Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies.

Hellfest, Día 4: Domingo de Cuarenta grados y modo ahorro de energía

Festival: Hellfest Open Air 2026
Lugar: Clisson, Pays de Loire (Francia) – 18 al 21 de junio de 2026
Texto: Cristina Trespando
Fotos: Miquel Raga

El domingo ofrecía otra jornada descomunal: President y Bad Omens representaban distintas caras del metal moderno; Black Veil Brides y Architects reunían a públicos más jóvenes; Pennywise, Circle Jerks y The Adicts mantenían vivo el punk; Eyehategod y Acid Bath llevaban el sludge al Valley; Napalm Death defendían el grindcore; Rise Against y The Offspring dominaban los Mainstages; y Mayhem cerraba el festival a su manera.

Sobre el papel era espectacular. En la práctica: ¡Había 41 grados!

Después de tres días de festival con un sol abrasador, entramos más tarde y activamos el modo ahorro de energía, era la única manera de llegar a la noche. La alerta roja había transformado el recinto: se suspendió la venta de licores y la cerveza quedó limitada a vasos de 25 centilitros por persona y pedido. Sinceramente, daba igual. Lo que mejor entraba era el agua, y agua nos dieron, en lugar de los birraman, el domingo tuvimos aquaman, que repartieron agua gratis por los conciertos, otro punto extra para la organización.

Las cortinas de agua se convirtieron en uno de los lugares más populares, las mangueras mojaban al público frente a los Mainstages y el personal recordaba constantemente la necesidad de hidratarse. Gestionar una alerta roja con decenas de miles de personas no es sencillo, y la organización estuvo muy presente para evitar incidentes.

Accedimos al recinto del festival cuando Black Veil Brides ya estaban tocando. Su combinación de glam, estética gótica y metal moderno fue una puerta de entrada para toda una generación. No hace falta que una banda forme parte de nuestras escuchas habituales para entender la conexión que mantiene con su público.

Pennywise aportaron velocidad, melodía y estribillos colectivos con su punk rock melódico. Eyehategod con su sludge pantanoso y pesado de Nueva Orleans ocuparon el mismo slot que Circle Jerks, con su hardcore punk histórico y acelerado de la costa Oeste: dos bandas icónicas compartiendo espacio en un festival que tiene de todo para todos.

Architects reunieron a uno de los públicos más entregados del domingo, confirmando el enorme crecimiento de una banda que ha sabido llevar el metalcore británico hasta escenarios cada vez mayores. “Doomsday”, “Black Lungs” e “Impermanence”, una de mis favoritas, construyeron un concierto contundente y muy bien recibido.

Puede que sus cambios de sonido hayan dividido a parte de sus seguidores, pero delante del Mainstage quedaba claro que siguen conectando con una generación que ha crecido con ellos.

Rise Against tomaron después el Mainstage con esa mezcla de urgencia, melodía y discurso que llevan décadas defendiendo. “Re-Education (Through Labor)”, “Give It All”, “Prayer of the Refugee” y “Savior” convirtieron la tarde en uno de esos coros colectivos que funcionan incluso cuando el cuerpo ya lleva cuatro días de festival y el calor ha agotado casi todas las reservas.

Entre tanta producción gigantesca, fuego y escenografía, su directo recordó que una banda también puede sostener un escenario enorme a base de canciones, convicción y un público que conoce cada estribillo. “Swing Life Away” ofreció un pequeño respiro antes del último empujón. Punk rock para cantar con el puño levantado, Rise Against mantienen intacto ese carácter abiertamente político que siempre los ha definido, señalar injusticias y pelear por nuestros valores.

The Hives son una de las bandas más divertidas que se pueden ver en directo. Su estética en blanco y negro está cuidada hasta el último detalle; Pelle Almqvist corre, posa, habla sin parar y controla al público con una seguridad de frontman de primera.

Al mismo tiempo, Acid Bath tocaban en el Valley. Así que tocó negociar: disfrutar una parte de The Hives, mirar el reloj y correr intentando alcanzar a los estadounidenses.

