El posible retorno a la coherencia sónica (I)

La indústria musical ha experimentado tantos cambios en las últimas décadas que sería una locura intentar abarcarlos en un artículo. Lo que sí podemos hacer es intentar centrarnos en un aspecto que todos podemos notar y, a la mínima que tengas un mínimo interés o seas mínimamente perspicaz, te habrás dado cuenta. ¿Suena igual la música actualmente que hace 30 años?, ¿se escucha mejor?, ¿peor?, ¿diferente?. Alguno dirá que es lógico, la tecnología ha mejorado y, por tanto, las grabaciones también. Sería lógico… pero, ¿y si nos planteamos que quizá no ha sido así? Quizá suene mejor un disco grabado en 1985. ¿Qué entendemos por sonar mejor?

Para intentar dar un poco de luz sobre todo este tema tenemos que, obligatoriamente, pensar en un concepto que ha marcado definitivamente la grabación musical a medida que nos fuimos adentrando en la digitalización de las grabaciones, la guerra del volumen. Quizá no has oído hablar nunca de ello pero, créeme, si eres consumidor de música ocasional o habitual de afecta.

Los más veteranos pueden tener más referencias en su subconsciente sobre la calidad musical de las grabaciones. Han escuchado más y han vivido el cambio. ¿Ha mejorado o no? Naturalmente eso dependerà mucho del equipo en el que se escuche música. No es lo mismo unos auriculares de botón siendo la fuente un mòbil que un equipo HI-FI con un CD o un vinilo rodando. Los entendidos dicen que los tres elementos que son de vital importancia para que la experiencia de escuchar música sea lo más satisfactoria posible son tres:

  • Altavoces
  • Sala
  • Grabación

Pero volvamos al concepto de guerra del volumen. Es un fenómeno que ya hace años que se da y se acostumbra a responsabilizar a las discográficas. Todos habréis tenido la sensación que cuando en la televisión empiezan los anuncios el volumen aumenta para llamar la atención del espectador. Quizá se dé menos en los últimos tiempos, pero a eso ya iremos más adelante. Lo cierto es que durante una época fue evidente. Las compañias y los actores involucrados en la producción musical, así como los grupos, siempre han buscado distinguirse e imponerse a la competencia a base de sonar «más alto». De esta manera cuando suena un tema después de otro a un volumen mayor en la percepción del oyente parece que suena mejor. Lo que se consigue realmente es que suene más estático.

Está comprobado que, año tras año, a partir de primeros de los 90 las grabaciones tendieron a subir progresivamente el volumen y así se pudo notar en los discos. Eso es fácil de comprobar en casa. Solo hace falta el mismo título, editado en CD en años distintos a lo largo de los últimos 25. A más años de diferencia entre las ediciones más se va a notar el salto. Aconsejaría hacer la prueba con CDs, dejémonos de plataformas digitales, eso es otro tema. Reproduces el más antiguo en cuanto a fecha de edición y sin tocar el volumen seguidamente el más reciente. El cambio de volumen se dejará notar.

Para muestra un botón. Mostramos una imagen del tema «Battery», ya sabéis, la pieza que abría «Master of Puppets» de Metallica. La imagen corresponde a una reedición del año 1999 de Elektra, la llamada 24 Karat Gold, en donde se ofrecía una edición remasterizada y supuestamente mejorada en sonido. Aquí está en la representación en formato de onda de un programa de edición de sonido.

Se aprecia claramente que el volumen no llega a la parte superior o inferior de cada canal. En el vúmetro inferior se puede apreciar como el volumen está casi constantemente en -1dB. Vamos con la segunda, el mismo «Battery» pero en la edición editada y remasterizada de nuevo de la caja de 2017.

Se puede ver claramente en esta segunda imagen partes del tema que tocan los límites inferior y superior, el llamado «cero digital». Asimismo el vúmetro inferior ya supera el valor anterior y en algunos momentos llega a rozar los 0dB. Vale la pena remarcar que el primer ejemplo ya es un remaster del ’99. En ese punto la subida de volumen respecto a la grabación original de los 80 ya era notable.

La grabación sonora en digital tiene un límite «de fábrica», por decirlo así, a partir del cuál si se sobrepasa produce distorsiones al reproducirse. Los expertos lo llaman «cero digital». Ese es el límite peligroso y del que una grabación digital no debe sobrepasar. La tendencia a lo largo de los años ha sido irse acercando a ese «cero digital» hasta el punto que ya se llegó a él a mediados de los 90. Cualquiera puede pensar que al llegar al límite ahí quedaría la cosa ya que si se llega al volumen máximo no puede sobrepasarse. Craso error, no fue así. Por aquel entonces se hicieron muy populares los compresores i limitadores digitales que permiten modificar la dinámica en una grabación sonora digital.

Así fue como, para continuar subiendo el volumen de los discos y no quedarse atrás respecto lo que hacía la industria en general todo el mundo optaba por recortar o distorsionar los picos que sobresalían del «cero digital». ¿El resultado? Menos rango dinámico, o dicho de otra manera, menor diferencia de volument entre los altos y bajos de una canción. No todos los instrumentos tienen el mismo volumen de por sí, de esta manera todo se equipara y tenemos una onda sonora como si hubiésemos pasado un serrucho tanto por la parte inferior como superior. El mejor ejemplo de ello y la representación máxima de todo lo comentado también lo podemos atribuir a Metallica y su «Death Magnetic». Veamos como luce el primer tema del disco. Esta grabación podríamos decir que fue el pistoletazo de salida para replantearse la situación y ver que no se podía seguir así. Aunque poco se ha hecho para recuperar un poco la cordura…

No me atrevería a responsabilizar totalmente a los actores del negocio, el mundo en el que vivimos y los hábitos de escucha de música han cambiado. Estamos habituados a ver por la calles de pueblos y ciudades a jóvenes con auriculares. La calle es un sitio ruidoso, con tránsito y toda especie de distracciones. Para que un tema musical llame la atención y suene a un volumen acorde a tu entorno hace falta que suene muy alto. Nuestros hábitos han condicionado también el devenir de las grabaciones. Pocas personas escuchan música dedicándole un tiempo específico de manera tranquila, siempre se hace mientras estamos con otras tareas y en entornos que perjudican la experiencia auditiva.

El uso de la compresión es habitual y obligada hoy en día en la grabación musical. Da cuerpo, refuerza graves y puede ser un buen recurso utilizada con sabiduría. También da sensación de volumen y es aquí donde se ha abusado de ella. Hay multitud de artículos al respecto por parte de entendidos como este de Elena García, técnico de sonido e imagen por la E.U.I.T.T. de Madrid y que recomendamos su lectura. Si tenéis curiosidad por saber un poco más sobre la compresión y lo que implica aquí tenéis un vídeo muy indicado para ello.



By Albert Perera Martinez

Live After Death tuvo la culpa de todo y tantos años después aquí seguimos. Si hay algo que me gusta más que escuchar música es hablar sobre ella y difundirla… y en ello estamos durante un cuarto de siglo.

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