Slayer y su personal visión del infierno

Hell Awaits

Slayer es un grupo mítico e indispensable si te mola el metal extremo. Creo que a casi nadie se le escapa eso. A pesar de ello, y en lo que a mí respecta, la avalancha continuada de distintas  opciones musicales y las no muy entusiastas críticas recibidas por la que yo considero segunda etapa de su carrera (la primera sería mucho más breve que la siguiente, y terminaría tras la primera salida seria de Dave Lombardo del grupo, poco después de la edición del disco en directo Decade Of Aggression, en 1991) han hecho que apenas haya prestado la más mínima atención a nada de lo editado a partir de finales del siglo pasado. Pero, independientemente de lo que pudiese llegar a pensar de todos esos discos posteriores, los primeros años de la trayectoria de la banda californiana (Huntington Park) son espectaculares, y sus primeros cinco discos poco menos que obras maestras del thrash metal. De hecho, los dos inmediatamente posteriores a estos y al antes mencionado álbum en directo, Divine Intervention (1994) y Undisputed Attitude (un disco mayormente compuesto por versiones de grupos punk del agrado de Slayer, editado en 1996), también me gustan mucho.

Hell Awaits, de 1985, fue el segundo en aquella impecable primera tanda, y es posible que sea el menos conocido de los cinco. Slayer habían debutado dos años antes con el genial Show No Mercy (puede que mi debut preferido de todo el thrash metal americano y un disco muy querido por los fans) y, tras Hell Awaits, llegaría en 1986 el que para muchos es su mejor disco, Reign In Blood, una bestia fuera de control que iba a darles el espaldarazo definitivo. Tras él, South Of Heaven y Season In The Abyss (1988 y 1989, respectivamente) resultaron en su día algo divisivos para los fans, por diversas razones, pero no sólo son discos increíbles, si no que han terminado siendo muy populares entre los seguidores del grupo.

Así que Hell Awaits se encuentra metido entre un debut genial y su obra definitiva, lo cual creo que le resta cierto impacto. Sobre todo entre seguidores del género que no son incondicionales de Slayer y que tienden a prestar más atención a Reign In Blood (sobre todo) y a los dos álbumes que vinieron después de éste.

Esta segunda obra se grabó y mezcló entre los estudios Eldorado Recordings, en Hollywood, y Track Record, en LA, y contó con la producción del propio grupo, junto a Brian Slagel, el famoso ejecutivo detrás de la creación de Metal Blade. Slayer dieron un paso (o más) adelante hacia tendencias más extremas con Hell Awaits, y es que, si bien Show No Mercy fue un disco brutal de cabo a rabo, en mi opinión no dejó de ser, también, el enésimo ejercicio de adoración a Judas Priest a cargo de un grupo de thrash metal. Más músculo y más velocidad que en Priest, desde luego, pero la sensación de estar escuchando al legendario grupo de Birmingham en esteroides, en temas como “Die By The Sword” y “Crionics”, con Tom Araya incluso cantando en un tono más alto que el que empezaría a usar poco después. Hell Awaits es otra cosa. Las canciones son largas, lo cual es poco habitual en esta banda, pero eso no es impedimento para que se trate de un trabajo más extremo, oscuro y bastante más siniestro, empezando por la salvaje portada del fallecido artista americano Albert Cuellar y su personal visión del infierno. Todo muy acorde con el título del disco. Lo mismo puede decirse de una producción más oscura y que Araya considera pobre, según criterios actuales, pero que difícilmente podría ser más apta para el mensaje general del álbum. Las canciones las escribieron los guitarristas, Kerry King y Jeff Hanneman, así como las letras, en las que también participó el propio cantante.

Hablando del infierno. Soy consciente de que en los más de cuarenta años que han pasado desde la edición de Hell Awaits, el heavy metal ha llegado a unos niveles de extremismo sónico que claramente superan al exhibido por Slayer aquí. Pero, independientemente del impacto que tuviese Hell Awaits en la escena en 1985 (empezando por su título, su portada y los nombres de los temas), que imagino tremendo, no creo que haya habido una mejor representación musical del mal y de dicho infierno que el inicial tema titular. Primero están los ruidos y cacofonías del comienzo, culminados por una voz cada vez más audible que, por lo visto, dice Join Us, pero al revés. Cuando eso termina, poco después del primer minuto, otra voz dice Welcome Back y entonces empieza la propia música, creando un ambiente opresivo e insano desde el primer momento. La batería de Dave Lombardo aumenta la sensación de estar ante una especie de desfile macabro, como si todas esas almas torturadas que aparecen en la portada se estuviesen dirigiendo hacia ese destino. Y si esos primeros tres minutos de desarrollo son el preludio del castigo definitivo, éste llega a partir de entonces, gracias a la velocidad sin freno de King y Hanneman, bastante más alineada con el siguiente disco que con lo escuchado en el primero. Lo mismo puede decirse de sus solos. La voz de Araya cuando recita la frase que da título a la canción (y al disco) es impagable. De nuevo, el mal hecho música. No hace falta comentar de qué trata la letra.

