Bandas: Miss May I – Crystal Lake – Great American Ghost – Diesect
Lugar: Sala Copérnico (Madrid) – 10 de marzo de 2026
Fotos: Alacor Producciones
Nos metimos de cabeza en un auténtico campo de batalla del metalcore, y no solo por el intenso esfuerzo de cada una de las bandas arengando a un público entregado desde el primer minuto, sino por una velada plagada de problemas de sonido, juegos de luces insuficientes en algunos momentos del show y un escenario que se desmontaba poco a poco. La gran sorpresa de la noche llegó con un cambio inesperado en el horario de los grupos que para unos cuantos asistentes fue un susto que hizo temer lo peor… pero eso, os lo cuento más adelante.
Los australianos Diesect fueron los encargados de abrir fuego y lo hicieron con contundencia. Su metalcore moderno, cargado de groove y breakdowns pesados, fue suficiente para empezar a agitar a los primeros valientes del pit. Temas como “Too Many Scars”, “Paralysis” o “Carbon” marcaron el arranque de la noche mientras la sala comenzaba a calentarse poco a poco. Sin grandes artificios, pero con actitud, el grupo dejó claro que venían a golpear fuerte y preparar el terreno para lo que estaba por venir.


El siguiente asalto llegó de la mano de Great American Ghost, que subieron el nivel de agresividad con un hardcore metálico crudo y directo.
Desde el primer riff quedó claro que la intensidad iba a aumentar: pogos más violentos, empujones constantes y un vocalista que no dejó de incitar al público a acercarse al escenario y que bajó a cantar entre los asistentes mientras que se montaba un circle pit a su alrededor. Temas como “Ann Arbor (Be Safe)”, “Kerosene” o “Forsaken” sonaron como auténticos martillazos que no te dejaban respirar ni un segundo.





Y aquí es donde vino la sorpresa de la noche, cuando en vez de Miss May I salieron al escenario Crystal Lake rompiendo el silencio del descanso y el orden de salida, con una energía brutal que hizo palpitar hasta el último corazón del público con un frenesí desatado.
Los japoneses con John Robert Centorrino a la cabeza, tocaron temas como “Apollo”, “Lost in Forever”, “Prometheus” o “Hail to the Fire” fueron encadenándose como una ráfaga imparable de riffs y ritmos frenéticos cerrando con “The Weight Of Sound” de su último disco. La banda se movía con una intensidad contagiosa, mientras el juego de luces convertía cada breakdown en un momento de tensión máxima. La anécdota vino a mitad de la actuación cuando, para sorpresa del público, los pipas fueron quitando las pantallas de pie de escenario al grupo, y comenzaron a “evitar” que los crowd surfers subiesen al escenario.





Finalmente, la noche cerró con Miss May I. La sala ya estaba completamente encendida. Los estadounidenses demostraron por qué siguen siendo uno de los nombres más sólidos del metalcore de la última década.
Con un sonido compacto y una presencia escénica muy segura, enlazaron temas como “Shadows Inside”, “Hey Mister”, “Relentless Chaos” o “Forgive and Forget”, que hicieron explotar definitivamente el pit. La mezcla de melodía y agresividad funcionó a la perfección y el público respondió coreando estribillos mientras los crowd surfers intentaban volar sobre la primera fila.






Fue uno de esos conciertos donde la frontera entre escenario y público prácticamente desaparece: sudor, gritos y puños en alto celebrando una noche de metalcore puro.
Cuando las últimas notas se apagaron, la sensación era clara: euforia, sudor y adrenalina en cada uno de los puños en alto que acompañaron a las cuatro bandas a lo largo de la noche.

