Bandas: Savatage + Induction
Lugar: Turbinenhalle – Oberhausen – 14 de junio de 2025
Promotor: Concert Team
Fotos: Mery Ruiz / Víctor M. Lera
Noche histórica e inolvidable la vivida el pasado sábado 14 de junio. Tras muchos años de espera, SAVATAGE volvían de gira a Europa. Una gira que había comenzado la noche anterior en el festival neerlandés Into the Grave. Es genial que la banda actúe en festivales, pero dadas las limitaciones de tiempo, y viendo que era sábado, decidimos coger un avión y plantarnos en la cuenca del Rurh para verlos. La actuación estaba programada en la mítica sala Turbinenhalle, donde, casualidades de la vida, la noche anterior actuaba KING DIAMOND, junto a PARADISE LOST y ANGEL WITCH. El plan era perfecto, no siendo los únicos que pensamos lo mismo. Ya en la noche previa, durante el concierto del Rey, comenzamos a encontrarnos amigos y conocidos de este tipo de eventos, desplazados desde diversos puntos de la península ibérica. Y todos con la misma cantinela: quiero ver a SAVATAGE interpretando su repertorio al completo, no apenas una hora en un festival. Puedo llegar a entender la idiosincrasia de festivales de renombre que utilizan a bandas gigantes como cabezas de cartel. En España podrían haber compartido cabecera, permitiéndoles tocar más tiempo. Pero no, no ha sido así. Tocó carretera y manta. Y avión.
Todos los que fuimos a Oberhausen acertamos de pleno. Primero, por el hecho histórico de volver a actuar en salas europeas más de dos décadas después. Luego, por la calidad de la sala Turbinenhalle que, si no se hubieran producido un par de detalles que después citaré, la experiencia de todos los asistentes habría sido plena. Por último, un repertorio reservado solo para las actuaciones en sala. Si le añadimos el concierto que se celebró el día anterior, el acierto fue total. Y no, el precio a pagar por el desplazamiento hasta Alemania no fue superior a lo que se pagaría por ver este evento en España. Quizás este punto debería hacer reflexionar a promotores y, sobre todo, alojamientos cercanos a recintos de festivales que, con sus precios abusivos, terminarán hiriendo de muerte a dichos eventos. Y aquí lo dejo, que no quiero quitar protagonismo a los auténticos reyes de la noche: SAVATAGE.

Antes de la exhibición de la banda norteamericana, los chicos de INDUCTION calentaron el ambiente de lo lindo. Sí, la banda del hijo de Kai Hansen, llamado Tim Hansen. Su Power Metal funcionó desde el primer acorde, consiguiendo que el hambriento público se calentase antes de la esperada aparición de las estrellas de la noche. Muy activos en el escenario, liderados poderosamente por su cantante Gabriele Gozzi, centraron su concierto en su segundo disco, titulado Born from Fire. Su escaso tiempo en el escenario lo completaron presentaron su último single, “Beyond Horizons”, y una versión de “The Final Countdown” en la mitad del concierto que, sin duda, les funcionó para enganchar al público. Aparecieron con muchas ganas de conquistar Oberhausen y creo que lo lograron. No tuvieron tiempo para más, por lo que abandonaron el escenario para preparar el terreno a la gran resurrección.
La sala Turbinenhalle era una caldera, y no solo por el ambiente tan especial que la llenó ambos días del fin de semana. Tanto en la noche anterior con KING DIAMOND como ésta con SAVATAGE, el aire acondicionado brilló por su ausencia. La primera noche fue horrible en ese sentido, pero tenías la oportunidad de moverte con facilidad a la parte trasera, donde había menos visibilidad y muy poca gente. El sábado, con el cartel de SOLD OUT, fue imposible, trayéndome a la memoria encerronas históricas en conciertos en España. Gracias al azar o al destino no ocurrió nada. No entendimos como la super profesional sala Turbinenhalle actuó de esa forma. Una falta que llama poderosamente la atención, de una forma diametralmente opuesta al resto de servicios. Todos cumplieron su función de una manera profesional y ejemplar, desde seguridad hasta las barras, pasando por la consigna, la zona reservada para gente impedida y sus ayudantes, el sonido o el impresionante juego de luces. No me quiero centrar en estos pequeños detalles. Primero, porque la banda es ajena a todo esto. Y, segundo, porque ni siquiera unas circunstancias tan poco amigables consiguieron eclipsar un ápice el extraordinario regreso de SAVATAGE. Porque así fue, algo extraordinario. No sé ni por donde comenzar.
