Bandas: Ars Amandi, Bloodstain, The Poodles, Khorea, Heaven’s Gate, ODC, Doro, Bullet, Vindicta
Lugar: Espacio El Plantio, La Chopera, Burgos – 11 de julio de 2026
Fotos: Juan Ramón Felipe, Blue Baby y Gabriel Pérez Hernando
Texto: J.A. LuX
La tradición que se ha recogido, de manera acertada, de enfrentarnos al más fulgurante sol del mediodía, en el encuentro de las hordas heavies y la música al desnudo de nuestros ídolos, cristalizaba en esta ocasión con un show acústico de Heaven´s Gate, banda que por la tarde era considerada, con permiso de su compatriota Doro, como el caramelo más dulce de toda esta edición previa a la décima. Sinceramente le vi más glamur a las anteriores reuniones con Mike Tramp y Robin McAuley, con una mayor sensibilidad en algunas de sus composiciones atemporales previamente adaptadas. Y es que, aún con la perla de In The Moods, aquel epé acústico de 1997 bien recibido por los seguidores de la banda extinta en 1999, para un servidor un acústico se cimenta con un menos es más y con leyendas vocales en su formato más natural, incluso más tierno. “Esos son mis principios si no te gustan tengo otros” como decía el bigotudo de los hermanos Marx, y en parte esa era mi dicotomía según me acercaba a la nueva ubicación del escenario Fundación Círculo. Iba dispuesto a alterar mis preferencias y dejarme llevar por la música, pero al sonido le faltaba potencia para llegar a todo el público, sobre todo a los que se intentaban refugiar de Lorenzo entre las aristas de la imponente Catedral de Burgos. El espacio era muy amplio en La Llana de Afuera, con el fondo de la Puerta de Pellejería de cara a la escalinata que dirige a Fernán González y que se amplía con esa plaza tan reconocida por la vida que posee, principalmente en los atardeceres estivales o siempre que el calor asoma y nos saca de nuestra Invernalia particular. Un esfuerzo, no obstante, para que la música fuera el mágico hilo conductor que nos reunía entre nuevos abrazos de reencuentro y sonrisas cómplices al variar nuestras posiciones, pero que en lo estrictamente musical quedó como algo anecdótico, eso sí, de categoría. Nuevamente este año hemos de felicitar a la Fundación Círculo por aportar su grano de arena para envolver nuestra música con las inigualables vistas de uno de los tesoros arquitectónicos de la ciudad a la que atraviesa el Arlanzón.




Tras reponer fuerzas y regar nuestra flora, llegaba la hora de encaminarse a recoger el testigo de la última jornada de la triada de este año, y, como es de esperar, la más vistosa de todo el cartel para la generalidad. A las cuatro y media de la tarde, y aquí si hay que ser metalero irreductible, con unas temperaturas que sobrepasaban ampliamente los treinta grados, los madrileños Ars Amandi pusieron todo de su parte para que el folk metal que tanta difusión tuvo en carteles pasados, se viera representado única y afortunadamente a través de ellos. Son más de veinte años reivindicando sonoridades pretéritas y con instrumentos de fuerte arraigo popular, lo que se tradujo en una buena respuesta del respetable, bastante presente, y una sudorosa descarga por parte de los de Dani Aller que con temas como “Vagabundo en el Mar”, “Va a Salir el Sol”, “Abre la Puerta” y “La Suerte”, dejaron el pabellón bien alto. El sonido se posicionaba, los latidos de los graves se estabilizaban y gracias a ellos, a pesar de la ausencia de siesta para muchos y muchas, la festividad del día se vestía con traje regional y pañuelos de ilusión. El escenario Diario de Burgos lanzó el primer aviso.
