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Leyendas del Rock 2025: Primera jornada (Miércoles 6)

Festival: Leyendas del Rock 2025
Lugar: Villena – Alicante – 6, 7, 8 y 9 de agosto de 2025
Fotos: Rubén Rosinos
Texto: J.A. Lux, Quim Brugada, Òscar Saro

La salutación de las facciones bajo la asertividad de los primeros ministros

Alcanza la mayoría de edad el festival que dio sus primeros pasos en Murcia y que cuando una vez irguió su figura en Villena, Alicante, educada bajo el sello de la escena nacional, comenzó a pronunciar otros idiomas, cuya presencia actual fagocita, de una manera desproporcionada, la identidad con la que se valió para reunir diferentes escolanías a la hora de alzar la voz al unísono y, fervientemente, venerar a las múltiples deidades que protegieron nuestros imperios antaño santuarios intocables. Actualmente, la benevolencia y sapiencia parental de esta referencia también radica en una oferta muy alejada de su génesis, algo que sinceramente es de alabar. Frente al abotargamiento de otros militantes de alto rango en el organigrama festivalero nacional, la apertura de mente, ampliamente desestructurada en esta última edición, organiza una batalla entre el futuro del rock y los ejércitos tribuales defensores a ultranza de la máxima estricta, mediando entre ambas directrices una serie de agentes nacionales e internacionales de diplomatura meritoria, quienes evitarán una masacre que, por muy intuida que se antoje, no debiera estar justificada. Cuatro días de batalla entre diferentes tiempos verbales y una articulación similar, pero lo suficientemente distintiva como para presenciar la distopía territorial de toda aquella alma que no quiera elevarse más allá de sus tejados protectores.

Nuevamente la climatología intentó sabotear el torneo de potestades convocadas para este segundo fin de semana de agosto. Por muy obcecado que te encuentres, la imposible negación del relato del cambio climático quedó sentenciada bajo el dictado que emanó desde el mismísimo infierno, en pulverizadoras bocanadas de furibundo fulgor, traducidas en una nueva ola de calor. Todos conocemos la estoicidad de nuestros estandartes, así que las contiendas se sucederían como es lo habitual desde que los dioses contrarios a nuestra idiosincrasia quedaron neutralizados por los demonios que nos poseen para ensalzar el espíritu de nuestra divinidad absoluta. La ligera brisa que hubo ayudó bastante, pero no quería comentarlo leñe, que luego los pijos se nos crecen…

La primera bandera que penetró los campos terrosos y necesitados de llanto celestial de la pletórica Villena en el escenario Jesús De La Rosa, llevaba las distinciones del metal furioso plurinacional que, en la armadura de Warkings, resume los preceptos más beligerantes de nuestra fe tras aseverar las primeras doctrinas y sus ramificaciones posteriores, siempre al servicio de una nobleza clásica. Ellos desataron la convocatoria al combate con sus pactos jurisdiccionales entre espartanos, vikingos, cruzados, la tribuna romana y la voluptuosa hechicería de Morgana Le Fay (maravillosa voz femenina). Lo humano y lo divino, la raza en pie de guerra contra los sintéticos latigazos de la virtualidad transmutada en pieles tintadas bajo huellas de látex. Con su nueva arma como extensión de sus antebrazos (“Armageddon”- 2025) y enfatizando la elección de la misma (“Genghis Khan”), sin duda marcaron el territorio y retaron, con algo menos de la bravura esperada, a los diferentes clanes que se conjugaron para desvalijar su mensaje. Quizás menos discurso en su constante apelación a los trescientos espartanos, hubiera acrecentado las revoluciones musicales que se esperaban de ellos para degollar a cualquier amenaza. Incluso al enlazar su propia visión revolucionaria de “Bella Ciao” en “Fight” (2021 – “Revolution”) y subiendo a un niño a la arena, se escucharon demasiadas palabras hasta que “We Are The Fire” sí abrió la veda de las amigables confrontaciones entre “hermanos y hermanas” en nuestro modo de atender a la danza.

