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Resurrection Fest: «Que veinte años no es nada»

Carlos Gardel que perteneció a la generación perdida* lo cantaba en «Volver», Joan Manuel Serrat que es de la generación silenciosa** ya va por la tercera parte de “Ara que  tinc vint anys”. Y mi buen amigo Josep Mas “Kitflus” que fue de los primeros de la generación Baby Boomers*** dijo ;“la música es una y de después se convierte en formas”, y las formas pertenecen a los chicos del Resu, amigos y músicos de las generaciones X, Millennials y la Z, y que ya tienen a sus espaldas la versión hard core punk y heavy de «Volver».
Fotos : Resurrection Fest / Juan Sanz

Esteban, evidentemente es un placer hablar contigo, te lo digo en serio. No sé si estás en Madrid, si estás en Asturias…

Estoy en Madrid. Uy, perdona, estoy en Oviedo. Vivo en Oviedo desde la pandemia. Lo que pasa es que viajo mucho a Madrid por trabajo y porque soy madrileño, tengo toda mi familia allí. Viajo una vez cada diez, quince días. Estoy un día y me vuelvo.

Vale, es que a veces desconciertas, ¿no? Juegas un poco al desconcierto. Que si soy de aquí, que si soy de allá, que si lucho desde mi ciudad…

Nunca me han aceptado en ningún lado. Siempre he sido «el asturiano» para los madrileños y «el madrileño» para los asturianos. Nadie ha querido aceptarme del todo. Así que también juego con ese despiste, pero bueno, también lo siento. Me siento del barrio de Chamberí, que es mi barrio en Madrid, y me siento asturiano también. No entiendo por qué hay que ser solo una cosa.

No evidentemente. Esta era solo una manera de empezar la entrevista.

Te agradezco la entrevista y el cariño con el que recibiste la idea.

Te lo digo de verdad, porque realmente esto es un festival y una forma de opinar que no es solo mía, es de mucha gente. Resurrection Fest  representáis a una generación nueva. Impactáis cuando llegáis. Yo ya soy un «boomer», voy a cumplir 63 años. Me hacía gracia cuando me dijiste que ibas a ser padre. ¡Coño! Yo acabo de ser abuelo, ¿no?

Enhorabuena

Igualmente, por la parte de ser padre.

Mi hijo, Río, tiene tres meses.

Es otra cosa… otro mundo.

Es lo mejor que me ha pasado en la vida. Ser padre me ha colocado en mi sitio, sin perder mi individualidad, pero todo lo ves en función de cómo le afecta a él. Soy más feliz así. Nunca quise ser padre hasta hace dos o tres años. Se lo digo a mi esposa: “Ojalá lo hubiese tenido a los 25 en vez de a los 37”.

Suena muy bonito lo que dices.

Sí, igual suena incluso conservador, pero no lo es. Es solo lo que siento.

Bueno, intentaré hacer esta entrevista con la naturalidad, que es la más difícil de las poses. Llegamos al 20 aniversario. Esto empieza en la parroquia de Celeiro. Hace 20 años ¿tú ya estabas en el proyecto o lo inicia Iván?

No, yo no estaba. Viveiro es un pueblo que ha ido acogiendo una serie de conciertos de hardcore, con bandas nacionales y alguna que otra internacional, en los bares del mismo pueblo. Las bandas llegaban, montaban su equipo de voces, tocaban en el suelo… y así surgían los conciertos. Y esto se debe a que hay una juventud ahí amante de esa música, no tan amante, una juventud inquieta que va generando como una generación. Vale, entonces Viveiro pasa a ser un sitio por el que empiezan a pasar bandas de la cornisa cantábrica, del País Vasco, Asturias y Galicia, que siempre ha tenido un movimiento Hardcore muy importante. A finales de los 90 y principios de los 2000, esto tuvo bastante relevancia. Aquí básicamente llueve mucho, y los chavales se meten en el local de ensayo a tocar.

Dentro de este circuito de conciertos surge la Old Navy Port Crew, que no es más que el nombre que se ponen unos chavales que empiezan a dinamizar la escena con conciertos, además de tener su propio grupo: Twenty Fighters, entre otros. Eran los chavales flipados del pueblo, enamorados del hardcore y del punk.

En ese contexto, llega una gira de HFML e Iván Méndez, creador de Resurrection Fest, contacta con HFML, los organizadores de la gira, para montar un concierto en Viveiro. ¿Y quién iba a telonear? Su banda: Twenty Fighters. A su alrededor empiezan a surgir más grupos como Sound of Silence, que aún siguen en activo y más tarde tenían pensado hacer el Viveiro Summer Festival, pero, por culpa de un problema de oído del bajista de Psicofishol, se cancela toda la gira. Se cae el festival.