Hell Awaits

“Kill Again” no pierde ni un segundo en introducciones y pasa al ataque con el doble bombo de Lombardo a pleno rendimiento, más algún que otro riff que adelanta la inminente llegada del death metal. Siempre he pensado que la línea que separaba el thrash metal de los ochenta y el primer death era, muchas veces, un tanto borrosa, y este tema puede ser un buen ejemplo. Para cuando Araya empieza a cantar, la canción ya ha cambiado de tercio, y siempre me llama mucho la atención la capacidad de éste para despedir todas las palabras del genial estribillo a la velocidad necesaria, que no es poca. El tema trata sobre la interminable psicosis homicida de un criminal, desde la perspectiva del propio asesino. El título ya resulta bastante gráfico.

Kill Again

Cambio de temática en “At Dawn They Sleep”, que habla, también en primera persona, sobre vampirismo y varios tópicos asociados al tema. Musicalmente resulta menos urgente que “Kill Again”, con un comienzo más comedido y el bajo de Araya bien audible. La canción va creciendo y acelerando poco a poco, de manera que es imposible no mover la cabezota cuando aparecen unos bastante disimulados puente y estribillo (Blood sucking creatures of the night / Apparition from the pits of hell). Los solos de ambos guitarristas son tan enfermizos como el tema elegido por la canción, y todavía queda lo mejor: tras una sección más lenta y siniestra, Slayer aceleran hasta llegar al momento en el que Araya grita Kill como si estuviese poseído, por encima del castigo con el que Lombardo destroza su kit, y el tema entra en una frenética parte final. Como curiosidad, en lo que a la letra se refiere, comentar que ésta fue escrita por Hanneman y King, pero ninguno de los dos estaba en el estudio cuando Araya grabó sus partes vocales. En la hoja en la que estaba escrita la letra había una palabra con una errata, o algo así, y que el cantante no podía descifrar; como ambos hachas estaban ausentes y en aquella época no se les podía consultar al momento, Araya decidió grabar dicha palabra tal y como estaba escrita. El resultado fue que, en lugar de la palabra Admonish, se registró un término que no existe, que no resulta inteligible al escuchar la canción (tampoco se parece a la palabra a la que supuestamente sustituye) y que el grupo pasó de corregir.

At Dawn They Sleep

Puede que las tres primeras canciones sean también las más conocidas, pero lo que viene después está a la altura de ellas. “Praise Of Death” continúa con lo escuchado en “Kill Again”, sólo que este tema es incluso más rápido. Un único golpe de Lombardo a la batería sirve de señal e introduce este frenético e incansable festival de violencia sonora sin apenas tregua. El propio batería tiene un protagonismo especial, gracias a su doble bombo, justo después del primer solo de guitarra (cortesía de King), e inmediatamente antes de un breve momento de respiro con el bajo de Araya. Después de eso, más solos de ambos hachas y apenas hemos llegado a la mitad de la canción. Ésta reduce un poco el ritmo con una sección instrumental algo más lenta y más guitarra solista, y cuando parece que hemos llegado al final, todo vuelve a empezar para ofrecernos otro minuto de caos. “Praise Of Death”, fiel a su título y a las habituales tendencias del grupo a la hora de escribir sus letras, es todo un himno nihilista que habla de lo inevitable de la muerte, a la que se llega después de lo que, según el tema, es la ensoñación mayormente violenta en que consiste la vida. Ideal para levantar el ánimo, no? Sea como fuere, este tema debió ser digno de experimentar en directo por aquella época.

