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Josefov vuelve a arder en la primera jornada del Brutal Assault 2025

Festival: Brutal Assault 2025
Lugar: Jaromer – Josefov (República Checa) – 6 de agosto de 2025
Fotos: Oiane Díaz

Un año más, el Brutal Assault está aquí. Ese momento del año en el que gente de cualquier lugar del planeta se reúne en la localidad checa de Jaroměř para disfrutar de cuatro días –más el extra de calentamiento– llenos de bandazas y buen ambiente. A pesar de que semanas antes a la celebración del evento la previsión era de mal tiempo y mucha lluvia, lo cierto es que la sorpresa fue enorme al llegar a la Fortaleza de Josefov y ver un sol radiante. Adiós al barro y al frío: el clima en el Brutal Assault nos daba tregua para dar el pistoletazo de salida por todo lo alto.

Así las cosas, el miércoles tenía una pinta estupenda: siendo la jornada de arranque, el menú era de lo más tentador, con nombres como Dark Angel, Mastodon o Kerry King. Pero vayamos pasito a pasito, que hay mucho que desgranar en un intenso miércoles en República Checa.

Las puertas abrían a eso de las doce de la mañana, con unos Brutally Deceased en el escenario Marshall en el que aún no veíamos demasiada asistencia. A lo largo de las primeras horas, bandas como Blood Red Throne, Warbringer o Crystal Lake se subían a los main stages para ir abriendo boca, mientras el recinto iba llenándose poco a poco, en un flujo lento pero creciente. Para cuando llegó la hora de Dope, alrededor de las tres y media de la tarde, comenzábamos a ver que la asistencia se iba multiplicando exponencialmente y ya el Brutal empezaba a tener consistencia en cuanto al público, más acorde con lo que esperábamos.

Y entre una cosa y otra, llegaba el momento de unos esperadísimos Thrown. Esta formación sueca que ha subido como la espuma, llega de la mano del batería Buster Odeholm, al que muchos conocemos por pertenecer, además, a Humanity’s Last Breath y Vildhjärta. Con su Excessive Guilt como único trabajo, sonaron a las mil maravillas mientras sus fans se volcaban completamente en su directo. Un auténtico bombazo. Tras ellos, unos Fleshgod Apocalipse que llenaron a rebosar el Obscure Stage, fueron de menos a más y dieron paso a Dark Angel, otra de las bandas que los asistentes aguardaban con ansia.

La banda californiana, con más de cuatro décadas a sus espaldas, llegaba a Jaroměř con ganas de darlo todo y hacer que su concierto reventase la cabeza a todo aquel que se había acercado a verles. Abriendo con su “Time Does Not Heal”, los de Ron Rinehart incluyeron un guiño al que será su nuevo disco tras treinta y cuatro años sin un trabajo de estudio. Haciendo un estupendo repaso a su Darkness Descends, Dark Angel avivó el ambiente del primer día para que continuase la fiesta con unos Static-X que harían saltar por los aires a toda la fortaleza.

Un Sea Sheperd lleno hasta la bandera recibía con una inmensa ovación a Static-X, que llegaban a tope desde el primer momento. Edsel Dope, haciendo doblete –unas horas antes había subido al mismo escenario al frente de Dope–, saludaba con sus ojos rojos como la sangre repartiendo destellos allá donde mirase. ¿Para qué abrir suave si se puede ir a machete desde el primer momento? Esto es lo que debieron de pensar, ya que el espectáculo no bajó de intensidad ni un solo instante: espuma, cosas volando, humo, muñecos y un sinfín de estímulos convirtieron a Static-X en uno de los mejores shows del día. Un sonido sublime, una actitud aún mejor y energía descomunal, aderezados con temazos como “Destroy All” o “Push It”. ¿Qué más se puede pedir?

Seguido, sin tiempo ni para respirar, llegaban unos Dying Fetus que siempre nos hacen vibrar con su calidad a los instrumentos y unas voces que nos ponen la piel de gallina. Aunque mucho más estáticos, el concierto sonó a las mil maravillas y pudimos disfrutarlos con algo más de calma. Aunque Dying Fetus, en un inicio, se solapaban con Ill Niño, finalmente estos segundos anunciaron su cancelación. Ocuparon su lugar los pintorescos Sleepytime Gorilla Museum, con una propuesta muy diferente y visualmente llamativa, que atrajo a un buen puñado de curiosos que se acercaron hasta el Obscure Stage a verles.

Algo después de las nueve de la noche, comenzaban los platos más fuertes de la jornada. Unos Mastodon aplastantes aterrizaban sobre el Sea Sheperd para destruir sin miramientos el BA. Echando un vistazo a la pista, pudimos observar que no solo el verde del Sea Sheperd estaba lleno a rebosar sino que, en la explanada adyacente –correspondiente al escenario Marshall– no cabía tampoco ni un solo alfiler. Será probablemente uno de los shows –de momento– en los que más gente hayamos visto desde que acudimos al Brutal Assault. Imposible moverse de un lado a otro, ni avanzar hacia primeras filas. Con un breve homenaje a Ozzy Osbourne, los de Atlanta fueron repasando toda su carrera musical alternando cortes de toda su andadura. No se les puede poner ni una pega: un sonido brillante, unas tablas sobre el escenario que solo bandas de su envergadura presentan y un cierre, de nuevo, recordando a Ozzy con el “Supernaut” de Black Sabbath que sonó a las mil maravillas.

De nuevo, sin tregua, Ministry se subían al Marshall a continuar con la jornada que, aunque pareciese que estaba a punto de terminar, aún quedaban algunos cartuchos. Aunque Ministry no tuvieron su mejor show, mantuvieron el nivel de energía de los asistentes a buen recaudo para lo que venía después: Kerry King. De nuevo, el Sea Sheperd estaba a rebosar, con unos fans deseosos de volver a ver al bueno de Kerry pero, en esta ocasión, acompañado por Phil Demmel y Mark OseguedaDeath Angel– al frente. Con sonido demoledor, como la apisonadora que viene siendo desde siempre KK sobre los escenarios, fueron alternando temas propios con algunos de Slayer como “Repentless”, la tremenda “Disciple” o la archiconocida “Raining Blood” que no podía faltar. Un concierto que nos dejó con una sonrisa en la boca.

Y ya casi casi estaba todo el pescado vendido, como se suele decir. Orange Goblin se solapaban con Rotting Christ, por lo que nos decantamos por los segundos, que son siempre sinónimo de buena tralla. Los de Sakis Tolis llegaron al Marshall a golpe de llamarada con una potentísima “666” como apertura espectacular. Los griegos, decidieron sacar gran parte de su artillería pesada nada más comenzar, con dos temazos como “Fire, God and Fear” y la brutal “Kata Ton Daimona Eaytoy” como tercer y cuarto corte. El show siguió esa línea y, aunque la voz de Sakis quizás no esté en su mejor momento, el concierto fue espectacular. Cerrando con “The Raven” completaron una maravilla de concierto que nos dejó con ganas de más. Tocaba descansar y recuperar fuerzas para el segundo round.

By Oiane Díaz

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