Rockstadt Extreme Fest 2026, día 2

Festival: Rockstadt Extreme Fest 2026
Lugar: Ghimbav, Rumanía — Del 27 al 31 de julio de 2026
Texto y fotos: Oiane Díaz

In Flames y Hatebreed cierran a golpe de fogonazo el segundo día de Rockstadt Extreme Fest

Si la primera jornada había sido intensa, la segunda no tenía pinta de serlo menos. Desde la organización del festival habían comunicado un cambio de última hora: Immolation, que estaba previsto que subiesen al Andrei Calmuc Stage a eso de las diez de la noche, serían sustituidos por Vader, inicialmente previstos para el miércoles –tercer día de festival–, intercambiándose ambas bandas su posición en el line-up. Si hay algo que agradecer al Rockstadt Extreme Fest en su edición de 2026 son las escasas modificaciones que han tenido que realizarse, ya que a veces resulta un lío andar reorganizando los horarios para que no se solapen los conciertos, pero en esta ocasión no ha sido así. Todo un puntazo.

El segundo día comenzaría en el Brașov Stage de la mano de la banda Rotheads y su old school death metal. Una formación de muy cerca de Ghimbav, ya que llegaban desde la capital del país, Bucarest, para dar el pistoletazo de salida al martes. Otro de los puntos positivos del festival, y en el que hemos notado una importante mejora respecto a ediciones anteriores es el transporte, con diferentes conexiones desde distintos puntos de Brașov, de manera que no había problemas para llegar al recinto a la hora que teníamos prevista.

Tras Rotheads, llegaba el turno de Elder en el Adrian Rugina Stage, actuación que se solapaba parcialmente con Employed to Serve en el Andrei Calmuc, banda que recientemente ha visitado nuestro país junto a In Flames –quienes llegarían unas horas más tarde a Ghimbav–. Mientras íbamos entrando en calor para la segunda jornada, podíamos atisbar a un montón de personas con curiosas vestimentas y carteles de todo tipo que dejaban claro que los siguientes en entrar en acción eran Gutalax. Y es que, si alguna vez habéis asistido a un concierto de la banda checa, el papel de wc es algo que reina entre sus seguidores; así como escobillas de baño y accesorios similares, que parecen dar la bienvenida con ansia a los chicos de Maty Matoušek.

En cuanto comenzó la melodía de Los Cazafantasmas, supimos que había llegado el momento y que Gutalax ya se encontraban sobre el stage. Tras la intro, interpretaron el corte “Assmeralda”, de su álbum recopilatorio publicado el año pasado The Best (S)hits, y es que nunca dejarán de sorprendernos con sus títulos. El recinto se convirtió en una zona de fiesta, en la que la gente saltaba, bailaba, lanzaba rollos de papel higiénico o pompas de jabón, según lo que surgiese. Durante la primera parte del show tocaron cortes como “Poopcorn” o “Buttman”, hasta parar el concierto para presentar en primicia su nuevo videoclip. Y es que, según contó Maty, al día siguiente se estrenaría “We Are What We Shit”, pero habían decidido compartirlo con el público del Rockstadt antes de su lanzamiento oficial. No desvelaremos nada –para que podáis verlo sin ningún tipo de spoiler–, pero el vídeo sigue completamente la línea de todo lo que hace Gutalax.

Y sin mucha demora, continuaron a tope, con una energía tremenda durante el resto de su show. Es innegable que un concierto de Gutalax hace pasárselo bien a cualquiera, y esta vez no fue menos. Después de todo el jaleo, había que bajar pulsaciones, pero no teníamos apenas tiempo. Tribulation y Bleed From Within se solapaban, y nos decantábamos por los segundos, que siempre ofrecen un directazo espectacular. Scott Kennedy y los suyos abrían a golpe de “Zenith” precisamente de su álbum del mismo nombre que vio la luz el año pasado. Si algo teníamos claro es que el setlist de estos chicos se iba a basar en ese último trabajo tan potente que el quinteto escocés lleva presentando en vivo ya una larga temporada.

