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Helloween – Giants & Monsters (J.A.Lux)

Discográfica: 

RPM, Reigning Phoenix Music

 

Fecha de edición:

29 de Agosto de 2025

 

Componentes:

Andi Deris – Vocalista
Michael Kiske – Vocalista
Kai Hansen – Guitarra y Vocalista
Michael Weikath – Guitarra
Sascha Gerstner – Guitarra
Markus Grosskopf – Bajo
Dani Löble – Batería

A veces la sinceridad duele. Eso no debe suponer un impedimento para que en las ocasiones que importan, uno deba sacar valor para, sin ofender voluntaria y despreocupadamente, no traicionar al que de verdad espera la palabra concreta en el momento preciso.

Ya presentadas mis intenciones, puedo desplegar mis reflexiones, con todos los respetos, acerca de un mito que ha transcendido generaciones y que ha establecido una leyenda, a mi entender, desproporcionada en la generosidad de un público que militó con fervor en los años de gloria del sujeto que nos atañe, pasando por alto, solo por mero fanatismo, demasiadas incongruencias que al final de todo y, en reposo relativo, deslucen la figura de un referente a plazos.

Hace nueve años se anunció la reunión grandilocuente que, a mi entender tenía más de sensacionalista que de realidad integral. Los Helloween de ese momento, es decir, Andi Deris (voz), Michael Weikath (Guitarras), Sasha Gerstner (guitarra), Markus Grosskopf (bajo) y  Daniel Löeble (batería), inflarían su caché gracias a la inclusión de Michael Kiske (voz) y de Kai Hansen (voz y guitarra), quedando la alineación de éstos circunscrita a dos vocalistas, tres guitarras, un bajista y un batería. ¿Demasiado glamur para una banda de heavy metal?

Pues bien, sin morderme la lengua, he de confesar que este hecho me pareció un “sacacuartos” en la era de la nostalgia que vacía carteras, y que hace resentirse a las cuentas bancarias alimentadas con el sudor de la jornada laboral diaria. Os voy a dar los motivos de mi reflexión:

En primer lugar y para que fuera una reunión digna de todo elogio se debería haber contado con Ingo Schwichtenberg, alias Mr. Smile, algo imposible tras su deceso voluntario ante la imposibilidad de una serie de factores, entre los que se incluía su despido la propia banda que lo sujetó a duras penas mientras pudo. De acuerdo, acepto que esto era inviable a todas luces, pero debía ser resaltado.

En segundo lugar, no contar, con Roland Grapow. Quizás por no llevar cuatro guitarristas o tal vez por no dañar el frágil ego de un Michael Weikath bastante atascado en su rol de guitar hero,  pero me parece irrefutable no atribuir el valor merecido a quien fue uno de los máximos valedores para alzar el vuelo en los momentos realmente difíciles de los germanos y que, además, firmó gran parte del sonido que hizo renacer a unos Helloween que, en el uso y el abuso de la confianza de sus seguidores, buscaron éxito donde relucía un falso oro envenenado de codicia.

En tercer lugar, y por muy prodigioso y definitivo que fuera en el momento álgido del encumbramiento global de estos teutones revolucionarios, el ensalzamiento desproporcionado de Michael Kiske, como sueño traído a realidad, me pareció simplemente populista. No desmerezco para nada su legado y revelación para millones de headbangers a lo largo y ancho de la geografía mundial en una etapa concreta, pero sí recuerdo como por su arrogancia juvenil originó la mutación inverosímil de una banda en busca de una comercialidad que no necesitaban y que ya perdió el norte por completo con el inconexo “Chamaleon”. También retengo en mi memoria al absoluto declive al que abocó a sus compañeros, quienes merecieron mejor ventura, enfangando junto a la salida de Hansen, un futuro sin tejado alguno en su meteórico ascenso a leyenda. El techo era cristalino y engañó a la hora de ser esquivado. Por último y dejando claro que no soy rencoroso, sí he de apostillar que la negación continua hacia el heavy, durante lustros, del antaño rubio vocalista, me hizo rechinar los tímpanos al escuchar, mentalmente, como entraban las cochinas monedas que todo lo empañan, en el cochino cerámico que todos tenemos en mente como símbolo de ahorro, tras confirmarse la noticia.

Retomando el hilo y volviendo al hecho de este reencuentro, los anhelos de un gran sector de sus fieles seguidores y seguidoras se centraron ya no solo en sus giras, sino también en recibir, como maná caído del cielo, un nuevo disco que propulsara la fábula más allá de la propias ambiciones personales. Somos, en muchas ocasiones y con nuestro desmesurado fervor, mecenas altruistas de causas ajenas. Pues bien, el sueño tornó en realidad y se editó, en 2021, un disco homónimo que al acérrimo le dio poder para alzar la cabeza con aires de superioridad y, para el resto, un chascarrillo más acerca de una banda que, entre idas y venidas y con este último disparo al aire, había agotado las pocas balas de credibilidad que le quedaban. ¿Cómo semejante amontonamiento de talento individual podía quedar tan diluido en un conjunto tan anodino?

