Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies.

Cuando el universo se expande por obra de God is an Astronaut

Banda: Jo Quail + God is an Astronaut
Lugar: Razzmatazz 2, Barcelona – 11 de octubre de 2025
Texto: Òscar Saro
Fotos: Quico Gras y Jordi Gol

God is an Astronaut vuelve a mostrar en Barcelona su post-rock con alma. Una catarsis sonora y lumínica en uno de los mejores conciertos que he podido vivir este 2025

Cada tema en directo de los irlandeses God Is an Astronaut es como una especie de viaje emocional distinto que hace de sus conciertos una experiencia que trasciende más allá de la música. En un intento de explicar esta vivencia, esta crónica empieza recorriendo los detalles y emociones que pude capturar en una de sus canciones: «All Is Violent, All Is Bright”. Un tema escrito hace 20 años, que fue la tercera canción que tocaron en su concierto del pasado 11 de octubre en la sala Razzmatazz 2 de Barcelona.

El viaje empezó suave, con una capa de sintetizador atmosférico que tejió un entorno relajado y acogedor. Desde la distancia, asomó una guitarra arpegiada que, poco a poco, se hizo más presente hasta erigirse como el primer protagonista del tema. El caballo pasó del paso al trote y se sumaron el bajo y la batería para que la canción empezara a avanzar, sin perder esa atmósfera inicial que seguía sonando por detrás

Las luces, que al principio apenas iluminaban con delicadeza el escenario, se transformaron en una marea de colores cautivadora, contribuyendo a la magia de un público ya hipnotizado, viajando dentro de la canción.

El arpegio inicial fue mutando hacia pasajes más expresivos, como si la guitarra hubiera decidido contarnos una historia sin palabras, solo con emociones. El bajo se unió a este relato y, por unos instantes, alzó la voz sobre el resto, usando una cejilla amarrada muy a la derecha del mástil. Mientras la batería mantenía una base rítmica serena, bajo y guitarra tejieron capas sonoras que desarrollaban una narrativa llena de matices. Todo ello arropado por una iluminación tan conmovedora como expresiva.

De pronto, la batería incrementó su cadencia con redobles poderosos y la canción ganó intensidad. El bajo marcó ritmo de galope y la guitarra, ya lejos de los arpegios, se convirtió en un riff que empezó limpio y fue adquiriendo distorsión conforme crecía la tormenta instrumental. Las luces latieron al compás, amplificando el crescendo, mientras el público, conectado por un cordón que cada vez era más grueso, se dejó arrastrar hacia un éxtasis colectivo de manos levantadas, rostros iluminados y gritos de admiración. La subida culminó en una explosión sonora que nos despertó y nos hizo conscientes de haber viajado nuevamente dentro de una de las canciones que los irlandeses God is An Astronaut desarrollaron durante este, nuevamente, memorable paso por estas latitudes.

La arquitectura de la canción y su puesta en escena, con las luces como instrumento adicional, nos convirtieron en algo más que simples oyentes. Pasamos a formar parte de la canción y esta fue una sensación que se intensificó cuando mirabas a tu alrededor y veías que el virus se extendía. La experiencia era sin duda colectiva, a pesar de que cada uno de nosotros tal vez pudo ver y vivir detalles diferentes. En mi caso, con las canciones de los irlandeses, no puedo evitar construir mi propia interpretación de cada tema guiado por sus títulos. Como ya he explicado, esta que he descrito se llama “All Is Violent, All Is Bright”. Particularmente, a mí este tema me transportó aun un mundo donde conviven la belleza deslumbrante y la melancolía, la violencia y la calma, la oscuridad y la luz: polos opuestos que se necesitan para existir.

God is an Astronaut es una banda creada por los hermanos gemelos Torsten Kinsella (guitarras, teclados y voces) y Niels Kinsella (bajos y guitarras). El batería gallego afincado en Dublín, Anxo Silveira, se ha incorporado este mismo 2025 a la formación para acompañarlos en la presente gira, substituyendo al que ha sido la base rítmica de la banda durante más de veinte años, Lloyd Hanney. Es la cuarta vez que los veo en directo y la primera vez que los he visto transitar por caminos menos atmosféricos y más percusivos. Para abrir los conciertos y acompañarlos en la ejecución de los últimos temas, se ha unido la violonchelista londinense Jo Quail, cuya participación contribuyó a aumentar esta sensación de que estaba viendo una evolución en el directo de los irlandeses.

Su paso por Madrid y Barcelona, el 10 y 11 de octubre, de la mano de Route Resurrection Fest, forma parte de la gira de presentación de su último trabajo de estudio Embers, publicado en septiembre del 2024 (ver playlist al final de la crónica). Un tour de treinta y cuatro conciertos, que empezó el 6 de febrero en Australia y que ha acabado el 19 de octubre en Budapest.

Me parece casi imposible replicar esta nueva experiencia que vivimos en Barcelona con los God is an Astronaut, escuchando sus canciones en casa, por muy bueno que sea el equipo de sonido, o intentando trasladar al texto de una crónica como esta. Porque todo lo que se desarrolló en directo es fruto de más de veinte años de experiencia en convertir su post-rock diferencial en una suerte de magia que fluye alrededor del público y lo empapa por completo. La maravillosa iluminación es claramente un punto clave y la propia reacción colectiva del público también contribuye a hacerlo más épico. Pero, obviamente, la música defendida en directo es el tesoro principal. Unas interpretaciones llenas de capas y matices, que casi siempre empiezan suaves y acaban explotando. Una colaboración trascendente de Jo Quail con su chelo eléctrico, que añadió nuevas capas de magia al resultado final.