Y la respuesta del escenario Fundación Caja Rural no pudo ser más insolente y magnética, pues salieron a escena Bloodstain y aquello pareció un regreso a mediados de los años ochenta. La figura de su vocalista y guitarra Oskar Lindroos, con su desaliñada melena rizada y rubia, prolongando su torso al descubierto y con unos vaqueros ceñidos como único objeto de lujo, nos hicieron recordar pertinazmente, junto a su tono vocal, a un primerizo James Hetfield ansioso de montar sobre los rayos. A la otra guitarra y con una camisa “made in Cliff Burton”, un Tobias Lindström que completaba una dupla creada para matarlos a todos. Su bajista Jonathan Thyberg poco tardó también en lucir pectorales y acomodar cada golpe de batería de Benjamin Norgren, manejando nuestras cervicales como si de maestros de títeres se trataran. Estos adolescentes que se acercan, el más mayor, al cuarto lustro de vida, consiguieron un efecto visual ilógico y que tomó, con su música, una desviación viciada de déjà vu de los pasos de los Metallica más viscerales y añorados. Con solo un epé, varios singles y un nuevo disco en ciernes, los suecos nos atraparon irremediablemente con soltura, descaro, independencia y un revival de sentimientos anclados en los años más queridos de nuestras juventudes. La segunda banda que supuso una revelación absoluta.




Ya con la mecha más que prendida, retornamos al escenario principal para hacernos partícipes de la reunión de The Poodles en esta gira veinte aniversario de su primer disco Metal Will Stand Tall. Con los nervios en el estómago tras poder haberlos entrevistado y saludado amigablemente, Pontus Egberg (Lion´s Share, King Diamond) y Jakob Samuel (Talisman) saltaron al entarimado junto a sus compañeros Pontus Norgren (Talisman, Hammerfall) y Henrik Bergqvist (Fortune) a las guitarras y el batería Christian Lundqvist (RAW, Crowne). Todo en ellos fue cercanía y festividad, sobre todo cuando los miembros eran presentados por sus nombres y apellidos, ya adentrado el recital y máxime, cuando el bajista de pelo rizado y sonrisa de felicidad continua definía al rubio vocalista como la voz de oro. Y sí, cierto es que el don de Jakob estuvo a la altura propinando al ya abarrotado espacio unas interpretaciones mágicas, las de una colección de temas que han mantenido el espíritu del melódico por todo lo alto en el nuevo milenio. “Metal Will Stand Tall”, “Thunderball”, “Line Of Fire”, “Seven Seas” y, la causante de todo este delirio por ellos allá por 2006, “One Night Of Passion”. Sin coros pregrabados y con las voces de ambos Pontus totalmente engrasadas, el quinteto sonó a vieja gloria, a pesar de su relativa novedad, y es que dos veces diez no es moco de pavo. Agitaron al personal que ya había entrado en un bucle temporal que nos apartaba de cualquier realidad y eso también supuso un empujón hacia la despreocupación, lo que no se podía más que traducir como un momento de absoluta efusividad conjunta.













La tercera banda en anunciarse como otra de las promesas más reales del festival provenía de Burgos. Ganadores en la categoría local del festival de Las Candelas, Khorea pasaron por el escenario como un elefante por una tienda de porcelana. Cualquier previsión que se tuviera de ellos, los conocieras o no, se estrelló contra un muro técnico de progresiones armónicas que lo mismo se abrazan al death melódico sueco, como al metal industrial, como al metal alternativo más salvaje sin olvidar su programación progresiva y el cómputo de genialidades compositivas que se desprenden desde la guitarra de Isra, una antojadiza pieza digna de lucir. Sólidos y vibrantes, como un metrónomo, cambiaban los compases a antojo un Iván de pegada precisa y vistosa y su compañero al bajo, Vicente, cuyas líneas están más que trabajadas. Su idioma es universal, pero su dialecto es exclusivo, lidiando el hecho de ser una de las bandas infrecuentes en este festival y, a pesar de la corta existencia de su reciente nuevo epé, “In Vitro”, una de las que más análisis prestó. Lejos de amilanarse y a pesar de la exigencia de atención que conlleva su música, principalmente para entorpecer sus propios movimientos en directo, hecho que les sumó sobriedad, llamaron poderosamente la atención porque nada, nunca antes, había sonado así desde la propia cuna del festival. Rulo, un vocalista híper dotado para exigentes labores melódicas y frunciendo el ceño ante sus screams y growls, no solo posó y triunfó, sino que accedió, o al menos intentó, con dos cojones, a la apelación de nuestra conciencia. Ningún tema destaca por encima de otro en su retorcida madeja onírica de sonoridades contemporáneas. Queremos más.






