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Volbeat regresan con su energía intacta

Bandas: Volbeat – Bush – Witch Fever
Lugar: Sala Cubec! (BEC!), Barakaldo (Bizkaia) – 28 de octubre de 2025
Fotos: Juan Sanz
Texto: Oiane Díaz

Tras la época estival y esa larga gira que les mantuvo entretenidos durante los meses de junio, julio y agosto por Canadá y Estados Unidos, por fin en septiembre, Volbeat regresaban al continente europeo. Lo hicieron, en primer lugar, comenzando por su tierra natal, Dinamarca, en concreto en Herning, el 18 de septiembre para, después, embarcarse de nuevo en una larga aventura que les tendrá ocupados hasta el seis y siete de diciembre, en tierras brasileñas.

Así las cosas, tenían reservadas tres fechas en nuestro país para cerrar octubre, comenzando por Bilbao y terminando en Madrid, tras haber hecho la parada de rigor en el Sant Jordi Club en Barcelona. En esta ocasión, para abrir la velada disponían de dos bandas de lujo: los londinenses Bush, que llevan más de tres décadas sobre los escenarios y las también británicas Witch Fever, con un estilo mucho más rompedor y que nos recuerda en ocasiones a una mezcla entre Black Sabbath y ciertos toques de Nirvana. Con una previsión inmejorable, nos sumergíamos de pleno en el show para disfrutar de esta giraza de categoría.

Las primeras en subirse al stage fueron Witch Fever, con un público aún bastante escaso. Estas cuatro chicas de Manchester abrieron con esa mezcla entre punk, oscuridad y ‘mala leche’ que tan bien les está funcionando. Con una Amy al frente que no paró de moverse por la plataforma que los protagonistas de la noche utilizarían más adelante y que se extendía hasta un buen cacho de la pista, hizo lo que quiso con su voz, tanto en las partes limpias como en los fragmentos con un matiz más desgarrado. No dispusieron de mucho tiempo –apenas media hora–, pero durante esos minutos, exprimieron al máximo esa oportunidad de presentar su propuesta.

Amy, se tomó un momento para agradecer a Volbeat el poder acompañarles durante el tour y añadió lo felices que estaban por haber conocido tantas ciudades. Lo dieron todo a más no poder y aprovecharon también, en ese cerrado acento inglés que manejan, para reivindicar la paz en el mundo. No podemos olvidarnos de destacar el sonido de Alex –con esa estética gótica que le caracteriza– al bajo, que llenaba el recinto a cada golpe de cuerda. Nos sorprendieron para muy bien; un show dinámico, lleno de energía y, algo importante que les da aún más mérito: nunca es fácil ser la banda que rompe el hielo y, menos aún, si a quienes teloneas son Volbeat.

Con una rapidez envidiable para llevar a cabo el cambio de stage, Bush aterrizaban en la sala Cubec! con una simpatía que alegraba el día a cualquiera. Utilizando de nuevo la plataforma que sobresalía hacia el público y permitía un puntito más de cercanía hacia los fans, Gavin Rossdale y los suyos salieron a por todo. Traían nuevo trabajo bajo el brazo, el recientemente estrenado I Beat Loneliness, que vio la luz en la segunda mitad de julio, pero quisieron realizar un repaso a toda su carrera que, como decíamos, se extiende ya a más de treinta años, que se dice pronto.

Rossdale salió con una voz en plena forma y un carisma que parece que no ha cambiado nada en todo este tiempo: se movió, se dejó ver, bajó al público y, todo esto, manteniendo un nivel de voz que en ciertos momentos nos hacía incluso plantearnos si aquello era un directo. Sonó realmente bien, con potencia y sin momentos ‘flojos’, que es uno de los peligros que corren las bandas que llevan ya un buen puñado de años sobre los escenarios. Lo hicieron muy bien ante un público que ya había entrado en materia y ante un recinto que estaba visiblemente mucho más lleno. Y sí, también hubo quien vino por ellos; escuchamos a más de uno y de dos asistentes realizar esta afirmación. Bush estuvo a la altura de lo esperado y consiguieron dejar el ambiente bien caldeado para lo que llegaría a continuación.

Con el recinto considerablemente lleno en comparación con lo que veíamos al inicio de la velada, llegaba la hora de recibir a los protagonistas de la noche. Los chicos de Michael Poulsen subían al stage protegidos por un telón con sus siluetas que, tras una breve espera, caía y daba paso a estos daneses que estaban dispuestos a darlo todo. Al igual que Bush, con nuevo trabajo recién sacado del horno, venían a presentar su noveno álbum, God Of Angels Trust que se lanzó el pasado 6 de junio. Era más que evidente que, a lo largo del set, disfrutaríamos de algunos de los temas de este disco entrelazados con otros cortes más añejos. Para la apertura, decidieron retroceder prácticamente una década hasta su Seal The Deal & Let’s Boogie, con el corte “The Devil’s Bleeding Crown”, lo que enganchó a sus fans desde el primer segundo.

Buenas luces, buen escenario, esas plataformas laterales que encantaron a Flemming C. Lund y a las cuales no paraba de subirse –sobre todo al lateral izquierdo– mientras sonreía ampliamente a todas aquellas personas arremolinadas en las primeras filas. Otra cosa no, pero simpatía no les falta a estos chicos. Durante el primer cuarto de show, salvo singles nuevos como “Demonic Depression”, tiraron de un repertorio con algo más de bagaje: “Lola Montez” o “Fallen” sonaron a las mil maravillas hasta llegar a la impronunciable “In the Barn of the Goat Giving Birth to Satan’s Spawn in a Dying World of Doom”. Hubo un momento humorístico de la mano de Poulsen precisamente en relación a esto, puesto que, desde luego, no querían poner fácil a sus seguidores de habla no inglesa poder decir correctamente el título de este sencillo.

Un público volcadísimo tarareaba incluso los temas nuevos, mientras escuchábamos de manera continua comentarios como “son todo temazos” y, sí, confirmamos esta sensación generalizada de los allí presentes de conocer todo el set, incluso aunque no fueses fan acérrimo de la banda. Las canciones funcionan a la perfección en directo, con una ejecución impoluta, unos estribillos pegadizos y una batería a manos de Jon Larsen que hace saltar por los aires todo a su alrededor, Volbeat se han ganado a pulso estar donde están. Y es que hacen las cosas muy bien y además desprenden familiaridad y cercanía; no se les puede pedir más.

La velada continuó alternando clasicazos con novedades uno tras otro hasta “Time Will Heal”, que fue el último single que presentaron de God of Angels Trust. Para la traca final se guardaron bajo la manga un trío de infarto con “Black Rose”, “Seal the Deal” y “For Evigt”, las tres seguidas retomando su fantástico Seal The Deal & Let’s Boogie, y retrocedieron aún más en el tiempo hasta su Guitar Gangsters & Cadillac Blood con una enorme “Still Counting”. Como colofón final, el combo de “A Warrior’s Call” y “Pool of Booze, Booze, Booza” puso la guinda del pastel a una noche en la que la gente disfrutó de lo lindo con uno de esos shows que son garantía de calidad. Tres años sin pisar este escenario, pero con exactamente la misma energía. Geniales.

By Oiane Díaz

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