarras y bajo a modo de armas, el trallazo inicial corrió por triplicado a cargo de su disco Confrontación (1997). “Tiempo Hostil”, “Justica” y “Biocontaminación” dieron paso a “Kontra Adicción” (Makinal, 2012), para ser uno de los pocos cortes de la noche que no pertenecerían al citado Confrontación.
Con un sonido demasiado elevado para mi gusto, que a veces hacía que me resultara algo complicado desgranar los instrumentos, continuaron con “Sutil Mutilación” y “Lado Oscuro”, también del álbum Confrontación (1997).
Le darían una tregua a dicho disco para pasar a temas como “Mensaje Subliminal”, extraído del álbum “Orden Genético” (1994), “Sadismo” (Makinal, 2012) o “Pura Vida (Ktulu, 1999)”.
El bolo lo cerrarían con “Apocalipsis 25D” (Orden Genético, 1994), de la banda sonora del film de Álex de la Iglesia, El día de la Bestia, seguido de un solo de despedida. Buen concierto por parte de los barceloneses, dándolo todo. Partiré una lanza por ellos cuando digo que ese escenario dio problemas técnicos durante el festival en más de una ocasión.
ENVIDIA KOTXINA
Cada vez que se suben al escenario, todo suena mejor, más crudo y más verdad. Punk, ska, metal y esa pegada de fondo que te obliga a volverte loco, aunque el cuerpo no te acompañe. Lo de Envidia Kotxina es otro nivel. Son de las pocas bandas que pueden presumir de ser parte de la banda sonora vital de media generación. Gente de todas partes y colegas de toda la península no querían perderse su directo.
Saltaron al escenario con la fuerza de siempre, poniendo el Estaka a cien. De ahí en adelante, tocaron sus clásicos uno tras otro… Himnos vividos en mil gargantas. El público lo dio todo a pesar de la hora, con la nostalgia y la alegría mezcladas, sabiendo que cada bolo de ellos es único. Fueron los que mejor sonaron de la jornada.
FUCKOP FAMILY
Hay bandas que pisan el escenario y parecen traer la noche en los bolsillos, y luego están Fuckop Family, que directamente la descosen. Cerrar el viernes con ellos en el Estaka fue como saltar a una piscina vacía, un subidón que ni el mejor café.
Fuckop Family sirve el desmadre a bocados grandes. El setlist es un maremoto de géneros que se cruzan, chocan y se dan la mano para volver a empezar. Del hardcore te lanzan al ska, del metal al reggae, del funky al rap, con paradas imprevistas en el tribal, el punk y todo lo que suene a fiesta.
El bolo arranca con “Typical Spanish” y ya no hay vuelta atrás. El público, un ejército feliz de insomnes, se deja arrastrar por “Kinkilleros”, “Explosión de mierda PPera” y otros trallazos. ¿Y el show? Impecable. Son músicos curtidos, se nota el kilometraje y la complicidad. La actitud es de “hemos venido a liarla, y punto”. El escenario es suyo y les acompaña su gran gorila gigante rosa.
Sábado 12 de Julio: Rock en la Calle

Tomando nota de los festivales de antaño, en el Estaka Rock decidieron que los conciertos comenzaran por la tarde, en lugar de obligar a público y bandas a tener que estar a pleno sol desde las dos del mediodía. Teniendo en cuenta que nos encontramos en Jódar, Jaén, me parece una propuesta de lo más acertada (no sé qué pensarán los vecinos de que los conciertos duren hasta las cinco de la mañana, pero eso es otra historia). Aún así diría que no deben pasarlo demasiado mal, a tenor de que en el pueblo nos encontramos con una hospitalidad casi inusual. Todas las personas saludando, preguntando, charlando abiertamente con los “macarras” que allí nos congregamos. Realmente una pasada casi surrealista. Como anécdota os narraré una escena que corrobora esta impresión, pues fuimos el sábado el equipo de la Metal Hammer a desayunar al bar más popular de Jódar, Cafetería Pedro, y unos señores que tomaban tranquilamente su copa de anís mientras departían, se levantaron para cedernos la mesa, pues estaban todas ocupadas en ese momento. Para quitarse el sombrero, vamos.