Heaven´s Gate, tras haber “calentado”, “desenchufados”, por la mañana y con el tremendo bolo que Sascha Paeth nos dejó con Masters Of Ceremony el día anterior, tomaron posiciones en su primera visita a España como una de esas bandas especiales que gustaban a todo el mundo, pero que nunca tuvieron el éxito masivo que merecieron. Considerados como pioneros del power metal, apoyo parcialmente esa etiqueta, porque ellos tenían otras inquietudes y voluntades. Se convirtieron en un grupo mítico y, con ese estatus, creedme, la presión para ellos era mayor que las ganas que teníamos nosotros de disfrutarlos. Junto a Paeth, el guitarrista Bonny Bilski, el batería Thorsten Müller, todos de la formación original. Después actuó el bajista Robert Hunecke – Rizzo quien se mantuvo en la banda desde 1995 a 1999, con el añadido de Herbie Langhans (Firewind, Avantasia) a las voces y el teclista de los Ceremony, Corvin Bahn. Muchos y muchas teníamos el temor de echar de menos en demasía a Thomas Rettke, ese genial cantante que se desmarcaba de muchos otros de la época dorada del metal europeo, pero el bueno de Herbie no nos dejó tirados y realizó una gran actuación donde la química entre la banda era notoria, en buena parte gracias a la energía que transmitieron y que los retroalimentaba, con una respuesta masiva, y es que allí las almas se contaban por miles. Tampoco necesitaron más allá de su música para llevarse de calle una de las actuaciones más celebradas de la historia del Zurbarán. Con una vestimenta que podría recordarte a tu tío el que viene de visita a Burgos en verano y cero artificios ornamentales, su punto fuerte fue rendir homenaje a sus canciones sin fisuras, con el respeto que merecen y la adaptación al directo, más potente, que siempre otorgan los decibelios para golpearte en el pecho. Otro gran factor que ayudó a convertir ese momento en una fotografía imborrable para nuestras memorias, es el hecho de que sus canciones han trascendido los dictámenes del tiempo, que fueron creadas con oficio y más misión de la que en su día se les atribuyó, el arte es así. “Under Fire”, “We Got The Time”, “Hell For Sale!”, “Tyrants”, “Livin´ In Hysteria”, “Can´t Stop Rocking”, “Best Days Of My Life”… Es decir, un repaso a sus tres primeros discos, los fundamentales para labrarse su estatus, pero una auténtica pena que no recalaran, mínimamente, en los que a mi entender son discos geniales, Planet E. y Menergy. Para cerrar no se me ocurre mejor oportunidad de seguir empujando esa maravillosa versión de Joni Mitchell llamada “This Flight Tonight”, otro de los fetiches para los roqueros como en su día propusieron Nazareth. El poder de la música sin adulterar y con todo el peso dorado de las puertas que se abren y cierran para dejar entrever el cielo.











