Viajeros Metaleros: Pasión, kilómetros y mucho Heavy metal

¿Quién no conoce ya a los Viajeros Metaleros? Héctor y Marta se han ganado un lugar muy especial entre quienes compartimos la pasión por el heavy metal, los viajes y las historias que se esconden detrás de cada canción, cada banda y cada rincón del mundo. Lo que más admiramos de ellos no es únicamente la cantidad de países, conciertos y lugares míticos que han visitado, sino la sencillez y la cercanía con la que nos hacen partícipes de cada aventura. A través de sus publicaciones nos llevan hasta salas históricas, pubs, cementerios, museos, calles, casas, estudios y escenarios recónditos que muchos probablemente nunca llegaríamos a conocer de otra manera. Su nivel de conocimiento, documentación y pasión está claramente por encima de lo habitual, pero siempre lo transmiten con naturalidad, sin alardes y manteniendo intacta la ilusión ante cada nuevo descubrimiento.
Desde Metal Hammer España queremos aprovechar esta ventana para conocer un poco más a las personas que hay detrás de Viajeros Metaleros, descubrir cómo nació esta aventura compartida, qué relación los une, qué dificultades han encontrado durante el camino y qué proyectos preparan para el futuro. Porque detrás de las fotografías espectaculares y de las historias que parecen perfectas, seguramente también existen vuelos perdidos, puertas cerradas, errores, sacrificios, discusiones, cansancio y situaciones inesperadas. Hoy queremos conocer tanto los grandes momentos como esa parte menos visible de sus viajes.

Los orígenes

Para empezar por el principio, ¿quiénes son realmente Héctor y Marta cuando no están viajando, buscando lugares relacionados con el metal o preparando nuevos contenidos?

Somos una pareja de Barcelona unida por los viajes y la música.

Héctor Navarro Buil es historiador, creador de contenidos y viajero desde mucho antes de que naciera Viajeros Metaleros. Desde 2010 está al frente de Mi baúl de blogs (https://www.mibauldeblogs.com/), nuestro proyecto profesional de viajes y desde 2025 Viajeros Metaleros (https://www.viajerosmetaleros.com/) Cuando no estamos viajando, nuestra vida es bastante más normal de lo que puede parecer en las redes. Trabajamos en nuestra web de viajes, preparamos los siguientes proyectos y disfrutamos de la familia, los amigos, la música y los conciertos locales. Por ahora, Viajeros Metaleros sigue siendo nuestra gran afición y nuestra válvula de escape: un proyecto que hacemos porque nos apasiona y en el que podemos unir todo lo que nos gusta.

Hay algo que posiblemente muchas personas dan por supuesto, pero que preferimos preguntaros directamente: ¿qué relación os une y cómo comenzó vuestra aventura juntos?

Aunque los dos somos de Barcelona, curiosamente nos conocimos en la “zona heavy” de Zaragoza durante las fiestas del Pilar de 1990. Dos meses después volvimos a encontrarnos en la discoteca heavy Vértigo, en Castelldefels. Fue el 28 de diciembre de 1990, y aquel encuentro acabó convirtiéndose en una broma del Día de los Santos Inocentes que ya está camino de cumplir 36 años. Aunque, pensándolo bien, imagino que la broma fue para ella; para mí ha sido una bendición.

En 1994 decidimos sellar definitivamente nuestro viaje juntos por la vida y fruto de esa relación tenemos dos hijos, que ahora tienen 29 y 27 años. El pequeño no ha salido metalero, pero sí viajero: actualmente recorre Europa en una furgoneta camperizada por él mismo, “la Toretta«, dentro de una aventura de al menos 4 meses con la que pretende llegar desde Barcelona hasta varios países de Asia. Así que algo de nuestro espíritu aventurero sí parece haber heredado.

¿Qué apareció primero entre vosotros: la amistad, la pasión por viajar, el amor por el heavy metal o las ganas de crear proyectos juntos?

Lo primero fue el amor por el heavy metal, ya que nos conocimos y empezamos a salir después de coincidir en dos locales heavies. Nuestro primer viaje juntos fue, precisamente, fue regresar a Zaragoza en 1991 para ver a Judas Priest en concierto.