Eso sí, mientras haces tiempo entre desayuno, paseo y piscina, sientes que te falta algo. No sabría deciros qué, pero algo. En realidad sí sé bien qué es lo que falta hasta las ocho de la tarde; Rock ‘n’ Roll. Y eso también lo tienes en el Estaka. Justo al lado del recinto, y debidamente cubierto por toldos, te puedes encontrar la barra más económica que he encontrado en años en un festival (1,50€ la lata de cerveza, y 2,50€ los bocadillos), y un pequeño escenario lleno de grandes artistas haciendo lo que mejor saben. La asociación ADIJ (Asociación para Personas con Discapacidad Intelectual de Jódar) se encarga de amenizar a los presentes hasta bien entrada la tarde, dando de beber al sediento, de comer al hambriento, y de vida al auténtico amante de la música.
Esta gran novedad es el escenario de Rock en la Calle, una propuesta que debería ser ley en todos los festivales. Un escenario, una barra y unos cuantos puestos en plena avenida, a la sombra, para que las bandas emergentes se luzcan mientras los más valientes desayunan cerveza y los de Estakamp se refrescan y vuelven para ver otra ronda.
Desfilaron bandas como:
Nanda Devi
Black Hot Chichi Pepes
Los Makis
Puro Eskombro
Orange Viper
Knibal
Molestando a los Vecinos
Haskuas
Lo dicho, en el Estaka Rock Festival, si te aburres es porque quieres.
Comienza la tarde
LA EXCAVADORA
Hubo un momento en el Estaka en que la tarde amenazó con reventar por la espera. Retrasos, cables cruzados, pruebas de sonido interminables… Ese clima raro de festival cuando la impaciencia se mezcla con el olor a birra y la sensación de que, al final, todo va a merecer la pena. Y así fue…
Abre La Excavadora. Olvídate del punk domesticado, lo suyo es pura actitud y letras que disparan a quemarropa. Si lo que buscas es la elegancia dentro del desastre, ellos la sirven en bandeja, encarnando el lado más salvaje y auténtico del punk vasco. Arrancaron con un muro de sonido crudo y riffs que huelen a gasolina. Eso es La Excavadora, rock’n’roll de barra sucia. Cada tema es un cable tenso tendido entre el punk más genuino y ese rock’n’roll de barrio que no entiende de modas.
Van saltando con un setlist pensado para no dar respiro, y cualquiera con la camiseta sudada lo agradece. El público, ese mosaico de puretas y jóvenes no paró un segundo. Cada estribillo era una invitación a romperse la voz, a sentir que el presente sigue siendo un lugar incómodo, peligroso, divertido y necesario.
SOZIEDAD ALKOHOLIKA

El calor subió en el festival pero no era por la meteorología, bastó que Soziedad Alkoholika pisara el escenario y la temperatura reventó diez grados al instante. Una ovación enorme, “Ace of Spades” de Motörhead de fondo, y el brazo en cabestrillo de Juan Aceña que no detuvo a nadie.
La banda entregó una colección de himnos que haría palidecer a cualquier grupo de la escena estatal. Hablar de S.A. es hablar de historia viva y una discografía que es un manual de resistencia. Luces, cañones de humo, fuego…ni el público más veterano aguantó inmóvil. El repertorio es una carta de amor y rabia, los temas nuevos parte de su último álbum Confrontación entran como un guante entre los clásicos. No faltan los guiños, la ironía y la crítica social, referencias a Palestina y comentarios directos al sistema. S.A. nunca han escondido el mensaje, ni han bajado la guardia.
El final llega con ese himno de despedidas y reencuentros que es “Nos vimos en Berlín”, con el Estaka entero gritando hasta el agotamiento.
BENITO KAMELAS
Si alguna vez has ido a un concierto de Benito Kamelas y no has acabado afónico, sinceramente, no has estado. Es un grupo de rock sencillo y honesto. Las canciones de la banda te abrazan y te curan por dentro, historias de amigos, de viajes, de abuelos y de noches sin dormir, hechas para quedarse en la garganta y el corazón.