Desde que los propuse en mi programa Rock D’LuX para Vive! Radio, concretamente en Planet Women, la sección en la que ensalzamos la figura femenina en el mundo del rock, he vivido enamorado de esta banda francesa a la que, por abreviar se le podría considerar de metal moderno, pero que a mi juicio, completa un cuadro mucho más personal e intimista de lo que a unas pocas escuchas podrías observar. Celia Do tiene ese aire de sofisticación cálida, de sensualidad inteligente y de presencia escénica hipnótica que, junto a su expresiva voz y sus altas cualidades compositivas, ungidas en los contrastes emocionales, se extienden como el veneno por nuestro interior y revientan las arterias con su compañera al bajo, coros y frases rapeadas, la ecléctica Sonny (MX MNK), proveniente de la escena black. Los de París se complementan con el guitarrista de ocho cuerdas Raphaël y el batería, amante del movimiento death metal y Jazz, Héctor. La contundencia que poseen sus canciones, con las programaciones electrónicas que le añaden a su sonido una dimensión cinematográfica, construyen una pecera de cristal donde empiezan a verter, con un flujo constante, diferentes adaptaciones y giros de guion, a las que pronto sucumbimos y de las que nos empapamos los pulmones, hasta tan solo respirar para el cuarteto. La cuarta banda revelación y el ordinal me da igual. Su primer larga duración, Twisted Love, ha sido todo un acierto, y a la postre, tras dejarnos llevar por ellos en un escenario, un tatuaje anímico para desconectar de lo vulgar. ”I Need To Breath”, “Wanted”, “Twisted Love”, “Love, I tore It Apart”, la formidable visión que proyectan sobre el tema de Billie Ellish, “You Should See Me In A Crown” o el tributo a España, inesperado para muchos (y mira que también lo pinché en mi programa…), con la cover de Rosalía, “Despechá”, nos llenaron de intenciones para no dejar que el mañana nos asuste y para constatar un claro relevo generacional con demasiadas virtudes como para ser esquivado. Admirador total. Por cierto, su castellano, fuera del nivel que fuera, le agregó a una comunión más cercana ante el expectante público.
Y tras una de las princesas de este reinado mágico, llegó la hora de la reina de nuestra historia, Doro. Lo suyo fue un concierto al uso pero elevado a la enésima. Profesionalidad, amabilidad, cariño, himnos por doquier y un extra de agradecimiento que se agarró a sus tobillos y que casi no le deja marchar del escenario, no por obstrucción, sino por la entrega de un público que la adoró y conquistó como para crear un idilio acotado temporalmente, pero inalterable e incorruptible. Fuego, iluminación grandilocuente y, por supuesto, una banda que pueda aupar a la reina al trono, formada por los conocidos guitarristas Billy Hudson (Noth Tale, I Am Morbid, U.D.O.) y Bas Maas (After Forever), el bajista Nick Douglas o Mitchell (Hittman, Cycle Sluts From Hell), ambos apellidos válidos, y el batería Johnny Dee (World War III, Britny Fox o Tyketto). En su honradez también nacen otras de sus virtudes y es que Doro no quiere que la gente se centre solo en ella, sino que da cancha para que cada músico tenga su reconocimiento, algo de lo que debieran aprender muchos machitos alfa de este negocio. Siempre sonriente, siempre hermandada con cada nota y cada mirada, desgranó todo un recital, para quien no la hubiere visto nunca, de la hos… “Earthshaker Rock”, “Fight For Rock”, “I Rule Ruins”, “Burning The Witches”, “Hellbound”, “Für Immer”, “True As Steel”, “Metal Racer” sucedida por un solo de batería un pelín extenso, y la icónica “All We Are” o “East Meets West” de su etapa en los inolvidables Warlock, ¡casi nada!



De sus himnos en solitario “Raise Your Fist”, “Time For Justice”, “Warriors Of The Sea”, “Revenge” junto a las versiones evidentes, pondrían aquello ya más patas arriba de lo que se podía imaginar, o tan siquiera soñar. Sí, el recuerdo a su gira de hace cuarenta años junto a Judas Priest tuvo su homenaje, y el delirio rompió la ley del todo… Pero la lógica se mantuvo en una ovación que se prolongó por ambas partes, la de la musa y la de los seguidores y seguidoras de un género que venera a sus dioses y diosas, pero que debe aprender a decir adiós a los estereotipos para seguir avanzando.