Pero imagina lo que esto significaba para unos chavales de 17 años: montar un festival en una aldea marinera de una comarca a la que ni siquiera llega la autovía. Organizar seguridad, vallas, barras, conseguir que el Ayuntamiento les ceda un escenario, un equipo… Todo el pueblo estaba volcado. Y de repente, todo se va al traste.

La gira se reanuda y se recalendariza, y así nace el Resurrection Fest, por ese primer festival que nunca llegó a celebrarse. Iván Pérez —los “Ivanes”, guitarrista y bajista-cantante de Twenty Fighters— le pone el nombre: Resurrection Fest. Es todo un éxito. Toda la escena del hardcore nacional nos enteramos. Yo en aquella época vivía en Madrid. Y me llamó mucho la atención, porque soy de un pueblo muy parecido, solo que, al otro lado de la frontera, en Asturias: Navia. Conocía Viveiro porque fui a la lonja de Celeiro con el colegio, de excursión. Esa lonja está hoy a 200 o 300 metros del festival.

Así que me sorprendía ver que en Viveiro tocaba Sick of It All, y que al año siguiente ya había un Resurrection Fest. Poco a poco, nos fuimos acercando. Desde la segunda edición yo ya emigraba desde Madrid para ir a ese festival, que se convirtió en el place to be. Poco a poco, era el sitio donde teníamos que estar.

Al final, mi vinculación con el festival terminó de consolidarse: en 2008 y 2009 fui como público; en 2010 y más adelante toqué con Toundra, en 2015 ya fui como responsable de prensa de Gibson Guitars, que era sponsor; y en 2016 entré ya en la organización.

Pero ojo, no quiero protagonizar esta historia. Lo que quiero contar es que esto tiene algo muy mágico, muy romántico. Tampoco se puede usar como herramienta de marketing, pero es una realidad al 100%: este es un festival hecho por gente que no tenía ni idea, y que aún hoy seguimos aprendiendo un montón. Pero somos una cuadrilla, un núcleo de gente apasionada por la música, que lleva toda la vida montando conciertos y tocando en bandas. Y por casualidad, esto ha terminado siendo un festival de grandísimo formato, un referente europeo.

No tengo ninguna duda de que tú también formas parte de esa estrella, con todas sus puntas, y que entre todos la vais formando. Me podrías estar dando tú esta explicación, o cualquiera del equipo, cada uno con su prisma, pero al final, es la misma historia. La progresión de este festival es totalmente diferente a la de otros festivales de España.

Resu es festival icónico, y yo creo que ese cambio, ese hándicap que hubo de tener que cambiar el nombre de Summer fest a Resurrection por esa incidencia… A lo mejor yo, desde fuera, ya incluso el nombre es como una resurrección, ¿no? No sé si lo veis igual.

A ver, yo creo que este festival lleva marcada en su sangre, en su ADN, la resiliencia. El levantarse cuando te has caído, el remontar. Y cuando eso viene marcado tan fuerte en tu personalidad, eso te hace más fuerte.

Es como esos niños que nacen con enfermedades y que luego son personas muy fuertes en la vida, porque eso queda marcado en su ADN desde el principio. Pues Resurrection es así. Es un festival que nació marcado, desde su edición cero, por una cancelación. Y a partir de ahí, solo ha ido hacia arriba. Te podría contar un millón de anécdotas, de años que han pasado, de las dificultades y grandes sustos que hemos tenido… Y aun así, lo hemos sacado adelante. Nos hemos remangado, nos hemos tirado al barro, y esto ha salido adelante. Y luego, fíjate, ayer reuní al equipo para hacer unas fotos para una cosa de comunicación, y de repente… se generó un ambiente muy guay en el bar donde estábamos, de compadreo, de gente comprometida. Y ese compromiso lo consigues cuando eres apasionado. Yo siempre lo digo: el Resu, frente a otros festivales —que no somos ni mejores ni peores, ¿sabes? —, pero sí que sé que somos diferentes.

Es un festival hecho por amantes de la música para amantes de la música. Los estilos de música que tenemos en el Resu somos nosotros.

Ya sabes que luego hacemos un reguetón, pero el heavy metal, el metal, el rock en su sentido más amplio, el punk, el hardcore… son músicas que tienen un gran poder de identificación. Son superimportantes en el proceso de socialización de quienes las escuchan. Nos marcan de por vida. Tu manera de actuar, el trabajo que tienes, tu forma de relacionarte con los demás… lo que haces en tu juventud, cómo eso deriva en tu personalidad de adulto… La gente que hemos estado, como tú y como yo, muy marcados desde ciertas edades, lo estamos por estos artistas.