En el Estaka salieron y, sin grandes artificios, lo pusieron todo patas arriba. Quini es un auténtico ciclón; a veces parece que te habla solo a ti, con esa mirada que hace sentir que sabe exactamente por qué estás ahí. La banda suena compacta, con ese aire de colegas de toda la vida. Cada canción era un motivo para dejarse llevar, hubo momentos para sacar los demonios fuera y otros para corear con las manos en alto.
No faltó mi favorita entre sus temas recientes, “Justicia Poética”. Antes de finalizar, Quini se detuvo para dar las gracias, visiblemente emocionado por el calor del público.
BLOODHUNTER
Mis queridos Bloodhunter vienen de arrasar en China, Japón y el mismísimo Graspop, y lo que realmente impresiona es que, cuando se suben al escenario, sea del tamaño que sea, se entregan como si estuvieran en un gran estadio. Siempre dan el nivel de calidad, y te lo digo yo, que los he visto en todos los formatos posibles.
Hubo bastantes problemas con las pruebas de sonido, y esto hizo que casi ni pudieran tocar por los retrasos. Pero, curiosamente, gracias al buen hacer de la organización, S.A. e Infected Rain, se movieron al escenario principal entre medio de las dos bandas. Ni el cambio de escenario les hizo perder la sonrisa; se nota quién ama lo que hace porque nada les frena ni les resta ganas. Hay humildad, pero sobre todo mucha profesionalidad. Les sentó bien, sonaron bestiales y compactos, con Diva Satánica dominando las tablas, comandando y entregando cada gutural como si fuera el último.
Bloodhunter se ganó al público con tralla de la buena y una puesta en escena imponente.
Arrancan con “A Twist of Fate to Come” y ya no hay quien se quede quieto. Siguen desatando la tormenta con “Let the Storm Come”, “Spreading Your Disease” y una descarga tras otra, siempre intensos, siempre al límite. El público lo nota, y nadie baja los brazos. Suenan “All These Souls Shall Serve Forever”, “The Eye of the Serpent”, “Bring Me Horror”… y la banda no da tregua. Terminan y una solo puede pensar: más minutos, por favor.
Breves, pero muy, muy intensos.
INFECTED RAIN

Pasada la una de la mañana aparecerían en el escenario principal los moldavos Infected Rain. La malla de leopardo que lucía Lena Scissorhands hacía presagiar que el espectáculo iba a ser salvaje, y os aseguro que lo fue. Tras una intro envolvente, como la calma que precede a la tempestad, se desató la locura con «The Realm Of Chaos», de su álbum Ecdysis (2022), para continuar con “Pandemonium” y “Vivarium”, ambos cortes de su último redondo, Time (2024). Una más que solvente Alice Lane al bajo, última incorporación de la banda, acompañada por los parches de Eugen Voluta, marcaba el ritmo de la melodía para dejar hacer a un enloquecido Vidick, que no paraba de saltar y dar vueltas sobre sí mismo sin dar tregua a sus seis cuerdas; un espectáculo visual difícil de describir si no lo ves en primera persona. Y todo ello envuelto por la maravillosa voz de Lena, que cambiaba de tono a su completo antojo, dejándonos boquiabiertos con cada registro.
“Fighter” (Ecdysis, 2022), “The Answer Is You” (Time, 2024), y así hasta una docena de canciones que caían como verdaderas bombas sobre el escenario, dándonos de cuando en cuando un respiro una Lena que trataba de comunicarse con el respetable en un español más que decente.
La parte final del show formaría parte casi al completo de su último trabajo, Time (2024). “Dying Light”, “Never To Return” y “Because I Let You”, dieron paso a la inevitable despedida con “Sweet, Sweet Lies”, extraído de su segundo álbum Embrace Eternity (2014).
Sesenta minutos de espectáculo que nos supieron a poco, y que pasaron volando sobre nuestras cabezas como un auténtico tornado.
