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Hatebreed y el arte de no salir en camilla del pit

Bandas: Hatebreed – Oniric Prison
Lugar: Sala Custom, Sevilla – 5 de agosto de 2025
Fotos: Marta Grimaldi

Este año, mi temporada de conciertos en sala comenzaba en agosto tras los festivales, nada de esperar a septiembre, y qué mejor manera que con lo que os relato hoy. Después de lo que me habían contado algunos colegas que ya habían visto a Hatebreed fuera de nuestro país, no os voy a soltar el típico rollo de “tenía muchísimas ganas” y tal… Pero sí, lo admito, tenía unas ganas tremendas de ver si era verdad eso de que siguen tan en forma como dicen.

Oniric Prison: Comienzan las hostias

Bajo un rojo abrasador que parecía sacado de un videoclip de Slayer, los granadinos Oniric Prison salieron al escenario. La banda tenía muy claro que no se habían desplazado solo para rellenar el cartel. Salieron a matar… no hay otra forma de decirlo.

La base rítmica parecía querer demoler la Sala Custom. El bajo, sonaba como si saliera del mismo subsuelo, marcaba una línea densa y violenta. Una banda con una actitud general que directamente venía a romper cuellos. Tema tras tema, subieron la intensidad en cuestión de segundos, y el público respondió como si llevara media hora calentando. Abrieron con “Blood Manifesto” de su homónimo de 2019, y la sala se empezó a mover. Poca broma. Le siguió “Everything”, parte de Slumber de 2023, dando leña con ese thrash tan suyo, extraído de la mejor cosecha de nuestro país, a la cual homenajeaban en sus camisetas de Crisix y Angelus Apatrida. La peña empezó a empujarse, a dar vueltas. Había hambre de jarana, y ellos lo sabían.

La cosa ya no paró de subir, tirando los temazos de su breve pero intensa discografía. Sonaron firmes, rápidos, contundentes. Y cuando cayeron con “Private Hell”, activaron el circle pit automático. Y entonces llegó… “Arise”. Sí, la de Sepultura, ese himno absoluto, ejecutado con respeto y su toque personal. También hubo lugar para su último single, “Ghost Of Misanthropy”. Convencieron sobradamente. Cerraron con “Portrait Of Liar”, dejándonos con la sensación de que Oniric Prison era la banda perfecta para abrir el evento. Fueron 40 minutos de bastarda violencia.

Hatebreed treinta años después, siguen sonando como si acabaran de escapar del mismísimo infierno

A las 21:40 clavadas, bajaron las luces y comenzó a sonar “Balls to the Wall” de Accept como intro. No hubo vuelta atrás. Salió Hatebreed y arrancaron a lo bestia con “I Will Be Heard” (2002), y con ellos, todo el mundo se lanzó. El pit se transformó en una lavadora humana. Para la segunda canción, ya había gente jadeando por las esquinas como si fuera la última ronda de un combate. Sin respiro, enlazaron con “Make the Demons Obey”, último single publicado por la banda hace apenas unas semanas, y que adelanta que vamos a tener Hatebreed para rato, y más tras ver el fantástico estado en el que se encuentran.

Jasta no necesita presentación. Es carisma, rabia y sudor. Tenía al público en la palma de la mano. Te miraba, gritaba, y tú ya estabas saltando sin saber casi ni por qué. Escupía una verdad tras otra, con la rabia de quien lleva treinta años masticando clavos y tragando frustración.

El setlist fue una puñetera exhibición de músculo y veteranía. “Tear It Down” (2003), era toda una declaración de intenciones con la contundencia de una patada en la mandíbula. Himnos como “To the Threshold” (2006), “Serve Your Masters” (2016), «Destroy Everything» (2006) o «This Is Now» (2003) se sucedían como puñetazos; sonaron además tan aplastantes como cuando los grabaron. Sustituyendo a Chris Beattie, que ha salido completamente de la banda, teníamos al bajo a Matt Bachand, puro cemento líquido.

Continuaron tirándonos lo mejor de su discografía. Allí no había nadie con la boca cerrada, contestaba hasta el último de la sala a cada coro en los estribillos. Ellos no bajaron el ritmo, y evidentemente nosotros tampoco. Cuando cayo “Perseverance” (2002), sentimos el peso de la historia, la verdad de una banda que no ha bajado los brazos en tres décadas y a la que aún le queda tela de gasolina. El tramo final vino con “Live for This” y el apoteósico cierre con “Looking Down the Barrel of Today”.

Jasta se dirigió al público entre los temas, acompañado de acoples provocados, con esa mezcla de dureza y camaradería que le caracteriza. Agradeció el calor y la pasión de todos los presentes… y dejó claro que, pasen los años que pasen, Hatebreed sigue siendo sinónimo de resistencia, de fuerza, de comunidad a través del ruido. “Cuando nosotros decimos que esta música salva vidas, no lo decimos por marketing. Lo decimos porque lo hemos vivido”.

Hatebreed no está celebrando su aniversario, está dando lecciones de supervivencia a base de riffs, gritos y comunidad.

Si no estuviste, lo siento por ti. Y si estuviste, enhorabuena: qué pedazo de concierto nos hemos tragado.

By Marta Grimaldi

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