Festival: Leyendas del Rock 2025
Lugar: Villena – Alicante – 6, 7, 8 y 9 de agosto de 2025
Fotos: Rubén Rosinos
Texto: J.A. Lux, Quim Brugada, Òscar Saro
Padre frente a hijo, hermano contra hermano, la batalla final de un inexistente linaje inmaculado
Y se abrieron los portones de la fortaleza de oro, allí donde se alojaron a los togados de la corrección ética y moral, a los diezmados tras las carnicerías continuadas y en donde se recibieron a los puntales que habrían de dar el soporte necesitado a los que habrían de proteger su apellido en la última lid de este año. Para los más jóvenes, estas fechas serían renombradas como la tonificación de la purga. Ale Jacta Est.
Se cernían parciales nubles negras sobre el firmamento, la defunción del radiante esquivo al satélite grisáceo más cercano a la tierra, presagió como se desataba el averno en las valías humanitarias que se desentendían de sus cascarones de piel y hueso. ¡Sálvese quien pueda!
A un lado del campo de batalla se aliaron escuderías de diferentes regiones y apellidos donde se pudo contar con Evil Invaders, Tungsten, Robse, Cemican, Dark Angel, Beast In Black, Powerwolf y Hadadanza. Frente a ellos, alimentados por la misma fuente, sincronizados por satélite y reseteados para incorporar nuevos componentes, se conectaron en línea Adept, Crystal Lake, The Broken Horizon y Linkoln Park. Se contaron por minoría los de la Generación Z en adelante, pero contaron con la severidad de los comprometidos Leize y de la convicción de Angelus Apatrida como árbitros de este último servicio eliminatorio.

Evil Invaders (JDLR Stage) viajaron desde los primeros años ochenta hasta el presente, para garantizarse su futuro y el de su doctrina, heredera directa del speed/thrash primigenio pero con sentido de la melodía como hilo conductor. Los belgas lo tiene todo como para retratar sus gestas en papel perlado: estética (tachuelas, chalecos de cuero, patillas, melenas al aire), presencia escénica (corren, saltan, practican headbanging, jalean a los asistentes, sonríen desafiantes…) y sobradas dotes rociadas por el sudor obrero del que se subía al Monsters Of Rock de Donnington antes de haber firmado jugosos talonarios con múltiples ceros. Superlativos en sus enfoques individuales, en conjunto son como un titán golpeando al corazón de la tierra, las consecuencias son impredecibles. Enlazaron casi seguidos, a sabiendas de que querían defender a ultranza un modo de vida amenazado, un recital mortal de necesidad con hitlights como “As Life Slowly Fades”, “Hissing In Crescendo”, “In Deepest Black” y “Die For Me”. La banda más auténtica de todo el meollo de estos cuatro días, con perdón de los de Félix Lasa.

Tungsten (NR Stage), o lo que es lo mismo, Anders Johansson (insigne batería que ha tocado con Yngwie, Hammerfall, Uli Jon Roth o incluso Manowar) y sus vástagos Karl Y Nick (bajo y guitarras respectivamente), representados por la voz de Michael Andersson (ex Cloudscape/Planet Alliance y con un monitor delante para leer las letras… no digo más…), llevan seis años haciendo malabares para mantenerse frescos en su dedicación más hard/heavy/power, lo que les lleva en muchas ocasiones y a través de las programaciones a emparentarse con el metal moderno menos revoltoso. Han venido más que a defender una tradición, a testar a cómo y a cuántos reclutan para su próxima cabalgada. De sus aspiraciones Dynazty a sus deseos Amaranthe, hay una realidad Abba vikinga que es imposible de disimular, aunque para ello haya que tirar en demasía del carro de los sonidos procesados. Mmmmm… creo que quedan eliminados de bandos. Realmente el sonido estuvo bien afianzado y definido y cada uno en su puesto rozó la ingeniería, algo carente de espíritu, pero cuyo discurso cala. “Alone” abrió de forma escandalosa, “King of Shadows” alzó puños, “Lullaby” o “Vantablack” pusieron final a una primera parte del concierto en el que predominó su último lanzamiento: “The grand Inferno”- 2024, solo interrumpido por “King Of Shadows” y “Tundra” (del disco del mismo título y editado en 2020). En la segunda mitad de su elección, todo centrado en sus tres primeros discos, sonaron, entre otras, “Heart of Rust” (“Bliss”- 2022) cuyo hocico olfatea en el celta así como olisquea con entusiasmo en el guiño pirata de rítmica Rammstein con “The Fairies Dance” (“We Will Rise”- 2019). Tienen muy buenas ideas pero demasiadas pretensiones, con un buen gestor de influencias podrían acabar de despuntar definitivamente.