KAOS ETILIKO
Pasadas las dos de la mañana, y tras el huracán denominado Infected Rain, volvimos a los años 90 con Kaos Etilico, una auténtica inyección de Punk patrio de los viejos tiempos. Debo reconocer que tan sólo los conocía por el nombre, y que no suelo consumir este tipo de música, pero todos hemos sido chavales, y me recordaron a una mezcla entre Reincidentes y La Polla Records, dependiendo del disco del que salían los temas.
“Su Falso Mundo” y “Mi Mejor Colega” (No Hay Agua, 1998) daban un respiro (grito) de punk lleno de la frescura que quizá se haya perdido para siempre. Mientras que “Mil Historias”, “Quise Verte”, “Hoy Es Mi Día (Sale El Sol)” o “Porsupuestón!”, del disco homónimo (2000), las considero más sólidas y maduras, pero no por ello menos carentes de fuerza.
Actitud y sonido punkarra donde los haya, pero adaptado a los tiempos modernos. Nitidez y ruido igualando la balanza, tanto en los instrumentos como en la voz. Se entendían perfectamente las letras, cosa que agradezco profundamente pues a veces siento que me estoy perdiendo parte del espectáculo. En este caso no fue así.
Un viaje a un pasado no muy lejano pero muy anhelado.
AGUA BENDITA
Era el turno de los barceloneses Agua Bendita, que decidieron en esta madrugada revivir aquellos himnos que los convirtieron en una referencia indiscutible del ska punk nacional. El espectáculo estaba servido.
El bolo fue una descarga salvaje, un grito generacional a base de letras callejeras y ritmos que invitan a saltar. Sobre el escenario, la banda mostraba una complicidad brutal, la de quienes han compartido mil historias juntos y todavía disfrutan como el primer día. No faltaron los agradecimientos a toda la peña que estaba ahí, y además, no eran pocos.
GOMAD! & MONSTER
Gomad & Monster y el Rave & Roll!!! Especialistas en levantar a los muertos. El último momento del festival se transforma en un auténtico campo de batalla, donde la electrónica se enfrenta cara a cara con el rock más salvaje. Desde que arranca el show, los más resistentes se dejan llevar hasta perder el control.
Su directo es una bomba de relojería, cualquier ritmo huele a fiesta salvaje. Las bases retumban en el pecho, estos locos vienen directamente a prenderle fuego a lo que queda de noche y te arrastran con ellos hasta el último bis haciendo del final del Estaka una pura locura. Dejan la adrenalina flotando y a la peña con ganas de repetir. Un fiestón brutal, de esos que te obligan a volver el año que viene, sí o sí.
Ambiente, organización y lo que no se cuenta
El Estaka es el festival de los que ya no creen en festivales. La organización va al límite, con más corazón que medios. Aquí se sufre, se ríe, se improvisa, y si falta algo, se soluciona con cuatro manos y un par de cables. Nadie te mira por encima del hombro, ni hay postureo de “mira lo alternativo que soy”. El público es de los de siempre, gente curtida, de pueblos y ciudades pequeñas, que entiende lo que significa mantener viva la escena.
Hay fallos, ¡claro!, algunos grupos no suenan todo lo bien que deberían, los retrasos cabrean… Pero aquí lo que sobra es verdad, la barra es rápida, la comida decente, la gente te saluda aunque no te conozca, ves a músicos mezclados entre el público, y a los de la organización recogiendo basura a las cinco de la mañana.
No es el festival más grande, ni el más conocido, ni el más perfecto, es, simplemente, el mejor sitio al que puedes ir si amas la música sin filtros. Aquí no vienes a impresionar a nadie, vienes a ser tú, con tus cicatrices, tus miedos y tus ganas de reventar la rutina, y por eso, cada año, el Estaka resiste y crece, porque aquí, todos volvemos a sentirnos en casa.
Próximo reportaje del Festival con fotos exclusivas en nuestra revista física del mes de septiembre.



















