Bandas: Soziedad Alkoholika – Brutal Thin
Lugar: Sala Pandora, Sevilla – 17 de enero de 2026
Texto: Thedy B. / Marta Grimaldi
Fotos: Marta Grimaldi
Sevilla, sábado. De esos días en los que todo pasa a la vez y hay que elegir. A escasos metros, en la Sala Custom, sonaba El Drogas; en otro punto de la ciudad, en la X, Celtian; el Betis jugando en La Cartuja… planes cruzados, decisiones rápidas. Dos compañeros del equipo se quedaron cubriendo al Drogas. Nosotros, no lo dudamos. Musicalmente, es nuestro terreno y, además, estaba la amistad con los de Algeciras. Así que aquí era donde había que estar.
Brutal Thin
La Sala Pandora se fue llenando poco a poco, y hasta el mal tiempo que llevaba días cayendo sobre Sevilla decidió parar esa noche. Señal inequívoca de que iba a ser un buen concierto.
Brutal Thin habían avisado a sus seguidores: 19:30, puntuales. Y así fue. A la hora marcada, con la sala ya bien caliente, arrancaron. Sonaron más compactos, duros y seguros que la última vez que los vi, en aquel sofocante Sun and Thunder. Normal, casi se derriten ese mediodía…
El arranque fue directo a la cara, sin rodeos. “Nuestro Fuego” y «Ruina» abrieron la veda, seguida de “Cikatriz”, dejando claro que no habían venido a calentar, sino a arrasar. Con “Vas a infringir el orden”, la sala empezó a moverse de verdad, cuerpos chocando y miradas cómplices entre desconocidos que ya formaban parte de lo mismo.
El bloque central fue una auténtica brutalidad. Fue justo ahí cuando su vocalista Viktor, en uno de los pocos silencios, lanzó un alegato directo contra la iglesia y las religiones que han hecho del miedo un negocio. La respuesta fue un circle pit instantáneo en «Dentro del motor de un superdios generador». El concierto avanzó sin perder fuelle, “30 en la patera” golpeó conciencias, “Pata negra” encendió los pogos y “Kokaina” selló definitivamente el círculo.
Brutal Thin condensan actitud callejera, thrash y hardcore en un discurso que mete el dedo en la llaga social. A las 20:20 llegó el final, con los deberes bien hechos.






Soziedad Alkoholika
21:00 en punto. La intro de “Ace of Spades” de Motörhead comenzó a sonar por la PA y la ovación fue inmediata. La banda apareció en escena sin rodeos, con un arranque perfecto que dejaba claras las intenciones. Potencia, velocidad y un juego visual contundente los acompañaron durante toda la noche. Saludo rápido, lo justo, y a seguir: aquí no había tiempo que perder.
Los primeros golpes llegaron directos. Trallazos, uno tras otro. “Polvo en los ojos” sonó a toda pastilla, afilada y demoledora, y “Palomas y buitres” terminó de incendiar el lugar. El público respondió como se esperaba, puños en alto, coros unánimes y sin parar de moverse. Entre tema y tema, mensajes directos, muy ligados a la actualidad, mientras una bandera de Palestina ondeaba al fondo del escenario y en el público.

Con algunos vídeos proyectados previamente desde detrás de la batería de Mikel, los temas fueron cayendo uno tras otro, sin dar tregua. Uno de los momentos más destacados fue cuando Juan sacó la armónica para dar paso a “Cienzia asesina”, himno que no envejece y que siguen sonando igual de necesario. Clásico absoluto, coreado de principio a fin.
El viaje al pasado fue constante, pero siempre bien medido y aunque pasamos por su último disco Confrontación, lo más coreado fue el repaso generoso a los himnos que han marcado y siguen marcando a varias generaciones: “Peces mutantes”, “Ratas”, “Piedra contra tijera”, “S.H.A.K.T.A.L.E.” o “Cuando nada vale nada”. Sonaron como una sucesión de golpes certeros, recibidas con devoción y furia a partes iguales.
Apoteósica “Motxalo”, que mantuvo el ambiente al rojo vivo, rabiosa, con cambios de ritmo que se contagiaron al público y volvieron a poner la sala patas arriba. Y ya para despedirnos, “Nos vimos en Berlín”, cerrando la noche como se debía, con toda la sala cantando, abrazada a cada párrafo, estribillo, y siendo parte de un gran concierto.
Soziedad Alkoholika tienen himnos que nos acompañan desde hace años, canciones que forman parte de nuestra vida, y el material más reciente sabe hacerse su sitio. Esto no ha sido un concierto más, es el concierto que hacía falta justo en este preciso momento.