Giants & Monsters 

Ahora, en pleno 2025 y superando todas estas vicisitudes tras escuchar Giants and Monsters, por fin puedo relajarme un poco y escuchar algo similar de lo que se debe esperar de estos Helloween ampliados.

Al turrón, lo que queréis oír: el disco merece la pena y gana con las escuchas, sí, mejora ostensiblemente al anterior. Que tampoco es descabellado que a una formación de tres guitarristas y dos cantantes de ese nivel se le pueda pedir más, dadas estas condiciones diferenciales, pues no debiera ser baladí, pero visto el panorama a día de hoy, en general, y a sabiendas de que siempre les mediremos con sus más altas distinciones, no puedo negar que el plástico suma enteros y recolecta preciados ademanes pretéritos.

“Giants of the World” abre el disco de forma poderosa y eficaz, enlazando la etapa de “Time of the Oath” con la que sostuvo Kai Hansen como líder espiritual; nótese por ejemplo, de forma más contemporánea, la caída de tempo, el enfoque rítmico antes del solo y los arpegiados de juglaría alemana post éxtasis guitarrístico que rompen la dinámica más veloz con la que el tema es alimentado, algo también pronunciado hace muchos años y quizás menos recordado tristemente en “Pink Bubbles Go Ape”.

Los que busquen el sonido Keeper, tendrán que solidarizarse con su conciencia y discernir, sin vanidad, hasta que punto la veloz “Savior of the World” puede ejercer de, por ejemplo, un “Eagle Fly Free”, es decir, de toda su épica en narrativa. Kiske está soberbio en el resultado del estudio, ya veremos como defiende esos agudos imposibles en directo. “We Can Be Gods” donde se reparten las labores vocales Kiske y Hansen, ahonda en esa percepción, incluso retrocede un peldaño atrás cuando Kai se dirimía entre las seis cuerdas artificiales y las dos encerradas en su faringe. Hacemos aquí una ligera escala para señalar la voluptuosa presencia de los teclados en aras de encontrar cierta cortina sinfónica no necesaria. “Universe (Gravity for Hearts)” escrita por Sascha y donde se entrecruzan Kiske y Hansen quizás de una forma más teatral, junto a “Majestic”, corroborada por Hansen y entonada por los tres vocales, son los temas más largos, más variados en sus desarrollos y, dentro de esta vertiente ligada al cosmos narrativo de los de la calabaza, lo más destacables. No se me olvida, Markus como siempre, insustituible.

El “Dr. Stein” o similares efluvios de happy metal tienen representación a través de “Under the Moonlight”, con menos carisma y efecto, pero valedor de ese guiño al desenfado que los caracterizó cuando no había arrugas que frenaran el pudor. También el efecto balada tiene aquí su tiempo de aterrizaje con una “Into the Sun” prescindible y que halla sus mejores cotas de calidad, aparte del dueto Hansen/Deris, en los ornamentos tallados por el don que el afincado en Tenerife proporciona con su buen gusto interpretativo.

Y el gran premio, merecido para el frontman que sostuvo a la banda durante más años de los que pueden sumar los fenómenos que “hacían importante” esta reunión, llega en forma de las canciones más melódicas, hard roqueras, diferentes y con el arraigo indeleble de aquellos gloriosos Pink Cream 69 reciclados por Andi, por exigencias del guión, a “Masters of The Rings” 2025: “A Little Is A Little Too Much” compartida con Michael, el homenaje a uno de sus puntos de venta clave con “This is Tokyo” o la personalísima “Hand of God”, escrita de forma meritoria por Sascha, que es una auténtica delicia musical. La producción de Dennis Ward, compañero de Deris en los tres primeros discos de PC69, es altamente precisa, pero sobre todo da muestras del buen entendimiento entre ambos para elevar, estas tres canciones descritas en último lugar, en un nuevo horizonte para los propios Helloween. Charlie Bauerfeind, por otro lado, se ha encargado de la mezcla, en una labor de ingeniería sónica a la altura de las circunstancias.

Puedes permitirte el lujo de arriesgar tu preciado tiempo en volver a ser ese power metalero dicharachero que, antes de enfundarse la armadura para el combate definitivo, bailaba en enaguas brindando a la vida en sí misma. No te hagas mala sangre, cualquier tiempo pasado puede que fuera mejor, pero si no dejas de mirar atrás te podrás tropezar con las mismas piedras con las que te pareciste torpe con anterioridad, seguro que muchas veces, como todos y todas

Temas:

1.- Giants on the Run
2.- Savior of the World
3.- A Little Is A Little Too Much
4.- We Can Be Gods
5.- Into The Sun
6.- This Is Tokyo
7.- Universe (Gravity for Hearts)
8.- Hand of God
9.- Under The Moonlight
10.- Majestic

By J.A.Lux

Amante y coleccionista de música, adorador del Rock y Metal en todas sus vertientes. Apasionado del celuloide y más si es de terror. Defensor irreductible de la cultura, siempre dispuesto a debatir y colaborar para su progreso.

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