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Leyendas del Rock 2025: Segunda jornada (Jueves 7)

Festival: Leyendas del Rock 2025
Lugar: Villena – Alicante – 6, 7, 8 y 9 de agosto de 2025
Fotos: Rubén Rosinos
Texto: J.A. Lux, Quim Brugada, Òscar Saro

La pluma contra el computer mouse, la etiqueta “core” contra la patente determinada.

Con algo más de calor que el día anterior, y con una muy ligera caricia de viento, encarábamos los combates del segundo día que se dirimían entre la coalición folk metal de diferentes eras y análogas miras, y entre los “hackeos nerviosos” de pieles sintéticas y recubrimiento de titanio. La búsqueda de la codiciada sombra no impidió que desde el escenario Jesús De La Rosa, Imminence se sacudieran la capucha de su batín noir para fruncir su ceño sueco y sacudir el primer knee strike, noqueando nuestra consciencia y sumergiéndonos en una alucinación enlatada entre estéreos comprimidos. Su amplio rango de combinaciones los posiciona más allá de etiquetas ya que los de Malmö, lejos de la generalidad del metalcore como base, no renuncian al sinfonismo apocalíptico, las tendencias alternativas y una sensibilidad desgarradora que los podría comprometer con el doom. Eddie Berg domina un amplio espectro de disciplinas vocales además de añadir su violín para, quirúrgicamente, diseccionar nuestras memorias más estancas. La guitarra rítmica de Alex Arnoldsson cementa, para que ruede sin complicaciones, el kilométrico mástil solista de Harald Barret quien no duda en utilizar un arco con el que lanzarnos sus notas envenenadas (¿un guiño a Page?). Éste, además aprovecha para que su voz complemente el caos lírico que se bombea a través de la pétrea base rítmica de Christian Höijer (bajo) y Peter Hanström. “Temptation” (“Heaven In Hiding”-2021), “Erase” (“Turn The Light On”-2019), “Heaven Shall Burn” o “The Black” (de su última larga duración “The Black”-2024) infectan la materia gris por contacto etéreo y nos extienden la lona para que, al colisionar con nuestra cabeza contra ella, nuestra visión se enturbie sin estimación de recuperación temporal médica.

En el escenario New Rock, Headon, desde San Pedro del Pinatar, Región de Murcia, ejercieron de muro de contención para que las disputas resultaran equitativas. Su power metal cantado en español, de corte y confección más vanguardista, se interpuso de reglamentaria guisa para que los contrastes no rozaran la tiranía. Con cuatro discos en su haber y las ideas bien claras, el quinteto, que hoy aparecía con un ordinal menos, vocifera a través Andrés Martínez, pero se queda bastante estático como para arrear con el rebaño hasta sus pazos. Eso sí, sus declaraciones solidifican la ejemplaridad propuesta por el propio festival, en el que interceden dando improntas del pretérito con pesquisas de más allá del cercano mañana. Cierran con la versión del “Fiesta Pagana” de aquello que se llamó el fenómeno Mägo de Oz, quizás por decantarse por una vertiente más clara, pero a mi juicio equivocada, necesitábamos más imparcialidad.


