Banda: Fito & Fitipaldis
Lugar: Palau Sant Jordi, Barcelona – 16 de enero de 2026
Texto: Òscar Saro
Fotos: Miquel Raga
Mezclando clásicos con el nuevo material, sin más magia y artificios
que la de un cancionero que ya es de tod@s, Fito & Fitipaldis
convierten el Palau Sant Jordi en una fiesta coral
Lleno absoluto en las dos noches programadas en el nuevo paso de Fito & Fitipaldis por Barcelona. Cuatro años han pasado desde su última visita (4 de junio de 2022) y, lejos de enfriarse, su público parece haber interiorizado aún más su obra que ya forma parte de un cancionero que ya es de tod@s. Porque Adolfo “Fito” Cabrales no es solo un músico genuino e hiperactivo y un guitarrista excepcional, es también uno de esos poetas urbanos capaces de llegar al corazón sin imposturas, a base de metáforas que te interpelan y huelen a realidad. Todo ello sin renunciar a sus principios ni subirse a modas que hoy parecen obligatorias para llenar recintos de gran aforo. A Fito, la popularidad no lo ha apartado del rock’n’roll.

Aullidos Tour es el nombre de la gira, organizada por Live Nation, con la que Fito & Fitipaldis recorren 28 ciudades españolas para presentar El Monte de los Aullidos, su nuevo trabajo publicado en octubre de 2025. Un álbum cocinado con madurez, en cuya presentación estuvo nuestro compañero Raúl Blanco (ver crónica), y del que, en el Palau Sant Jordi, llegaron a sonar hasta seis temas distintos. Quedó así patente que no estábamos ante un mero paseo por los grandes éxitos, sino ante la voluntad de enseñar el nuevo material sin complejos y mezclarlo con un repertorio de clásicos que ya forma parte del ADN emocional de su público.
Fueron muchos los momentos a destacar en un concierto que no alcanzó las dos horas y que desgranaremos canción a canción en las líneas siguientes. Pero si hay algo que sobresalió por encima del resto fue la cantidad de temas en los que el Palau Sant Jordi se transformó en un coro gigantesco, en una celebración colectiva donde cada asistente dejó claro que se sabe cada una de las letras y que forman parte de la banda sonora de su vida. Todo ello acompañado de un sonido impecable, que permitió disfrutar con nitidez de cada instrumento, incluido un órgano Hammond que se encargó de vestir los temas con elegancia y sutileza. Al frente, una banda en estado de gracia, sólida y coral, con mención especial para Carlos Raya, auténtico “jefazo” del rock estatal, que volvió a demostrar cuántas formas distintas existen de sacarle carácter a una guitarra. Conviene destacar también que el escenario es el hábitat natural de Fito, un lugar en el que se le ve cómodo, feliz y plenamente dueño de sus recursos, capaz de desplegar toda su sabiduría tanto a través de una técnica de guitarra genuina como desde una forma de cantar absolutamente personal y reconocible.

Se apagaron las luces y una voz solemne nos invitó a dar la bienvenida: “Bona nit Barna. Recibamos con un saludo ensordecedor a Fito y Fitipaldis”. Dicho y hecho. El recibimiento fue ensordecedor. Arrancaron con “A contraluz”, y haciendo honor al título, lo empezaron sin subir el telón, con la silueta del cantante recortada en penumbra. Juego de sombras para que, de repente, el telón cayera y el público rugiera. Siguieron con “Un buen castigo”, un tema que siempre me ha parecido especial, con una letra que brilla con sabiduría callejera. “Y cuidar de las estrellas puede ser un buen castigo”. La acabaron los cinco músicos de a pie, alineados al frente del escenario.
Primer saludo: “Bona nit, un placer volver aquí”. Y el público respondió con el inevitable “¡Fito, Fito, Fito…!”.
“Por la boca vive el pez” marcó el primer gran momento de canto colectivo: focos apuntando al público durante el estribillo y todo el recinto cantando a pleno pulmón. La comunión coral continuó con “Me equivocaría otra vez”, dejando que el público llevase el peso mientras Fito se aparta lo justo para escuchar cómo Barcelona se la sabía entera. Entre medio un solo sin púa maravilloso a cargo del jefazo Carlos Raya.