Tras la teatralidad se produjo una auténtica avalancha de nuevos asentamientos y costumbres que retaría a la resistencia más longeva, pero es que es imposible ignorar al silbido de los nuevo poblados, multitudinarios ya, y no sentir la provocación innata que supone la peregrinación a la prosperidad. The Butcher Sisters desde Alemania,inauguraron el escenario New Rock, lanzado manifiestos contundentes, con sus dos cantantes, en las letras de su idioma natal mediante rapeos y guitarras beatdown hardcore con la ausencia de un bajista real, realizando un llamamiento importante, desde tempranas horas, a las nuevas generaciones sobre las que depositamos la esperanza de un futuro con garantías. La evocación nu metal 3.0., aparte de provocar el primer wall of death y la aparición de la primera mascota de la tarde, ha alumbrado a su tercer disco “Das Weibe Album” de este año y quedó patente, sobre las viejas tablas y las nuevas soldaduras, que allí se sujetarían exposiciones diametralmente opuestas a lo largo de cuatro soles y sus correspondientes lunas. Por su parte Fit For A King bautizaron el escenario Azucena con su metalcore cristiano de letanía deathcore, el cual se encuentra en un auge fuera de todas dudas. Este emplazamiento, sobrio en su concepción con tres plataformas y un cartel con el logo, además ofrecía un espacio amplio para los movimientos más espasmódicos incitados por los breakdowns. La armonización vocal entre su frontman, Ryan Kirby y las voces menos agresivas de los guitarristas Bobby Lynge y Daniel Gailey junto al bajista “Tuck” son más que reseñables, por no hablar de su soberbio batería Trey Celaya. Los americanos también alcanzan la edad para conducir en España este año, es decir, que lo suyo no es agua de mayo y que conectan a la perfección tanto con los tallos retorcidos por el crecimiento, como con los brotes que dan color al paisaje general.

Ya presentados todos los “rings” sobre los que medirse, hasta las diez y media de la noche las únicas bandas que elevaron la voz para enarbolar el academicismo fueron las enigmáticas Dogma y 91 Suite, ambas emplazadas al New Rock Stage. Las primeras son una pseudo incógnita para el gran público general, a pesar de haberse granjeado una enorme popularidad en el underground, pero que gozaron en esta actuación de una afluencia masiva en gran parte gracias a su imagen de ingente carga religiosa/sexual y el secreto que encierran sus identidades bajo el hábito de hermanas de la caridad… ¡Más letal! La líder Lílith junto a Nixe, Lamia, Abrahel y la nueva ordenada Rusalka, practican un hard rock clásico, emparentado con unos Ghost menos ampulosos y con una contundencia nada desdeñable y más directa que la de los de Forge. No merece la pena elucubrar sobre su procedencia o sobre sus apellidos (se podría apuntar y acertar tras esta actuación), pero lo realmente relevante es que a través de sus canciones no solo consiguen saciar nuestro apetito más primario, sino que también logran transmitir su mensaje, paradójicamente, anti dogmático y en pro de la liberación mental individualista sometida en represión. Nuevamente una actuación llena de aparatosidad que, con las sulfurosas “Forbidden Zone”, “Bare to the Bones” o el “Like A Prayer” de Madonna y el tributo instrumental a Ozzy (Descansa En Paz maestro) engarzado a Black Sabbath, Metallica, Megadeth o Iron Maiden triunfó ostensiblemente, ayudadas en algunos notables momentos de ciertos trucos tecnológicos. Ellas no han venido solo a entretener, sino que suben la apuesta y desean impactar y redefinir la escena. Quince minutos más tarde de lo señalado, por problemas técnicos, los murcianos cubrían la vacante que dejaban los Hardline del señor Gioeli, fáciles de ver en la península en los recientes lustros. Aunque el cambio pudiera parecer significativo para aquellos y aquellas que aun necesitan de vociferar las máximas extracciones del irrepetible “Double Eclipse”, una vez asimilado el mismo, no se puede encontrar mejor sustituto que el de los inflamables temas que sostienen los de Iván García y Jesús Espín quienes ya estuvieron presentes en estas zonas en 2017. Nada que envidiar a la importación y vuelta al protocolo más primario del “Leyendas”, tan solo escucha al inmenso “Starting All Over”, me darás la razón…

Como os decía, pasamos por bandas como Kublai Khan Tx (JDLR Stage), Angelmaker y los fértiles, desde la década de los noventa del último siglo del milenio anterior, Fear Factory o Hatebreed, sin olvidar la presencia de la nueva sensación gótica, “All Star Team” finlandesa/sueca cuyo nombre ha subido con la efervescencia que se merecen Cemetery Skyline, para llegar a este punto en el que W.A.S.P. (Azucena Stage) ejercieron de liberadores de tensiones diplomáticas tanto con su atemporal huella macarra como con su adaptación filosófica transitoria a las sensibilidades del momento que atravesara su patrón.

