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Rata Blanca: cada nota, un hechizo. Cada riff, pura esencia de rock

Banda: Rata Blanca
Lugar: Sala The One, San Vicente del Raspeig, Alicante – 29 de mayo de 2026
Texto y Fotos: Rubén Rosinos

En plena celebración del 35 aniversario de Magos, Espadas y Rosas y tras unos días de descanso en nuestro país, Rata Blanca llegó a Alicante con una gira que reafirma su condición de referente del heavy rock en castellano. En la entrevista previa a la gira (https://metalhammer.es/walter-giardino-rata-blanca-entrevista/), Walter Giardino me dejó clara su idea de fondo, la música no está para adornar, sino para emocionar; todo lo demás, técnica, velocidad o virtuosismo solo tiene sentido si está al servicio de la canción.

Esa premisa, en el caso de Rata Blanca, no es teoría. Es práctica. Hay que probarla empíricamente y el concierto de Alicante fue una muestra de ello. La entrega de la banda conectó con los asistentes, quienes se entregaron completamente al disfrute. Walter Giardino en la guitarra con Adrián Barilari en la voz. Acompañados por Danilo Moschen en los teclados, Fernando Scarcella en la batería y Pablo Motyczak en el bajo, demostraron cómo se debe presentar un concierto de rock: cercano, potente y auténtico.

Poco antes de una hora de empezar el espectáculo, ya se nos encontraba público esperando en la puerta de la sala. Puede que el calor, los horarios o la cantidad de eventos musicales que coincidían en la misma fecha (Spring Fest y el concierto de Miguel Ríos, entre muchos otros) afectaran a la afluencia inicial. A las 20:00 se abrieron las puertas y, durante la espera, los asistentes aprovecharon el tiempo para ir calentando motores. Cada movimiento de los técnicos sobre el escenario era recibido con aplausos; cada cambio de luces, cada técnico que repasaba el muro de amplificadores Marshall, provocaba nuevos aplausos y gritos del público a medida que crecía la expectación.

A las 21:15 horas las luces comenzaron a apagarse lentamente y la pantalla situada al fondo del escenario cobró vida. Un breve slide de guitarra disparó los primeros gritos de emoción y apenas unos minutos después la sala entera coreaba al unísono un contundente «¡Rata, Rata, Rata!». Se apagaron las luces y sobre la pantalla trasera del escenario se proyectaría la introducción que acompaña a la banda desde el inicio de la gira. Y para mi gozo, única concesión de la banda para la “música enlatada”.

El arranque con “Los hijos de la tempestad” fue muy bien recibido; a pesar de estar en el foso con protección para el volumen, bastante pasado de decibelios de la sala alicantina, podía escuchar al público cantar. Continuando sin pausa con “Sólo Para Amarte” y “Volviendo a Casa”, provocando este último una tremenda ovación de los presentes. Tres temas y ya estaba más que demostrado que el tándem Walter Giardino–Adrián Barilari funciona sobre el escenario tan bien como siempre.

La temperatura del concierto se disparó con “La otra cara de la moneda”, donde se evidenciaron las primeras exhibiciones técnicas de Giardino. Sus característicos palancazos y una ejecución impecable cautivaron a los aficionados a la guitarra. La complicidad entre Walter, Adrián y Pablo fue constante durante todo el espectáculo, compartiendo coros y protagonizando algunos de los momentos más dinámicos del concierto. Uno de los primeros grandes momentos llegó con “El beso de la bruja”, y su riff muy al estilo Blackmore, acelerado y que invita a mover la cabeza. La actuación de Scarcella fue sencillamente sobresaliente durante toda la noche, pero en este tema, el doble bombo me voló la cabeza. Precisión, volumen y una “pegada” excelente.

La relación entre la banda y el público dio un paso más durante «Talismán». Guiados por Barilari, incluso subido a la tarima de la batería en algunos momentos, los presentes acompañaron cada verso de uno de los magníficos clásicos del repertorio de Rata Blanca. Con Walter y Danilo en el fondo del escenario, en un dueto instrumental de guitarra y teclado que es prueba de que Rata Blanca no es amiga de las pistas pregrabadas. “¡Rock es rock!” y “El Círculo de Fuego”, con su inconfundible riff, mantuvieron la intensidad en el ecuador de la actuación. Bastaba echar un vistazo a las primeras filas para comprobar que las canciones de Rata Blanca siguen conectando con las nuevas generaciones. Junto a los seguidores de toda la vida, un buen número de jóvenes coreaba cada tema con la misma pasión.

El tramo central continuó con “Días Duros”, destacando el característico interludio cargado de efectos wah-wah de Giardino, seguido de “El Camino del Sol” y “El Reino Olvidado”, este último presentado con una introducción especialmente épica acompañada por las proyecciones de vídeo que enriquecieron visualmente todo el espectáculo. “Alicante, es el momento de que todos vosotros cantéis, ¿os quedan fuerzas para cantar?” Con estas palabras, Barilari cedió el protagonismo al público durante «La Misma Mujer». Poco después llegaría «Guerrero del arcoíris», impulsada por una batería atronadora; el doble bombo de Fernando Scarcella hizo temblar literalmente el suelo de la sala. El tema provocó una de las mayores ovaciones de toda la noche.

Antes de afrontar la recta final, Barilari volvió a demostrar su carisma sobre el escenario. Su manera de conectar con los asistentes hizo que la distancia entre escenario y público desapareciera por momentos.

Tras una breve retirada, la banda regresó para afrontar el esperado tramo final. «Rock and Roll Hotel» aportó una dosis de hard rock directo y festivo, mientras los músicos intercambiaban bromas sobre el escenario. Barilari no dejó de interactuar con sus compañeros, especialmente con el teclista y el batería. También dejó momentos para el recuerdo, como cuando abrazó a Walter para que le acompañara en los coros, compartiendo micrófono.

Nos volvimos a emocionar con «Aún estás en mis sueños», cantada prácticamente en su totalidad por los presentes. Sabiendo que llegaba el final, mis pies me llevaron a las primeras filas. Olvidando cámaras y crónica, simplemente me dejé arropar por el público con “La leyenda del hada y el mago”.

En Alicante no solo asistimos a un concierto de aniversario. Fuimos testigos de una idea clara de música: emoción antes que artificio, canción antes que alarde. En ese equilibrio, Rata Blanca sigue encontrando su lugar tres décadas y media después. Y sobre ese escenario, cada riff continúa funcionando como lo que Giardino defiende desde hace años: un mecanismo directo de emoción.

By Rubén Rosinos Vaamonde

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