En el otro lado de este cuadrilátero eventual, en el escenario Azucena, afilaban floretes los alemanes Dartagnan, desde Núremberg y con ese semblante solvente de Baviera, pronto su sentido reconocimiento a la amistad, a la compasión, al amor a la vida en sí misma, al compañerismo y a la valentía, organizaron una gabela de tonadas centenarias urdidas con un rock apto para todos los públicos, seductor en su sonrisa bergante. La sencillez arrodilla al vulgo y éste, súbitamente, pasa a ser soberano. Tim Bernard (guitarra acústica) y Haiko Heinz (guitarra eléctrica), encabezados por el vocalista y multi instrumentista de orfebrería medieval (mandolina, gaita, flauta) Ben Metzner, son los tres mosqueteros originales de la formación (tal y como cantarían en un perfecto castellano para acabar su festejo). Éste último une para la causa a la totalidad de forajidos allí amparados por el grito de “¡uno para todos…!” y que tuvo, como era lo esperado, una atronadora respuesta. Aparte de solicitar un brindis con la popular “Trink Mein Freund”, se situó en una peana en medio del gentío y montó un enorme circle pit a su alrededor, salpicando a todos con agua. Energía y alegría a raudales que dejaron a la gente absolutamente impresionada y camelada, coreando lo que ellos quieren, cuándo y cómo quieren en su primera visita a España. Han reforzado la asentadura junto al violinista Gustavo Strauss, Sebastian Baumann al bajo y el baterista Matthias Bhöm, lo que en temas comoFeuer & Flamme, “Herzblut”, “Farewell”, “Cést La Vie” o la versión de Avicii, “Hey Brother” hacen que parezcan un combo más metálico.

Habiendo abofeteado el rostro de los más intrépidos, se recogió la misiva y se coordinaron las ofensivas de From Fall To Spring (NR Stage) y Hanabie (JDLR Stage). A los primeros se les intenta colar con el pase V.I.P. metalcore, pero es imposible camuflar su asimilación modern rock con gravamen de siete cuerdas, su sonsonete hip-hop, los dos vocalistas (los hermanos gemelos Wilhelm) y una manada retratada con el mismo carrete que los del añorado Chester Bennington. Estos alemanes no han inventado nada, pero es cierto que tienen un gancho correcto con ligeros destellos de creatividad personal. “Cast Away” o  “Come Alive” suenan agradables y entre la gente más joven parecen despertar afecto sincero. Las segundas son harina de otro costal. Las japonesas Hanabie. derrochan ingenio cosmopolita en su filoso compendio de música tecno electrónica, punk, hardcore, metal de nuevo cuño e imagen Harajuku. Tokyo ha visto nacer y mutar a este cuarteto donde Yukina, voz principal, se desgarra las cuerdas vocales como libera a una “Lolita” nipona programada para llevarnos a la ruina. Matsuri hace lo posible como colchón vocal aunque su elemento son los trastes a marchas diferentes, así como Hettsu hace igual pero con el bajo, ambas bastante básicas, sin florituras innecesarias. La batería la ocupa Chika despiadada y fotogénica, mala combinación para los inocentes. Me recuerdan, metafóricamente, a unos System Of A Down en plan manga y embrutecidos hasta el cubo, ambas formaciones orgullosas de sus etnias y de su insalubridad mental. “Neet Game” (“Reborn Superstar”- 2023), “Spicy Queen” (single 2025) y “Tousou” (“The Next Life Is A Great Man!”-2024) son bramidos alienígenas, camuflados tras cascadas de datos en constantes binarias que “zombifican” y movilizan a una evolutiva masa de cuerpos en deambulación latente.