El heavy metal entró en vuestras vidas cuando erais muy jóvenes. ¿Recordáis la primera canción, el primer disco o banda que os hizo sentir que aquella música iba a acompañaros para siempre?

Héctor: En 1982, el día de mi decimotercer cumpleaños, un compañero de clase me regaló el “For Those About to Rock» de AC/DC. Como me lo habían regalado, lo escuché de cabo a rabo… y todavía sigo haciéndolo.

El otro gran punto de inflexión llegó en febrero de 1984, cuando presencié el debut de Judas Priest en España. Aquella noche me marcó para siempre y, más de cuatro décadas después, Judas Priest continúa siendo mi banda favorita.

Marta: En mi caso, más que una canción o un disco concreto, fue todo un ambiente. El verano anterior a entrar en el instituto, mi amiga Pili y yo empezamos a frecuentar locales de Terrassa como el Ancora. Más adelante llegaron el Núcleo Metálico, el 666, Scorpions y La Villa. Terrassa ha sido siempre uno de los grandes núcleos del heavy metal en la provincia de Barcelona, y todos aquellos lugares fueron la banda sonora de mi vida desde los 13 años.

Mi bautismo en directo llegó el 16 de julio de 1985, cuando vi a Deep Purple en el estadio Narcís Sala de Sant Andreu. Aquel concierto terminó de confirmar que esa música iba a acompañarme siempre.

¿Cuál fue vuestro primer viaje juntos y en qué momento os disteis cuenta de que aquello no sería una experiencia puntual, sino una forma de vida?

Después del viaje a Zaragoza para ver a Judas Priest, nuestro primer viaje al extranjero llegó el mismo año viajando a Túnez con la misma pareja de amigos metaleros con la que habíamos viajado al concierto. Allí descubrimos que viajar era otra de las pasiones que nos unían.

Marta ya había viajado sola en autobús por París, Londres y Ámsterdam, mientras que Héctor había crecido en el seno de una familia viajera: sus padres han recorrido 85 países. Túnez fue el principio y en 1992 llegó Egipto; en 1993, la costa oeste de EEUU; y en 1994, Kenia, Seychelles, Australia y Nueva Zelanda. Desde entonces, no ha habido un solo año en el que no hayamos viajado al extranjero.

Cuando comenzasteis a viajar no existían las facilidades actuales, ni teléfonos inteligentes, ni redes sociales, ni toda la información disponible ahora. ¿Cómo preparabais aquellas primeras aventuras?

Para recorrer la costa oeste de Estados Unidos en 1993 nos llevamos una guía del Trotamundos. Imaginaos recorriendo Los Ángeles en una furgoneta mientras Marta me intentaba guiar con mapas de papel. Para Australia y Nueva Zelanda, en 1994, partimos principalmente de los consejos de un familiar que había viajado allí un par de años antes. En Australia seguimos casi sus mismos pasos: nos alojábamos en backpackers o albergues y, desde allí, organizábamos las excursiones por los alrededores.

Al aterrizar en la Isla Norte de Nueva Zelanda conocimos en el aeropuerto a una pareja de California y decidimos compartir un coche de alquiler. En la Isla Sur ya viajamos solos: alquilamos una autocaravana y la recorrimos por nuestra cuenta. La verdad es que preparábamos lo imprescindible y el resto lo descubríamos sobre la marcha. Viajábamos casi de oídas y confiando mucho en el boca a boca entre los viajeros que íbamos encontrando por el camino.

Viajeros Metaleros

Antes de crear Viajeros Metaleros ya habíais recorrido muchos países. ¿En qué momento decidisteis unir de forma definitiva vuestras dos grandes pasiones: viajar y el heavy metal?