Adept, quienes sustituían a Thrown en el escenario Azucena están de celebración continua desde que volvieran después de la pandemia Covid-19 y, además, anunciando su primer nuevo disco en años. “Blood Covenant” estará disponible en Octubre de 2025, pero ellos ya van cargando pilas con su virtuoso post hardcore de tintes metaleros y constantes cambios de modulación vocal. Los suecos tienen una habilidad especial para enganchar, despedazar y volver a reconstruir. Con fuego por todas partes y cañones frontales, traseros y medios, transpiraron como pollos a l`ast para limpiar las impurezas de la introspección regurgitada en exorcismos de laceraciones quirúrgicas. “Heaven”, “Carry The Weight”, “Black Veins”, The Ivory Tower” o “You” disolvieron escaramuzas y dejaron claro que el quinteto de Trosa no solo se sube a una corriente, sino que la embellece con una asimilación musical encomiable. Robert Ljung es un completo vocalista que, aunque utilice guías fantasmales para impregnar de un aire romántico a sus letras en directo, no desdice en absoluto su aportación a un panorama, a veces, demasiado impersonal.
Robse (NR Stage), armados hasta los dientes y con cara de desagrado por el retroceso sufrido por sus aliados, antes de detectar problemas técnicos, se lanzan a la yugular de los muchos congregados allí para despiezar su melo death acerado con implicaciones hímnicas y sorteos paganos. Pronto le cambia el semblante al afable vocalista Robert-Martin Dhan (ex Equilibrium), cuando el respetable le sigue las bromas entre canción y canción. Su voz cavernosa es uno de los puntos fuertes de la banda junto a los teclados de Alina Lesnik (una pena que sus coros estuvieran pregrabados, perdón, ¿hablábamos algo de los grupos actuales y las experimentaciones?). Suenan muy poderosos y convencidos en su reválida institucional que, con tan solo un disco en el mercado, ya los ha postulado entre grandes nombres en multitud de festivales. Robusto sonido que en temas como “Harlekin und Krieger”, “Hey Sturm”, “Flamme der Revolution” y las covers de Equilibrium, “Karawane” y “Met”, hicieron que el sexteto con, las pesadas en los ritmos y afiladas en los fraseos, guitarras de Dennis Baron (Mallevs Maleficarvm) y Oliver Hey, brillaran sostenidas por la bajo de Marco Paulzen y la batería de Marius Berendsen. Sin remisión. Lucha o muere.

Crystal Lake (JDLR Stage) llegaron como un huracán y, las consecuencias de su actuación, fueron las equivalentes. ¡Menudo derroche de ingenio aplicado a la música extrema! Si con el hip hop y sus alteraciones de rock alternativo hallan algo de calma, no son muchos los minutos de tregua que ofrecen estos japoneses que usan y abusan del progresivo, el djent, el death, el metal y el hard, pero todo con la coletilla core, no os vayáis a engañar (¡pero si hasta violentan al black!). Son unos compositores abrumadores y en directo no dan puntada sin hilo, feroces, a pesar de tener el recelo de que haya ciertas partes… ¿cómo? ¡Todos a una!, ¡sí! ¡Graaabaaadaaas! (que cansinos somos los periodistas musicales, ¿eh?) Salvaje el groove y el animalismo que transmite Gaku Taura tras los bombos y cómo puede acompañarle el bajista Mitsuru. Los rebana cuellos de los cordeles entorchados “Tj” y Yudai Miyamoto estaban tan lúcidos e inspirados que, la encolerizada voz de John Robert C. sería de lo que menos terror te podría causar. Son celebrados con pits desde el minuto uno, y engancharon a una juventud que ya desearíamos maltratar en nuestros cuerpos dentro de diez años. “Disobey”, “Hail to the Fire”, “Six Feet Under”, “Machina”, “Aeon”, “The Sign”… suma y sigue… ¡que me entierren boca abajo! Excelentes.

