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Primera jornada del Resurrection Fest 2026: Volver a Viveiro para detener el tiempo entre fuego, pits y locura colectiva

Bandas: Annisokay, Aneuma, Man With A Mission, TSS, Black Maracas, Immortal Disfigurement, President, The Pretty Wild, Thrown, The Browning, A Day To Remember, Lampr3a, Sabaton, Testament
Lugar:
Resurrection Fest, Viveiro (Lugo) – 1 de julio de 2026
Texto:
Òscar Saro
Fotos:
Juan Sanz y Xabi Aresti

“Volat irreparabile tempus” es la frase que puede leerse en el reloj de sol de la plaza de mi pueblo. El tiempo vuela de forma irreparable. Una sentencia sencilla, pero que resulta imposible no recordar cada vez volvemos a un lugar con una periodicidad exacta y nos da la sensación de que el tiempo que hemos tardado en hacerlo se puede resumir en un suspiro. Todos tenemos esos momentos que nos miden el paso del tiempo, situaciones en las que la vida nos obliga a mirar atrás y comprobar hasta qué punto esa afirmación sigue siendo cierta.

Par muchos metalheads, uno de esos momentos es seguro el que nos ocupa: el regreso anual a Viveiro para vivir una nueva edición del Resurrection Fest 2026. Marcado en nuestras agendas con gotas de orballo, el primer día del festival se afronta esa mezcla de ilusión, memoria y vértigo ante el paso del tiempo. Un regreso para reencontrarse con un lugar, con una gente y con una versión de nosotros mismos que parece esperarnos cada verano en las Rías Altas Gallegas.

Un poco más tarde que en otras ediciones, el día arranca fuerte con los coruñeses Crowded en el Chaos solapado con Annisokay en el Main. Los alemanes fueron los encargados de empezar a calentar el ambiente ante una audiencia inicialmente bastante reducida, aunque el recinto se fue llenando con rapidez. Eso sí, los madrugadores venían con ganas de empezar el deporte y, para el segundo tema, ya había moshpit montado. La banda respondía con un sonido impecable, proyecciones en la gran pantalla del fondo y un vocalista que no tardó en bajar al foso para encaramarse al público y terminar de activar a los presentes.

En el Ritual, los asturianos Aneuma apostaron por un inicio más teatral, con Laura ataviada con velo y corona para lanzar una rosa al público. Rosas que también decoraban el escenario de un concierto tuvo fuerza visual, aunque la voz empezó sin escucharse con claridad. La solicitud inicial de circle pit no brotó, pero la banda supo reconducirlo haciendo arrodillar al público para levantarlo a la de tres. A partir de ahí, el público se animó bastante más y la banda sonó espectacular. El momento para la sorpresa lo dieron al invitar al escenario a Hynphernia, vocalista de Death & Legacy.

A la primera franja de la tarde también se sumaron a God Complex, que,probablemente endurecieron sin complejos el Chaos, mientras los japoneses Man With A Mission llevaban al escenario principal una de las propuestas más peculiares del día, con su mezcla de rock, metal alternativo, electrónica y una puesta en escena con máscaras de lobo. “We are Man With A Mission from Japan”, proclamaron, recordando que era su segunda vez en el Resu. Entre el público se empezaba a ver una fauna interesante de gente disfrazada y festiva y con una versión de “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana, consiguieron el momento más encendio.

Mientras tanto, en el Ritual, TSS (The Sunday Sadness) aportaron su emo metal de factura francesa con una formación peculiar en directo: guitarra, batería y dos cantantes, apoyados por bases pregrabadas para completar todo lo que sonaba por debajo. Las voces melódicas fueron uno de sus puntos fuertes, aunque la sensación de dependencia de las secuencias también marcó parte del concierto. Caminé hasta el Desert para comprobar que el recinto ya estaba lleno por todos sus lugares, con gente viviendo realidades diferentes. Así pude ver que mucha gente se agrupaba para ver a los madrileños Black Maracas que defendían su stoner en formato trío.

Entré un momento en la oscuridad del Chaos para ver el arranque de los estadounidenses Immortal Disfigurement, donde el polvo se levantó nada más empezar. Ya en el Main, los británicos President colgaron su cruz en el centro del escenario como marca de culto, situaron sus dos banderas a los lados y plantaron el atril del presidente en la parte frontal. Enmascarados y con un importante peso de bases pregrabadas, defendieron su discurso ante la presencia de un grupo de Resukids en la parte trasera del escenario, protegidos con auriculares.

Mientras los madrileños CardiaC ocupaban el Desert, en el Ritual vimos uno de los momentos más interesantes, con las estadounidenses The Pretty Wild. Con guitarra, batería y las dos hermanas Wylde al frente, la banda llenó el escenario de energía y consiguió petar el espacio. Cuando sus voces empastaban, tanto las melódicas como las extremas, el resultado era bastante interesante, con esa conexión natural que solo puede surgir entre dos voces hermanas. El público pidió una más y ellas obedecieron, regalando un momento de locura desatada.

