Festival: Z! Live 2026
Lugar: Ifeza, Zamora – 11 de junio de 2026
Promotor: Z!Live
Fotos: Rubén Rosinos
Y por fin se abrieron los portones del Asgard castellano leonés, cuyas jornadas de festividad metalera recaen en una Zamora que, durante tres días posteriores a su bienvenida en “petit comité”, abraza multitudes sin agobios mientras divide opiniones con sus carteles indisciplinados, marca de la casa, y que a un servidor, personalmente, le apasionan por su insolencia frente al conservadurismo de sus hermanos mayores.
Las colas discurrían marcialmente, a pesar del retraso que siempre conlleva el primer día de alistamiento. Los soldados excitados, dispuestos a santificar el campo de batalla, asumen la languidez del tiempo, amansando a la bestia interior que ya se remueve con el olor de las briznas de hierba que habrán de teñirse de carmesí. Primero los más impetuosos, así como los profesionales de las pulseras con nombre de quilates y fechas imborrables, después los puntales para sostener las horas de gloria, y, por último, los refuerzos añadidos para las diversas contiendas. Se respira hermandad, se saborea la victoria.
En primera línea, Headon (San Pedro de Pinatar, Murcia) salen a desbrozar la mala hierba que crece, de un año a otro, bajo estos soles de justicia que dejan apaisado el paisaje zamorano para recrear nuestras postales personales. Con su mezcla de power metal de antaño y su preciso bofetón de metal moderno, ya se distinguen con tarjeta personal por entre la península, y creo que su paso adelante, cercano a afianzarse, no está muy lejos de llegar. Buenos riffs de Ube, contundentes, sin espacio para lo innecesario y que quedan bien respaldados por Sergio y Carly, para que Andrés se recree y consiga complicidad a través de su voz de contrastes. Presentan “Dogma”, su nuevo single, que se enreda a la perfección con sus presentaciones principales de Génesis y Éxodo. Nada en absoluto que reprochar. Buen inicio para el Silver Stage.
Su paralelo, el Copper Stage, también daba nacimiento a su nueva gesta con Noah Histeria (Xátiva, Valencia), una de esas agrupaciones que, solo este festival, presta para los más anárquicos a la hora de embelesarse en el ritual musical. Metal progresivo de intimidación técnica y voces en duelo entre Juan Giner (también teclados) y el bajista Álvaro Monzón. Demostraciones necesarias y asequibles para cualquier horario, con el peso específico de las guitarras recalibrado, y es que si el sol te ciega, puedes cerrar los ojos y dejarte secuestrar por la destreza, sin arrogancia, de unos músicos con las ideas claras. De quedarme con un solo tema, por no realizar un ejercicio de parsimonia adjetival positiva en hilera, lo haría con “Coloso”. Dales un espacio, ellos te abrirán un cosmos.

Realizamos el desplazamiento pertinente y nos posicionamos para recibir a unos Serious Black a los que Marco, su bajista, no pudo proteger las espaldas. Su ausencia, justificada, ya que sufrió un ataque al corazón la semana pasada, mermó su peso, pero no la complicidad entre la banda y el público nacional que los aprecia con sinceridad. Ya tienen una carrera y un nombre en la escena del power metal europeo, no solo por haber cabalgado junto a primeros generales del meollo, sino porque su discografía se ha ido solidificando con honestidad. Les perdonamos los teclados pregrabados para alcanzar ese aire épico necesario, no por benevolentes, sino porque a pesar de los inconvenientes sacaron un sonido digno y bien jaleado por los seguidores, amén de su cuidada puesta en escena. Los esperamos al completo y con otro artefacto sonoro que los cristalice totalmente en la escena.
De la plata al cobre, del power metal al speed metal y más allá, lo de los belgas Evil Invaders es todo un decálogo de cómo santificar a un género y a los que se le aproximan (heavy, thrash). Actitud, sonido, escenificación y, sobre todo, canciones para sustentar toda la parafernalia. Un power trio a la antigua usanza y con un el poder de una posesión diabólica que ni León XIV, tan presente en nuestro país estos días, podría exorcizar sin sufrir daños colaterales serios. Afilados, satíricos, lascivos y más punzantes que una llaga en el culo, bajo unos pantalones de cuero rozándose con el asiento de una Harley bajo el astro del desierto. ¡Joder que buenos son! Podría revelarte el setlist por aquí y, quizás te harías una playlist en tu plataforma favorita de streaming, pero no me da la gana. Cómprate sus cds o vinílos donde “el Laka” y vive una pasión que ni imaginabas que podrías sentir tras haber cubierto, en tu época moza, las carpetas de instituto con los bombones de los ochenta. Al tiempo, pero serán leyenda.


