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Dave Meniketti está más allá de las valoraciones sobre un escenario. Lo suyo es intangible, por encima incluso del alma.

Bandas: Y&T
Lugar: Teatro Juan Bravo, Segovia, 25 de septiembre de 2025
Fotos: Gabriel Pérez Hernando

Si bien no pudimos ver en España a los míticos Y&T en su gira de 50 aniversario, nunca es mal momento para que Dave Meniketti y compañía regresen para sentar cátedra dentro del hard rock, en un momento delicado para la credibilidad del género. Lo digo conscientemente a pesar de la cantidad de bandas y discos que se lanzan en la actualidad, pero ahí está la manzana envenenada, muchos grupos pero no demasiado talento fuera del estudio. Con una banda de cuatro músicos se puede llevar al público al trance absoluto, elevar los sentimientos más allá de la comprensión y, al hilo del comentario, algo que debo recalcar con ímpetu: sin ningún tipo de pregrabado. Vuelvo a enfatizar esta aseveración, porque a veces uno va a un concierto, paga un precio por una entrada y, finalmente, parece estar viendo una disco móvil de fiesta de pueblo, con más efectos que una película de Harry Potter.

El teatro Juan Bravo, desnudado de butacas, se pobló de cientos de gargantas ávidas por corear los clásicos de uno de esos combos que, no solo son historia por un amplio puñado de himnos atemporales, sino que se han ganado ese honor a base de una entrega en cuerpo y alma en cada una de sus actuaciones. Puntuales, el robusto Mike Vanderhule se asentaba sobre su ajustado trono percusivo, seguido del que a mí me parece el doble de Johnny Depp en Piratas del Caribe, el bajista Aaron Leigh. Con su lisa melena rubia y una sonrisa constante aparecía también el gran guitarrista y coros John Nymann, para, como era de esperar, que saliera Dave Meniketti y se llevara una ovación estruendosa. La moneda estaba lanzada al aire, ahora solo quedaban dos resultados: cara o cruz, o mejor dicho, buen concierto o sublime. Spoiler: la segunda opción.

Mr. Meniketti estuvo sensacional de voz, carisma y feeling, algo que a sus setenta y una castañas y tras superar a una de las enfermedades más temidas de nuestra era, es encomiable. No estuvo perfecto, ¡ni falta que hace!, pero dejó claro el porqué del cariño y admiración que se le profesa, sudando bajo los focos, o lo que en nuestro argot vendría a ser: “ganándose el jornal”. ¿A cuántas primeras espadas has visto llenando en sus shows y con más “jeta” que espalda? Pues eso, no pidas peras al olmo.

Con la introducción de “From The Moon” como cortina de humo, arrancaron con la potencia de “Open Fire” (lógico, ¿no?) y, qué queréis que os diga, nada en absoluto que objetar. Ya se intuía algo grande. El sonido perfecto que se mantuvo durante todo el show no hizo más que alimentar la llama de unos incombustibles soldados del rock, veteranos pero aún creyentes en la causa que no reúne a todos.

De In Rock We Trust de 1984 sonaron “Rock And Roll´s Gonna Save The World”, “Don´t Stop Runnin´” o “Lipstick And Leather” que inesperadamente abrió un bis necesario en sus momentos finales que se culminó con la emblemática “Forever” como era de prever.

“Twenty-Five Hours A Day” de su debut (1976) proporcionó recuerdos lejanos, a pesar de sonar con una potencia y una envergadura que nos golpeó con contundencia. En España la adoración por el disco Ten es notoria, y con “Don´t Be Afraid of the Dark” la cosa rozó el punto de ebullición, lo que prolongado a “How Long” de su último disco Facemelter de 2010, a la homónima “Mean Streak” de 1983, cuya experiencia siguió dilatándose con su compañera de disco “Lonely Side of Town” y el brillo de la emocionante “Midnight In Tokyo”, para, más adelante completarse con la visceral “Hang ´Em High”. Amplio repaso a esta obra maestra.

“Contagious” de 1987, el disco culmen del hard rock melódico americano, sonó a través de su propio tema título y con “Rythm Or Not”, para, devolvernos a 1982 y al clásico Black Tiger con la emocional “Winds Of Change” que nos emparentó con nuestros sentimientos más hermosos.

Los coros perfectos, secundaron a un pasional Dave, que entre afinamientos de su guitarra y unos focos deslumbrantes, parecía andar “por casa”, en familia y saboreando sus momentos solistas a tope.

La traca, supuestamente final, comenzó con el hit definitivo ochentero “Summertime Girls”, y una explosión de júbilo en las luminiscentes sonrisas del respetable hizo que aquello pareciera un viaje en el tiempo necesario. “Black Tiger” del año ochenta y dos, “Dirty Girl” de su predecesor, Eathshaker, y tras volver a rememorar su última rúbrica discográfica original con “I´M Coming Home”, cerraron la etapa de aquel que su década dorada con la tremendamente demoledora “Rescue Me”.

Noches como esta valen su precio en oro, ya sea jueves, lunes o domingo. Gracias, ayer, hoy y siempre.

By J.A.Lux

Amante y coleccionista de música, adorador del Rock y Metal en todas sus vertientes. Apasionado del celuloide y más si es de terror. Defensor irreductible de la cultura, siempre dispuesto a debatir y colaborar para su progreso.

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