Antes de crear Viajeros Metaleros hace poco más de un año, ya llevábamos más de cien países en la mochila, muchos de ellos visitados varias veces y algunos hasta en una decena de ocasiones. Inglaterra era uno de esos países y fue precisamente allí, en la cuna del heavy metal, donde nació también Viajeros Metaleros. Ya habíamos unido anteriormente los viajes y la música: vimos a Deep Purple en Nueva York y Filadelfia, a Iron Maiden en Indiana, asistimos a conciertos en el Whisky a Go Go y The Roxy, visitamos el Rainbow Bar & Grill y recorrimos diferentes festivales europeos. Sin embargo, todavía eran experiencias musicales dentro de nuestros viajes; no habíamos pensado en viajar específicamente para descubrir los escenarios donde se había escrito la historia del heavy metal.

La idea comenzó a tomar forma en 2023, durante un viaje a Birmingham para asistir a un concierto de Kiss. Mientras recorríamos la ciudad descubrimos el Black Sabbath Bench y el puente que lleva el nombre de la banda, The Crown —donde esta banda dio su primer concierto cuando todavía se llamaban Earth—, además de murales, pubs y otros rincones vinculados al metal.

¿Recordáis cuál fue el primer lugar relacionado con el rock o el metal que buscasteis expresamente durante un viaje?

El momento decisivo llegó en ese viaje que explicábamos hace un momento, al visitar el edificio que había albergado el mítico club Mothers de Birmingham, hoy ocupado por un supermercado. Estábamos grabando para nuestro canal de YouTube la placa de la fachada cuando el propietario nos invitó a entrar y subir al antiguo local. Allí habían actuado bandas como Black Sabbath y Pink Floyd había grabado parte del directo de “Ummagumma”. Aquel piso superior se utilizaba entonces como almacén del supermercado, pero, mientras recorríamos sus pasillos, se nos puso la piel de gallina. No estábamos simplemente visitando un lugar: estábamos pisando la historia del rock. Fue en aquel momento cuando, casi sin darnos cuenta, descubrimos lo que acabaría convirtiéndose en Viajeros Metaleros.

¿Cómo os repartís actualmente el trabajo? ¿Quién investiga, quién encuentra las localizaciones, quién organiza los viajes y quién suele encargarse de las fotografías y los textos?

El peso principal del proyecto recae en Héctor, que se encarga de la investigación, la búsqueda de localizaciones, la documentación, la organización de los viajes, los textos y la gestión diaria de Viajeros Metaleros. Los dos solemos leer libros sobre metal y biografías de músicos, y cuando Marta encuentra alguna historia o localización interesante se la comenta. Durante los viajes también graba parte de los vídeos y ayuda con las fotografías. Por tanto, compartimos las experiencias y los descubrimientos, aunque la producción y el desarrollo del proyecto los lleva principalmente Héctor.

Héctor, tu formación como historiador tiene un peso importante en la documentación. Marta, ¿qué mirada personal y qué cualidades aportas tú al proyecto?

Marta: Creo que mi principal aportación es ser la persona con la que Héctor contrasta casi todo. Me consulta especialmente sobre los resultados de las publicaciones, la respuesta del público y las conclusiones que podemos sacar de cada contenido. Durante las grabaciones también intercambiamos muchas opiniones sobre la marcha: si una frase funciona mejor que otra, si una explicación se entiende o cuál es la mejor manera de grabar una escena. Como no estoy tan inmersa como él en toda la investigación, puedo verlo desde una perspectiva más parecida a la de quien descubrirá la historia por primera vez. Y después de tantos años juntos, también sé cuándo algo suena realmente a Héctor y cuándo no.

En torno al rock existen muchas leyendas que se han repetido tantas veces que casi se consideran ciertas. ¿Cómo comprobáis la información y separáis los hechos reales de los mitos?

Héctor: Como bien has apuntado, soy licenciado en Geografía e Historia y he cursado tres posgrados universitarios. La historia está casi tan llena de mitos y leyendas como el rock, por lo que mi formación me enseñó a no dar por cierto lo primero que leo, a preguntarme quién lo escribió, cuándo lo hizo y en qué fuentes se apoyó.

