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Wardruna, el abrazo del oso

Bandas: Wardruna
Lugar: 
The Music Station, Madrid – 3 de diciembre de 2025
Texto: Enrique B.
Fotos: Alacor Producciones

«Haremos todo lo posible para que las dos noches en Madrid sean inolvidables; no damos por sentado ni un solo corazón en la sala», comentaba hace unos meses Einar Selvik “Kvitrafn”, líder de Wardruna. Y vaya que si cumplió su palabra. La banda noruega visitó Madrid, por fin. La única vez que habían estado en nuestro país fue en 2019 en el Rock the Coast de Fuengirola. Así que la expectación en la capital era enorme.

Público muy heterogéneo en la sala The Music Station: desde amantes del folk nórdico hasta curiosos de la mitología, pasando por fans del metal y gente que simplemente quería vivir una velada extrasensorial. Tanta era la expectación que la banda tuvo que añadir una cita más en Madrid porque la demanda era enorme. Y es que la gente buscaba algo así, un concierto que fuera más una experiencia y una enorme bocanada de aire. Algo que pausara por un momento el mundanal ruido y ritmo que una ciudad grande arrastra todos los días.

El motivo de su visita no era otro que presentar su nuevo disco, Birna, que significa Oso en noruego antiguo. Precisamente a este animal es sobre el que gira todo el álbum con letras que hablan de su figura como protector de la naturaleza. Pero, en realidad, es un símil para hablar de nosotros, de nuestro lugar en el mundo, de nuestros orígenes, nuestras tradiciones, de todo lo que Wardruna escarba para ofrecer un espectáculo que transciende los incontables sonidos y luces que se pudieron disfrutar.

La espera llegó a su fin. Luces apagadas, sonido de tambor y de repente desfilan sobre el escenario los miembros de la banda. Todo ataviados con túnicas negras y descalzos para dar comienzo a un ritual liderado por el citado “Kvitrafn”, además de Kristian Eivind Espedal “Gaahl” (vocalista proveniente del black metal) y Lindy Fay Hella, entre el resto de la formación. El escenario, lleno de plantas y luces de todo tipo que se reflejaban sobre unas paredes que hacían el efecto cueva pensando en el oso y su hibernación.

Sin saludar, como acostumbra a hacer en sus conciertos, Selvik empezó a deleitarnos con «Kvitravn» y luego le siguió «Herta», de su nuevo disco. La ceremonia había empezado y con ella, su hipnótica puesta en escena. Los ritmos tribales se metían dentro de uno y daba igual no entender una sola palabra de ese noruego antiguo envuelto en runas. Tiene que ver más con la espiritualidad. «Skugge» y «Solringen», con sus juegos de luces y sombras, hicieron las delicias de un público cada vez más entregado. Nos tenían en su poder. Por momentos parecía estar en el Templo Maldito de Indiana Jones con canciones como «Lyfjaberg», la mejor y más conocida del nuevo disco, o «Rotlaust Tre Fell».

Los bailes y los juegos de voces de la vocalista Lindy Fay Hella brillaron en temas como «Heimta Thurs» y «Raido», donde pareció ver a la cantante sumergiéndose en un místico trance. Todo aderezado con sonidos de pájaros y agua que por momentos nos transportaban a cualquier bosque perdido y húmedo de la fría Noruega. Sin embargo, y hay que decirlo, esa conexión con la naturaleza chocaba, y mucho, con el mar de móviles que no dejaban de grabar todas y cada una de las canciones. Algo inexplicable en cualquier concierto. Ya no porque jamás volverán a ver esos vídeos, sino porque a un concierto así se va a vivir la experiencia, no a grabarla. Resulta, cuando menos, insultante.
Por no hablar de los que van a hablar en lugar de escuchar. Por suerte, sus voces quedaron tapadas con la incontable cantidad de instrumentos que usa la banda y que van desde la talharpa hasta el lur, los cuernos de cabra, flautas, huesos de animales y todo tipo de percusión hechas con diferentes tipos de piel. Sin olvidar las dos enormes trompas y su sonido grave que llenaba toda la sala. «Birna», la que da nombre al disco, fue uno de los momentos más importantes con esa combinación de voces entre Selvik y Linda.

El cantante habló, por fin, para mostrar su agradecimiento por la gran acogida, no sin antes pedirnos que volviéramos a las tradiciones, a cantar con nuestros abuelos, a recuperar la esencia de las cosas (muchos seguían grabando con el móvil como si nada). Parecía que se iban, pero… no. Encendieron las antorchas y bajo unos poderosos fuegos nos regalaron «Helvegen», tal vez la más conocida gracias, en gran medida, a la serie Vikingos. Genial puesta en escena y sonido impecable donde se aprecian todos y cada uno de los instrumentos.

Pero todavía quedaba una más.

Selvik no podía irse ir sin tocar «Hibjørnen», una canción de cuna, como explicó, cantada a un oso. Según él, «una de las canciones más antiguas del planeta». Y así, como si fuéramos osos, nos meció a todos y se despidió… Ojalá cuando despertemos vuelvan a estar en nuestro país.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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