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Segunda jornada del Resurrection Fest 2026: Iron Maiden reina

Bandas: Angelus Apatrida, Anthrax, Arson Tides, Authority Zero, Belvedere, Blood Command, Blues Pills, Burning Witches, Caliban, Caskets, Ciclonautas, Fallen At Dawn, Feuerschwanz, Fuet!, Her Anxiety, Iron Maiden, Lionheart, Psychonaut, Silly Goose, The Callous Daoboys, The Funeral Portrait, Vulvarine
Lugar:
Resurrection Fest, Viveiro (Lugo) – 2 de julio de 2026
Texto:
Òscar Saro
Fotos:
Juan Sanz y Xabi Aresti

En la icónica Rumble Fish, la película de Francis Ford Coppola que aquí conocimos como La ley de la calle, aparece pintado en una pared un lema definitivo: “El chico de la moto reina”. La frase servía para reforzar esa dimensión casi mítica del personaje interpretado por Mickey Rourke. Porque, por mucho que los años pasaran y otros nombres fueran tomando protagonismo, la leyenda del Chico de la Moto era demasiado grande como para quedar eclipsada. Él seguía siendo el rey.

Algo parecido ocurrió en la segunda jornada del Resurrection Fest. (siempre desde mi criterio de metalhead nacido en el siglo XX). Viveiro amaneció un poco más caluroso y ventoso, y desde primera hora se notó que las entradas estaban agotadas. Había más gente frente a todos los escenarios, más tránsito en las zonas intermedias y más cola en los bares.  Pero, por encima de todo, quedó claro quién seguía ocupando el trono. Las camisetas, los parches, las mochilas, los bolsos y las pancartas de la Dama de Hierro no dejaban demasiado margen para la duda (ver reel de instagram al final de esta crónica). El Resu puede ser, y lo es, una de las grandes mecas del metal moderno, del hardcore, del metalcore y de las nuevas generaciones extremas, pero esto era un asunto de monarquía metalera.

Por eso, cuando abandoné el recinto a media noche, antes de subir al coche para retirarme al merecido descanso, busqué la pared más blanca que pude localizar y dejé escrito, aunque tan solo en mi cabeza, el lema que resumió la jornada: “Iron Maiden reina”.

Pero reducir la segunda jornada a la coronación de Iron Maiden sería injusto con un día que, desde primera hora, volvió a demostrar la amplitud de miras del Resurrection Fest.: la entrega de Fallen At Dawn en el Main Stage, la sorpresiva intensidad de Caliban, la magia setentera de Blues Pills, la fuerza clásica de Burning Witches, la contundencia estatal de Ángelus Apatrida, el peso histórico de Anthrax y la variedad que aportaron nombres locales como Arson Tides, Fuet! o Her Anxiety, y bandas internacionales como Caskets, Silly Goose o Blood Command demostraron que el segundo día del Resu tuvo mucho más que un gran rey final.

El día arrancó con un conjunto de grupos del país. En el Desert rompiendo el hielo, los locales Arson Tides, una de esas bandas que sirven para recordar que el festival también es un escaparate para propuestas emergentes de proximidad.

Los madrileños Fallen At Dawn volvían al Resu, pero esta vez les tocaba defender el escenario grande. Sin una asistencia masiva, pero sí con un público muy activo desde el primer momento, delante del escenario se mantuvo una zona abierta para los primeros movimientos de la tarde. Jimmy preguntó cuánta gente los conocía, y se levantaron muchas manos, dejando claro que no estaban precisamente ante desconocidos. El cantante acabó bajando del escenario para colocarse directamente en el ojo del huracán, en medio de una audiencia que respondió con intensidad. La banda se mostró contundente en las maneras y muy agradecida por poder tocar en el escenario principal del festival.

Mientras a Fuet!, también llegados de Madrid, les tocó defender en el Chaos su zapatilla hardcore, los vigueses Her Anxiety aparecieron en el Ritual ante poca gente en los primeros minutos, aunque poco a poco se fueron sumando curiosos hasta formar un corro más nutrido. Su cantante Aida, de voz cavernosa y siempre con un outfit muy trabajado, es una de esas figuras muy vinculadas al Resu que siempre te puedes encontrar junto a su compañero paseando disfrazados por el recinto.