Acid Bath congregaron a uno de los públicos más fieles del domingo. Su actuación formaba parte de un regreso que muchos seguidores habían considerado imposible, tras casi tres décadas de separación después de la muerte de su bajista.

“Tranquilized”, “Bleed Me an Ocean” y “Venus Blue” devolvieron al directo una discografía brevísima de solo dos álbumes, pero suficiente para convertirlos en una banda de culto.

En Hellfest, cada elección contiene una pequeña pérdida. Pero también puede producir un descubrimiento. Sales antes de un concierto para llegar a otro, escuchas algo por el camino y terminas deteniéndote porque un riff o una voz te han llamado la atención. Te pierdes cosas, sí. También encuentras otras.

Poco después llegó uno de los solapes más absurdos: Bad Omens en el Mainstage, The Adicts en el Warzone y Napalm Death en el Altar.

Bad Omens representan uno de los mayores crecimientos recientes del metal moderno, mezclando metalcore, electrónica y pop oscuro ante un público enorme. The Adicts aportaban décadas de punk británico, maquillaje inspirado en A Clockwork Orange, confeti y teatralidad. Napalm Death son una institución del grindcore, una de las pocas bandas capaces de mantener durante tanto tiempo una combinación tan coherente de velocidad, ruido y discurso político.

Metal moderno, punk teatral y grindcore histórico simultáneamente. Intentamos recoger fragmentos, cruzar el recinto y llegar donde se podía. Esa mezcla de sonidos, carreras y canciones incompletas forma parte de la banda sonora real del festival.

Cerramos los Mainstages con The Offspring, una de las bandas que ayudaron a formar mi gusto musical. La Cris adolescente creció escuchando discos grabados y recopilaciones caseras donde se mezclaban sus grandes éxitos.

Durante 75 minutos sonaron todos los clásicos “Come Out and Play” y “All I Want” abrieron directamente esa puerta. Después llegaron: “Want You Bad”, “Staring at the Sun”, “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y “Why Don’t You Get a Job?”. “Pretty Fly (for a White Guy)” continúa provocando una reacción inmediata; ¡Se tiene que cantar!

“The Kids Aren’t Alright” golpea de otra manera porque bajo su melodía siempre hubo una historia bastante más amarga sobre crecer y ver cómo los planes se desmoronan. “You’re Gonna Go Far, Kid” conecta con una generación posterior y “Self Esteem” sigue siendo uno de esos cierres que todo el mundo reconoce desde el primer segundo.

Están mayores. Nosotros también. Pero no se trataba de fingir que el tiempo no había pasado, sino de celebrar que aquellas canciones consiguieron acompañarnos durante el trayecto.

Al mismo tiempo, Mayhem cerraban el Temple, oscuros y místicos como siempre. Pocas bandas cargan con una historia tan pesada. Necrobutcher permanece como vínculo con la formación inicial y Attila Csihar conserva una de las presencias más extrañas del black metal: un híbrido de vocalista y criatura ceremonial.

El repertorio mezcló distintas etapas de su historia, desde “Freezing Moon” y “Deathcrush” hasta “Psywar” y “Chimera”. Para quien no los tenga demasiado ubicados, Mayhem son una de las bandas fundacionales del black metal noruego, uno de los nombres esenciales de aquello que acabó conociéndose como True Norwegian Black Metal y una de las formaciones más rodeadas de tragedia, polémica y mitología dentro del género. 

Sus directos pueden resultar algo previsibles, pero siempre son sólidos, oscuros y perfectamente capaces de cerrar el festival con la autenticidad que el festival del infierno se merece, abriendo una puerta al inframundo para cerrarla después a sus espaldas.

Cerrar Hellfest pasando del punk californiano que formó nuestra adolescencia a una de las bandas más oscuras de la historia del metal europeo debería resultar absurdo. En Hellfest es completamente normal.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

Artículos relacionados