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La Gran Misa Evangélica de Wembley: El Ascenso Definitivo de los Lobos

Bandas: Powerwolf – HammerFall – Wind Rose
Lugar: OVO Arena Wembley (Londres) – 7 de marzo de 2026
Fotos: Emilio Ortega

Hay noches que se sienten como el cierre de un capítulo y el comienzo de una histórica e impresionante era.En torno a la gira Europea de “Wake Up The Wicked Tour”.Este sábado 7 de marzo era una fecha marcada en rojo en mi calendario y una cita imperdible,el OVO Arena Wembley no era solo un recinto deportivo o una parada más en una gira europea; era la gran clausura y al mismo tiempo el altar donde el Power Metal reclamó su derecho al trono en pleno 2026. Con el cartel de casi «Sold Out» rozando la capacidad máxima, alrededor de 10,000 almas se congregaron en el famoso recinto cómo punto de encuentro de peregrinaje. Powerwolf llegaba a Londres para celebrar su «Metal Mass» más ambiciosa hasta la fecha, acompañados por la veteranía de Hammerfall y la arrolladora energía enana de Wind Rose.

​El Despertar de la Montaña: Wind Rose

​A las 18:20 puntuales, cuando el aroma a cerveza y cuero ya inundaba el foso, los italianos Wind Rose tomaron el escenario. Lo que hace años empezó como una curiosidad temática basada en la obra de Tolkien se ha convertido en una maquinaria de guerra perfectamente engrasada. Con sus pesadas armaduras de cuero y pieles, desafiando el calor de los focos, Francesco Cavalieri y los suyos no perdieron ni un segundo para promocionar su último disco Trollslayer de 2024.

​Abrieron con «Dance of the Axes», y el efecto fue instantáneo: miles de puños al aire marcando un ritmo marcial. Wind Rose ha perfeccionado el «Dwarf Metal», logrando que canciones como «The Great Feast Underground» suenen a himnos de estadio al igual que “Mine Mine Mine! “ y la homónima  “Trollslayer”. Sin embargo, el momento de locura colectiva llegó, como era de esperar, con «Diggy Diggy Hole». Ver a miles de personas en un recinto tan legendario como Wembley saltando al unísono mientras coreaban una oda a la minería fantástica es la prueba de que el metal actual no teme a la diversión ni al espectáculo. Cerraron con «Rock and Stone» , contagiando al público de la fiesta y dejando el pabellón a una temperatura peligrosa.Un set corto de 35 minutos pero suficiente cómo anticipo para lo que se avecinaba. Los italianos vinieron,vieron y conquistaron Londres, demostrando qué vinieron cómo Enanos pero marcharon cómo Gigantes.

​Acero Sueco y Gloria Eterna: Hammerfall

​A las 19:25 y tras un cambio de set notablemente rápido, las luces se apagaron para recibir a los caballeros templarios del metal: Hammerfall. Si Wind Rose puso la fiesta, Hammerfall puso la clase. Joacim Cans, con una voz que parece no haber envejecido desde los 90, lideró una lección magistral de Heavy Metal clásico.

​La banda sueca venía presentando temas de su reciente “Avenge the Fallen», pero supieron equilibrar el setlist para satisfacer a los nostálgicos. «Heeding the Call» y «Any Means Necessary» tronaron con una nitidez impecable. Oscar Dronjak, con su característica guitarra en forma de martillo, se movía por el escenario con la seguridad de quien sabe que juega en casa, a pesar de estar en territorio británico.La potente “Hammer Of Dawn” de su álbum del mismo nombre de 2022 fue la encargada de subir la temperatura y a la vez hacer partícipe a los asistentes.No podía faltar algún clásico cómo “Renegade” para demostrar toda su potente fuerza y sólida puesta en escena. Para dejar claro qué no están aquí está noche de mero comparsas nos acribillan con “Hammer High” y en plena comunión con el personal el Himno “Let The Hammer High” eleva aún más si cabe la exaltada euforia colectiva. Prosiguieron con su descarga habitual y la enérgica ”Last Man Standing” dedicada a la concurrencia , fue recibida con gran ovación. Hubo la consabida interacción pedagógica de Joacim con el público para resaltar el nombre de la banda cómo introducción para su famosa canción “Let The Hammer Fall” y mostrar su apabullante quehacer como gran maestro de ceremonias