Es gente muy apasionada. Y es la suma de todas esas personalidades —del público, de la organización— lo que es Resurrection Fest. Esto no es un festival que nace simplemente porque sí —que está muy bien, eh, que yo he tocado y trabajado en muchos así—, pero este nace por y para dinamizar un pueblo, por ver a tus artistas favoritos, por crecer, por la ilusión de seguir creciendo. Y eso sigue. Aunque ahora mismo seamos un gran festival y, evidentemente, esto sea un negocio, sigue marcado en la piel del festival. Esa esencia sigue en su personalidad.

Oye, bueno, y luego ha surgido también el Route Resurrection y tal… Pero sí, sí, hay dos o tres cosas que han sido clave. A ver, yo vengo de una época muy analógica. Vuestra ventaja es que sois músicos, conocéis la escena desde dentro. Antes los promotores no eran músicos. ¿Se disfruta un festival cuando se trabaja en él?

En los festivales se sufre. A medida que te haces mayor, cuesta más. Evidentemente hay festivales que disfrutas más que menos y evidentemente también vas evolucionando y de repente artistas que pensabas que no ibas a disfrutar para nada, les ves en directo y dices, hostia, pero si me está encantando o lo puedo disfrutar de otra manera sin ser fan. No es lo mismo vivir un concierto a los 16, que a los 26, 36 o 46. Entonces lo importante es disfrutarlo, porque si estás trabajando 20 horas al día, fuera de casa, al sol, en la música y no cavando zangas, si no lo estás disfrutando, entonces apaga, vámonos, dediquémonos a otra cosa.

Pero yo me refería más al hecho de que estás disfrutando creando todo este entorno hasta que llega ese momento, que realmente a veces las actuaciones de los grupos estás en tanta tensión que a lo mejor no los disfrutas tanto.

No, no puedes, no puedes, porque si eres el de prensa, tu teléfono está constantemente sonando. Y cuando mi trabajo termina, que es alrededor de la 1:00 o 1:30 de la mañana, o cuando el último foso de fotógrafos, más o menos relevante, termina, yo tengo que estar allí desde las 8:00 de la mañana. Además, la televisión de Galicia llega a las 8:00 de la mañana para entrevistarte. Entonces, ¿cuántas horas son esas? 12 horas más 8 hasta las 13, son 17 horas seguidas trabajando. Pues mira, te soy muy sincero. Yo lo que hago es me voy a una barra, me cojo una cerveza, me enciendo un cigarro y suelo estar en silencio un buen rato porque lo necesitas y luego ya te vas a ver a gente que esto es algo súper importante para el Resu.

El Resu no es solo la música. Es Viveiro, su gastronomía, el clima, la playa, la comunidad. Hay gente que solo ves allí cada año. Se generan vínculos reales. El Resurrection Fest ha sobrevivido 20 años porque ofrece una experiencia completa. No solo vienen a ver a Slipknot. Vienen a vivir algo.

Yo me quedo un día más después del festival. Y el bajón que se siente cuando todo se ha ido… es tremendo.

SLIPKNOT – Live at Resurrection Fest EG 2023 (Full Show)

145.000 personas pasaron por las puertas del festival el año pasado. Es una barbaridad.

Sí. A veces, sales al público y te impacta ver a toda esa gente disfrutando. Te da un poco de envidia, porque tú estás trabajando. Estás en otra frecuencia.

Han pasado miles de cosas. Mis colegas de Crisix, por ejemplo, empezaron allí. Ha habido pedidas de matrimonio… Historias, muchísimas.

Hay propuestas de matrimonio, gente que se ha comprado una casa en Viveiro, gente que se ha mudado a Viveiro, gente que se ha casado allí. En Viveiro se genera un vínculo muy importante con este festival, como yo con ninguno he visto, mira que he trabajado en el Sonorama, que también es un festival diferente, pero el pueblo está completamente entregado. Es como si fueran las fiestas del pueblo, en las que tu padre no te pilla borracho.

Sí, sí, lo que pasa en las fiestas se queda en las fiestas.

Pero esto es distinto, se genera una identificación… perdona que sea tan pesado con el término, pero es que la gente, como en Resurrection Fest, viste nuestras camisetas como mucha gente viste las camisetas de su club de fútbol. Y es un fanatismo muy grande.

Yo tengo una experiencia, te lo digo por mucha gente de Cataluña que tiene una sensación muy clara de lo que el Resu representa, que lo tienen mucho más claro ir al Resu que a cualquier otro festival cercano. Y es porque hay una sensación de pertenencia. Es como ser de ese equipo, ser del Resu.

