Festival: Hellfest Open Air 2026
Lugar: Clisson, Pays de Loire (Francia) – 18 al 21 de junio de 2026
Texto: Cristina Trespando
Fotos: Miquel Raga
Tales from the Pit
Tales from the Pit (historias desde el foso), fue un nombre bastante apropiado para la decimonovena edición del festival Hellfest de Clisson, en la región de Pays de Loire en Francia. El cartel reunía a las leyendas que crearon buena parte del lenguaje del género del metal, a bandas fundacionales, músicos de culto, supervivientes de varias épocas, proyectos emergentes y nuevos candidatos a ocupar los grandes escenarios. Deep Purple demostraron que un riff puede pertenecer a todo el mundo; Iron Maiden celebrando cincuenta años de historia; Alice Cooper convirtiendo una vez más el heavy metal en teatro; Bring Me the Horizon estrenándose como cabezas de cartel; y nombres como Borknagar, Amenra, Behemoth, Acid Bath, Mayhem o A Perfect Circle para los más melómanos. También nos dieron el espacio para regresar a nuestra adolescencia con Papa Roach, Limp Bizkit y The Offspring.
Entre bandas emergentes, bandas de culto, regresos imposibles, clásicos, homenajes y solapes dolorosos, Hellfest volvió a demostrar que el metal no avanza en línea recta: acumula historias, las deforma y las devuelve al pit.
Durante los cuatro días de festival pudimos disfrutar de una alineación de más de 180 bandas, miles de fanáticos del género, y un calor que parece que ya acompaña al festival por norma general, superando este año récords históricos, alcanzando los 41 grados en la jornada del domingo.
Miércoles por la tarde, se abren las puertas a la Hellcity. Gran momento en el que la gran mayoría de los asistentes intercambian su entrada por la pulsera, que servirá como forma de acceso y de pago dentro del recinto. Nos recibió la nueva estatua conmemorativa al Príncipe de las Tinieblas, Ozzy Osbourne, que se alza con las manos en alto a las puertas del festival colindando el ya instaurado HellCity Brew Pub.
La noche previa llegó el ritual de todos los años, abrir el librillo con los horarios finales, y empezar a marcar bandas y estrategias. La abundancia forma parte del atractivo de HellFest, pero también de su particular crueldad, para los que escuchamos “de todo” dentro del universo del metal, organizar el día consiste en elegir consciente y meticulosamente qué concierto vas a lamentar haberte perdido. Te pierdes cosas, inevitablemente, pero también encuentras otras que no habías ido a buscar.
Jueves de clásicos y el futuro del metal
El jueves arranca a las 16h y reunía a 30 bandas que se encargaron de dar el pistoletazo de salida. Mikkey Dee, Deep Purple y Alice Cooper representaban el peso de los clásicos; Papa Roach y All Time Low activaban una nostalgia algo más reciente; Borknagar y The Halo Effect conectaban varias ramas de la historia del género; y Bring Me The Horizon se estrenaban como cabezas de cartel en Hellfest.
Acceso rápido por la zona de prensa y nos dirigimos hacia el Altar para comenzar la jornada con Skaphos, una descarga de oscuridad e intensidad que nos metió de lleno en el ambiente del festival.
Mikkey Dee & Friends inauguraron el Mainstage 2 con un repertorio tributo a Motörhead que incluyó temas como “Shoot you in the Back”, “Ace of Spades”, y “Born to Raise Hell”. Antes de ocupar la batería de Scorpions, Dee pasó más de dos décadas compartiendo escenario con Lemmy y había tocado previamente con King Diamond. Una sutil declaración de intenciones: Hellfest nos daba la bienvenida a una edición marcada por las leyendas a través de los músicos que ayudaron a construir la historia del género.
The Pretty Reckless aportaron después una cara más contemporánea del hard rock. Taylor Momsen tiene voz, presencia y material suficiente para sostenerse con solvencia en un Mainstage y apelar a un público con el cual interactúa, agradece y reconoce a quienes están delante con una cercanía poco habitual en alguien que llegó al escenario desde Hollywood.