Turno para “Los cuervos se lo pasan bien”, que es la apertura del nuevo disco y fue el primer tema que introdujo un fondo visual diferente. Aquí el solo fue a cargo de Fito. “Entre la espada y la pared” volvió a ser de las más coreadas, alzando la voz para el final: “Sexo, drogas, rock & roll”. Después llegó “A quemarropa”, acompañada por un collage de vídeos que llenó el fondo de estímulos.
El nuevo trabajo siguió teniendo protagonismo con “El monte de los aullidos”, tema homónimo. Aún no tan cantado, pero con un nuevo solo de Fito que mantuvo la atención clavada en el escenario. La también nueva y antibelicista “Volverá el espanto” arrancó a base de Hammond y nos mostró imágenes aéreas de un paisaje desolado por la guerra, en blanco y negro, ¿tal vez Gaza? Los vídeos del directo también se pasaron al blanco y negro.
Ondas en movimiento y continuidad de la estética monocroma para “Cielo hermético”, con cortinas de luz blancas y un solo de Carlos Raya tirando de pedal. Para “Cada vez cadáver”, Fito se colgó la acústica. El público la acompañó con palmas y se encendió una marea de luces por todo el recinto. En lo musical, Climent hizo vibrar un xilófono y Carlos usó el slide con maestría.

“Whisky barato” recuperó la fiesta colectiva y trajo violín y acordeón, con un momento para que cada instrumento tuviera su pequeño foco antes de cerrar todos juntos. Y llegó el momento, nos explicó Fito, de recuperar una buena costumbre: grabar un vídeo para saludar al público del siguiente concierto. Así recibimos el saludo de la gente de Bilbao como mecha inevitable para grabar un saludo en forma de rugido descomunal dirigido al público que al día siguiente llenaría este mismo recinto.
Llegó “Como un ataúd”, otra novedad, con la guitarra más singular de las que vimos tocar a Fito y ese dibujo de su caricatura convertida en lobo presidiendo el fondo. “Acabo de llegar” la comenzó él solo, para acabar con todo el recinto cantando. Guitarra con slide y final largo con mucho protagonismo para Aizola y su saxofón, que acabaría dialogando con la guitarra de Raya en la parte delantera del escenario.
La presentación de la banda llegó arropada por el funk clásico de “Cissy Strut”, mientras cada músico recibió su merecida ovación. “Boli” Climent al bajo. Diego Galaz en las guitarras, xilofón y violín. Javi Aizola, “toda una vida juntos”, al saxo “Coki” Giménez en la batería. Jorge Arribas en el órgano Hammond y el piano. Y Carlos Raya con las guitarras y las voces. Y “desde Bilbao os quiero a todos” a modo de auto presentación final.
Así llegamos al clímax final con explosiones de máxima popularidad. Una “La casa por el tejado” que es ya un himno absoluto y que todo el mundo cantó de principio a fin. Y la llegada de “Soldadito marinero” que convirtió de nuevo el Sant Jordi en un cielo estrellado de móviles y supuso el punto álgido del cantar colectivo. Alargada con un desenlace más rockero, llegaron a la apoteosis final, dejando los instrumentos, saludando al público, mientras este siguió cantando hasta el infinito esos versos finales:
“Después de un invierno malo, una mala primavera
Dime por qué estas buscando una lágrima en la arena”
Pero todavía nos quedaba el encore, que arrancó suave con “La noche más perfecta”, con solo de Raya y última marea de luces. Apoteósicas “Entre dos mares”, para recordar los orígenes con Platero y Tú y “Antes de que cuente diez”, poniendo el broche definitivo a una noche de reencuentro, oficio y canciones que ya son parte de todos.
Cuando las luces se encendieron y el Palau Sant Jordi empezó a vaciarse, quedó claro que Fito & Fitipaldis no habían venido solo a presentarnos su nuevo trabajo, sino a recordarnos que el rock’n’roll también puede ser un hogar y un refugio. Una verdad sobre la que han construido una carrera de éxito, con un mensaje que atrapa a mucha gente y, todo ello, sin perder la integridad ni la calidad.