Los Khan de Texas son una bola de demolición con su potente beatdown hardcore y su miscelánea groove, sin salidas de tono melódicas y con una consistencia contrastable más allá del grafiti recordatorio de Earth Crisis o All Out War. Este compromiso y altura de miras sobre unos cánones definidos, cobró forma con mayor expresividad y a una hora crucial, por otros de los padres de la criatura que tuvo su auge antes de matar a la anterior suma de mil años, Hatebreed (JDLR Stage) volvían a patear mentes y culos. Los de Connecticut, EEUU, son maestros en metalizar el sonido de los callejones, algo que ha hecho que Jamey Jasta mantenga el respeto tanto de un sector como de otro. La fidelidad que profesan a su ideología y a su pasión es otra de las claves que proporcionan a sus riffs una credibilidad incuestionable. Pero antes de hacer saltar por los aires este “stand” de sinceridad, ya nos habían pateado bien el culo otro de los incontestables de la revolución musical extrema, los Fear Factory (Azucena Stage) de Dino Cazares, único miembro original de los de Los Angeles, California, que con “Demanufacture” sentó las bases de la aleación death, industrial y nu metal del entonces hasta el ahora. Lamentablemente la voz que nos generó tanta devoción por la banda, la de Burton C. Bell, por muy disminuida que anduviera, siempre nos proporcionaba una fidelidad mínimamente digna con respecto a sus plásticos, pero el ex acompañante de estrellas porno y guitarrista, ahora se rodea de unos formidables Tony Campos al bajo (¡menudo currículum: Prong, Possessed, Ministry, Brujeria, Soulfly!), Milo Silvestro a las voces ( a-c-o-j-o-n-a-n-t-e-) y, sin otro indispensable como resulta Raymond Herrera a la batería, ha reclutado a un Pete Webber (Havok, Nuclear Power Trio) que no es manco para nada. Desde el minuto uno el sonido es magnífico lo que provoca una interactuación banda-público que resulta incluso promiscua en inolvidables programaciones como “Replica”, “New Breed”, “Therapy of Pain” (dedicada al Madman), “What Will Became?” (“Digimortal”- 2001). Al grito de ¡viva México y viva España! Se despiden con “Linchpin” como síntesis de un tsunami que arrasó con mente, alma, corazón y extremidades.

Angelmaker (NR Stage), desde Canadá, iban a levantar ampollas con su deathcore misantrópico y el agobio de la levedad del ser y sus pesares. Cuentan con tres guitarristas (Colton Bennett, Matt Perrin y Johny Ciardullo) así como con dos vocalistas (Ian Bearer, Casey Tyson-Pearce), amén de la sección rítmica que controlan el bajista Cole Rideout y el batería Steven Sanchez. Todo un destacamento de precisión y brutalidad adulterada con trazas blackies y coros de estrechamiento gang, sin remordimientos y directos a destripar, pero que lamentablemente se cayeron del cartel por problemas con las líneas aéreas de bajo coste (Eurowings) y fueron reemplazados por la banda de metal extremo murciana Cockoroch, donde aparte de un pequeño contratiempo en el horario pautado y sin la totalidad de sus atuendos característicos, al más puro estilo de la “Naranja Metálica” de Stanley Kubrick, demostraron con garantías las razones de ser una de las putrefacciones más valoradas del “underground” europeo profundo. El trio con las guitarras y descarnadas voces de Carlos Ferreira, “el Achokarlos” (un músico excepcional), el sólido bajo de Nyria Thunderstruck y las tremendas baterías de Leo Dato no dejaron mucho margen a la comparación ya que supuran, por pura diversión, el canibalismo antisocial de unas entrañas viscerales. Gran descubrimiento.

