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Nadie es profeta en su tierra…salvo que te llames Roberto Iniesta Ogea

Texto y fotos: Raúl Blanco

Un fatídico diez de diciembre de dos mil veinticinco se hizo eterno un artista, un poeta, un alma Indomable, pero también ese día en el que miles y miles de seguidores de Robe perdieron a alguien a quien consideraban un familiar, muchos proyectos e ideas se quedaron huérfanas. Jesús Mateos Brea ese día despertó con una dura noticia, y algo se le rompió por dentro. Hay proyectos que nacen de un boceto, otros van precedidos de una llamada, este comenzó mucho antes que todo eso, se forjo por la sensación de Plasencia, la ciudad entera sin excepción, tenía una deuda pendiente con unos de sus hijos más universales, Don Roberto Iniesta Ogea.

El reconocido artista placentino Jesús Mateos Brea recibió una de las que no se pueden rechazar, convertir la tristemente abandonada Plaza Puerto de Béjar en un gran mural dedicado a Robe Iniesta y Manolo Chinato, en ese momento nadie podía imaginar el peso emocional que ese trabajo acabaría adquiriendo, incluso en estos momentos en los que aún está en proceso. Lo que surgió como un homenaje en vida ha terminado convirtiéndose, por circunstancias imprevisibles que aun a día de hoy muchos nos negamos a aceptar, en uno de los homenajes más especiales y emotivos realizados a la figura del fundador de Extremoduro.

Pero hacernos a la idea y comprender lo que está ocurriendo actualmente en esa plaza hay que empezar por el principio, y ese principio, insiste Brea, no tiene nada que ver con una despedida: «Esto empezó a hacerse en 2024. Ahora parece que todo viene porque Robe ha fallecido y puede parecer oportunista, pero de verdad que no lo es, esto llevaba mucho tiempo gestándose», lo dice con tremenda rotundidez, y es así porque sabe que la cronología de este homenaje importa, y mucho, debido a las circunstancias.

Tras el fallecimiento de Robe, muchos de sus seguidores han interpretado este proyecto como una reacción inmediata de la ciudad hacia su vecino más ilustre, sin embargo, la realidad es completamente distinta, y es que el Ayuntamiento de Plasencia llevaba tiempo estudiando la posibilidad de realizar un homenaje a la altura de la dimensión cultural que había alcanzado el músico placentino, y todo ello contando con la dificultad que suponía ensalzar la figura de un maestro que lo único que deseaba era, que le dejaran en paz, nunca ha estado por la labor de este tipo de agasajo, ni los necesitaba, y lo más importante, ni le gustaban ni los quería.

«Ellos entendían que existía una deuda con Robe. Había habido intentos antes de hacer alguna cosa, pero nunca terminaban de cuajar, esta vez había una voluntad real de hacerlo bien», la idea no era realizar los tan manidos homenajes tales como colocar una estatua o poner una simple placa conmemorativa, tampoco realizar un retrato gigantesco destinado a convertirse en una postal turística, y eso si que, viendo cómo se está llevando a cabo el proyecto era un error en el que hubiera sido muy sencillo caer. Desde el primer momento, Brea entendió que la única manera de acercarse a una figura como Robe era llegar al “camino recto por el más torcido”. «Yo tenía claro que no quería hacer algo que pudiera hacerse en cualquier sitio, si iba a hablar de Robe y de Chinato, tenía que hablar de su obra, de lo que habían creado, no simplemente de sus caras.» nos comenta Brea, que tenía muy clara que, si esto iba a ir de portadas de discos y retratos,  él no era el indicado.

Aquí no se ha dejado nada a la improvisación, todo tiene un porque, empezando por lo más importante, la ubicación de semejante obra de arte. La Plaza Puerto de Béjar estaba tratando de ser recuperada por el Ayuntamiento tras años de abandono y degradación, convertir aquel espacio en un lugar dedicado a la cultura suponía una forma de darle una nueva vida, pero seguro que los seguidores de Extremoduro habrán notado otro matiz curioso en la reacción en el nombre de la plaza que conectaba directamente con Manolo Chinato, natural de Puerto de Béjar, ¿casualidad? No lo creo, y es que el poeta fue muy importante para Robe desde que cruzaran sus caminos.

«Era una oportunidad perfecta para unir a los dos. Por un lado, estaba Robe, que es una figura gigantesca para Plasencia, por otro, Chinato, que representa una parte fundamental de toda esa historia artística. Tenía mucho sentido que estuvieran juntos.» Nos comenta Brea sobre la propuesta creativa que comenzó a crecer poco a poco. Sin embargo, antes de aceptar definitivamente el encargo, Brea puso una condición, algo muy normal en un artista, necesitaba libertad absoluta, «Yo no quería hacer una obra dirigida desde un despacho. No quería que nadie me dijera qué tenía que pintar o qué mensaje tenía que transmitir. Si esto iba a salir adelante, tenía que hacerse desde la sinceridad artística.»