Deep Purple fueron una de las grandes citas históricas del fin de semana. Con más de medio siglo de carrera, ayudaron a endurecer el rock y establecer parte de las bases de lo que vino después. El repertorio mezcló clásicos como “Into the Fire”, “Hard Lovin’ Man” y “Space Truckin” con material más reciente.
Ya no suenan como en sus mejores años y la edad se nota, pero siguen siendo una de esas bandas que merece la pena ver al menos una vez en la vida. “Black Night” dio pie al cierre inevitable con “Smoke on the Water”, probablemente uno de los riffs más practicados por aprendices de guitarra, se ha repetido hasta el agotamiento, pero cuando lo interpreta la banda que lo creó frente a miles de personas recupera todo su peso. Nos la sabemos todos.
Llegamos al Temple, donde Borknagar desplegaron su black metal progresivo. Desde los noventa, los noruegos han expandido su sonido a terrenos folk, atmosféricos y casi cósmicos, alternando voces limpias y guturales entre teclados y guitarras amplias. Con músicos como ICS Vortex, vinculado a Dimmu Borgir y Arcturus, y Lars Nedland, de Solefald, este directo dejó ver por fin una sincronía y una precisión que había echado en falta en ocasiones anteriores. Temas como “Up North” y “Winter Thrice” sonaron especialmente bien, con voces mucho más claras y afinadas.

The Halo Effect trasladaron la jornada al sonido de Gotemburgo. La superbanda reúne a músicos vinculados a In Flames junto a Mikael Stanne, vocalista de Dark Tranquillity: varias de las personas que ayudaron a definir el death metal melódico sueco revisitaron en el Altar aquel lenguaje desde el presente con un directo sólido y compacto.
Papa Roach ofrecieron uno de los conciertos más personales de la jornada. Sus canciones están ligadas a mi adolescencia, y bastó con que empezara “Between Angels and Insects” para que regresaran momentos y recuerdos que parecían archivados.
Jacoby Shaddix conquistó al público, como el frontman carismático que es, y recorrió varios referentes del nu metal, enlazando fragmentos de Korn, Deftones, Limp Bizkit y System of a Down antes de cerrar con la esperadísima “Last Resort”, que hizo cantar, saltar y gritar a miles de personas como si el tiempo no hubiera pasado.
El relevo generacional quedó claro cuando Shaddix invitó a su hijo de 12 años Brixton al escenario durante el tema “Braindead”, esta colaboración encaja con la filosofía de “One Life, One Chance” de la canción: una llamada urgente a despertar y aprovechar la vida. Una escena tratada durante años como una amenaza contra la autenticidad del metal forma ya parte natural de la historia musical de toda una generación y empieza a derramarse sobre la siguiente.
Alice Cooper apareció como el personaje pintoresco que todos esperábamos. En su caso y como bien sabemos, música y teatro son inseparables, y nos dejó claro porque es el padrino del Shock Rock, una identidad musical que lleva décadas influyendo en otros artistas. “No More Mr. Nice Guy”, “I’m Eighteen”, “Feed My Frankenstein” y “Hey Stoopid” fueron construyendo el espectáculo entre camisas de fuerza, criaturas, bastones, guillotinas y decapitaciones. Cuando llegó “Poison”, no hizo falta nada más, el público se convirtió en un karaoke gigantesco sin demasiada dignidad, como debe ser. No hace falta darle más vueltas, «Poison» es un temazo y punto.
Hilado al cierre de Alice Cooper llegó uno de los momentos centrales de la edición: el homenaje a Ozzy Osbourne. La estatua que había recibido al público desde la Hellcity encontró su continuación en todo el recinto, las pantallas y el Mainstage fueron convertidos durante diez minutos en un recuerdo compartido de su trayectoria, fotografías inéditas, momentos y anécdotas. No hacía falta ser la persona más fanática de Ozzy para entender el peso del momento. Sin él y sin Black Sabbath resulta difícil imaginar buena parte del heavy metal tal como existe hoy.

Bring me the Horizon llenaron el Mainstage en su primera aparición como cabezas de cartel del festival. Su ascenso resume bastante bien cómo cambia el metal: pasaron de provocar discusiones sobre si merecían estar en determinados carteles a ocupar uno de los lugares principales.
Su espectáculo combina metalcore, electrónica, pop y una producción de gran formato. La aparición de Will Ramos durante “Antivist” condensó varias etapas recientes del metal extremo: una canción del álbum “Sempiternal”, uno de los discos decisivos para la transformación de la banda, compartida con una de las voces más reconocibles del deathcore actual.
Lo que hace unos años parecía una ruptura con el metal establecido empieza ya a formar parte de su propia historia.
Kadavar regalaron un cambio de ritmo perfecto, su hard rock psicodélico y sus riffs pegadizos te obligan a mover el cuerpo, música y ambiente que ayuda a desconectar del ambiente masivo del festival y te permite simplemente disfrutar.
En el Altar Igorrr cerro la representación francesa del día con ese caos tan suyo imposible de resumir en pocas palabras: metal extremo, electrónica, breakcore, música barroca, voces imposibles y sonidos estridentes hacen a esta banda un espectáculo digno de ver en directo.
La noche la cerraron los escoceses Alestorm con su conocida fiesta pirata, llenando el Mainstage de representaciones visuales de sus temas, alcohol y decisiones cuestionables.