La nota de color discordante (NR Stage), antes de la primera tregua en esta batalla de contrastes la proporcionó, irónicamente, el oscuro menos riguroso que nos brindan los “masterminds” Mikael Stanne (Dark Tranquillity) voz, Markus Vanhala (Omnium Gatherum) guitarra, Santeri Kallio (Amorphis) teclado, Victor Brandt (Satyricon, Entombed, Dummu Borgir) bajo y Vesa Ranta (Sentenced) batería. Su primer disco, “Nordic Gothic”, resultó de los mejores valorados el año que derribamos hace ocho meses y, evidentemente, las ganas de ver en directo a ese impacto comercial rallaba lo obsesivo. El afable Stanne vive una segunda juventud absoluta, vocal y física, lo que torna por momentos en una expedición multitudinaria de amigos y amigas que se han atrincherado en su bello debut de miras góticas, un enclave vampírico veraniego de romances y conocidos desenlaces que se colman con “Violent Storm”, “Never Look Back” o “When Silence Speaks”, alcanzando cotas gloriosas. A pesar de no contar con el mejor sonido del día, ni de las mejores luces de la noche, destacaron las guitarras y los teclados en una imprudente hoguera de deseos incontrolables. Puro magnetismo que se coronó con la versión de Roy Orbison, catapultada a la fama por Cindy Lauper y reciclada para nuestros selectos paladares por estos caballeros de llama gélida y sonrisa perenne.

Las indomables huestes de Blackie Lawless vinieron a celebrar, con la gira “One Alive” en el escenario Azucena, las cuatro décadas de su álbum debut, aquella época de desfase e histrionismo que nos marcó de por vida. Cuarenta años, ¡madre mía! ¡Cómo pasa el tiempo! Y que se lo digan a Blackie, quien tras haber perdido bastante peso, con una aptitud algo más despierta y habiendo tomado buena nota de que sus cuerdas vocales necesitaban un entrenamiento intensivo, inicia su conferencia con un “I Wanna Be Somebody”, tocada como prefacio por vez primera. Con Mike Duda al bajo, el guitarrista Doug Blair y el inmenso batería  Aquiles Priester, todo parece bastante natural, aunque hay coros, voces y hasta guitarras que pululan de una forma extraña, no sé, voy a hacerme el tonto… Lo tenían muy fácil para meterse a la gente en el bolsillo con temas inabarcables para un totalitario grupo de mortales como  quedaron firmados, “Hellion”, “School Daze” o “Tormentor”, donde se proyectaron imágenes y vídeos de los mismos, algo rancios a día de hoy, pero, aún con todas, no pareció haber “feedback” por parte del respetable. Tras un solo de cinco minutos para que el director del “cotarro” cogiera aliento, no alzaron el revuelo que son dignos de ostentar con el medley que enreda “Inside The Electric Circus”, la versión llevada a cabo por Humble Pie, Styx o hasta Beth Hart, “I Don´t Need No Doctor” (editada por el sello discográfico Verve americano en 1966 y popularizada posteriormente por Ray Charles And His Orchestra) o con la provocativa “Scream Until You Like It” que ponía banda sonora a la segunda película de los Ghoulies. A continuación vuelven a tributar a los referentes, en esta ocasión con la sagrada “The Real Me” (The Who) perfectamente recreada, hay que reconocérselo. Con “Wild Child” entona de forma natural mientras introduce la melodía a medio tiempo y, como era de esperar, estalla con sus compañeros en una gran interpretación que queda extendida y finiquitada con el divertido “Blind In Texas”. El gentío se muestra bastante impasible, hoy W.A.S.P. han pasado de puntillas en este referéndum de posiciones.

Suffocation (NR Stage) también acudieron como interventores veteranos para establecer clases, portando sus respectivos másteres individuales de técnica aplicada al brutal death metal que llevan desglosando desde 1988. Ni siquiera ellos imaginaron en su día la repercusión de la propuesta conjunta que los ha mantenido en activo más allá de bandas con más renombre incluso. Terrance Hobbs, un infravalorado seis cuerdas obcecado en su cruzada, cuenta actualmente con una consolidada agrupación que ya sobrepasa, en el peor de los casos, los seis años de comportamiento, por lo que, para sus delirios abisales va bien respaldado. Los neoyorkinos son un muro infranqueable de densidad y, cuando requerido, de velocidad no apta para todos los públicos. Propios y extraños quedan saciados desde que reconocieron la valía de su ópera prima “Effigy of the Forgotten” (1991, y al que dieron buen repaso) y su continuación, el inenarrable “Pierced From Within” (1993), con los cortes que los aluden. Otros momentos cúlmenes fueron “Clarity Throuh Deprivation” (“… Of The Dark Light”- 2017) o “Seraphin Slavement” (“Hymns From The Apocrypha”- 2023). Una institución de brutalidad que sentó a diferentes generaciones para establecer un denominador común.