Cemican (Nr Stage), desde México, me recuerdan con sus agallas más distorsionadas a los Sepultura de las fabelas antes de domesticar sus instrumentos. Una reflexión inicial porque, tras escucharlos con detenimiento, la base más metálica los puede medir con Gojira por ejemplo, ¿death progresivo? Posiblemente, pero también sinfónico, de una forma menos visitada, con nada menos que tres miembros tocando instrumentos de viento indígenas (flautas, caracolas…), además de la comparsa percutora autóctona. Influye que su piel totalmente abrigada por los cultos tribales regidos en la cosmovisión, el misticismo indígena y los rituales de vida, lucha y muerte, nos envió de vuelta a los años en los que los brasileños se desvivían por mostrarnos sus raíces. Su crisol de creencias, basadas en la cultura e historia prehispánicas de Mesoamérica, son tan misteriosas y enigmáticas como desconocidas para gran parte de la población mundial. Estos vestigios de artesanía racial son entonados en castellano y en náhuatl, otro rasgo distintivo más. Tanto visual como musicalmente son entusiastamente llamativos. Los desconocía y he de decir que han sido un gran descubrimiento. Otros que se me descuadraron del marco inicial en el que las agrupaciones tenían decidido con que bando combatir. Son explícitos y totalmente innovadores, así que la balanza pesa más hacia la rotundidad contemporánea, por mucho que ellos sigan dictados milenarios. Durante la introducción “Viaje Astral del Quetzal de Fuego” aparecío Nahualli, un brujo azteca que, antorcha en mano y con un cráneo en la otra, escupe llamaradas de fuego. De acuerdo, nos secuestraron a primera vista pero, después nos arrancaron el corazón del pecho con sus propias garras con temas del calibre de “Itlach In Mictlantecuhtli”, “Los Guardianes de la Tierra”, “Hun-Came”, “Ritual” y “Cuando los Muertos Supiran”. No han inventado la rueda, pero al menos nos hacen rodar con fascinación hacia los secretos del mundo virgen. ¡Zas! En toda la diana, aunque ¡no sé a cuál!

Nunca he entendido el por qué de la mala suerte de Dark Angel (Azucena Stage) para no figurar entre las bandas más icónicas del thrash metal. Lo tenían todo allá en los lejanos años ochenta: técnica, un vocalista que no un gritón (¿de dónde tomaría nota Warrell Dane de Sanctuary/Nevermore?), una actitud por encima de la pose totalmente vinculada a su escena y, sobre todo, grandes canciones. Por primera vez en España, el Leyendas del Rock trajo a una de las reuniones más soñadas para los que ya estamos hartos de ver siempre lo mismo. Gracias. La vieja escuela del género, más entregados que nunca y con unos implacables Gene Hoglan (ex Testament, Forbidden, Anthrax, Strapping Young Lad) a la batería, el cuatro cuerdas Mike Gonzalez (Viking), el guitarrista Eric Meyer y su nueva partenaire Laura Christine (ex Meldrum, Zimmer´s Hole) junto al vocalista de relucientes galones Ron Rinehart. Dio alegría verlo con su chaleco de cuero customizado y una actitud, tan cercana, que le hizo bajar del escenario y más allá del foso para saludar al nutrido grupo de personas que los soñábamos desde hace años. ¿Cómo describes una primera vez de algo tan ansiado? Pues con sinceridad, como la que los cinco músicos impregnaron, sin aditivos, a un repertorio que al único baile que incitó fue al headbanging más genuino. “No One Answers”, “Darkness Descends”, “The Burning of Sodom”, “Merciless Death”… Y así hasta conmemorar los casi treinta años de “Darkness Descends” con alguna floritura como “Time Does Not Heal” que daba título a su último disco de 1991. La veteranía no es que sea un grado, es que a veces no sabemos ni valorarla. Indescriptible.

Por su parte Varg salieron al New Rock Stage con un retraso que recortó su previsión de show. Los alemanes suenan frescos entre la infinidad de bandas de osamentas paganas y death/black melódico, y, en gran parte por la clásicamente disciplinada voz femenina de Fylgja. Se inauguraron los registros de la cita con su imponente presencia arropada por toda la rudeza de sus compañeros en “Immer Treu” (“Ewige Wacht”- 2023) para que nos reventaran con el cañonazo de bilis “Schwertzeit” (“Wolfskult”- 2011). Otros que este año llegan a la edad de votar “in Spain” en 2025 con su natalicio discográfico, otros que no veas como han cambiado, pero que ganas le ponen. “Morgenrot” nos devuelve a su presente con más protagonismo femenino para, de repente, tornarse más hoscos con el tema que dio nombre a su anterior disco, “Zeiche” de 2020 y a “Blutaar” de 2010. Nada nuevo bajo el sol pero bien hecho, que hoy en día no es moco de pavo.