Los jueces solicitan un tiempo muerto para recomponer a los contrincantes del día y para ello se atraviesan los senderos del death desde dos prismas diferentes. Painstorm desde Madrid  con su death metal old school nos presentan “Fun And Violence” de este 2025 con todos los rasgos definitorios del género: growls desgarrados, riffs cavernosos y oscuridad como lumbre. Nada nuevo bajo el sol, pero se agradeció un poco de “formalidad” tras tanto desvarío distante. En este momento se anunciaron algunas de las bandas que pasarán por estos escenarios el año que viene, en las fechas cinco, seis, siete y ocho del mismo mes que nos ocupa. ¡Ya está liada! Lee, lee…: Helloween y su cuarenta aniversario, shows exclusivos para festival en España de In Flames, Slaughter To Prevail y Warcry. La primera aparición por estos lares de Godsmack y la última de Sepultura (¿nos van a hacer un Scorpions los brasileiros?). Suma a Nothingmore, Of Mice And Men, Dark Tranquillity, Deicide, Mushroomhead, Eihwar, Dark Moor, Hardline, Chez Kane y Latzen. Nada, nada mal para abrir apetito… Buen ardid para nublar nuestro discernimiento y más si en el escenario Azucena nos reencontramos, tan solo un día más tarde, con Mikael Stanne (Dark Tranquillity, Cemetery Skyline) y su otra súper banda, The Halo Effect, con toda su imaginería de death melódico sueco a disposición de todas las espectadoras allí hipnotizadas. Jesper Strömblad (ex InFlames) cristaliza esta metanfetamina adictiva a más no poder desde el estudio, ya que por razones de salud y antes de acabar lastrado para siempre, su lugar en directo lo ocupa el vistoso Patrik Jensen (The Haunted) a las guitarras. Junto a ellos, los también ex In Flames, Niclas Engelin (guitarra más que necesario para recrear esa dupla tan cotizada en su hábitat), Peter Iwers al bajo y el batería Daniel Svensson. Si no los has escuchado, ¿a qué crees que suenan?, pregunta retórica… son el regalo de unos pioneros actualizados, con más ilusión que nunca y con una visión no proxeneta de su legado. Con solo dos discos y seis años desde su engendramiento, su estatus no podía estar más elevado y nos lo demostraron con garantías y sin rentas pendientes. “March of the Unheard”, “In Broken Trust”, “Detonate” o “Become Surrender”, todas maravillosas, todas como se deben tocar y como deben sonar. Aquí ya sí que se rotuló una línea divisoria magnificente.

April Art

Vuelve a sonar la campana y los alemanes April Art (NR Stage) propinan un nuevo gancho al mentón de los inamovibles. Encabezados por la hermosa vocalista Lisa-Marie Watz, renacidos de las cenizas de su pasado con Scarlet Fire y que, por afinidad, nos recordaron a aquellos monstruos de su tierra llamados Guano Apes con ese rock alternativo evolucionado a modern hard rock, enfático en sus guitarras y ritmos, muy bien trabajados por Chris Bunnell (guitarra), Julian Schuetze (bajo) y Ben Juelg (batería). Son tan asimilables como predecibles, pero sobre todo no abusan de lo que se le escapa al ojo en el escenario, y si hacen uso de ello es para recrear sus temas sin monsergas, no para tapar sus carencias. Desprendidos en sus posiciones, saborean a través de nuestras retinas las ondas sonoras que se extienden a través de “Breakout” y “Painkiller” (“Fighter E.P.”-2021), “Superhero” (“Pokerface”- 2022), “Not Sorry” (single 2023) o “Head Up High” y “Jackhammer” (“Rodeo”- 2024). Por si no los conocías, no esperes a que te lo vuelvan a contar.

Miracle Of Sound (JDLR Stage) vino a la piel del toro por primera vez en forma corpórea, es decir, con una banda real que soporte la genialidad musical del “one man army” irlandés Gavin Dunne. Ha construido un puente de fantasía power, folk, country, prog, doom, raíz nórdica, creencia celta y hasta música electrónica. Un talento creativo que halló en el lienzo de los videojuegos una paleta de colores puros, y tal como le vino la doncellez estilística, también se le apareció la inspiración para mezclar la genética solidaria y así preñar diferentes colmenas de elixires desconocidos. En su primer aterrizaje aquí, tiraron a asegurarse una cómoda ventaja propugnando sus orígenes a través del folk metalizado que muta en pasajes sinfónicos y progresivos. Sorprendentemente algunas de sus bandas sonoras, aparte de por su cara estrictamente musical, eran conocidas por emplazar a los gamers a sus escenarios ficticios, estableciendo una notoria reciprocidad al sonar “Sirona” en su dialecto natal, “Ode To Fury”, “Road Rage” (la más heavy de todas), “Skal” y la celebrada multitudinariamente “Valhalla Calling”. Poco juego para nuestros fotógrafos ya que los músicos se enclaustraron en una experiencia onanística que denotó su alta valía, a excepción de la teclista y vocalista que con su ímpetu, aportó frescura e incitación a una felicidad que solo Tolkien podría describir a la perfección. Deseando una gira por sala encabezada por ellos.