No te pierdas el conjunto de vídeos que hemos unido en un reel de instagram para intentar dejar mayor constancia del concierto de los irlandeses. Ver enlace al final de la crónica.

Capas de emoción: el hechizo sonoro de Jo Quail

La violonchelista londinense Jo Quail, colaboradora reciente de God Is an Astronaut, fue la encargada de abrir la velada. Sonriente, subió al escenario y, con una naturalidad encantadora, se presentó y presentó también a su instrumento, un chelo eléctrico de diseño contemporáneo de cuerpo esquelético y grandes aberturas circulares. Nos explicó que era su primera vez en Barcelona y también anunció que interpretaría piezas de su nuevo álbum Notan, publicado en septiembre de 2025 (ver playlist al final de estas líneas).

Durante un pase corto y muy experimental, Quail ofreció tres composiciones en solitario, acompañada únicamente por su peculiar instrumento y un pedal de loops con el que fue tejiendo capas sonoras creadas en directo. Empezando de cero con bases más suaves, desplegó en cada canción un abanico de texturas experimentales y sugerentes, incluso con pasajes de percusión que nacían de golpes rítmicos sobre las cuerdas. Con un dominio interesante de las técnicas de ejecución, acercando en algún momento la mano izquierda de la digitalización a la zona donde deslizaba el arco, fue hilvanando una música envolvente, introspectiva y profundamente visual.

Abrió con “Butterfly Dance”, el tema inicial de su nuevo disco, construyendo una atmósfera etérea en la que el chelo parecía hablar con voz profunda.

En el segundo tema, Embrace”, también del nuevo álbum, explicó su visión de la interconexión humana, comparando nuestras vidas con los hilos de una telaraña invisible. También nos instruyó en el uso del loop en este tema y fue entonces cuando desplegó bucles de sonido que se superponían hasta formar un tapiz hipnótico de armonías.

Antes de su última interpretación, pidió un aplauso para el equipo de iluminación y afinó el instrumento de una forma distinta para abordar “Forge”, una pieza rescatada de su segundo álbum Exsolve (2018). De nuevo, capas sobre capas, algunas cercanas a la percusión, otras etéreas, se entrelazaron hasta formar un clímax emocional que cerró un concierto breve, pero de enorme profundidad sensorial.

En menos de treinta minutos, Jo Quail consiguió transportar al público a su universo sonoro, despertando emociones y dejando el terreno perfectamente abonado para lo que vendría después.

Explosión sensorial: God is an Astronaut cautiva con su viaje instrumental

Arrancaron sin preámbulos, sumergiéndonos directamente en el universo sonoro de su nuevo trabajo, Embers, con “Falling Leaves”. Niels abrió el tema desgranando notas de un instrumento que recuerda a un theremín, tocado con un arco, mientras el resto del grupo se fue incorporando poco a poco. La canción creció, se transformó y atravesó múltiples fases.

Continuaron con “Epitaph”, que volvió a abrirse con el instrumento inalámbrico, y donde escuchamos la voz limpia de Torsten flotando sobre las capas de sonido, aportando un matiz humano a su habitual paisaje instrumental.

Tras un primer saludo, Torsten nos recordó que este año se celebra el veinte aniversario de su primer álbum, All Is Violent, All Is Bright (2005), del que interpretaron el tema homónimo, esa pieza luminosa y melancólica que ya he desgranado al inicio de esta crónica.

La presentación de Embers continuó con “Apparition”, que se puso en marcha con un pulso rítmico firme, mientras unas cortinas de luces blancas acompañaron el crescendo y se integraron como un elemento narrativo más.

Luego llegó “Seance Room”, introducida por un suave repique de baquetas y de nuevo con los efectos electrónicos del theremín. La pieza fue creciendo, ganando densidad, mientras las luces se intensificaron y acompañaron la música con movimientos continuos.

El viaje prosiguió con “Odyssey”, de arpegio delicado y atmósfera contemplativa, un respiro antes de que el grupo desate la energía contenida en “Suicide by Star”, donde la guitarra arpegiada y la batería profunda de Silveira se fundieron bajo una brillante cortina de luz blanca.

El público reconoció al instante “Frozen Twilight”, y celebró tenerla en el repertorio; Silveira cambió las baquetas por escobillas y aportó una textura suave y elegante, mostrando su versatilidad.

Con la entrada al escenario de Jo Quail, la chelista londinense se unió a la banda para las últimas cuatro canciones y llegó uno de los momentos más emotivos de la noche, cuando Torsten dedicó “Fragile”, a su padre, Tommy Kinsella, fallecido hace dos años. La pieza, que comenzó con delicadeza, se elevó en intensidad hasta volverse casi trascendental, con Quail aportando un dramatismo contenido que erizó la piel.

Situada en el centro del escenario, Jo se convirtó en el eje visual de la recta final. Presentaron dos nuevas composiciones de Embers: “Oscillation”, un tema de múltiples aristas que combina belleza y tensión en partes iguales, y la homónima “Embers”, donde la catarsis colectiva alcanzó su punto más alto, con el público completamente absorbido por la avalancha emocional del directo.

El viaje culminó con “From Dust to the Beyond, dedicada a su histórico batería Lloyd Hanney. Una despedida cargada de sentimiento, con las emociones a flor de piel y la sensación compartida de haber atravesado, en apenas doce canciones, una sucesión de mundos extraordinarios.

God is an Astronaut no solo ofrecieron un concierto para no olvidar, sino una experiencia sensorial y espiritual que confirmó por qué, dos décadas después, siguen siendo una referencia absoluta del post-rock instrumental.

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

Artículos relacionados