Si antes de ayer Battle Beast lo clavaron, en la última noche le tocó a Beast In Black intentar hacerles sombra, y es que tras la marcha del guitarrista Anton Kanbanen de los anteriormente citados, siempre han surgido comparaciones odiosas y nexos inconfundibles. Quedó claro que ellos no vinieron a defender ninguna causa, vinieron a someter a los súbditos que se han ganado con tan solo diez años de travesía y tres discos completos más un E.P. Para acometer estos designios inmortalizados en físico y en intangible, esclavizan cualquier tipo de espontaneidad a la dictadura del metrónomo; solo así cobran sentido sus incesantes programaciones, las que necesitan para obtener ese chasquido de dedos mágico que los separa del rebaño. Aquí ya todo fue una fiesta, fuera aparte del reglamento que ellos necesitan. Muy bien compenetrado, la bestia en negro fue su vocalista Yannis Papadopoulos (quien ha seguido los entrenamientos del vocalista de H.E.A.T.) y su prodigiosa garganta que, como si volviéramos a otro certamen de ese festival europeo en el que siempre nos representan los muertos de hambre de turno, convirtió aquello en una oda a ver cómo se las manejaba el personal para intentar alcanzar sus notas más elevadas. “Cry Out For a Hero” (“From Hell With Love”- 2019), “Hardcore” (“Dark Connection”- 2021) y “Born Again” (“Berserker”- 2017) fueron la antesala de cada uno de sus discos para presentar un tema que nunca habían tocado con anterioridad en España, “Power of the Beast” de su mini de 2024 con la misma nomenclatura. “Sweet True Lies” desató la locura y la juventud se volvió tan retro como si vivieran la edad dorada de unos Backstreet Boys con guitarras. ¿Nos estamos volviendo locos? ¿Acaso no estábamos en plena pugna por la pureza de estilo? Pues aquí se evidencia que habrá que tener tragaderas y asistir al funeral de muchos de nuestros juramentos renegones. Maté Mólnar al bajo, la guitarra de Kasperi Heikkinen y la batería de Atte Palokangas, fueron los acompañantes de una verbena homologada para el heavy light que clausuran con su tema insignia. Cuesta ceder a esta impostura que es trucar los ardorosos directos que antaño nos unían a una banda ceremonialmente, pero llegó la comodidad a la música y también la falta de billetes como para gestionar una gira entre muchas bocas que alimentar… A otros que retiro del primer frente, eso sí, después de haberme pegado unos bailes modo cuñado on.

Les tocó lidiar con el horario más comprometido (entre las dos sensaciones europeas) a los tratadistas de la sinceridad, con su fidelidad intacta, para compensar lo que ni unos ni otros consiguieron entre tanta gala: que una banda sonara por su propio pie sin más apoyo que sus horas y horas encerrados en el local. Leize, los de Zarautz conmemoran sus cuarenta años con su soberbio “40 Peldaños” y, como de otra manera no podría ser, intercalaron sus pedazos de historia callejera como les salía de ahí mismo y sin ninguna obligación, por auténtica devoción. La carambola que han conseguido ha sido la incorporación de Mikel a la guitarra solista, en cada encuentro más seguro y afianzado. Abrieron con “Tu Libertad” los del laguna Lasa, para levantar pasiones con el poderoso estribillo de “Tu Libertad”. Sólidos en escena y disfrutando de un gran sonido, el delirio nos embarga con “Sospechoso”, “Buscando, Mirando” o “Devorando las calles. Son parte de cada uno, una de nosotros, nosotras y eso elevó los canticos hasta las estrellas más recónditas, donde ellos ya son y serán una supernova autóctona difícil de olvidar en un mapa astronómico donde nos abandonan, cada vez con más frecuencia, luceros alejados por el prestigio. Reivindico que acontezcan sus cincuenta años en un escenario principal.

