Bandas: P.O.D. – Morphium – Khorea
Lugar: Sala Andén 56, Burgos – 1 de agosto de 2025
Texto: Oiane Díaz
Fotos: Álvaro Foronda
Agosto arrancaba con fuerza: nada más y nada menos que P.O.D. –Payable On Death–, con Sonny Sandoval al frente, aterrizaban en tierras burgalesas para dar el pistoletazo de salida al mes estival por excelencia. Desde que se anunció el show, se generó un revuelo inmenso entre sus fans incondicionales, logrando el sold out hace semanas. Y es que, parece mentira, pero P.O.D. no habían pisado nuestro país en más de dos décadas.
En esta ocasión, además de tratarse de una fecha exclusiva en 2025 en España, que hacía aún más especial su regreso, venían acompañados por unos teloneros de lujo: Morphium desde Gerona y los locales Khorea. La apertura de puertas, prevista para las ocho de la tarde, hizo que el ambiente en los aledaños a la sala –Andén 56– estuviese animado desde pronto. La zona se llenaba de seguidores que se habían desplazado desde un montón de lugares para asistir a un concierto único y que prometía una gran velada.
El público fue asomándose poco a poco al recinto mientras Khorea se encargaban de calentar motores para lo que vendría después. Con su primer trabajo cociéndose poco a poco –Into the Maelstrom–, hicieron gala de un directo contundente y de calidad, sorprendiendo a más de uno que quizás no les tenía controlados. Un gran descubrimiento que estamos seguros que darán mucho que hablar. Como estos shows tienen que ir ágiles, Khorea aprovecharon cada minuto sobre el escenario para dar paso después a Morphium. Tras dos décadas de carrera sobre sus hombros, los chicos de Álex Bace, derrochan tablas y energía en sus actuaciones en vivo, a lo que añaden una continua interacción con la pista. Un directazo que no dejó indiferente a nadie. Sin embargo, entendemos que, por motivos de horario, tuvieron que finalizar el show antes de tiempo, hecho que empañó de alguna manera su actuación.

Y llegaba la hora de los protagonistas de la noche: algo después de las diez y cuarto, los chicos de Sonny se subían al stage de Andén 56. P.O.D. tras veinte años sin pisar nuestro país, volvían para dejarse la piel y hacernos volver a la adolescencia; a aquella época en la que el boom del un metal se convirtió casi en un estilo de vida. Y hablando de “Boom”, este fue precisamente el hit elegido por la formación de San Diego para abrir el bolo. Según escuchábamos los primeros compases del tema, los gritos y la emoción de los asistentes subían de decibelios. Una apertura por todo lo alto que fue seguida por otro clasicazo como “Satellite”, canción homónima que daba nombre a su cuarto álbum de estudio allá por 2001.
A golpe de riff y de la espectacular simpatía de Marcos Curiel, que no paraba de interactuar con los fans más cercanos a su zona en el escenario, al mismo tiempo que lanzaba púas por los aires hacia unos alocados seguidores, los cortes se fueron sucediendo, alternando singles de sus diferentes trabajos. Sonny Sandoval mantiene esa alma intacta de frontman lleno de energía como si se tratase de su primer día sobre los escenarios. Sandoval es puro derroche de fuerza, moviéndose de un lado a otro del escenario sin parar y agitando sus rastas entre las luces y el confeti que lanzaban en cortes alternos.
La sala, a rebosar, era pura energía y nerviosismo por ver –de nuevo, en muchos casos– a la banda americana. Tal y como comentó entre tema y tema el bueno de Marcos Curiel, “si no nos invitan, no venimos”, a lo que añadió que esperaba que no pasasen tantos años hasta su próxima visita. Un ambiente festivo, un calor enorme que no importó incluso para organizar algún que otro pogo y saltar sin parar, aderezaron una velada que estuvo a un nivel espectacular. A pesar de que al inIcio la voz de Sonny se escuchaba un tanto bajita, el show fue increíble y nos llevó a otras épocas al son de sencillos como “Southtown” o “Circles”, además de incluir cortes de su más reciente Veritas, que está al nivel de trabajos más añejos. No faltaron “Drop”, “Afraid to Die” o “I Won’t Bow Down”, tras la cual el frontman comentó su alegría de ver que habíamos “escuchado y aprendido los temas de su último álbum”.
En un abrir y cerrar de ojos, nos plantamos en la parte final del concierto, con una felicidad inmensa por lo que estábamos viviendo pero con pena por ir llegando al final. Un broche final que fue una auténtica locura con “Youth of the Nation” y la archiconocida “Alive”, momento en el que la sala al completo saltó por los aires. No se puede pedir más a una formación que lleva más de treinta años de carrera musical y sigue sonando tan fresca como el primer día. Potencia, buen rollo y saber hacer, esos son los ingredientes con los que ayer se elaboró ese show que tanto disfrutamos en Burgos. Ojalá cumplan su promesa de estar de nuevo por aquí muy pronto.




