Festival: Hellfest Open Air 2026
Lugar: Clisson, Pays de Loire (Francia) – 18 al 21 de junio de 2026
Texto: Cristina Trespando
Fotos: Miquel Raga
El sábado mezclaba bandas jóvenes con nombres fundamentales del thrash, el hardcore y el metal alternativo. Cabal, Non Est Deus, Crisix, Gaerea y Kublai Khan TX representaban distintas caras del presente; Anthrax, Megadeth y Carcass cargaban con décadas de historia; y A Perfect Circle aportaban su aura de culto.
Comenzamos en la carpa con Cabal, jóvenes, intensos y con ganas de comerse el escenario con su mezcla de deathcore, metalcore y pesadez industrial. Son el tipo de banda que demuestra por qué Hellfest no puede limitarse a presentar únicamente nombres establecidos.
Non Est Deus fueron una de las bandas que tenía más ganas de ver en directo, y fueron un tremendo espectáculo, con su black metal melódico, ensombrecieron la carpa del Temple con capuchas y simbología religiosa, incluyendo flagelaciones y coronas de espino.
Detrás del proyecto está Noise, la misma mente responsable de Kanonenfieber y Leiþa. Si Kanonenfieber explora la Primera Guerra Mundial y Leiþa se mueve por terrenos de oscuridad interior, Non Est Deus dirige su ataque contra el fanatismo religioso. Son propuestas conceptuales en un momento en el que muchas bandas parecen preocuparse más por producir contenido que por construir un universo conciso. Y además suena muy bien.



Crisix aportaron la representación española más clara de nuestra jornada y regresaron tras su parón con una propuesta renovada. “Fast Music” rompe con parte del thrash que tradicionalmente asociábamos con la banda y mezcla metal, electrónica y una agresividad muy alineada con sonidos actuales.
Es un giro que probablemente divide a parte de su público, pero demuestra que no volvieron simplemente para repetir la fórmula anterior. Resulta interesante ver a una banda española con años de carrera permitirse cambiar las reglas justo cuando habría sido mucho más sencillo regresar apelando únicamente a la nostalgia y lo que ya sabían que funcionaba. Y por la reacción del público, el riesgo salió bien.
Cavalera debían presentar Chaos A.D. completo, pero se vieron obligados a cancelar después de sufrir un accidente de autobús cuando viajaban hacia el festival. Por suerte no fue muy grave.
Anthrax devolvieron la jornada al thrash clásico estadounidense. Cuando suenan “Caught in a Mosh”, “Indians” o “Antisocial”, tampoco hace falta realizar demasiado análisis. Entre tantas mutaciones modernas del metal, a veces el cuerpo pide un riff directo, unas zapatillas altas, energía de sobra y canciones diseñadas para el circle pit.

A Perfect Circle ofrecieron uno de los conciertos más elegantes y atmosféricos del día, repasando “The Package”, “Weak and Powerless”, “3 Libras”, “The Outsider” y “Judith”. Un directo muy medido e intenso que culminó con su versión de “Starless” de King Crimson.
El proyecto de Billy Howerdel y Maynard James Keenan ha mantenido una actividad irregular y por sus filas han pasado músicos como Josh Freese, Paz Lenchantin, Troy Van Leeuwen y James Iha. Pero no son simplemente un proyecto paralelo repleto de nombres famosos. Poseen una identidad propia: más atmosférica y melódica que Tool, oscura y emocionalmente contenida. Su público mantiene con ellos una relación casi devocional.
En el Warzone, Kublai Khan TX demostraron por qué se han convertido en uno de los nombres más fuertes del hardcore y el metalcore pesado actual. Tocaron en el escenario de la violencia, que es exactamente dónde deben tocar. Riffs capaces de desplazar órganos internos, breakdowns y la voz de Matt Honeycutt dejando el espacio suficiente para que el público tomara decisiones físicas cuestionables.
El gran conflicto del sábado llegó cuando Megadeth, Carcass y Amenra coincidieron en el mismo slot. Era imposible salir ganando. Megadeth y Carcass son historia, pero Amenra ocupan un espacio especial en mi relación con la música.
¡Así que elegí Amenra! Verlos se parece más a participar en una ceremonia que a asistir a un concierto. El peso se construye mediante repetición, silencios y tensión hasta dejar de sentirse como algo externo. Colin H. van Eeckhout canta muchas veces de espaldas al público, como si aquello no estuviera pensado para ser observado.
“Razoreater”, “Am Kreuz”, “Diaken” y “A Solitary Reign” obligan a permanecer dentro del dolor hasta que se transforma en otra cosa. Hay algo sagrado en un concierto de Amenra, aunque no ofrezca respuestas ni necesite una religión. Es música triste, pesada e incómoda que, de alguna manera, termina liberando.
Amenra crean un espacio en el que se puede sentir algo pesado sin necesidad de explicarlo. La música localiza aquello que llevamos acumulado dentro, lo aprieta, lo arrastra hacia fuera y deja al final una especie de vacío tranquilo. No siempre se sale feliz de un concierto de los belgas, al menos no en el sentido habitual. Se sale más ligero.

Limp Bizkit desmontaron después toda la solemnidad. Podemos fingir lo que queramos, pero cuando suenan “My Generation”, “My Way”, “Rollin’” o “Break Stuff”, una parte enorme del público se sabe las palabras.
Fred Durst comprende perfectamente el papel actual del grupo. La rehabilitación del nu metal es otro ejemplo de cómo funciona la memoria generacional: lo que una vez fue considerado una amenaza comercial para el metal auténtico se ha convertido en la banda sonora nostálgica de miles de adultos. Y Wes Borland continúa siendo la figura más extraña y fascinante del escenario.
Saltamos y descubrimos que nos sabíamos prácticamente todas las letras. Los adolescentes de pantalones enormes son ahora adultos que viajan en autocaravana y se quejan de la espalda. Sí, somos nosotros.
Behemoth cerraron el Mainstage ocupando el espacio dejado por Volbeat. Fuego por doquier, humo, iconografía religiosa y una puesta en escena tan cuidada como calculada convirtieron el escenario en una ceremonia oscura de blackened death metal.
Sonaron “Ora Pro Nobis Lucifer”, “Conquer All” y “Bartzabel”, y sorprendieron a los fanáticos del black metal con un cover de “The Return of Darkness and Evil”, de Bathory. El cierre épico llegó a modo de bis con “O Father O Satan O Sun!”.
Behemoth suenan enormes. El sonido se va construyendo por capas, las atmósferas van creciendo y envolviendo al público sin que nada parezca fuera de lugar. Todo está medido al milímetro: las luces, el humo y el fuego entran perfectamente sincronizados con la música y hacen que cada golpe parezca todavía más grande. Su estética es siempre impecable y la ejecución está a la misma altura. Para mi, este fue uno de los top 3 del festival.
Al mismo tiempo, Hatebreed descargaban en el Warzone para quienes preferían cerrar la noche mediante una terapia física colectiva. Otro solape, otra renuncia.


