En Viajeros Metaleros intentamos localizar el origen de cada historia y contrastarla mediante libros, biografías, entrevistas a los protagonistas, documentales y fuentes oficiales. Si varias versiones se contradicen o no encontramos pruebas suficientes, preferimos presentarla como una leyenda o una posibilidad, no como un hecho demostrado. No soy musicólogo ni especialista en historia de la música, sino un historiador y aficionado al metal que continúa aprendiendo con cada libro o documental. Podemos cometer errores, y os agradecemos cualquier corrección bien documentada que nos ayude a mejorar y a seguir aprendiendo junto a nuestra audiencia.

Habéis visitado salas, cementerios, casas, estudios, bares, museos y lugares relacionados con portadas de discos o canciones. ¿Qué tipo de localización emociona más a cada uno?

Héctor: A mí me han emocionado especialmente las tumbas. Cuando visitamos una, además de grabar el vídeo para las redes, al terminar nos quedamos un rato en silencio escuchando dos o tres canciones del artista. Es un momento para recordar lo que aquella persona y su música han significado en nuestras vidas y, quizá, para pensar también en lo frágiles que somos.

Más allá de eso, no me emociona tanto un tipo concreto de localización como la historia que hemos descubierto detrás. Una fachada, un edificio abandonado o incluso un solar aparentemente vacío pueden impresionarme más que un gran museo si sé que allí ocurrió algo importante para la historia del metal.

Marta: Coincido bastante con Héctor, pero a mí me emocionan especialmente los lugares que todavía se conservan como eran o que continúan cumpliendo su función original. Entrar en una sala, un pub o un estudio que sigue en activo me hace sentir que aquella historia continúa viva.

¿Hay algún lugar que todavía no habéis mostrado porque os lo reserváis como algo íntimo o especialmente personal?

No nos reservamos nada. Eso sí, os amenazamos con que todavía tenemos muchísimos lugares en la recámara, tanto de viajes que ya hemos realizado y aún no hemos mostrado como de futuras escapadas que ya tenemos programadas. Hay Viajeros Metaleros para rato.

Grandes momentos y anécdotas

De todos los viajes realizados, ¿cuál ha sido el momento en el que os habéis mirado y habéis pensado: “No podemos creer que estemos aquí”?

Sin duda, el viaje a Birmingham para asistir a Back to the Beginning. Fue el mejor concierto al que hemos asistido, pero la experiencia fue mucho más allá: toda la ciudad estaba volcada en la celebración de Black Sabbath y se respiraba heavy metal por todas partes.

Durante el concierto hubo varios momentos en los que nos miramos sin poder creer que realmente estuviéramos allí. Todo resultaba todavía más increíble porque, apenas tres días antes, ni siquiera sabíamos que podríamos asistir. Pasamos de la incertidumbre a ser testigos de uno de los acontecimientos más importantes de la historia del heavy metal.

¿Qué encuentro inesperado con un músico, un seguidor o una persona anónima terminó convirtiéndose en una de las mejores historias de vuestra trayectoria?

Uno de nuestros mejores encuentros inesperados ocurrió durante aquel primer viaje por los lugares metaleros de Birmingham. Nos acercamos a Wolverhampton para conocer el KK’s Steel Mill, la sala de K.K. Downing, pero era por la mañana, no había concierto y estaba cerrada. Mientras hablábamos en la calle con un empleado de la limpieza, apareció un vecino, amigo y colaborador de K.K. Downing que se interesó por nosotros. Le contamos que éramos seguidores de Judas Priest, le enseñé el colgante con el tridente de Judas Priest que llevo siempre al cuello, y le expliqué que había visto por primera vez a la banda en 1984, con 14 años recién cumplidos. Debimos de caerle bien, porque nos invitó a entrar.

Nos enseñó las oficinas, un bar privado, antiguas cajas de transporte con el nombre de la banda y otras con el de Glenn Tipton y K.K. Downing. El momento más increíble llegó cuando desplegó en el suelo el enorme telón del escenario de la gira Turbo: incluso nos tumbamos sobre él para hacernos una fotografía. Salimos de allí flotando y, pocas horas después, asistimos al primer concierto europeo de Kiss en su última gira. Fue un día inolvidable.

