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Judas Priest y Opeth: Doble Golpe en la Arena CDMX

Bandas: Opeth – Judas Priest
Lugar: Arena Ciudad de México – 4 de mayo de 2025
Promotor: Zignia Live
Fotos: Zignia Live
Texto: Raúl Reyes

Haciendo gala del majestuoso sonido progresivo, el poderoso metal de la banda sueca Opeth se apoderó de la Arena  Ciudad de México para mostrar su nueva obra conceptual que lleva por nombre The Last Will and Testament, un álbum recién desempacado del estudio, que contiene todos esos condimentos necesarios para ser dosificado de manera letal en cualquier tipo de audiencia; para esta reunión, 20,000 almas fueron convocadas para recibir esos brebajes salvajes y puros que la banda preparo. No había prórroga para el viaje especial, todo estaba listo para iniciar con esa textura musical de Opeth. Su metal progresivo, que, al escucharlo, induce a cualquier a caminar por esos indómitos y escamosos pasadizos musicales; entre el llanto de la cuerdas de las guitarras  Mikael  Akerfeldt resplandece detrás de las letras musicales deslizando su voz entre las sombras con caminos sonoros repletos de luz. El trabajo presentado por estos suecos suena impecable, siete proyectiles de alta peligrosidad se internan por los oídos de todos los oyentes, el grupo parece tener controlado de principio a fin su presentación, el  público parece comprender bastante bien lo que la banda está realizando sobre el escenario, todo un ritual completo digno de este paradigma.

El recorrido de la banda, musicalmente hablando, se esbozó por los paisajes concentrados en los álbumes marcados bajo los nombres de Deliverance, Damnation y Ghost Reveries, hasta llegar a esa cúspide representada por el nuevo material, que es todo un dogma en el metal.

Fue una epopeya incuestionable la presentación que Opeth brindó. Sus temas cincelaron los cráneos de todo ese mar de gente que, con las manos en alto, solo agradecía la actuación de la banda. Las sorpresas durante el show no pararon; una de ellas fue la presentación del nuevo baterista Waltteri Väyrynen (ex Paradise Lost, Bodom After Midnight y Bloodbath). A pesar de contar con un tiempo reducido, la banda ofreció una presentación enaltecida y digna.

…La noche comenzó a caer como una losa sin piedad. Puños en alto creaban una inmensa marea que se mecía ante 20,000 gargantas que caían destrozadas con los gritos que expresaban: ¡Judas Priest, Judas Priest!

El sagrado sacramento estaba por iniciar, y la Arena Ciudad de México estaba a punto de caer en llamas y convertirse en un manicomio. «Invisible Shield» salía a escena como parte del nuevo material, junto con el tema «Panic Attack». Las cortinas de hierro cayeron al ritmo de «War Pigs», y la banda quedó expuesta ante los ojos hambrientos de sus seguidores, quienes, con movimientos de cuerpos exorcizados, volcaban sus cabezas incesantemente sin parar.

La entrada fue genial. La banda transmite esa energía brutal que, durante 50 años, ha sido incesante en ellos. Mejor aún, las guitarras jóvenes aportan fuerza y dinamismo, aunque indudablemente no logran reemplazar, para nada, a K.K. Downing o Glenn Tipton.

La maestría de estos titanes los llevó a recorrer senderos del álbum Screaming for Vengeance, para presentarnos el tema «You’ve Got Another Thing Comin’», que al escucharlo se sentía en las venas como una cuchilla: ¡genial, genial! No había tiempo para entender lo que estaba ocurriendo. La banda se volcó desde el inicio con todo, dando un duro revés que obligaba a caer noqueado. Judas Priest no se reservaba nada y se presentaba como un gigante, aplastando a todos.

Monsters of Rock fue el nombre con el cual se presentó este evento. Un nombre que no exageraba en absoluto respecto a las bandas participantes. Judas Priest ha visitado México en varias ocasiones, pero cada presentación la realizan de manera diferente. La energía y la potencia son características de esta banda, cuya presencia en tierras aztecas siempre se convierte en una locomotora sin frenos.

De la gloriosa década de los 80, y extraído del álbum British Steel, nos sacuden con el tema «Rapid Fire», cuyos riffs y la poderosa voz de Halford hacían dinamita en la Arena. Las circunstancias no se detuvieron: el evento subía decibelios a cada momento hasta llegar a «Breaking the Law,» donde un gran número de almas comenzaban a suspenderse en el aire. La caldera estaba a su tope, y las guitarras de Andy y Richie se fundían en un mismo sonido que formaba una navaja.

El desfile de clásicos no se detuvo. «Riding on the Wind» causó que el público coreara al lado de la poderosa voz de Rob Halford, una voz aún muy nutrida pese al paso de los años.

Los dardos musicales que integraron el setlist fueron preparados de manera perfecta para herir en el momento preciso. Como muestra basta un botón: «Love Bites» (1984), donde las guitarras de Richie y Andy servían de alfombra roja a la voz de Halford.

La sobredosis de metal que estábamos recibiendo era imparable. A mitad del evento, Judas Priest continuaba mostrando poder, dejando claro que no tienen trono que reclamar. Han pasado muchos años y estos mastodontes del metal siguen en esa línea de calidad musical.

Del cielo, una luz abrió camino para dejar ver una cruz de sacerdote o la imagen de la horca, la cual comenzaba a elevarse y a cambiar de color. Con potentes juegos de luces se anunciaba la llegada de los temas «Sinner» y «Turbo Lover», que captaron de inmediato toda la atención.

La profecía se cumplía: la presentación de Judas Priest resultaba devastadora. En un terreno que siempre han controlado, el paso de los años sigue fortaleciéndolos, llevándolos a ocupar los peldaños más altos del género. Escuchar temas clásicos de hace 20 años o nuevos como «Invincible Shield» sigue causando el mismo efecto entre los fans.

El sonido mágico de los riffs comenzó a perforar los cráneos, y la batería se insertaba como agujas en los cuerpos. Era el momento de hacer crujir la estructura ósea con «Victim of Changes». Qué barbaridad escuchar esa voz: Halford eriza la piel y despedaza el cuerpo. El concierto resultaba como el público esperaba. Musicalmente, aún hay mucha banda por disfrutar.

Judas Priest logró una actuación apoteósica. Como gesto noble, Halford salió en su motocicleta, con un sombrero de charro, para interpretar el tema «Hell Bent for Leather».

Esta noche, Judas Priest quedó cincelada como una actuación poderosa, en uno de los recintos más difíciles de llenar como lo es la Arena Ciudad de México. La banda culminó como los grandes.

By Raúl Reyes Zúñiga

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