Volvemos a cambiar el material de la moneda y, por debajo del oro, nos encontramos con unos Bury Tommorrow que desde el país del Brexit nos encaloman un metalcore con digitaciones electrónicas que nos miden el pulso, prometen la arritmia y nos colocan con una nueva droga sintética llamada deseo. Si nada más salir, su vocalista, Darren Winter-Bates, ya nos pide un deathwall, no pretendo que te creas que esto va a ser para todos los públicos, pero sí que te aseguro que, sí aun conservas una “mija” de rebeldía, vas a estrellarte contra tu yo del pasado más beligerante y divertido. Las aglomeraciones en las primeras filas no son fruto del azar, ni de sus pintas molonas para la muchachada más vanguardista, ¡no!, vienen refrendadas por ocho discos como ocho hostias, una detrás de otra, y que ya abultan su catálogo como para tener que dejar fuera hits de antaño por sus sustitutos temporales. Energía a raudales.

Emperor no tenían ganas de aullar a la luna llena y, en este show exclusivo en España con los legendarios Faust y Mortiis (eseeee Goooobliinn…) se saldó como una experiencia mística, aunque el horario aún me resultara infantil. Su combinación de ocultismo, black metal de primer orden y esa sombra diabólica ataviada de sinfonismo pagano que los envuelve desde hace más años desde los que me gustaría contar, hacen que tanto Ihsahn y Samoth parezcan más alargados aun que un ciprés desdibujado en un cementerio etéreo. Desde la intro de “Nightside”, hasta la outro de “The Wanderer”, hizo que el desfile de variedades que comenzó con la alineación actual diseminando temas como “With Strengh I Burn” o “An Elegy Of Icaros”, pudiera medirse de igual a igual con los seminales “I Am The Black Wizards”, “Wrath Of The Tyrant”, “Night of The Graveless Souls” y “Cosmic Keys Of My Creations And Times”, es decir, su Epé homónimo de 1993, interpretado por el reemplazo de los miembros estelares de la noche. Otra intro, cambio de pasaje, reinserción de Secthdamon y Trym y disolvemos el aquelarre con “Ye Entrancemperium”. ¡Ale!, ni con agua bendita sacio este ardor que me invade. Ave Satan los que van a descender te lo agradecen.
Opeth purificaron algo el ambiente, pero tampoco tenían ganas de dejar pasar la oportunidad de hacer arder las glorias y miserias de los allí presentes, así que salieron a escena con vena de perfección y rallaron lo infinito por momentos. Sobresaliente espectáculo audiovisual con un maestro de ceremonias como Mikael Akerfeldt, que lo mismo te “gutura” desde las entrañas del averno, como te incomoda la ropa interior con su portentosa voz limpia. Su música se basa en los contrastes y los caprichos compositivos de este genio, en cuta formación se entregan unos músicos que cubrirían un diez por ciento de las bandas más excitantes de la escena sueca en todas sus vertientes. Y es que esto ya no va ni de prog ni de death, esto tilda dictatorialmente lo deseable para no tener rival en lo tuyo y, para colmo, polemizar para darte más notoriedad aún entre los “gafapastas” del culto a lo nuevísimo. “Grand Conjuration”, “The Devil´s Orchard”, “Gohead Lament”, “Drapery Falls”, buen repaso a “The Last Will And Testament” y, para cerrar, un inmenso “Deliverance” que calla bocas, baja “pantacas” y te invade con espíritus desde el oje… Cede, esto es ir más allá.

Tras la ruptura de los Delalma originales, regresa el maestro Seoane, tan virtuoso como siempre, con unos Jesús Cámara al bajo y Dave Landeroin a la batería que empacan a las mil maravillas, dejando que los teclados de “Barny” tiñan de luces y sombras sus poéticos pasajes anímicos y sus callejones de insalubre conciencia. A las voces Ronnie Romero agradecido de volver a España y José Andrëa, ambos interactuando de forma especial. Cuidada la escenografía y tras superar ligeros avatares técnicos, este deseado manjar se lanzó a trascender los sentimientos de muchos y muchas asistentes que aparcaron el cansancio para levitar con su cualidades mundanas elevadas al paroxismo. Para sorpresa, en “Cárcel de Cristal”, uno de los himnos modernos de nuestra música en castellano, se subió al escenario, ni más ni menos, que Andy García, vocalista de Headon, lo que ya provocó un delirio cercano a la absenta y a la morfina. “Compaña”, “Néboa”, “Voy Muriendo” o “El Mirlo”, ¿algo que objetar? Me lo imaginaba. Gran trabajo.
Cerraban en el escenario Silver los austriacos Dragony con su power metal de manual en lo que a una jornada de impresiones chocantes se refiere. Con quince años de trayectoria y, después de lo vivido, donde la técnica y pasión no suscitaron la energía suficiente como para convertir aquello en un hervidero de alamas en busca de consuelo, su desempeño parecía no poder insuflar más aire a unos pulmones ennegrecidos de ver el fuero interno de cada cual arder, aunque por fuera la manifestación fuera más comedida. Cerrar una noche así no es fácil tarea y solo por eso ya se ganaron los galones suficientes como para que, en las trincheras, el sueño no lo invadiera todo. En otro horario hubiese habido más puños en alto. Gracias, no obstante.
Primer día superado. Diferentes lecturas de comportamiento y un mismo sentir generalizado, somos presas de nuestras costumbres y, los cambios de guion, parece ser que nos condicionan demasiado. Eso sí, el retrato del día honrará los sacrificios pactados al comprar tu abono. Hasta mañana.