¿Cuál ha sido la anécdota más divertida que os ha sucedido buscando una localización relacionada con el heavy metal?

Divertidas lo son casi todas, pero siempre recordamos lo que nos ocurrió en 2026 en el Mabuhay Gardens de San Francisco, donde Metallica ofreció su último concierto con Ron McGovney. Nosotros habíamos leído que el histórico local llevaba décadas cerrado y desconocíamos que había recuperado su nombre en 2025. Después de grabar allí y, justo enfrente, en el antiguo The Stone, vimos que una de las puertas del Mabuhay estaba abierta. Como no había ningún evento y el interior parecía estar en obras, nos acercamos intrigados.

Entramos con todo el morro y empezamos a llamar para comprobar si había alguien. Cuando ya estábamos a punto de marcharnos, apareció un hombre que nos preguntó quiénes éramos. Resultó ser argentino y enseguida comenzamos a hablar en español. Le contamos nuestro proyecto y algunos episodios de la historia musical del edificio que desconocía, y acabó invitándonos a unas cervezas y enseñándonos las diferentes salas, incluidas zonas que normalmente no pueden verse durante un concierto.

¿Alguna vez habéis llegado a un lugar después de recorrer cientos o miles de kilómetros y os habéis encontrado con que estaba cerrado, había desaparecido o no era como esperabais?

La que recordamos ahora es Mapledurham Watermill, en Oxfordshire, el famoso molino que aparece en la portada del primer álbum de Black Sabbath. Habíamos leído que podía visitarse, pero al llegar descubrimos que formaba parte de una gran finca privada y que el acceso estaba completamente cerrado.

Nuestra intención era situarnos en el mismo punto donde aparece la misteriosa mujer de la portada para intentar reproducir la fotografía. Pudimos ver el molino y fotografiarlo desde más lejos, e incluso obtener algunas imágenes aéreas con el dron, pero no acceder al lugar exacto desde el que se tomó la portada. Nos fastidió bastante haber llegado hasta allí y no poder hacer la fotografía que teníamos prevista.

¿Habéis cometido algún error de planificación que ahora recordéis entre risas, pero que en aquel momento estuviera a punto de arruinaros el viaje?

Por suerte, nunca hemos cometido un error de planificación tan grave como para arruinarnos un viaje. Sí nos hemos presentado alguna vez en la recepción de un hotel y hemos descubierto que habíamos reservado para el año siguiente o que, durante un viaje largo, nos habíamos equivocado de día. En aquel momento nos llevamos un buen susto; ahora lo recordamos entre risas porque siempre pudimos solucionarlo allí mismo.

¿Cuál ha sido vuestra peor experiencia viajera: un vuelo perdido, un problema con el alojamiento, una enfermedad, un robo, un susto en carretera o alguna situación verdaderamente complicada?

Uno de los mayores sustos lo vivimos en Bangkok. Salimos de un centro comercial convencidos de que teníamos tiempo suficiente para llegar al aeropuerto doméstico, pero el tráfico estaba completamente colapsado. Al ver todo en rojo en Google Maps, paramos dos mototaxis: Marta se subió a una y Héctor a otra, ambos con las mochilas a la espalda. Cuando les explicamos que perdíamos el avión, comenzaron a abrirse paso entre los coches, saltándose semáforos y subiéndose a las aceras. Llegamos blancos, pero a tiempo para coger el vuelo en el último minuto y darles una buena propina.

La situación más complicada, sin embargo, fue durante la pandemia. Tuvimos que interrumpir nuestro viaje por Chile porque comenzaban a cerrarlo todo. Conseguimos regresar desde la isla de Pascua a Santiago y, desde allí, volar a Barcelona casi de milagro. Si las restricciones hubieran llegado seis días antes, podríamos habernos quedado atrapados en la isla quién sabe durante cuánto tiempo.

Cuando surge un problema serio lejos de casa, ¿quién mantiene mejor la calma y quién tiende a ponerse más nervioso?