Los germanos Lord Of The Lost gozaron de una afluencia de gente más que considerable. La banda gótica formada por el solista Chris “The Lord” Harms (de la banda “glammie” The Pleasures) allá por 2007, se une a las celebraciones de mayoría de edad en este 2025 y habiendo cosechado un éxito sobrecogedor con su oscuridad fetichista que los llevó a Eurovisión con el tema “Blood & Glitter”, ciertas dosis industriales y una puesta en escena como mínimo llamativa. Con siete discos a sus espaldas y una cantidad ingente de singles promocionados, los de Hamburgo, con un fondo estrellado delimitando su logotipo, dirigieron a los numerosos y numerosas amantes de la nocturnidad a través de un Chris pletórico en su rol de embajador con esa voz sumamente grave y penetrante, sin olvidar al expresivo y enérgico batería Niklas Kahl. Gracias a los teclados Gared Dirge se reproducen electrónicamente, gestando un híbrido postmodernista que seduce a todo tipo de pelaje y que reúne a los que añoran la corriente sin pervertir de los mil novecientos noventa y la multicultural riada de los últimos quince años, con el rabillo del ojo puesto en la fundamental corriente finlandesa. “Raining Stars” es un claro ejemplo de este idilio comunal donde hasta el frontman decide pisar el foso y desenvolverse por entre los humanos. “Loreley” e “In Darkness, In Light” prolongan el placer y, tal y como hicieran uno de los máximos donantes del estilo, los británicos Paradise Lost, se les dio la vuelta de tuerca a canciones archiconocidas y trasladadas al formato pertinente, desembocando en locura, como sucedió con la recurrida “Smalltown Boy” (de Bronski Beat y también homenajeada por los citados de Halifax) y con “Phantom of the Opera” de Iron Maiden (“Iron Maiden”- 1980). Claros vencedores del momento.

Para que los doctores, enfermeros y auxiliares pudieran suturar heridas y calmar dolores entre los presos de ambos bandos y los caídos por el fuego cruzado, así como acomodar a los convencidos por los exponentes neutrales, dos de nuestras mejores bandas territoriales hicieron uso de sus cualidades para izar una bandera blanca momentánea. Injector (NR Stage) se están recorriendo gran parte de los festivales patrios con su thrash demoledor que ya venimos ocupando en muchas versiones de nuestro medio, realmente lo merecen. Me quité el mal sabor de boca que me dejaron sus problemas de sonido en el Zurbarán Rock de Burgos, a pesar de que inicialmente no brillaran como han por los mismos motivos, pero todo se solventó rápido y se ganaron un futuro en el escenario principal a todas luces, máxime cuando Mafy (bajo, voces) reapareció pidiendo casi pidiendo perdón cuando tuvo que ausentarse tras otro pequeño bache en la producción. El broche final lo pusieron los abulenses Dünedain (Azucena Stage), muy queridos en cada zona por la que pisan y que con su power metal de linaje europeo, salieron a la palestra ya victoriosos. Su vocalista Carlos es atento y está muy capacitado, aunque tristemente tuviera que aparecer, por un percance de salud, con muletas y una incómoda férula en la pierna derecha, ¡con un par! La alternancia de las dos voces (la del guitarrista Tony Delgado) siempre ha sido un punto fuerte de la banda y lo saben aprovechar, a fondo, consumando una espectacular descarga con grandes melodías y estribillos pegadizos coronados por efectos pirotécnicos leves aunque siempre efectivos visualmente. ¿Para qué cambiar lo que siempre ha funcionado? Probablemente estos veteranos merecen un lugar más arriba de nuestra escena, pero ellos siempre se han sentido cómodos donde están. Por muchos más años juntos y con cañonazos desde Madrigal de las Altas Torres como “Memento Mori”, “Vuela” y “Legado”.

Se echa el cierre al día con menos bajas de las previstas, pero con un claro vencedor en cuanto presencia y desarrollo, el “core” hoy ha sepultado a los genéricos. Los mediadores han dado cobijo a todo aquel que lo necesitaba para no perder un norte que se difumina en múltiples tendencias ansiosas por ocupar un nuevo trono.


En este reel publicado en nuestro instragam podéis ver un resumen visual de esta primera jornada:

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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