Como no podía ser de otra forma, el Ayuntamiento aceptó, nadie podría entender mejor la obra de dos extremeños ilustres que un paisano con la misma sensibilidad artística, y a partir de ahí arranco una aventura que comenzaría con meses de trabajo, lecturas, conversaciones y redescubrimientos. Todo estaba en el aire, no había confirmación de nada y ocurrió algo inesperado, una mañana a Brea le sonó el teléfono, al otro lado de la línea había una voz que reconoció inmediatamente, «Me dicen: ‘Sí, mira, soy Manolo Chinato’. Y yo pensé: ‘Me cago en la puta’. Claro que sabía quién era.» se ve la naturalidad y lo especial del proyecto en los ojos de Brea cuando habla. Chinato acababa de enterarse por la prensa de que se preparaba un homenaje relacionado con él y con Robe, y quien conozca un poco a ambos artistas, lo normal era, primero, saber quién estaba detrás y segundo, saber exactamente de que trataba, y ambas preguntas le llevaron a Brea.

«A ellos les preocupaba un poco por dónde podían ir los tiros, no me conocían de nada, querían saber quién era yo y qué tipo de homenaje estaba preparando.» la conversación fue breve, pero suficiente para que a Brea se le disipara cualquier atisbo de duda respecto al proyecto. Brea le explicó que no estaba interesado en construir un santuario ni en hacer una reproducción de imágenes conocidas, quería interpretar el trabajo de ambos, convertir canciones y poemas en bodegones. «Le conté la idea y conectamos bastante rápido, entendió perfectamente por dónde quería ir.» aquella llamada acabaría siendo el pistoletazo de salida a todo el proceso creativo. Meses después llegó uno de los momentos más especiales de toda la historia, la reunión de artistas «Yo iba con bastante respeto. Al final estás delante de dos personas a las que llevas escuchando y admirando durante años.», Brea recuerda especialmente la cercanía de Robe. Esa reunión resulto se fundamental para sentar las bases y dejar claro, quizás, la norma más importante de toda, ninguno de los dos homenajeados quería ser los protagonistas visuales de la obra son su imagen.

«Ellos me dijeron claramente que no tenían ningún interés en ver sus caras pintadas en una pared. Tampoco querían una recopilación de portadas de discos ni de fotografías antiguas. Querían algo que aportara una mirada nueva.» esa afirmación conecto de pleno a los artistas, y es que entre artistas pocas palabras bastan, pero el gran interrogante era, ¿Cómo representas la imagen de una banda y un poeta, o dos, sin recurrir a la manida foto? La respuesta está muy lejos en el tiempo, en los clásicos en el barroco «Siempre me han gustado mucho los bodegones de Zurbarán, me fascina la capacidad que tenían aquellos pintores para convertir objetos cotidianos en símbolos cargados de significado.» y esa idea fue la que terminó convirtiéndose en la base de todo el proyecto. No habría retratos, serian bodegones, no habría fotografías, seria todo simbología, no sería una cronología del paso del tiempo por los cuerpos de los homenajeados, sería un paseo por el universo creativo de Robe y Manolillo.

«Pensé que las canciones podían leerse a través de objetos, que una letra podía transformarse en una composición visual, que la poesía podía convertirse en imagen.» y a partir de ese comento, comenzó un trabajo inmenso, «Yo escuchaba una canción una y otra vez, tomaba notas, buscaba imágenes mentales, Intentaba entender qué me estaba transmitiendo» posteriormente, comenzaba la fase de creación, que todos esos objetos que aparecían en su mente tuvieran un sentido, una correlación entre sí, ratones, calaveras, botellas, caracolas ¿Qué demonios tenían que ver esos objetos con Robe o Chinato? Cosas en principio sin sentido entre si pero que metidos en cada composición, adquirían sentido

«Lo bonito era precisamente eso. Que el espectador pudiera descubrir poco a poco las referencias y construir su propia interpretación.» Sin duda la parte importante del proyecto son los murales, pero la mayor parte del trabajo se realizó muchísimo antes de que las primeras gotas de espray salieran de las manos de Brea Durante meses, que se sumergió profundamente en las letras tanto de la música como de los poemas de ambas. «Yo conocía muchas canciones de Extremoduro, como muchísima gente. Pero cuando te enfrentas a una obra así descubres que escuchar no es lo mismo que analizar.» Con Manolo Chinato resulto más sencillo a nivel visual, el poeta es cristalino en su palabra, a la interpretación deja más bien poco, como diría Robe “que queréis que os explique “Iros todos a tomar por culo”, me parece que está bastante claro ¿no?”,  Brea se dio cuenta de lo que puede cambiarnos el paso del tiempo, la visión de un chaval de 16 años nada tiene que ver con la de alguien que ya entiende de que va el mucho y puede distinguir matices incluso en un “Puta”

Aunque Brea solicito total libertad para su trabajo, de cuando en cuando trataba de explicarles alguna de sus ideas, no por aprobación si no por tener la tranquilidad de que su visión no estaba enfrentada a los originales. Resulta muy complicado que una canción o un poema signifiquen lo mismo para dos personas, con la imagen es lo mismo, ese el motivo de que la única exigencia fuera algo tan difícil de conseguir en ocasiones, libertad total. “Les enviaba textos explicando por qué había elegido determinados símbolos o determinadas composiciones.» la respuesta siempre fue la misma, libertad absoluta a su trabajo. Aquella confianza terminó convirtiéndose en una de las mayores responsabilidades del proceso, «Cuando alguien a quien admiras tanto te da libertad absoluta, la responsabilidad es incluso mayor. Porque quieres estar a la altura.»