El siguiente corte fue “The End of All We Know”, intercalando ese nuevo disco Zenith, con este single extraído de Fracture de 2020. Si hay algo que debemos destacar de Bleed From Within es su simpatía; es una locura lo amables que son y lo pendientes que están en todo momento de sus fans. Concretamente Scott, no paró de acercarse a la parte más próxima al público del stage para dar la mano a todo aquel que hacía crowdsurfing. Poco a poco fueron desgranando el set en un show que sonó con una calidad estupenda y que, tristemente, pasó en un abrir y cerrar de ojos. Para cuando nos quisimos dar cuenta, habíamos llegado al combo de “I Am Damnation” y “In Place of Your Halo”, cerrando así una actuación que fue sinónimo de calidad y buen hacer.

Nos trasladábamos rápidamente al escenario contiguo ya que, desde Suecia llegaban nada más y nada menos que Orbit Culture, una de las bandas que más ganas teníamos de volver a ver en directo. Niklas Karlsson, su frontman, aterrizaba sobre el stage sonriendo al público para, sin miramientos, comenzar a tocar la brutal “Death Above Life”. Y es que, en realidad, ninguno de los temas de este cuarteto tiene desperdicio, pero dar el pistoletazo de salida al concierto con ese sencillo, es poner el listón muy alto. Los temazos llegaron uno detrás de otro: “The Tales of War”, “North Star of Nija”, “From the Inside” o la tremenda “While We Serve” fueron haciendo que no fuésemos capaces de despegar un segundo ni la mirada ni el oído de la banda de Eksjö.

Orbit Culture es una de esas formaciones que, con apenas una década de recorrido, lo hacen todo bien. Tuvieron un sonido perfecto, una voz de Niklas ajustada a cada tema y un setlist de un nivel altísimo. Quizás echamos de menos “Saw” porque personalmente nos encanta ese corte pero realmente no se les puede pedir más. Si grandes movimientos ni llamar la atención, bordan todos y cada uno de sus conciertos. Cerraron con “Vultures of North”. Un diez.

Las horas de la tarde iban pasando y comenzaban a solaparse bandas. Igorr y su peculiar estilo que, nos cuesta bastante calificar dentro de un género u otro, se hacían con el Adrian Rugina. Cada miembro de esta formación es una máquina en lo que hace y su unión hace que nuestro cerebro explote de algún modo. Con Jean-Baptiste Le Bail a la voz, su estética oscura y llamativa, y Gerda Iguchi como mezzo-soprano que complementa la parte más “áspera” de Le Bail, nos hace no poder marcharnos de su actuación porque necesitamos saber qué será lo siguiente. Es una propuesta muy atrevida que no gusta a todo el mundo, pero sí es totalmente distinta a todo el resto de artistas presentes en el cartel. Cerrando con “Opus Brain” del Savage Sinusoid de 2017, nos dieron el beneplácito para movernos hasta Nevermore, que estaban nada más que a unos pocos minutos de empezar en el Brașov Stage.

Y precisamente Nevermore era una de esas bandas a las que más ganas le tenía el público. Tras tres lustros alejados de los escenarios, el verano pasado anunciaban que en 2026 volverían a los escenarios con varias actuaciones en festivales europeos. En febrero de este mismo año, además de comunicar su contrato con Reigning Phoenix Music, la banda de Seattle hacía públicos los nombres de los nuevos miembros: Berzan Önen como vocalista, Jack Cattoi a la guitarra y Semir Özerkan al bajo, para acompañar al núcleo duro de la formación, Jeff Loomis y Van Williams. Y después de esta larguísima espera, ahí los teníamos, subidos al Brașov Stage retrocediendo en el tiempo hasta 1999 para arrancar con “Beyond Within”. Berzan Önen había salido enfundado en merchandise de la banda, camiseta y gorra que le protegía aún de los rayos de sol que aún brillaban con fuerza en Ghimbav. El primer corte dio paso a “Inside Four Walls”, de Dead Heart in a Dead World, que el año pasado cumplió un cuarto de siglo, álbum en el cual se centraron durante todo el show.

Las canciones fueron dándose el relevo unas a otras, repasando prácticamente su discografía hasta el Obsidian Conspiracy y esa “Moonrise (Through Mirrors of Death)” que reservaron bajo la manga casi para el cierre. Con “The River Dragon Has Come” y un Berzan que se había dejado la piel sobre el stage, se despidieron de su público y pusieron punto y aparte a ese reencuentro tan especial con sus fans después de tanto tiempo. Esperamos que pronto compartan nuevo material y no se alejen de los escenarios de nuevo.