Sí, y también hay un poco de esa sensación que teníamos hace 15 años, que era el «place to be», te lo digo porque los que estábamos metidos en la escena del punk y del metal de Madrid, montábamos conciertos de María Mater, etcétera. No podíamos faltar. El Resu era el sitio donde tenías que estar. Cuando tienes 18 o 19 años, todavía sabes que eres adolescente, en mi generación sabemos que hemos estirado la adolescencia al máximo, y no te lo podías perder porque era el sitio donde molaba estar. Y esto es una realidad, no lo digo con un tono peyorativo. Y eso se ha transformado en algo más: ya no es el sitio donde tienes que estar porque «mola», es el sitio al que tienes que ir, incluso por inercia. La gente va al Resu con una inercia, como diciendo: «No, es que este fin de semana no puedo hacer X porque es la del Resu». O «No me puedes dar las vacaciones en el trabajo porque es la del Resu». La gente lo tiene marcado en el calendario incluso más que los cumpleaños de sus padres.

Es absolutamente así. Bueno, pues de todos estos grupos, claro, ellos llegan, pasan por detrás, bajan, tocan y muchos se van. Porque, además, para la movilidad, la gente no lo entiende, pero para que el festival funcione, tiene que haber movilidad. Sin embargo, hay algunos de estos grupos grandes que dicen: «¡Hostia, ¡qué bien hemos estado aquí!» Esos son los que realmente dejan una impronta, los que logran que, aunque los artistas lleguen, toquen y se vayan, su paso por el festival se note.

¡Vinieron! Sick of it All, por ejemplo, vinieron. Cuando parecía imposible traer a Pennywise o Bring Me The Horizon, o Bullet for My Valentine… vinieron. Cuando pensábamos que Phil Anselmo con Down era inalcanzable, vino. Cuando creíamos que era imposible traer a Suicidal Tendencies o a Descendents… vinieron. Slayer, también. Y Refused, una banda icónica que se había separado, se reunieron y vinieron. Al día siguiente tocó Motörhead —la última actuación de Lemmy en Viveiro, en España. Y al año siguiente vino Iron Maiden, ¿sabes? También han venido The Offspring, Rammstein, Scorpions, Kiss, Ghost, King Diamond, Parkway Drive, Korn…

Cada año es una locura. Hubo uno en el que llegó la Dama de HierroIron Maiden— y no sé si es porque fue mi primer año como responsable de prensa, pero ahí se produjo un clic. No tuve que hacer ni una llamada. Todo el mundo quería hablar conmigo. No dormí. Terminé en el hospital con ronchas en la piel. Fue muy fuerte. Y parece una tontería porque ya han pasado nueve años, pero conseguir algo así, en un pueblo de 16.000 habitantes como Viveiro, es una barbaridad. Muy difícil. Si conoces Viveiro —repito, allí no llega ni la autovía—, eso sí que es complicado. Yo, la camiseta del Resu la llevo más que la del Real Madrid.

Es evidente que los grupos si van allí porque piensan: «Esta gente lo vale».

Y lo de Toundra, ¿se acabó?

Sí, se acabó. Pero no por falta de tiempo, porque tiempo siempre puedes encontrar si reordenas prioridades. Toundra dejó de ser una prioridad, no por temas familiares ni nada, sino porque dejó de ser interesante artísticamente para mí. Estuve 16 años con ellos, compuse y grabé 8 discos. Tengo 37 años, y creo que hay que saber irse de la fiesta cuando mejor te lo estás pasando.

¿Y al final aprendiste a tocar la guitarra?

¡Al final os engañé! [risas] Nadie se dio cuenta de que mi ampli estaba siempre apagado.

¡Muy bien, guaje, muy bien!

*Generación Perdida. (1883-1900), quienes vivieron la Primera y segunda Guerra Mundial y los profundos cambios sociales de principios del siglo XX.
**Generación Silenciosa (1928-1945): Crecieron en tiempos de guerra y posguerra y crisis económica,
***Baby Boomers (1946-1964): Nacieron en una época de crecimiento económico y estabilidad laboral.
Generación X (1965-1980): Vivieron la llegada de la tecnología y el consumismo.
Millennials (1981-1996): Son los primeros nativos digitales, con trabajos más inestables y un enfoque en el ocio.
Generación Z (1997-2012): Crecieron con internet y redes sociales, son altamente tecnológicos.

By Ricard Altadill

Explota, explota, cabró !, que tot el que escups, torna en forma de cançó.

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