Héctor suele mantener más la calma, analizar la situación y buscar una solución. Marta tiende a imaginar antes todo lo que podría salir mal, aunque tampoco pierde los nervios cuando llega el momento de afrontar el problema.

¿Existe alguna anécdota que todavía no os habéis atrevido a publicar porque fue demasiado surrealista, complicada o incluso un poco vergonzosa?

No exactamente, porque al final acabamos publicándola, aunque durante un tiempo no nos atrevimos a contarla… y terminó haciéndose viral en el Instagram de Mi Baúl de Blogs.

En 2018 regresábamos por carretera de Lalibela a Adís Abeba cuando encontramos un enorme mercado rural etíope. Nuestro conductor nos sugirió volar el dron y aceptamos, pese a llevar la batería casi agotada. El aparato inició un aterrizaje automático en medio de la multitud y fui a recuperarlo.

Cuando regresaba al coche comenzaron los empujones y las pedradas, y cientos de personas salieron detrás de mí. Rodearon el vehículo y la intervención del vigilante del mercado, armado con un AK-47, evitó que aquello acabara mucho peor. Entonces el uso bélico de los drones no tenía la visibilidad actual y, por la reacción de la gente, creemos que muchos nunca habían visto uno ni entendían qué hacía allí. Fue una imprudencia que casi nos cuesta la vida. Decidimos contarla porque los viajes también tienen una cara B y puede servir para que otros no repitan nuestros errores.

La parte menos visible

Desde fuera todo puede parecer apasionante y relativamente sencillo, pero ¿qué sacrificios económicos, familiares, personales o profesionales exige mantener un proyecto como Viajeros Metaleros?

Llevamos muchos años trabajando profesionalmente con Mi Baúl de Blogs, y toda esa experiencia se traslada a Viajeros Metaleros, aunque este último todavía sea nuestro hobby y nuestra válvula de escape.

Detrás de cada contenido hay muchas horas de investigación, planificación, grabación, edición y redacción. Además, hay que aprender constantemente a utilizar cámaras, drones o equipos de 360 grados, conocer el posicionamiento web, entender los algoritmos y mantenerse al día de los continuos cambios tecnológicos. Todo ello exige bastantes horas de trabajo, además de una inversión económica en viajes, entradas, equipos y programas sin saber cuál será el retorno. Desde fuera solo se ve la parte apasionante y todavía hay quien piensa que estamos siempre viajando y contándolo por diversión, pero detrás de cada minuto publicado hay muchas horas de esfuerzo invisible.

¿Habéis estado alguna vez cerca de abandonar el proyecto o habéis atravesado algún momento de cansancio en el que os preguntasteis si todo aquel esfuerzo merecía realmente la pena?

Con Mi Baúl de Blogs sí hemos atravesado muchos momentos de cansancio y dudas. Después de tantos años, el camino no siempre ha sido de rosas y en más de una ocasión nos hemos preguntado si tanto esfuerzo merecía realmente la pena.

Con Viajeros Metaleros, en cambio, todavía no hemos llegado a ese punto. Hasta ahora nos ha dado muchísimas satisfacciones y muy pocos quebraderos de cabeza, así que las ganas de continuar pesan mucho más que el cansancio.

Después de tantos años y kilómetros compartidos, ¿qué habéis aprendido el uno del otro?

Que somos inseparables y que todos esos viajes, conciertos y kilómetros compartidos han acabado convirtiéndonos, de verdad, en Viajeros Metaleros.

¿Qué cualidad admira cada uno del otro como compañero de viaje y qué pequeño defecto continúa poniendo a prueba vuestra paciencia?

Marta: De Héctor admiro su resiliencia y su tenacidad. Cuando imagina un proyecto no para hasta darle forma y hacerlo crecer todo lo posible. Viajeros Metaleros tiene poco más de un año y aquí estamos, respondiendo una entrevista para Metal Hammer, una revista que ha sido un referente para nosotros desde hace décadas. Su pequeño defecto es precisamente la otra cara de esa cualidad: le cuesta desconectar y, cuando se propone algo, el proyecto puede acabar ocupándolo todo.

