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Doom, Stoner & Choppers: Flanders Chopper Bash 2025

Festival: Flanders Chopper Bash Festival 2025
Lugar: Assenede, Bélgica – 25, 26 y 27 de julio de 2025
Fotos: Oiane Díaz

Lo que comenzó en 2009 como una reunión informal de amigos moteros en algún remoto rincón de Bélgica, se ha convertido con los años en uno de los encuentros más destacados de la escena chopper europea. El Flanders Chopper Bash se celebró durante una década con creciente éxito hasta que, en 2019, se anunció su despedida definitiva. Pero, como si se tratase de una banda que amenaza con dejar de tocar para siempre y después anuncia su regreso, el espíritu del FCB ha resucitado este verano, atrayendo a moteros, constructores de “hierros” y fans del hard rock de toda Europa –desde Suecia hasta España, pasando por Inglaterra, Francia o Italia–. Y es que, cada año, el Flanders se llena de asistentes de un montón de países que llenan a rebosar los campos de Assenede, una pequeña localidad belga que acoge desde este festival.

Aunque las motos customizadas –knuckleheads, panheads y shovelheads, en su mayoría– siguen siendo el corazón de este festival, la música se ha consolidado como otro de sus principales atractivos, ya que cada año crece más la oferta de bandazas que presenta el evento. En la edición de 2025, celebrada en Assenede (Bélgica) entre el 25 y el 27 de julio, el line-up volvió a estar a un nivel altísimo: dos días de conciertos con una minuciosa selección de stoner y doom psicodélico, aderezada también por otros géneros, que se completaban con DJs del mismo estilo hasta las tantas de la madrugada. Acid Mammoth, Opium Heathen o Deathchant son solamente algunos de los nombres que daban forma al cartel del fin de semana.

El Flanders Chopper Bash comenzó el viernes desde bien pronto. El camping abría sus puertas a eso de las nueve de la mañana y poco a poco los asistentes –y sus motos– iban llegando para hacerse un hueco en la zona. Para el mediodía, las puertas del festival abrían y comenzaban a oírse los primeros rugidos de Harley Davidsons, Triumphs y otros fabricantes de motos, una cultura que siempre ha ido muy ligada al hard rock –gran ejemplo de ello, la Harley que Rob Haldford saca al stage en cada concierto de Judas Priest al son de “Hell Bent for Leather” –.

Tras acceder, era posible ‘oler’ el ambientazo que reinaba en el recinto; nada sorprendente si teníamos en cuenta el sold out que se produjo desde los primeros días tras ponerse en venta los abonos de fin de semana. Las motos, los stands de comida, bebida, merchandise e incluso, tatuadores repartiendo tinta a los más valientes, ofrecían un aire festivo que fue aumentando a lo largo del paso de las horas. Alrededor de las seis de la tarde, Last Bølt Ceremony se subían al escenario de la carpa del FCB que los protegía del solazo en Assenede. Los alemanes eran los encargados de romper el hielo con el público en esta ocasión. Tiraron de su mezcla de stoner, grunge e incluso cierto toque indie para calentar motores y dar paso, después, a los italianos Mr Bison. Esta banda que, a lo tonto lleva una década y media sobre los escenarios, llegó con una propuesta más psicodélica y progresiva, dando el relevo a los también italianos Black Rainbows, que venían dispuestos a presentar su último álbum Cosmic Ritual Supertrip. Con ellos, la noche fue cayendo para dar paso a los protagonistas del primer día: Acid Mammoth.

Los griegos, encabezados por Chris Babalis Jr, destruyeron la carpa tan solo con la primera nota: una densidad de sonido aplastante, un doom pesado como solo Acid Mammoth puede hacer. Temas largos, casi hipnóticos, con una interpretación a un nivel altísimo en la que el propio progenitor de Chris –Chris Babalis Sr– participaba con los potentes riffs de su guitarra. Un show que estuvo lleno a rebosar y en el que fuimos testigos de algún pogo –incluso de una pelea entre asistentes que quizás se habían pasado con las cervezas–. Lo cierto es que tras la extensa gira que llevan este año a sus espaldas –exactamente 28 fechas, entre las cuales encontramos Bilbao, Barcelona y Madrid–, los cortes suenan como el primer día y entendemos a aquellos que iban al festival solamente por este concierto. Tremendos. Fueron el broche perfecto para una primera jornada donde lo musical se peleó con el parque motero.

El sábado nos esperaba jaleo de nuevo. Aunque el cielo estaba algo más nublado, el calor era el mismo y podíamos observar cómo aún había más gente sobre el terreno. Las motos llegaban desde primera hora y el ambiente era una mezcla de fiesta, bike show, festival de música y un montón de cosas más que formaban un mix interesantísimo. Antes de comenzar los conciertos, teníamos la actividad más relevante del Chopper Bash: la entrega de premios.

Como todos los años, el festival entrega el galardón a la mejor moto en diferentes categorías, algo que tiene muchísimo mérito ya que se trata de, probablemente, el festival de motos más importante y con más renombre de toda Europa. Y este año venía con sorpresa ya que, entre los ganadores, por primera vez tuvimos a dos españoles: por un lado, a la mejor pintura, para Toni Buzo (Rusty Machine) y, por otro, el mejor shovelhead del evento, para Sergio Bernabéu, constructor de motos más conocido como Greasy Bobber. Éxito total, ya que era la primera vez que visitaban este evento con sus “hierros”, logrando dos galardones.

Y como había que celebrarlo, nada mejor que acercarnos a la zona de conciertos, donde los locales Lapwing Trail inauguraban la jornada con una propuesta elegante de rock e incluso algún toque folk, que sirvió para templar ánimos. Algo más ligeros y animados que el resto de bandas del cartel, aportaron una sensibilidad distinta que encajó con el ambiente un poco más relajado de las primeras horas. Sonaron muy bien y el público quedó más que contento con su propuesta.

El ritmo se intensificó con Klastos, que tiran más de un rollo sludge y una actitud más cruda. Su set fue más directo, sin florituras, con riffs intensos y una presencia escénica que despertó a aquellos que aún seguían menos animados entre el público. Después, llegaba el turno de Opium Heathen desde la localidad cercana de Amberes. Más oscuros, con ciertos toques de rock de los setenta, sonaron densos, con un especial protagonismo de su batería, que llamó mucho nuestra atención en comparación con los shows anteriores.

Como broche, Deathchant, desde Los Ángeles, con claras influencias de bandas como Thin Lizzy y Motörhead ofrecieron un show ‘ruidoso’, cuanto menos. Se nos ocurre ese calificativo puesto que sus temas, caída la noche, se escuchaban desde cada rincón del FCB. Riffs rápidos y energía brutal sobre el stage sirvieron como despedida de la jornada de sábado. Sin embargo, para aquellos que quisieron alargar la fiesta, los DJs continuaron pinchando rock, psicodelia, doom, sludge y similares hasta bien entrada la madrugada, con la compañía de una leve lluvia que nos animó a despedirnos del evento, cerrando una edición que reafirma lo que muchos ya intuían: el Flanders Chopper Bash no solo no ha muerto, sino que ha vuelto con más fuerza que nunca.

By Oiane Díaz

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