Bandas: Thundermother – Godsmack
Lugar: Sala La Riviera, Madrid – 9 de agosto de 2026
Texto y Fotos: Enrique Bernaola
Madrid en agosto es un infierno para algunos, pero una bendición para otros. El calor aprieta sin piedad, pero el lado bueno es lo solitaria que está la ciudad en términos de circulación, aparcamiento, establecimientos… y también por gratas sorpresas como la de este año: la llegada, por fin, de Godsmack a la capital española. Todo un hito para muchos de nosotros, que los disfrutamos allá por el año 99 cuando despuntaron con su homónimo debut, pero desde la distancia.
Una distancia que siempre había parecido insalvable. Uno de esos grupos que uno no entiende cómo nunca habían pisado nuestro país teniendo toda una legión de fans repartidos por el mundo (España incluida). Así que, pese al calor y a ser en pleno mes de agosto, el que escribe estas líneas se vio obligado a interrumpir sus vacaciones norteñas para acudir a una cita más que imprescindible. La recompensa no pudo ser mayor: un tremendo espectáculo de metal alternativo que hizo las delicias de todos los que pasamos ya la cuarentena y que por fin pudimos cobrarnos la deuda que tenían los de Boston con el público español.
Ahora la deuda la tienen ellos, porque a los que estuvimos en la Sala La Riviera nos regalaron un show más que redondo. Las suecas Thundermother fueron las encargadas de calentar la previa con un concierto muy explosivo y cargado de buen hard rock. Mucha hambre por conquistar los corazones madrileños, que a buen seguro querrán repetir cuando regresen por estos lares.


Pero el plato estrella era Godsmack. Era un 9 de agosto y, pese a ello, los de Massachusetts llenaron la sala. No era para menos después de tantos años de espera. A ritmo de AC/DC salieron al escenario con Sully Erna, su gran líder, a la cabeza. Sin tiempo que perder arrancaron con «When Legends Rise», que da nombre al séptimo álbum de la banda. No habían llegado al estribillo y el público ya estaba volcado, porque lo bueno se hace esperar. Aunque quizás no tanto…
Continuaron con «You and I», de su último disco hasta la fecha, Lighting Up the Sky. Y, si nada cambia, el último de su carrera. Al menos eso es lo que aseguraron los miembros de la banda hace un par de años, con la idea de seguir pero solo en términos de giras y festivales. Está por ver que lo cumplan y no les termine picando el gusanillo de componer más música. «Straight Out of Line», de su etapa dorada, dejó claro que si algo tiene Godsmack son tablas. Gran sonido y mucha personalidad de Erna. «Awake» subía todavía más el nivel y nos teletransportaba a todos al año 2000. Gran inyección de nostalgia en vena a golpe de riff. El culpable, un muy inspirado Sam «Bam» Koltun, el encargado de sustituir al mítico Tony Rombola, quien abandonó la banda cansado de tantos años girando. Mismo motivo que provocó la salida de Shannon Larkin y cuyas baquetas heredó el sensacional Mike Mangini.



Potencia demoledora en la batería demostrando por qué ocupó el puesto de Portnoy en Dream Theater durante unos años. Fichaje espectacular y acertadísimo el de Erna, acompañado por su inseparable Robbie Merrill al bajo. «Surrender», tal vez menos conocida, bajó algo el pistón para dar paso a «The Oracle», tema instrumental que dio descanso a un vocalista que parecía algo reacio a entretenerse en discursos; pero nada más lejos de la realidad.
Llegó el turno de rendir cuentas. Sully cogió el micro y se dirigió al público: «¡Hola España! Por fin estamos aquí. Sé que ha sido mucho tiempo, pero lo hemos intentado muchas veces, lo juro. No me importa que hayan pasado 30 años, estamos aquí. Gracias por tener paciencia. Conecto con este país y por fin estamos juntos; disfrutad la música, el idioma universal». Todos los asistentes en el bolsillo. Más aún cuando sonó «Keep Away», uno de los temas estrella de su disco debut más aclamado (del que no sonó «Moon Baby», la única «pega» del concierto) y que sonó a la perfección. La experiencia sigue siendo un grado.

Entre «1000hp» y «Speak» volvió a dirigirse al público para enseñarnos su guitarra de apenas 80 dólares, lo que le sirvió para explicar que la tiene desde el primer disco, además de recordar a los jóvenes de la sala (que los había) que no hace falta una gran inversión para poder crear música. También quiso aprovechar la ocasión para felicitar a España por su triunfo en el Mundial, algo que fue recibido en la pista como si fuera el gol de Ferran. Y llegó «Voodoo», uno de los momentos más esperados con sus ritmos tribales. Fue el toque místico de la noche, con la gente encantada de unirse al ritual.
El veneno de la serpiente había hipnotizado al respetable, pero por poco tiempo. Llegó «Whatever» y, otra vez, la locura. Saltos, colaboración con palmas y Sully Erna enamorado del ambiente: «Si fuera por mí tocaría toda la noche. Prometo que si seguimos haciendo música alrededor del mundo pararemos en Madrid. Decidme cuántos vendríais». Mayoría absoluta en pista. Y las promesas hay que cumplirlas.
Llegaron los bises a ritmo de The Beatles. Una versión de «Come Together» que terminaron enlazando con «Stairway to Heaven», de Led Zeppelin. Algo que demostró lo acertado de fichar al talentoso Koltun a la guitarra. Continuaron con «Bulletproof» y terminaron el recital con la esperada «I Stand Alone», uno de sus temas estrella. Un cierre espectacular para una noche redonda. Han pasado tantos años para verles que algunos lo dábamos por imposible. Pero es esa larga espera la que, mezclada con la nostalgia y el gran sonido en directo, convirtió la del domingo en una noche mágica e inolvidable. Porque más vale tarde que nunca cuando de justicia divina se trata.
«No veo el momento de volver», dijo Erna. Nosotros tampoco.



