Bandas: Orianthi – James Bruner
Lugar: O2 Academy Islington, Londres – 29 de enero de 2026
Texto: Emilio Ortega
Fotos: Robert Sutton
Londres tiene una memoria musical implacable, y para Orianthi, la capital británica siempre guardará ese regusto agridulce de lo que pudo ser. Hace más de quince años, la guitarrista australiana fue la elegida por Michael Jackson para los conciertos de “This Is It» en el O2 Arena. Aquella cita nunca ocurrió, pero anoche, en un entorno mucho más íntimo y sudoroso como es la O2 Academy Islington con capacidad de casi 800 personas, Orianthi demostró que no necesita la sombra de ningún gigante para sostener el cielo del rock sobre sus hombros.
La velada comenzó con una descarga de adrenalina pura a cargo de James Bruner. El joven artista Americano de Nashville, que ha ido ganando reconocimiento en la escena europea tras su paso con “Those Damn Crows”, se presentó ante el público londinense con una confianza e ímpetu macarra que rozaba la insolencia. Acompañado por una sección rítmica impecable ,destacando a la bajista Shannon Wilk, cuya energía fue el motor del set y el batería Jack Lee, pero sobretodo el virtuoso guitarrista Zack Mears llevando la batuta con su brutal estilo melódico. Bruner ofreció una lección de rock and roll clásico con tintes modernos. Temas como «Switchblade» y “Can’t Keep Wanting You“ sirvieron para calentar una sala que ya colgaba el cartel de casi lleno. El momento álgido llegó cuando Bruner a pecho descubierto, ya despojado de sus gafas, chaqueta y camiseta, en un despliegue de carisma de la vieja escuela,descendió del escenario para mezclarse con la multitud durante «Big Shot», rompiendo la barrera entre artista y audiencia para echar el cierre con la canción “I Get Everything”para llevarse el gato al agua antes de que la atracción principal hiciera acto de presencia.
Apenas fue media hora pero cumplió con creces su cometido, eso sí, estaba desatado y campando a sus anchas disfrutando cómo un rockero indomable sobre las tablas y para su despedida agradeció Planet Rock y Orianthi por la oportunidad de tocar en la capital británica.
Tras un breve interludio de media hora para preparar el escenario, las luces se tornaron azul cobalto y el estruendo de una Stratocaster familiar anunció la llegada de la «Diosa de la Guitarra». Orianthi apareció bajo el foco, armada con su técnica infalible y una madurez vocal que, honestamente, es el secreto mejor guardado de su carrera actual. Abrió fuego con «First Time Blues», el corte de su nuevo álbum Some Kind of Feeling que cuenta con la colaboración del gran Joe Bonamassa. En directo, la ausencia de Joe no se notó; Orianthi llenó cada hueco con ráfagas de notas que oscilaban entre el blues más pantanoso y el shredding más técnico. Continuó con “Sinners Hymn” y “U Don’t Wanna know “ para elevar un poco la temperatura de la sala y saludar presentándose al personal por asistir a pesar del frío gélido de la noche londinense.
La gira de 2026 nos presenta a una artista que finalmente parece cómoda en su propia piel, lejos de las etiquetas de «acompañante de estrellas» (Alice Cooper, Richie Sambora, Carlos Santana). Canciones nuevas como la ya célebre «Attention» ,un himno de power-rock directo al mentón y la melancólica «Dark Days Are Gone» mostraron su faceta como compositora capaz de conjugar ganchos pop con una base instrumental de acero.
Uno de los momentos más íntimos y aplaudidos fue el set acústico con los temas “Where Did Your Heart Go» y “Before You Accuse Me». Allí, despojada de la distorsión, Orianthi exhibió un trabajo de dedos que dejó a más de un aspirante a guitarrista en la sala revisando sus prioridades. Su voz, con ese matiz de vulnerabilidad que a veces se pierde en los discos, brilló especialmente en las baladas, recordando a la audiencia que detrás de los solos de vértigo hay una narradora de historias. Sin embargo, el público de Islington había venido a rockear, y la banda, completada por Demian Arriaga en la batería y Sam Collins al bajo, no defraudó. Canciones cómo “Heaven In This Hell” y “What’s It Gonna Be» incrementaron el ambiente ya de por sí electrizante con una mayor intensidad si cabe, palpable por todo el recorrido del recinto.




La recta final fue cómo proclamó ella más pesado y sólido literalmente heavy, cómo una fuerza única de la naturaleza tocó temas clásicos y de homenajes. No faltó «According to You», su gran éxito de 2009 y el espaldarazo definitivo de su carrera que puso a cantar a toda la sala al unísono, pero fue su interpretación de «Sharp Dressed Man» (de ZZ Top) lo que realmente incendió el lugar, transformando la academia en una fiesta de lujo.
Faltaba por tocar su canción más blues del concierto, muy al estilo Gary Moore, “How Do You Sleep” para rebajar la tensión acumulada e inmediatamente con “According To You”una vez más, desplegó toda su destreza melódica cómo un torbellino incontrolable.
Para el cierre, Orianthi decidió invocar a los espíritus más altos. Su versión de «Voodoo Child» de Jimmy Hendrix no fue una simple copia; fue una apropiación legítima. Con el sonido de su guitarra llorando bajo sus pies y una sonrisa de satisfacción absoluta, la australiana cerró una noche que confirmó lo que muchos ya sospechábamos: 2026 es el año de su consagración definitiva como líder indiscutible del género y con un futuro a sus pies, a la altura de su apabullante talento especialmente con su arrolladora personalidad y habilidad con las seis cuerdas.
Se despidió con la promesa de volver por estos lares muy pronto desde su última y lejana visita de 2018, agradeciendo una vez más el apoyo de todos los congregados y sobretodo a Planet Rock por haber hecho su último disco el número uno y revelando qué pronto lanzará su nuevo disco para emplazamiento de su próxima gira y por mi parte en nombre de Metal Hammer España, agradecer especialmente a Peter Noble por su atención y colaboración para cubrir el concierto.
Al salir a la fría noche de Islington, la sensación general era de alivio y euforia. Por la parte que me corresponde se ha ganado un nuevo adepto. Londres finalmente tuvo su dosis completa de Orianthi, sin pantallas gigantes ni coreografías pop, solo tres músicos, un amplificador al límite y una artista que toca la guitarra como si el mundo se fuera a acabar mañana, básicamente como se hacía tradicionalmente.