Las luces se apagaban, quedando una tenue luz roja procedente de la pantalla que les respaldaba. Mientras tanto, Jeff Plate se situaba tras los parches y los teclistas de la gira, Paulo Cuevas y Shawn McNair, también ocupaban sus posiciones, escoltando al bueno de Jeff. Por si se me olvida, destacar el fantástico trabajo de los dos, perfectamente compenetrados, generando la atmósfera justa con sus teclados, sin quitarle un ápice de fuerza a las canciones. “The Ocean” sonaba de fondo, y de la nada apareció el esperado logo de la banda, el cual se apoderaba de la pantalla del fondo. La larga espera había terminado. SAVATAGE regresaban a Alemania diez años después, y la friolera de veintitrés años después a una sala. ¡Imaginaos la explosión de júbilo ante la petición de Zak Stevens “Make some noise!”, seguido de un pequeño guiño a “City Beneath The Surface”, ya con toda la banda sobre el escenario. Y, de repente, el teclado de “Welcome” comenzaba a sonar, iluminándose en el fondo un cartel indicando WELCOME TO THE SHOW. Locura máxima, muy pocas veces he visto un ambiente tan espectacular para recibir a una banda. Ni un segundo dejaron antes de comenzar a ejecutar “Jesus Saves”, que, con un excelente vídeo proyectado en la pantalla, dejó boquiabiertos a todos los asistentes. Continuando con el alto voltaje, “Sirens” cerró un triunvirato de entrada para enmarcar. Todo había comenzado de una forma brillante y alcanzable para muy muy pocas bandas.

Tras el apoteósico comienzo, era hora de bajar un poco el ritmo, profundizando en esa joya infravalorada titulada The Wake of Magellan. Había llegado el turno de “Another Way”, seguida de la canción que da título al álbum. Nos sorprendió muy positivamente como se enfrentaron a los coros de la parte final, ejecutándola de una forma fina y cuidada. Cualquier otra banda hubiera llevado pregrabada este parte tan difícil de interpretar en directo, no solo por su técnica, sino por la precisión. Cualquier pérdida de Zak Stevens hubiera dejado el final en un desastre. Asumir ese riesgo habla mucho de su gran profesionalidad. Pero no quedó aquí la cosa. “This is the Time” fue perfecta para continuar. Con la portada de Dead Winter Dead de fondo, sonó al mismo nivel que venían imprimiendo al concierto. Como apunte para tener en cuenta, no todas las proyecciones en la pantalla del fondo quedaron bien. Esta, por ejemplo, quitaba protagonismo a los músicos, siendo un poco molesta a veces por los reflejos de todas las luces del escenario. Nada que fuese horrible, aunque entendemos que esa imagen en un escenario de festival hubiera cumplido mejor su misión. La que sí cumplió su misión con creces fue “Strange Wings”, joya de la corona, el riff con el que se puede definir el Heavy Metal, y cuyo fondo en la pantalla, un castillo con el logo de la banda encima, rodeado de relámpagos, quedó infinitamente mejor que la canción anterior. De esta forma cerraban la primera hora de concierto. En ese momento no éramos conscientes de todo el repertorio que nos habían preparado.
La banda regresaba a The Wake of Magellan para recuperar “The Storm”, sirviendo para que Al Pitrelli desplegase todo su esplendor como guitarrista, recibiendo su correspondiente ovación por ello. Tras finalizar, Zak Stevens regresó al escenario para continuar con “Morning Sun”, canción que tenían olvidada, y que, como no, ejecutaron también de una forma brillante. Poco hemos destacado lo bien que sonaba la banda, como si nunca hubieran hecho el largo parón. Son músicos profesionales de una calidad más que contrastada, pero a veces estos retos no salen como se planean. Ya hemos citado a varios, pero no debemos olvidar a los dos maestros de ceremonias, Chris Caffery y Johnny Lee Middleton. Siempre en primera línea, tratando de trasmitir toda la energía que se sentía en el escenario, ejecutando cada nota sin piedad, como si fuese la última vez que las iban a interpretar en sus vidas. No fue el caso, así que continuaron con “Handful of Rain”, con la portada presentada en la pantalla del fondo. Y en los bombos de la batería, que no lo habíamos comentado todavía.
