Bandas: El Drogas
Lugar: Sala Custom, Sevilla – 17 de enero de 2026
Texto: Luis Borrego
Fotos: Virginia Marín
Difícil decisión tuvo que tomar el pasado 17 de enero el público rockero sevillano teniendo a Soziedad Alkoholika y al Drogas tocando a escasos metros, pero Enrique Villareal logró colgar el cartel de sold out.en la Sala Custom. Y es que El Drogas no ofrece sólo un concierto, brinda un espectáculo en el que combina una puesta en escena algo cabaretera y glam con el rock más duro, afilado y crítico. Leyenda viva del rock que hizo disfrutar a su público con la rebosante energía que desprende a sus 66 años.
Una mezcla generacional iba llenando la sala: melenas, canas, calvas, padres e hijos, algunos nostálgicos de los años dorados de Barricada, pero todos en reconocimiento a una vida, una trayectoria, un artista consecuente y auténtico.
A escasos cinco minutos pasados de la hora marcada para el inicio aparece Enrique, frente a un telón, haciendo de su propio presentador con «La tarde jeringuilla»,con su característico pañuelo en la cabeza, gafas de sol y traje, a “su manera” exuberante, acercando la estética glam a la del rock más duro.


Cae el telón: aparece una banda pletórica: Txus Maraví a las guitarras, Eugenio Aristu Flako al bajo y Nahia Ojeta nuevo batería (que acompañó en su día al desaparecido compañero de Barricada: Boni) sustituyendo al batería fundador: Brigi que dio por finalizada su etapa con El Drogas para volver al frente de Koma. Un inicio cañero marcado por «Problemas», más de media hora dando leña sin parar alternando temas de todas las formaciones de Enrique: Barricada, Txarrena y La Venganza de la Abuela.
Tras este primer trallazo, se pone a las 12 cuerdas acústicas, algo más suave para “recordar a los que nos van olvidando”, un tierno gesto a los mayores afectados por el alzhéimer (como es el caso de la propia madre de Enrique), recogida en la letra de «Cordones de Mimbre». A destacar en todo el bolo un sonido muy currado y apoyado por una crew muy presente a lo largo del espectáculo, atrás quedaron los tiempos de acoples y volúmenes desorbitados, ahora todo forma parte de un conjunto muy bien hilvanado. Caben todos los estilos separados y fusionados: hard rock, autor, rockabilly, protesta, rock radikal vasco, punk, ska, reggae. Una banda que demuestra una conexión brutal reflejada en un sonido contundente. Todo ello recogido en una línea argumental que no deja títere con cabeza, ni se olvida de los agradecimientos (hasta a los maestros hizo alusión).




A lo largo del concierto no escatimó en intensidad ni en pasión, se iban intercalando temas de sus últimos discos con grandes éxitos de Barricada, como «Deja que esto no acabe nunca» coreada a pleno pulmón por todos los asistentes. Cada tema parecía más personal que el anterior, como si estuviera desnudando su alma frente al público, haciéndonos cómplices a los asistentes, reflejándose en sonrisas, coros, algún tímido “pogo”. No dejó tampoco de lado su faceta más combativa, esa que le hizo referente del rock duro. El artista reflexionó sobre las injusticias sociales (una constante en sus temas), el pueblo saharaui… temas que, como él mismo dijo, no dejan de tener vigencia e incluso se han agravado. También hubo cabida para la versión de Alarma: «frío», tema que ha llegado a popularizar más que la original y ha sabido personalizar perfectamente.
La capacidad de El Drogas para jugar con las emociones, pasando de la rabia más visceral a la calma más expectante fue uno de los grandes logros de la noche y, por supuesto, respaldado por una banda que está más que a la altura, controlando y adecuando perfectamente las intensidades. La conexión de Enrique con el público es única, más de dos horas de concierto que se pasaron “volando” , manteniendo la atención de los asistentes, haciéndonos sentir partícipes de una conversación de tú a tú.
La tralla final no podía faltar, haciendo el bis que todos esperamos en el que no faltaron míticos como «No hay tregua», «No sé qué hacer contigo», «Oveja negra», «Todos mirando», «Rojo» y, como culmen, la canción convertida en himno: «En blanco y negro». La Sala Custom parecía vibrar al unísono.
El Drogas dejó claro una vez más que no es sólo músico, es símbolo de rebeldía, de autenticidad y de lucha, referente para muchos que han seguido sus pasos. Una noche cargada de emoción, que dejó a un público más que satisfecho. No importa dejar huella, Enrique, gracias por dejar la tuya.