​El clímax de su actuación llegó con la tríada final: «(We Make) Sweden Rock», el himno nuevo  pero contundente»Hail To The King» y la inevitable «Hearts on Fire». En este punto, el Wembley Arena ya no era un público expectante, sino una masa unida. Hammerfall demostró que no necesitan pantallas gigantes ni pirotecnia excesiva para sostener un recinto de estas dimensiones; les basta con el peso de su legado y riffs que cortan como acero templado. Una hora de intensidad frenética y aplastante de los míticos suecos con más de tres décadas a sus espaldas y como preludio a los esperados cabeza de cartel.

​La Consagración de Powerwolf: Lobos en Wembley

​A las 21:00, un telón rojizo con las siglas de la banda e inmenso cubría el escenario. Tras años de crecimiento constante, de pasar de salas pequeñas a encabezar festivales como Wacken o Hellfest, Powerwolf se enfrentaba a su examen final en Londres.

Las primeras notas de «Bless ‘em With the Blade» estallaron junto a una cortina de chispas y llamaradas que se sentían hasta en las últimas filas de la grada. Cuando el telón cayó, la producción visual dejó a todos boquiabiertos: una catedral gótica digital de proporciones épicas, con pantallas LED de alta resolución que cambiaban según la narrativa de cada canción.

La espectacular entrada en escena desde un elevado púlpito mecánico del carismático vocalista Attila Dorn, impecable en su papel de sumo sacerdote, dominó el escenario con una presencia imponente. Su voz operística no falló ni una sola nota, elevándose por encima de la tormenta sónica de «Armata Strigoi». Imposible no cantar el «¡Oh, oh, oh!» inicial. Es, probablemente, la canción con mejor respuesta del público en toda la discografía de la banda. El OVO Arena tembló literalmente bajo los pies de los fans. La interacción del infatigable Falk Maria Schlegel con las primeras filas durante este tema fue de lo más destacado, constatando que no solo aporreaba su órgano, sino que actuaba como el gran maestro de ceremonias, corriendo de un lado a otro y arengando a la «manada».

​Cabe destacar la labor de Dom R. Crey, quien sustituía temporalmente en ausencia de Matthew Greywolf en esta etapa de la gira. Dom se integró a la perfección con Charles Greywolf, manteniendo esa armonía de guitarras tan característica de la banda sin que se notara la ausencia de uno de sus pilares fundadores.

​El repertorio fue un viaje sin descanso por sus grandes éxitos y los nuevos clásicos de “Wake Up The Wicked”. «Sinners of the Seven Seas» fue recibida como si llevara décadas en el setlist dónde pecadores y santos (ellos y sus fieles seguidores) se fusionan al unísono para saltar y botar durante toda la canción, mientras que «Amen & Attack» incendió literalmente el escenario con columnas de fuego que sincronizaban con los gritos del público.

“Army Of The Night” literalmente invocó la tormenta perfecta pero aún así controlada, recordando Attila de que el Heavy Metal aparte de unirnos, también es un estilo de vida, pero sobre todo nuestra religión, no podría decirlo más alto y claro.La épica en su máxima expresión. Charles Greywolf y Dom R. Crey mostraron una sincronía perfecta en los riffs galopantes. Es la canción que mejor define la transición de Powerwolf de banda de culto a gigante de estadios: épica, accesible y arrolladora. Al igual que la majestuosa “Dancing With The Dead” con Attila arengando al público a bailar mientras él hacía lo propio con dos bailarinas en perfecta coreografía.

Se acerca el momento del bautismo y la ceremonia de bendición de la parroquia de parte, !cómo no!, de Attila y nos acribillan con la sepulcral canción “Incense and Iron” estampando una vez más su impronta.