Héctor: De Marta admiro su prudencia, su saber estar y la serenidad con la que afronta la vida. También la gran esposa y madre que es: no podría tener una compañera mejor, ni en la vida ni en los viajes. Su pequeño defecto es que, a veces, esa prudencia se convierte en cierto pesimismo y ve antes todo lo que podría salir mal que lo que podría salir bien.

La edad y la experiencia cambian inevitablemente nuestra manera de viajar. ¿Vivís ahora los conciertos y las aventuras de una forma diferente a cuando comenzasteis?

Sí. Seguimos viajando de mochileros muchas veces, pero cada año que pasa la maleta va ganando algo más de terreno a la mochila y valoramos un poco más la comodidad. Los conciertos los vivimos con la misma pasión, aunque bastante más serenos que cuando éramos jóvenes, y no hablamos solo de madurez. Ahora recordamos mejor el concierto al día siguiente y es que las resacas ya no perdonan como antes.

El presente y el futuro

Estáis trabajando en nuevos proyectos relacionados con Viajeros Metaleros. ¿Qué podéis adelantarnos sobre el libro y qué encontrará el lector que todavía no haya visto en vuestra web o redes sociales?

En realidad, el libro fue el embrión de Viajeros Metaleros. La idea inicial era localizar estos rincones relacionados con la historia del heavy metal, visitarlos y explicarlos en un libro. Mientras trabajábamos se nos ocurrió mostrarlos también mediante vídeos de aproximadamente un minuto, y así nació el proyecto en redes sociales.

El libro no será una simple recopilación de esos vídeos. Cada lugar aparecerá mucho más desarrollado, con más contexto histórico, anécdotas y detalles que es imposible incluir en un reel o un short.

¿Os gustaría llevar el proyecto a otros formatos, como un documental, una serie, un pódcast, encuentros con seguidores o incluso rutas presenciales por lugares míticos de la historia del metal?

Por supuesto, no descartamos ninguna de esas posibilidades. Ahora mismo estamos volcados en seguir haciendo crecer las redes sociales, descubrir nuevos lugares, compartirlos con la gente y terminar el libro. Si algún día surge la oportunidad de hacer un documental, un pódcast, una serie o rutas presenciales y todo fluye con naturalidad, será bienvenida.

Viajeros Metaleros nació como un hobby y una válvula de escape después del desgaste que supone gestionar profesionalmente un proyecto como Mi Baúl de Blogs. No sabemos si sería muy buena idea convertirlo tan pronto en otro tsunami de trabajo. De momento preferimos que crezca paso a paso y, sobre todo, continuar disfrutándolo.

Después de tantos países, conciertos y experiencias, ¿qué destino continúa siendo vuestra gran asignatura pendiente y cómo os gustaría ver a Viajeros Metaleros dentro de cinco años?

Como destino viajero sin banda sonora, Socotra es nuestra gran espinita y la asignatura pendiente que más nos urge. Si hablamos de Viajeros Metaleros, acabamos de regresar de una vuelta al mundo en la que hemos recorrido Australia y varias zonas de la costa oeste de Estados Unidos en busca de lugares icónicos de la historia del heavy metal y el hard rock. Nuestro siguiente gran objetivo está en la costa este, especialmente en Nueva York.

Dentro de cinco años nos gustaría tener el libro en manos de los lectores, haber descubierto muchos más lugares y contar con una comunidad todavía mayor. Ojalá Viajeros Metaleros llegue a convertirse en un referente del turismo musical en español, pero sin perder la espontaneidad y la ilusión con las que nació.

Una pregunta para finalizar que tres discos os llevarías en vuestro último viaje.

Nos llevaríamos tres discos en directo: “Unleashed in the East”, de Judas Priest; “Live After Death”, de Iron Maiden; y para el tercero tendríamos una seria discusión entre “Speak of the Devil”, de Ozzy Osbourne, y “Live Evil”, de Black Sabbath. Como sería nuestro último viaje, esperamos que nos dejaran llevar cuatro.

By Ricard Altadill

Explota, explota, cabró !, que tot el que escups, torna en forma de cançó.

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