“Chance” no podía faltar. Desde el comienzo con Zak Stevens llevando al público en volandas, la interpretación fue espectacular, salvo, otra vez, las imágenes de la pantalla del fondo. La idea era muy buena, pero llegó a ser un poco incómodo mirar al escenario con tanto cambio de colores. Lo que para nada fue incómodo fue el medley “Starlight-I Am”, cosa que no nos imaginábamos que iba a surgir. Tampoco “Mozart and Madness”, que quedó genial como introducción para “Dead Winter Dead”. Y como colofón a esta tercera parte del concierto, vuelta al The Wake of Magellan para interpretar una colosal “The Hourglass”. Los temas sonaron como todo el concierto, de una forma sobresaliente. El problema, ¡bendito problema!, fue todo el arsenal de clásicos que todavía tenían en el tintero, dejando un poco eclipsados estos minutos de excelencia musical. Porque lo bueno que tiene una banda como SAVATAGE es su extenso y soberbio catálogo de canciones con las que maravillar en directo con su delicada y minuciosa ejecución, completado con una colección de clásicos que te lleva en volandas, levantando los brazos mientras te desgañitas cantándolos.

Llegados a este punto, era turno de clásicos. El primero de la recta final fue “Gutter Ballet”. Puedes imaginar la locura colectiva. Tal vez un poco menos que al comienzo del concierto. El exceso de calor en la sala y la imposibilidad de moverse para comprar un refrigerio hacía mella en la vitalidad de los asistentes. Alguno tuvo que ser atendido, sin grandes problemas, a vista de mis ojos. Dejando de lado ese detalle, inexplicable por todos los amigos y otros asistentes con los que entablamos conversación, el concierto avanzaba inexorablemente hacia su final. “Edge of Thorns” rápidamente volvió a levantar los ánimos con su archiconocido comienzo. ¿He hablado ya del excelente nivel demostrado por Zak Stevens? Probablemente esté cantando mejor que en los últimos veinte años, donde le he visto con otros proyectos, además de la reunión en Wacken 2015. De matrícula de honor.
La otra matrícula de honor se la entregaré a la persona que se le ocurrió comenzar “Believe” con el vídeo de Jon Oliva sentado al piano y cantando. El icónico Jon Oliva, el gran ausente. Los vídeos vistos de sus actuaciones en primavera eran atractivos, pero quedaron muy lejos de la grandeza, magnificencia, emotividad y divinidad que presenciamos en esos minutos en Oberhausen. Aquí sí, el uso de la pantalla fue un acierto total, incluido el recuerdo a Criss Oliva. Pura magia. Y miles de lágrimas de emoción derramadas en la sala. La banda emocionada, la larga ovación recibida… una banda derretida ante el cariño de su público. Cuando ya pensábamos que estaba todo el pescado vendido, olvidando la potente “Taunting Cobras”, pues sonó, tranquilizando nuestros ánimos. Creímos que la habían dejado fuera del repertorio. Sí, la movieron de orden frente a las fechas previas en Iberoamérica. Lo que no cambiaron fue el apoteósico final con “Hall of the Mountain King”. La banda se fue del escenario, y dadas las horas que eran, creímos que sería el final. Y no, aquí no hay presiones para abrir la sala como discoteca. Así que SAVATAGE regresaron para interpretar “Power of the Night”, ahora sí, concluyendo un concierto perfecto.
Dos horas de música en su máximo esplendor, sin rellenos ni parones ni solos aburridos. Dos horas de magia en su máxima expresión, deidad hecha música, de pasión de unos fans completamente entregados ante el gran regreso de la banda más deseada. Una vez leí que SAVATAGE eran la banda más elegante de la historia del Heavy Metal. La clase demostrada en Oberhausen está a la altura de esas palabras. Todavía quedan fechas de la gira que acaban de comenzar, sí, pero deseando estamos por verlos de nuevo en una sala, dando capacidad a la banda de sacar toda su esencia. Ojalá pronto, muy pronto.