Mientras todo esto había estado ocurriendo en los escenarios principales, en el Andrei Calmuc habían estado encadenando un concierto tras otro. Solapados con Igorrr y Orbit Culture, desde Canadá, Matt McGachy y sus chicos habían estado repartiendo tralla de la buena. Cryptopsy, con más de tres décadas y media de recorrido a sus espaldas se habían metido en el bolsillo al público en un show que estuvo lleno hasta la bandera y que dio paso a Non Est Deus y su death metal melódico. Con unos atuendos que cubrían por completo tanto su rostro como su cuerpo, la banda germana bordó su concierto aderezado por llamaradas y una estética eclesiástica. Nos gustó mucho y su directo tuvo un sonido realmente bueno. Banda a tener en cuenta.

Nos trasladábamos hasta el Adrian Rugina para recibir a Hatebreed. Otra de esas formaciones que siempre es una gozada disfrutar en directo y, además, los chicos de Jamey Jasta ya habían visitado el Rockstadt Extreme Fest hace un par de años, haciendo saltar por los aires el antiguo recinto del festival, en la Fortaleza de Râșnov. En esta ocasión ya sabíamos que, en cuanto comenzase a sonar “Ace of Spades”, Hatebreed estarían preparados para salir al ruedo. Como no saben empezar suave, “I Will Be Heard” fue el tema con el que atacaron al público, seguido de “Kill Count Increase” –tema que formará parte de su nuevo disco Fatal Paradox, que verá la luz el 6 de noviembre– y la tremenda “Everyone Bleeds Now”. Desde luego no había lugar para la queja, porque habían salido a por todas; no solo por los temazos con los que iniciaron el show sino también por la energía de Jasta y los fogonazos que tenían activados en el escenario.

Durante el setlist dieron una especial importancia al Perseverance y al Supremacy, de los años 2002 y 2006 respectivamente, algo que nos hizo muy felices ya que son dos de nuestros discos favoritos de la banda de Connecticut. Dejaron “Proven” como penúltima canción –corte que nos encanta– que dio el relevo a “Looking Down the Barrel of Today”, para poner el broche final a un concierto que no tuvo ni un ápice de desperdicio. Hatebreed son siempre garantía de calidad, energía y esa enorme simpatía que derrochan todos sus miembros.

No nos podíamos dormir por los laureles –a pesar de que nos acercábamos peligrosamente a las once de la noche– porque los siguientes en subirse al stage eran In Flames. La pista estaba llena a más no poder; tratábamos de hacernos un hueco para acceder a la zona delantera pero era una labor casi imposible. Anders Fridén aterrizaba sobre el escenario con una camiseta blanca impoluta y las letras de Grave en rojo chillón en el centro. Precisamente Grave era la banda que cerraría el festival esa noche y Anders decidió que era un buen día para utilizarla. También, al igual que Nevermore, In Flames retrocedieron hasta 1999 para empezar con “Colony” del álbum homónimo, Colony. Después, temas como “In the Dark”, “The Chosen Pessimist” o “Alias” fueron intercalándose en el setlist a medida que pasaban los minutos. Aunque el concierto estuvo muy bien, nos resultó un poco frío; el sonido no fue el mejor que hemos escuchado de los suecos y, en general, les vimos más apagados que otras veces. Cerraron con “Take This Life” en un show que podemos catalogar como correcto, pero no dentro de sus mejores. Otra vez será.

Y precisamente In Flames se solapaban con dos bandas del Andrei Calmuc Stage, Vader y los americanos Deafheaven. Tuvimos la posibilidad de pasarnos un rato al concierto de Vader, que sonaron realmente bien y que dieron el relevo a Grave, que se solapaban con Godsmack, hasta avanzadas horas de la madrugada. Una vez estuvo todo el pescado vendido, los autobuses del festival, se encargaron de esperar a los asistentes al festival para llevarlos a sus correspondientes alojamientos tanto en Brașov como en otras localidades cercanas. Tocaba reponer fuerzas para llegar al ecuador del Rockstadt Extreme Fest.

By Oiane Díaz

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