Llegados a este punto, me gustaría destacar ese tipo de público madrugador que viene al Resurrection a no perderse ni un solo moshpit. Todas estas bandas locales que tocan a primera hora agradecen enormemente que en sus conciertos agendados en horas complicadas haya siempre gente dispuesta a celebrar la vida y animar sus shows.

Mientras los estadounidense Silly Goose traían al Desert su mezcla gamberra de rap rock, nu metal y energía callejera, nosotros nos acercamos de nuevo al Main para ver como la actividad continuaba creciendo con Caskets y su post-hardcore de origen británico. La banda sonó compacta y pronto se abrió un espacio bastante grande, impulsado por una propuesta que juega muy bien con el contraste vocal: el cantante asumiendo las líneas melódicas y el guitarrista reforzando los coros con voz extrema.

Era el turno de los noruegos Blood Command, que seguro dejaron en el Chaos una descarga difícil de encasillar, con ese cruce de punk, rock alternativo y agresividad bailable. Mientras tanto, nosotros nos acercamos al Ritual para gozar con las suizas Burning Witches, que firmaron uno de esos conciertos que quizá no levantan moshpits ni bailes modernos, pero sí puños y sonrisas de puro heavy metal clásico. Vimos a Laura muy activa, por momentos enmascarada, defendiendo cada canción con energía. La banda sonó realmente cojonuda y todo encajó con una precisión impecable: guitarras afiladas, actitud clásica y un público que acabó flipando con una actuación que sonó perfecta de principio a fin.

El cuarteto sueco Blues Pills cambiaron el registro del Desert con una actuación también fabulosa, sostenida por una formación mayoritariamente femenina, salvo su guitarrista. Sonaron con una elegancia tremenda, mezclando alma rockera, músculo blues y una presencia escénica que no necesitó artificios. Nuevamente sin bailes extremos, el público gozó de lo lindo con una propuesta que respira magia setentera.

Angelus Apatrida son leyenda en el festival y volvieron a demostrar por qué son una de las bandas más fiables y arrolladoras del metal estatal. Recordaron que su primera vez en el Resu fue hace 16 años y, con el logo gigante de la A presidiendo el escenario, arrasaron con todo. Su descarga fue directa, muscular y sin concesiones, con el mayor wall of death visto hasta ese momento en los dos días. “¡Tenéis que calentar para Anthrax! ¡Y para Maiden!, vinieron a decir, y vaya si cumplieron con la misión.

Mientras Belvedere aportaron en el Chaos la veteranía del punk melódico canadiense y los estadounidenses The Funeral Portrait desplegaban en el Ritual su ceremonia emocional, un servidor se quedó en la esplanada central cazando camisetas de Iron Maiden para montar un vídeo que demostraba que el virus crecía por momentos. Por la coincidencia con el cabeza de cartel, tampoco pude ver a los Ciclonautas en el Desert, una banda de rock hispano argentino con letras en español y aire fronterizo que me hubiera encantado poder ver.

Y entonces llegó el momento esperado. Mucha gente llevaba rato reservando posición y, minutos antes de empezar, ya no cabía nadie más. Sonó la versión de UFO de “Doctor Doctor”, como aviso conocido de que ya empieza todo, y un vídeo animado bañado por “The Ides of March” dio paso a un inicio de concierto construido con clásicos primigenios como “Murders in the Rue Morgue”, “Wrathchild” y “Killers”. Bruce Dickinson incluso bromeó con la idea de resurrección antes de que llegara “Phantom of the Opera”, uno de esos cortes que recuerdan la grandeza progresiva y dramática de la primera etapa de la banda.

“The Number of the Beast” apareció con su discurso inicial y fuego, elevando la temperatura de una explanada completamente entregada. Uno de los grandes momentos llegó con “Infinite Dreams”, recuperada tras décadas sin sonar en directo, y recibida como una joya inesperada por los más fieles. “Powerslave” trajo la máscara, la pirámide al fondo y la sensación de estar ante un temazo inmortal.