Fueron meses de dura trabajo, de selección de canciones y poemas, las imágenes que tenía Brea en su mente iban poco a poco haciéndose realidad, tornándose fotografías físicas, si, Brea conseguía los objetos que iban a formar parte de su obra y lo hacía realidad para posteriormente fotografiarlos y observa el impacto visual de creación, posteriormente esas fotografías son las que le sirven de apoyo para sobre el terreno hacer su trabajo. Pero cuando el proyecto estaba prácticamente terminado sucedió lo que nadie hubiésemos querido que sucediera “El día que terminé de fotografiar el último bodegón, de madrugada, mi mujer me despertó y me dijo que Robe había muerto.», incluso a da de hoy Brea tiene que hacer una pausa tras hacer esa afirmación, le cuesta mucho decirlo y es que aquella misma mañana tenía previsto enviarle las imágenes de todos los bodegones.

«Mi idea era mandárselas, habíamos hablado durante el proceso y quería enseñarle el resultado final.» durante un instante se queda en silencio «Yo esperaba una reacción. Una opinión. Un comentario. Lo que fuera.» pero desgraciadamente esa aprobación jamos ocurrió, después del shock y asimilar en cierta forma la noticia «De repente, entendí que ya no iba a poder enseñárselo.». El fallecimiento de Robe dio un vuelco completo al proyecto, sobre todo a nivel público, lo que hasta ese momento era un homenaje en vida a la obra de dos extremeños ilustres se habían convertido de un plumazo en algo para lo que no estaba pensado, comenzaba de esta forma el gran dilema de si ahora seria mal interpretado por su público, sería un homenaje póstumo, lo inimaginable. Sin embargo, para Brea seguía siendo muy importante mantener la esencia del proyecto «Yo estaba haciendo un homenaje en vida, eso es algo que no quiero que se pierda, todo el trabajo se hizo pensando que él iba a verlo.» En su cabeza en todo momento estaba ese momento en el que él personalmente pudiera caminar a su lado y ver la reacción de ambos a su creación.

En todo momento la familia de Robe estaba al tanto, y le ha mostrado el respaldo necesario a Brea para que siga adelante con ello, si el maestro estaba de acuerdo ellos respetarían su decisión, todo un acto de señorío. No hubo ningún cambio a posteriori, todo se mantuvo tal cual se idea desde el principio, no había motivo para hacerlo y no había razones para ello «Lo importante era respetar aquello que habíamos hablado desde el principio.»

A día de hoy, si pasas por la Plaza Puerto de Béjar puedes ver a Jesús Mateos Brea inmerso en sus bodegones, espray en mano, dándole vida a sus bodegones. La plaza se ha convertido en un punto de paso obligatorio para seguidores y curiosos que no pueden evitar pararse para inmortalizar el momento, ver el paso a paso, agradecer a Brea su trabajo y pensar ne lo que queda aún para terminar. Es como un parque temático, puedes jugar a adivinar las canciones solo con las imágenes, como pista, una frase o directamente le título más abajo, otro de los momentos divertidos es actualmente buscar justo el punto exacto en el que esos bodegones se construyen sin fisuras, cuando esté terminada la obra sobre el suelo se pondrán placas con el tema, un código bidi y el título.

Brea, aun sin finalizar su obra ya está consiguiendo su propósito «A mí me gusta pensar que alguien puede llegar aquí sin conocer una canción de Robe o un poema de Chinato y salir con curiosidad por descubrirlos.» porque, en el fondo, esa era la verdadera intención del proyecto, no era hacer una estatua enorme, ni construir lago impersonal, la idea era crear una puerta de entrada al maravilloso mundo de dos genios de la poesía, cada uno en su arte «Lo importante nunca fueron ellos como personajes públicos. Lo importante siempre fue lo que habían creado.» Quizá es por eso que el homenaje resulta tan diferente porque no busca inmortalizar un solo recuero, busca mantener una charla entre visitante y mural, una conversación hecha de símbolos, canciones, poemas y emociones antes de que se nos lleve el aire a todos. Una conversación que comenzó mucho antes de que apareciera la primera nota de color de un spray y que seguirá viva cada vez que alguien se detenga frente a uno de esos bodegones para preguntarse qué historia se esconde detrás porque Al final, todo en el arte es un sentimiento y para este finalizado apenas nos quedan un par de meses, tres a lo máximo. Tú puedes sentir una cosa viendo una obra y yo otra completamente distinta. Y ninguno de los dos estará equivocado.

By Raul Blanco

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