Con más de un cuarto de hora de tardanza, los suecos Allt arremetieron en el New Rock Stage contra toda obviedad designada al “core”. Ellos envuelven el término que los incluye en el presente con una desazón manifiesta en su ecualización djent, opresión death, algoritmos progresivos y llamadas de auxilio nuevo metal. El quinteto gozó de poco tiempo como para engatusar a los que no les tenían fichados, pero eso no resultó una lacra para que sus expresiones asalvajadas nos mantuvieran a raya.

Tras limpiar el aura con palosanto del escenario Azucena, el amasijo de cornamentas y pieles de diferentes animales recolectadas para la subsistencia ancestral, arraigaron sobre la impía madeja de cables y la fundición de estaño, vertebrando el magno esqueleto, a imagen de un bosque arcaico, bajo el que se camuflaron en comuna Heilung, para sanar y elevar nuestra alma (hadas, duendes, guerreros prehistóricos…). Adentrarse en su ritual, es una experiencia más allá de las palabras, de las creencias o incluso de la propia música, pura recreación teatral de su comprensión de la raíz de una humanidad anterior al conocimiento, guiada por las percusiones, cantos corales y la supervivencia de los sentidos. Esto no es metal pero pesa más sobre nuestra sique que sobre nuestras cervicales. Es lógico que el público ausente no conectara con ellos, pero los que sí lo hicimos nos dejamos invadir por una congregación espiritual, pagana, que subsiste esquivando la vanidad social y que con las luces de ambiente, la bruma y los inciensos, quedó inmortalizada en alguna región inhóspita de nuestro córtex tanto cerebral como suprarrenal.

Seven Spires con su metal americano de amplitud de percepciones (death melódico, black, heavy, progresivo, sinfónico…), requirió de la asimilación de los allí perplejos, en cuantía llamativa, por el amplio rango vocal de Adrienne Cowan (Sascha Paeth´s Masters Of Ceremony, Ex Avantasia en directo) que lo mismo te seduce con melosidad, como te acuchilla con agudos inauditos o te azota con profundos guturales y rasgados screams. Una pena que toda su poesía conceptual recale en bases filarmónicas pregrabadas, pero lo que no se les puede negar es que el nivel compositivo e interpretativo que ostentan roza el Cum Laude. Saludamos con vítores al guitarrista Jack Kosto, el bajista Peter Albert de Reyna y su nuevo batería Dylan Gowan. Destacaron “Architect of Creation” (“A Fortress Called Home”- 2024), “Shadow On An Endless Sea”o “Dare To Live” de “Gods Of Debauchery” editado en 2021.En esta última nos invitan a lo que a muchos y muchas se nos olvida con los trajines diarios: agarrarse fuertemente a la vida más allá de la obligación. Ellos están fuera de ligas y así ejercieron, como vigías de la salud de un imperio idílico sin más frontera que los límites de la imaginación.