​Uno de los momentos más teatrales de la noche fue «1589», donde la atmósfera se volvió oscura y dramática, narrando la historia de Peter Stump, el hombre lobo de Bedburg quemado en una fogata. Las pantallas transportaron al público a un bosque tenebroso mientras Attila demostraba su capacidad narrativa,a la vez qué el escenario estaba en llamas completamente. Inmediatamente después, el tono cambió radicalmente con la lasciva «Demons Are a Girl’s Best Friend», convertida ya en un himno pop-metal que puso a todo el recinto a bailar, previo paso de la interacción de Attila con el personal a mitad del tema para llevar la canción a buen puerto.Llegamos al meridiano del concierto con la imponente “Kreuzfeuer” con una pirotecnia de lujo y llamas de fuego por doquier que aumentaba la temperatura térmica del pabellón más todavía.

​Tras una intensa ejecución de «Fire and Forgive», con fuego, mucho fuego. Las torres de llamas en el escenario alcanzaron su punto máximo. Musicalmente, es un tema agresivo que devolvió la velocidad frenética al set. El solo de guitarra fue ejecutado con una limpieza quirúrgica por Dom R. Crey.

Y la siempre coreada «Resurrection by Erection», humor sarcástico, doble sentido y puro Heavy Metal. A pesar de los años, sigue siendo un pilar. La banda se divirtió tocándola, y esa energía se contagió. Es el ejemplo perfecto de cómo Powerwolf no se toma a sí mismo demasiado en serio, a pesar de su estética imponente.

La balada «Where the Wild Wolves Have Gone» proporcionó el momento de piel de gallina,el punto álgido y más emotivo de la noche con miles de linternas de móviles iluminando el Wembley Arena a petición de Attila mientras nieve artificial caía sobre las pantallas del escenario.Retomaron el pulso con la impresionante “Heretic Hunters” y la apoteósica “Joan Of Arc”.

​El cierre fue una explosión de energía pura. «We Drink Your Blood», este clásico funcionó como una explosión. Es el tema que los puso en el mapa y se nota en la pasión con la que la tocan,y fue además el tema más esperado por todo el mundo. El estribillo es, sencillamente, imbatible en un entorno de arena.

Dejaron momentáneamente las tablas para retomar las riendas y el encore con «Sanctified With Dynamite», la banda salió a matar. Es una canción diseñada para el pogo y el desenfreno. La fuerza de la batería de Roel fue el motor que mantuvo el tema en lo más alto, con una precisión de metrónomo,”Blood For Blood(Faolafh)” otro himno poderoso con un solo de guitarra conmovedor volviendo a demostrar su capacidad y variedad musical y «Werewolves of Armenia» ,puso el indiscutible cierre definitivo. El ya tradicional juego de coros entre Attila y el público («Hu! Ha!») se extendió durante varios minutos, alargando la comunión entre banda y feligreses. Una despedida por todo lo alto que dejó a la audiencia exhausta pero satisfecha para terminar de derribar los cimientos del recinto. Momento para la despedida de la banda y de agradecimiento a Londres por todo el apoyo incondicional y última reverencia con foto para la posteridad. Para cuando las luces se encendieron, la sensación general era de haber sido testigos de algo único, inolvidable e increíblemente histórico.

​Powerwolf no solo dio un concierto; dieron un golpe sobre la mesa,sentaron cátedra e evangelizaron a todos sus acérrimos feligreses en una noche para el recuerdo.Con una producción de nivel mundial, un sonido cristalino y una entrega absoluta, los lobos alemanes han demostrado que su «misa» es el espectáculo definitivo del metal moderno.Con la veteranía incombustible de Hammerfall y la frescura arrolladora de Wind Rose como escuderos, Powerwolf ha logrado lo impensable: elevar el metal temático y operístico a la categoría de fenómeno de masas sin perder un ápice de su identidad blasfema y lúdica. Wembley ha sido la confirmación de que la «Misa de Metal» ha trascendido las salas de culto para convertirse en un ritual de estadios. Salimos del recinto con la certeza de que el género goza de una salud de hierro y de que, mientras haya lobos dispuestos a aullar bajo el fuego de la pirotecnia, el trono del Heavy Metal estará en muy buenas manos. La manada ha conquistado Londres; el mundo es el siguiente y para un power metalero cómo yo fue una noche inolvidable y toda una gloriosa epopeya.

By Emilio Ortega

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