En “2 Minutes to Midnight”, Bruce se enfundó el chaleco militar, mientras que “Rime of the Ancient Mariner” fue interpretada entera, respetando incluso ese tramo casi fantasmal del barco que convierte la canción en una travesía dentro del propio concierto. “Run to the Hills” volvió a unir a todas las gargantas en un estribillo que cantó todo Viveiro entero, antes de que “Seventh Son of a Seventh Son” nos mostrara uno de los momentos más progresivos de la historia de la banda.

“The Trooper” dejó otra de las imágenes de la noche, con Bruce ondeando primero la bandera inglesa y cambiándola después por la gallega, mientras Eddie aparecía como soldado. “Hallowed Be Thy Name” tuvo al cantante entre barrotes y en penumbra, reforzando la carga teatral del tema, antes de que “Iron Maiden” cerrara el bloque principal con la autoridad esperada.

El bis arrancó con “Churchill’s Speech” en cinta y desembocó en “Aces High”, con Bruce caracterizado con gorro de aviador. “Fear of the Dark”, bajo la luna llena y farolillo en mano, fue uno de esos momentos en los que el público sabe que llega el final y canta casi tanto como la banda. Y el cierre con “Wasted Years” que dejó una sensación perfecta de despedida y la convicción de que acabábamos de vivir en directo como la dama defendía su trono. Dos días después de este pase en Viveiro, Iron Maiden haría lo propio en Cartagena, encabezando el Rock Imperium.

Mientras tanto, en el Resu, los estadounidenses The Callous Daoboys presentaron su mathcore nervioso, imprevisible y caótico en el Chaos y las austríacas Vulvarine recogieron el testigo en al Desert para ofrecer una dosis de hard rock y heavy metal con actitud callejera.

Pudimos ver a los alemanes Caliban en el Ritual, demostrando que, pese al desgaste acumulado, todavía había mucha gente con ganas de moverse. La banda celebró además el cumpleaños del cantante, sumando un punto festivo a una descarga de metalcore bien engrasada. El contraste entre el bajista aportando la voz melódica y el cantante defendiendo las partes extremas funcionó con contundencia, y hubo incluso petición de encender las luces de los móviles para construir uno de esos momentos de conexión visual con el público.

Y, mientras los estadounidenses Lionheart llevaron al Chaos su hardcore de mandíbula apretada, nosotros nos quedamos en el Main para rendir pleitesía a uno de los miembros del Big 4 y a una de las bandas más influyentes de la historia del thrash metal: Anthrax. Los neoyorquinos encontraron a un público con ganas de seguir moviéndose pese a la hora, el cansancio acumulado y todo lo vivido durante la jornada. Con un dibujo de colores luminosos que hacía referencia a su último trabajo, Cursum Perficio, y que a la vez funcionaba como un genial homenaje en forma de collage a las mascotas y elementos visuales más icónicos de toda su discografía, Scott Ian no tardó en lanzar la pregunta: “Do you love thrash metal?”. La respuesta estaba clara desde el primer riff, con una audiencia dispuesta a entregarse al mosh y a celebrar cada clásico como si aún quedaran fuerzas infinitas. “Among the Living” abrió la descarga con autoridad, “Madhouse” y “Caught in a Mosh” encendieron al personal, y la recta final con “Indians” y “Antisocial” terminó de convertir el Main Stage en una fiesta de thrash old school. Anthrax no necesita demostrar nada, pero aun así lo hizo: pegada, oficio, sentido del espectáculo y esa capacidad de hacer que una jornada agotadora encontrara todavía una última reserva de energía colectiva.

Para cerrar la noche, Psychonaut ofrecieron en el Desert una propuesta más expansiva y atmosférica. Authority Zero mantuvieron vivo el Chaos con punk rock acelerado y los alemanes Feuerschwanz cerraron el Main con su habitual mezcla de folk metal, humor, épica tabernaria y espíritu de fiesta, una manera tan excesiva como efectiva de despedir una jornada larguísima.

Un segundo día completísimo y una pintada imaginaria, pero un mensaje que no podía ser más real: Iron Maiden reina.

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

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