Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies.

Tarja encandila en Barcelona

Bandas: Tarja + Marko Hietala + Rock Ali and the Addiction + Serpentyne
Lugar: Razzmatazz 1 – Barcelona – 3 de febrero de 2026
Promotor: Bring the Noise
Fotos: Miquel Raga

En pocos días los seguidores del metal sinfónico han podido ver a figuras destacadas girando por España como Epica y Tarja Turunen. Eso sí, en el caso de vivir en las dos grandes capitales. Los desplazamientos siempre són más complicados en días laborables y a no ser que vivas en dichas ciudades o a una distancia razonablemente cercana y en relación con las ocupaciones habituales de cada uno, viajar se antoja más que difícil para muchos.

Aunque ni estar cerca o vivir en las grandes urbes te salva de llegar. La prueba es el caos reinante en Catalunya durante largos días, y sigue en el momento de redactar estas líneas, en cuestiones de movilidad. Con todo el servicio ferroviario de cercanías parado el perjuicio para miles de personas a la hora de moverse para ir a trabajar está siendo enorme. Si a ello le sumamos vías tan importantes como la autopista AP7 cortada, el resultado es que el incremento del tráfico de personas y mercaderías por carretera ha superado todo lo esperable.

“Gracias” a estas circunstancias, un trayecto de entrada a Barcelona desde que accedes a sus rondas a cualquier destino del interior de la urbe se convierte en una odisea pasando de los 20 o 25 minutos a hora y media como mínimo. ¿Cuál es la razón de este comentario inicial? Sencillamente que estas circunstancias, y yendo con tiempo, hicieron que uno se perdiera las actuaciones de Rock Ali and the Addiction y Serpentyne. Justo accedimos en el cambio previo a la salida de Marko Hietala.

Marko Hietala, sin sobresaltos

No es fácil sacudirse la sombra de un gigante como Nightwish, pero Marko Hietala parece querer librarse de ello. Tampoco van a ayudar sus apariciones con Tarja cantando canciones de Nightwish. Su reciente paso por Barcelona sirvió para presentar Roses from the Deep, un álbum que define su estado vital actual, lejos de la pirotecnia sinfónica y más cerca de un rock progresivo y folk de autor que invita más a la escucha atenta que al headbanging.

Desde los primeros compases de «Frankenstein’s Wife», quedó claro que el tiempo no pasa por las cuerdas vocales de Hietala. Su voz sigue siendo uno de los instrumentos más privilegiados del metal europeo, capaz de sostener notas imposibles con una naturalidad pasmosa. Acompañado por una banda de una solvencia técnica incuestionable con Tuomas Wäinölä a la guitarra y Anssi Nykänen a la batería, el concierto fluyó con la precisión de un reloj suizo. Temas como «Rebel of the North» o la potente «The Dragon Must Die» demostraron que el músculo sigue ahí, aunque ahora se exhiba de forma más estratégica.

Sin embargo, el grueso del setlist transitó por terrenos más pausados. Canciones como «Isäni ääni» o la propia «Roses From the Deep» sumergieron la sala en una atmósfera reflexiva y casi íntima. Para el espectador que buscaba la catarsis del Hietala más fiero, el concierto pudo resultar, por momentos, demasiado plano. La energía no fue de explosión, sino de acompañamiento; un viaje por paisajes nórdicos melancólicos que, si bien son hermosos, carecen del pulso épico que marcó su carrera anterior.

Incluso en los momentos de mayor distorsión, como en «Stones» o la versión de «War Pigs» (donde Marko volvió a demostrar por qué es un bajista de una clase superior y se permitió jugar con la letra), el ambiente general se mantuvo bajo un control absoluto, sin llegar a alcanzar ese clímax eufórico. Sencillamente otra etapa en la que se muestra más que confortable.

Tarja reclama su trono

Lo que vimos en Barcelona por parte de la «Reina del Invierno» fue un reclamo de su trono en una noche de nostalgia, potencia vocal y buena química con Marko Hietala. Tarja se mostró pletórica, comunicativa y en un estado de forma vocal sencillamente excelente.

Si alguien pensaba que los años habían aplacado el fuego de Tarja Turunen, no pudo estar más equivocado. Tras el set más pausado de Hietala, la soprano finlandesa salió a morder con «Eye of the Storm» y «Undertaker». No estamos hablando de las cabalgadas que le vimos en Nightwish años atrás pero desde el primer minuto, la conexión fue total: vimos a una Tarja radiante, saltando, recorriendo el escenario de punta a punta y agradeciendo constantemente un apoyo que, como ella misma dijo, ha sentido incondicional a lo largo de los años.

Aunque los nombres de su formación actual a veces queden a la sombra de su figura, la banda que la acompaña es una apisonadora técnica destacando quizá a Doug Wimbish, componente de Living Colour desde 1992, o el guitarrista Alex Scholpp. Sonaron compactos en cortes más rockeros como «500 Letters» y oscuros en la imponente «Crimson Deep». La primera parte del concierto fue un repaso a su carrera en solitario, además de los citados, con “Demons in You” y «Victim of Ritual”. Pero, por supuesto, el plato fuerte era ver cómo esa maquinaria encajaría con el invitado de honor de la noche.

El ecuador del concierto marcó el punto de inflexión. Marko Hietala regresó al escenario para un medley acústico que incluyó temas como «Feel for You» y «Higher Than Hope». La sala se quedó en un silencio sepulcral, solo roto por ver esas dos voces fundirse de nuevo. Pero la calma duró poco: «Slaying the Dreamer» y «Wishmaster», con el interludio de“Silent Masquerade”, desataron la locura colectiva. Ver a Marko rugir y a Tarja alcanzar esas notas en los clásicos de Nightwish, con la complicidad y las sonrisas que compartían, fue el bálsamo que cerró las heridas del pasado.

Tras una emotiva «I Walk Alone», que ya es un himno de resistencia para ella, el cierre fue una descarga de adrenalina. El bis arrancó con «Dead Promises», pero el clímax esperado llegó con «Wish I Had an Angel», tema que goza de una popularidad enorme entre los fans de Nightwish. El dueto funcionó con la misma electricidad (o más) que hace veinte años. «Until My Last Breath» puso el punto final en la cual Tarja se permitió subir al escenario a una niña que en un lateral contemplaba el concierto a hombros del que debía ser su padre. La cara de asombro de la pequeña era de foto. Cantó, saltó y acompañó a la diva durante medio tema.

Tarja Turunen demostró en Barcelona que es mucho más que una voz privilegiada; es una performer nata que sabe manejar los tiempos del espectáculo. Unido a su voz y la felicidad más genuina el cóctel no puede fallar. Si a eso le sumas la presencia de un Marko Hietala que, aunque más calmado en solitario, se crece al lado de su antigua compañera, el resultado es una de las giras más necesarias y disfrutables de 2026.

By Albert Perera

Live After Death tuvo la culpa de todo y tantos años después aquí seguimos. Si hay algo que me gusta más que escuchar música es hablar sobre ella y difundirla… y en ello estamos durante un cuarto de siglo.

Artículos relacionados