“Necrophiliac” es el tema más corto del álbum, y Slayer no podían desaprovechar la ocasión para volver a lanzarse a otra carrera desenfrenada como la de “Praise Of Death”, sólo que esta vez hay más matices que en la canción anterior (a pesar de que ésta tiene alrededor de un minuto y medio más de duración con respecto a “Necrophiliac”).  El riff principal es tan siniestro como adictivo, y hay una parte que me recuerda mucho a lo que en unos pocos años se escucharía en el estribillo de la muy famosa y genial “Agent Orange”, de los alemanes Sodom. Hay más, ya que justo antes del primer solo (King), Slayer ofrecen una especie de primera encarnación del famoso riff inicial de la mucho más conocida “Raining Blood”, que cerraría el siguiente álbum. Pero, d enuevo, lo mejor está por llegar: cuando el grupo termina una sección final, claramente más lenta, con la línea Down to the fiery pits of hell (otra vez la misma frase), empieza un genial galope que recuerda al heavy metal tradicional, aunque más heavy, pero que enseguida acelera para dejar un intenso medio minuto final, ya con Hanneman como protagonista. La letra es una película de horror en la que un necrófilo vandaliza una tumba para… ya se sabe, y acaba propiciando el nacimiento del hijo del diablo, que pronto se vengará del protagonista.

Necrophiliac

Y de la canción más corta a la más larga. De hecho, “Crypts Of Eternity” es, si no estoy equivocado, la más larga de toda la carrera del grupo. Sus cerca de siete minutos dan a Slayer la oportunidad de desarrollar otras ideas y hacer algo más complejo y progresivo. Prefiero otros temas (es la que menos gracia me hace del disco), y supongo que se puede decir que esta banda resulta más convincente en otro contexto (aquel en el que la velocidad desenfrenada es la primera opción) aunque, dicho esto, el tema es otro triunfo. Slayer transitan varios escenarios (ya sea con la presencia de Araya a la voz, o sólo a nivel instrumental), aunque siempre a un ritmo moderado para lo que suelen ser ellos, hasta que, llegado el sexto minuto, la canción acelera e incluso Hanneman y King se unen para doblar sus partes, a lo Iron Maiden o qué sé yo, antes de volver a ir cada uno por su lado con sus respectivos solos. El tema habla de brujería, artes oscuras y maldad, temas bastante recurrentes para el grupo por aquel entonces.

Hell Awaits termina con “Hardening Of The Arteries”, otra canción corta y veloz con ninguna intención de hacer prisioneros. Todo lógico y correcto en este sentido. De hecho, el tema es tan frenético que, para cuando sólo han pasado setenta segundos, el grupo ya ha completado dos estrofas enteras y una transición, que desemboca en los posteriores solos de ambos guitarristas. Lo más curioso es que, tras unos escasos dos minutos y diez segundos de caos, esta canción, en vez de terminar, muta en una segunda parte que enlaza directamente con una sección instrumental casi idéntica al principio de “Hell Awaits”, que se va apagando poco a poco. Por lo visto, este fade (a falta de un término mejor en español) final es único en la carrera del grupo, y parece que Slayer quisiesen cerrar así algún tipo de círculo, indicándote que no hay forma de escapar de todo lo que el álbum contiene. Una tortura infinita. El título del tema hace alusión a la arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias), pero no en el habitual sentido médico, si no como una metáfora relativa al estado de la sociedad (Fear runs wild in the veins of the world).

Con motivo del cuarenta aniversario del disco, aunque un año después de éste, el pasado Mayo apareció una edición conmemorativa de Hell Awaits, editada por Metal Blade, que incluye, además del álbum remasterizado, un montón de extras y curiosidades (sobre todo en la versión en vinilo). Pero lo más atractivo del conjunto, creo yo, es la inclusión de un show completo de Slayer, grabado en 1985 (creo que el dieciocho de Junio) en Bochum, Alemania. Ese concierto incluye todas las canciones de Hell Awaits, otras siete de Show No Mercy, y el EP intermedio, Haunting The Chapel, de 1984, al completo (“Agressive Perfector” incluida).

Un disco imprescindible para aquel al que le mole el thrash metal, y de una importancia incalculable para todo el metal extremo contemporáneo y futuro.

Discográfica: Metal Blade Records / Combat

Fecha de edición: 8 de Abril de 1985

Componentes:

Kerry King – Guitarra
Jeff Hanneman – Guitarra
Dave Lombardo – Batería
Tom Araya – Bajo, Voz

Temas:

Hell Awaits
Kill Again
At Dawn Their Sleep
Praise Of Death
Necrophiliac
Crypts Of Eternity
Hardening Of The Arteries

By Diego Torres

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