Se iba a alzar la voz para que un contundente orador, experimentado en las tácticas de combate, dejará sobre el aire un manifiesto argumentado con el shock postraumático. Mostrando los ríos de sangre que se vierten, desde incontables frentes, en la interminable carnicería que deshumaniza la búsqueda de una regeneración generacional aún coartada por el recelo, aquí se trató acerca de la geografía ya consumida. El escenario Jesús De La Rosa atrincheró a los perros rabiosos de la guerra, los teutones Kanonenfieber. Con un discurso transparente, sus aseveraciones black y death metal, ejemplifican en este contexto un paralelismo con la Gran Guerra, es decir, la Primera Guerra Mundial que abarcó cuatro años inmerecidos para la raza humana entre 1914 y 1918  (¿?… ya dudo visto el panorama actual, poco hemos aprendido). Con solo cinco años de vida, estos supervivientes encapsulados en el invierno industrial, como si del Capitán América se tratara, son reanimados para comparecer, sin traductores que adulteren su idioma nativo, ante las investigaciones de las naciones desunidas. Engalanados con sus uniformes germanos y, a pesar de estar protegidos por alambradas y sacos de tierra, se enmascaran para preservar sus emociones. Aunque su tono sea elevado y su timbre resulte lacónico, no nos distrajeron de su exposición de los hechos, mostrando estampas recreativas como la del zeppelín que copa su atril, donde disparan al aire auténticos obuses Gran Berta que hicieron temblar antaño a París. Sus revelaciones en la materia, ordenadas en dos discos de estudio y tres epés, fueron expuestas en gran parte de su totalidad y con un respetuoso orden cronológico. ¡Hail Kanonenfieber!

Habiendo iniciado su carrera en el jazz, cantando y tocando el clarinete, la que fuera la diva de Delain durante sus años de mayor esplendor, Charlotte Wessels se precipitó al vacío para que esta cantautora colocara alas a sus inquietudes y que ellas, como Ícaro, se derritieran en forma de canción al elevarse cercanas a los soles que le ayudan a deslumbrar. Curiosamente le acompañaron Timo Somers (guitarra), Otto Schimmelpenninck en el bajo y Joey Marin tras los parches, antiguos compañeros en la banda creada por el teclista Martijn Westerholt tras abandonar Within Temptation. Junto a Sophia Vernikov en los teclados, mostraron una química sólida y cuidada en el escenario, todo sin procesar y de forma natural, como en el rock se ha de transcender, hecho que quedó patente en las interactuaciones entre la artista, la banda y los espectadores, conexión real y extensa. Abrieron con “Chasing Sunsents”, canción con un desempeño muy lírico y registros agudos, seguida por “Dopamine”, tema que ha grabado con Simone Simons de Epica para su último disco de 2024, “The Obsession”. De esta forma Wessels dio un somero repaso a su más reciente edición, dejando paso a algunas de las experiencias menos metaleras de sus dos primeros discos como artista solista, “Tales From Six Feet Under I & II”; “Toxic” o “Soft Revolution” lo testificaron. Para ejercer de emprendedora no hace falta sellar con “core” ni desdeñar las bases, tan solo hay que amar el aprendizaje y atenderlo desde la introspección y la sabiduría que otorgan las agujas del reloj.

Cerraban el jueves The Cost, la nueva y precipitada (se presentaron en febrero) banda que ha creado el asombroso batera ex Saratoga, el Estepario Siberiano, cuyo nombre real es Jorge Garrido, de origen valenciano y de destino internacional gracias a su sublime ejecución percusiva, donde en redes sociales es un “top” mundial. En cuerpo presente de power trio junto al bajista Chris Attwell (experimentado colegiado en jazz) y el guitarrista/vocalista Peter Connolly (titulado con honores en versatilidad), cada uno a un lado y ocupando, el destroza baquetas, el centro del escenario Azucena, nos hizo flipar con su pegada y simpatía. Desarrollaron su modern hard rock metalizado con reflexiones progresivas, derivadas de la dotación y del inconformismo. A falta de rodaje, quizás todo resultó un tanto estático en conjunto, pero nadie podrá negar que sus canciones están trabajadas con mimo y que, a pesar de la linealidad que ofrece la corriente estilística, tienen un atractivo real que demanda una mínima porción más de garfio. “Doppler Affection” es un generoso disco de talentos unidos, no los dejes pasar.

Cayó otra maratoniana pugna, con tantas luces como sombras, pero en la que quizás se mantuvo un empate técnico por aproximaciones y en la que, nuevamente, los ajenos a la lidia cerraron bocas y mantuvieron a los bandos en su sitio.


En este reel publicado en nuestro instragam podéis ver un resumen visual de esta segunda jornada:

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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