Última actuación del escenario Fundación Caja Rural y vaya si supo poner cerrojo a la velada… Los suecos Bullet, hijos bastardos de AC/DC y Accept, no tienen secretos a la hora de proponer su fórmula, así como tampoco tienen rivales en el momento de interpretarla. Aquello sonó demoledor, afilado, hiriente y adictivo a más no poder. Todavía se me eriza el vello al recordar que su tormenta eléctrica nos cayó encima como una apisonadora. ¿Algo que objetar? Nada en absoluto señoría, volvería a la escena del crimen una y otra vez. Las guitarras de Hampus Klang y el recién llegado Freddie Johansson eran ametralladoras dispuestas a batirnos a discreción. La pegada de Gustav Hjortsjö a la batería y su empaste con el bajo de Gustav Hector hacían convulsionar nucas y, ¡cómo no! La dicción viperina y el timbre desangra tímpanos de Dag Hell Hoffer se te clavaba tan hondo como han impartido Dirkschneider y Scott/Jonhson en sus manuales de supervivencia a modas y épocas, incluso, por su potencia desmedida, un poco más.
Se les vio disfrutar y nos lo transmitieron, de eso no hay duda, yo no dejaba de ver molinillos, cuernos en alto y muchas, todavía muchas ganas de farra… Hasta cerrar con su clásico “Bite The Bullet”, recordé la cantidad de hitos que poseen desde la inicial “Kickstarter” hasta “Stay Wild” o “Dusk Til Dawn”, las intratables “Chained By Metal”, “Storm Of Blades” o “Speed And Attack”, y las imperdonables “Riding High” o “Bang Your Head”. Un seguro de vida tanto en disco, como para festival, ¡viva Suecia!
Para cerrar esta novena edición, y, para este redactor, la mejor que se ha celebrado nunca (seguro que el año que viene tengo que volver a decirlo…), se contó con otro refuerzo femenino como es la escisión de Dogma, para ser sepultada por la doctrina de Vindicta. Estas monjas de la lascivia tienen no solo una imagen más que llamativa, sino que sus canciones son lo suficientemente sólidas como para permanecer en nuestras biblias musicales por años. De ahí que me sobrara tanta sexualidad en sus provocativos movimientos, que no la sensualidad que estoy seguro pueden añadir a sus poderosas actuaciones. Su bajista Medea es un torbellino escénico y con un arrojo que asusta, su pose sobrecoge, hecho que le va a la zaga a la poderosa y vistosa pegada de su compañera de oraciones Kali. Evidentemente la proliferación de pregrabados dotó de una funcionalidad teatral a su oscuridad, pero las canciones se sostienen solas por su buen gancho y la máxima de, vuelvo a repetir, menos es más. La enorme (también de altura) guitarrista Patri Grief, junto a la hermosa intuición de su compañera Amber Maldonado, abrían frentes para que se introdujera con malicia de terciopelo y ansiedad sanguínea la voz de la imponente Grace Jane Pasturini. Si sus canciones, como os narraba, ya tienen ese hándicap de comercialidad en el estribillo, cuando tocaron la versión de Madonna, “Like A Prayer”, hasta el, o la más, adorador o adoradora del metal cortejado por Satán, se rindió a la nostalgia de aquellos maravillosos ochenta o noventa. Como el año que cerraron Killus, el pueblo quiere pan y circo y, si está regado por una banda solvente todavía la despedida cuesta más de aceptar. Este quinteto plurinacional tiene una oportunidad de demostrar el movimiento femenino, todo su avance en el mundo del rock, con muy buenas dotes compositivas e interpretativas, ojalá utilicen su imagen lo justo para cerrar bocas y abrir mentes, creo que se lo merecen.
Supongo que se habrán pulverizado todos los records de asistencia y de recaudación para este festival que parece no tener techo ni frontera. Ojalá haya sido así porque, lo que se ha experimentado este 2026 en Burgos ha hecho historia, una vez más, pero en esta ocasión con una magia adicional que no sé de donde procedía, pero de lo que estoy seguro es que era de las que siembran habichuelas para extender ramificaciones y alcanzar las nubes más hermosas. Gracias a la organización por su excelente trato y su profesionalidad para con Metal Hammer España, esperamos llenaros los ojos con nuestra verdad y el corazón con nuestro trabajo.

