Los irlandeses The Scratch en el Chaos presentaron uno de los conciertos más singulares del día, con esa mezcla de folk, energía punk y espíritu tabernario que conectó muy bien con el público del Resu. Mientras tanto, los suecos Thrown fueron otro de los grandes aceleradores del día en el Main Stage. Con su nombre en grande en el fondo, arrancaron de forma contundente y fueron creciendo hasta convertir el concierto en una auténtica descarga física. Por momentos, la batería y el bajo retumbaban con fuerza, el fuego reforzaba la pegada y el público respondió con actividad variada creciente. Asñi llego la primera gran riada de crowd surfing.

A la misma hora que los franceses Last Train ocupaban el Desert con su rockk alternativo furioso, el momento más loco de toda la primera jornada fue en el Ritual por obra y gracia de los americanos The Browning en formación de tres y con una mezcla de deathcore y el metal más extremo, cruzado con hardstyle, trance y dubstep. Ya en el segundo tema, el circle pit que se montó fue descomunal, pero el tema fue creciendo hasta llegar a abrirse tres moshpits diferentes. EL público entero se volvió literalmente loco con la fiesta de los de Misuri, con una danza global totalmente desatada. La banda recordó que era su primera vez en España y anunció que volverán en noviembre, dejando claro que su combinación de metal y electrónica tiene el poder de sembrar la locura.

Así llegamos a uno de los momentos más esperados con los estadounidenses A Day To Remember, desplegando un gran show en el escenario principal: humo, columnas de fuego, confeti, pelotas gigantes y hasta rollos de papel higiénico sobrevolando al público. Detrás del batería, un grupo de gente ejercieron de espectadores privilegiados, mientras la esplanada central ya se mostraba abarrotada y, entre el público, muchos fans que celebraron y cantaron los temas. Pidieron circle pits y el público respondió, igual que con el crowd surfing que por un momento fue un rio constante. Un concierto planteado como una celebración constante, de esas que convierten el Main Stage en una fiesta de dimensiones masivas. Mientras, en el Chaos, Get The Shot parece que dio dado una lección de hardcore de primera.

Mientras los suecos Self Deception tocaban en el Ritual, me acerqué de nuevo al Desert, para ver a los euskaldunes Lampr3a, que nos ofrecieron uno de los momentos musicalmente más interesantes, defendiendo su metal progresivo técnico y menos previsible, bajo una noche que ya refrescaba y una iluminación a la altura. Son una banda extraordinaria y me alegró ver a mucha gente disfrutándolos, incluidos a Abel y Borja Suárez, guitarras de Aneuma.

La madrugada se iniciaba con el post-punk y hardcore con discurso propio de los ingleses High Vis en el Chaos. Mientras el Main recibía a Sabaton como gran cabeza de cartel de la primera jornada. Los suecos llegaron al Resu con su maquinaria de power metal bélico plenamente engrasada y con esa sensación de espectáculo total que convierte cada concierto suyo en una mezcla de desfile que no a todos gusta por igual.  Ante una esplanada central mostrando su lleno máximo, la banda volvió a tirar de su fórmula más reconocible: riffs directos, estribillos enormes, coros pensados para ser cantados por miles de personas y una puesta en escena de impacto, con el imaginario militar como eje visual, tanque incluido. En el repertorio la combinación de clásicos imprescindibles como “Ghost Division”, “The Red Baron”, “The Last Stand”, “Great War”, “Stormtroopers” junto a temas más recientes como “Yamato”, “I, Emperor”, “Hordes of Khan” o “Templars”.  El resultado fue un cierre de Main Stage a base de metal grandilocuente.

Todavía quedarán dos propuestas finales muy diferentes: las angelinas Faetooth en el Desert, con un sonido más pesado y atmosférico, y Testament en el Ritual, leyenda absoluta del thrash metal, ideal para cerrar la noche con una descarga clásica, musculosa y de autoridad que, en el contexto del Resu, funcionó como un recordatorio de raíces. Después de una jornada muy marcada por bandas jóvenes, sonidos híbridos, bases electrónicas y metalcore de nueva hornada, su concierto devolvió el peso a la vieja escuela sin sonar a reliquia. La propuesta de Testament también fue, por contraste con los grupos anteriores que habían pisado el escenario principal, mucho más física y directa. Donde otros habían apostado por grandes elementos visuales, ellos se apoyaron en la contundencia de una maquinaria clásica: una voz imponente, unas guitarras de precisión quirúrgica y una forma auténtica de entender el thrash. En el contexto del Resu, Testament funcionaron como un recordatorio de raíces.

El primer día del Resu 2026 funcionó bastante en los parámetros esperados, combinando el músculo de las nuevas generaciones del metalcore y el hardcore con la fiesta multitudinaria de A Day To Remember, la épica bélica de Sabaton y la autoridad histórica de Testament. Pero, más allá del cartel, quedó la certeza de haber vivido muchos momentos de locura colectiva: pits que brotaban casi sin aviso, cuerpos surfeando sobre la marea humana, circle pits imposibles, confeti, fuego, pelotas gigantes, rollos de papel volando y miles de personas celebrando, cada una a su manera, el regreso anual a Viveiro. Volat Irreparabile Tempus, sí; el tiempo vuela de forma irreparable, pero hay lugares a los que volver permite celebrar la vida y fingir, aunque sea durante unos días, que lo hemos detenido.

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

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