Con puntualidad suiza más que alemana, Powerwolf (Azucena Stage) volvió a los escenarios del Leyendas del Rock finalizando en Villena su gira Summer of the Wicked 2025 que les ha llevado por un gran número de festivales europeos como el Rockstadt Extreme Fest, Masters of Rock o Rockharz. Pese a un inicio conflictivo con los fotógrafos a los que pegaron a la valla y a los que no dejaron libertad de movimiento durante los habituales tres temas iniciales que tienen para ejercer con su acreditación, todo por evitar posibles quemaduras con las llamas que flanqueban el escenario, vaya por delante. Gozaron del fervor del que se alimentan los cabezas de cartel en unas condiciones inmejorables. La caída del telón rojo con el inconfundible logo del grupo marcó el inicio con el vocalista Attila Dorn sobre una plataforma, elevado varios metros sobre el suelo, mientras el batería Roel Van Helden y el teclista Falk Maria Schlegel, sostenían en alto antorchas prendidas, animando al público a dar palmas para marcar la salida de los hermanos Greywolf y comenzar el concierto con “Blessed with the Blade”, novedad de su último disco “Wake up the Wicked”- 2024. El misterio del gótico semiderruido sale de la bruma y se descubre la imponente escenografía que los introduce en su película, proyectada a través de arcos a ambos lados del escenario. Su prominente órgano empalado con tubos de labio y lengüeta, en el centro, le dio coraje a su propietario, incluso por encima del maestro de ceremonias Attila Dorn, incinerando el oxígeno en “Amen and Attack”. Power metal barroco, teatralizado en una oscuridad mainstream y unos coros que resucitan a un muerto, se dieron forma en “Incense and Iron” y el himno “Army of the night”, canción que pone a prueba los pulmones de Attila, cantando mucho texto con apenas un soplo de aire. “Sinners of the Seven Seas” también fue novedad, la poética de lo tétrico, típica de Powerwolf, se va abriendo a nuevos temas como el mundo marinero o la brujería (“Sainted by the storm”, “Vargamor”…). Entre lobos y aullidos posturales y silenciosos, bailaron previo a “Dancing with the Death” donde, al igual que en 2022, se coreó «Armada Strigoi» sin la tutela y fuera de las pautas del frontman, quien ha decidido derruir notablemente la barrera idiomática. “Demons Are a Girl´s Best Friend” fue otro de los momentos álgidos de la noche para volver a la religiosidad característica del “Stossgebet”, aunque en esta ocasión no pudimos disfrutar de la cruz iluminada que respalda la única canción interpretada en alemán de las que conforman el actual repertorio. Se intuía el final del concierto y para dejar los ánimos bien altos, interpretaron tres canciones potentes con mucha pirotecnia incluida: “Fire and Forgive”, donde Attila sacó sus lanzallamas de bolsillo; “Heretic Hunters”, de su último trabajo de estudio y “Blood for blood (Faohlad)”. Tras una breve pausa, «Agnus Dei» introducía los obligados bises con “Sanctify with Dynamite” como himno mítico, “We Drink Your Blood” elevada por palmadas a modo vikingo y la final “Werevolves of Armenia” que sustituyó a “Lupus Dei” satisfactoriamente. Son un gran reclamo para festivales y perpetúan la estirpe de bandas metaleras con nuevos recursos para ser admirados incluso por encima de su música. Gracias a Elena Galindo por su sabia travesía por los detalles de la banda.
Cuando todo parecía ir viento en popa, con la noticia de la inclusión de los inimitables Savatage en el cartel del próximo año y con fecha única para festival, se dinamitó un reguero de fuegos artificiales invisibles que se reflejaban a través de las sonrisas de los miles de ilusionados amantes de la música.
Con acento nacional se irían poniendo los últimos ladrillos antes de dejar arde la casa, hasta los cimientos, con unos The Broken Horizon (NR Stage) que dentro de su “Tetris” metalero, con especial pero no excluyente inclinación core, y una crudeza y destreza abisal amparadas bajo el manto de growls y screams de máximo nivel, ponen voz a sus sablazos elitistas de conmemoración posterior.

Con la iluminación más espectacular de su historia y digna de lo que son, una gran banda internacional, Angelus Apatrida se presentaron en el Leyendas tal y como dijeron ellos mismos, sin intención de hacer prisioneros. Focos direccionales que crean efectos con diferentes colores, enfatizando sus figuras a contraluz y utilizando llamaradas frontales para asegurar la Mascletá pulmonar del total, descargaron nuestros thrashers por excelencia una de las actuaciones de su vida. Celebran veinticinco años, como bien dijo Guillermo, pero los queremos otros tantos más. Son ley y de los pocos que aúnan a todo tipo de décadas y gustos dentro de nuestra manera de entender la vida, abonando la sensación de que no todo está perdido y que, como antes se podía grabar en una cinta TDK de noventa minutos por una cara Stryper y por la otra Annihilator sin ser menos “true”, ahora los de Albacete pueden dar poder a los extraños melómanos que no desprecian ninguna acepción metalera. Hadadanza intentaron levantar piernas y brazos ya reventados tras tanta farra y, como era de esperar de estos pícaros, lo consiguieron. Su nombre ya está en casi todos los festivales y su presencia escénica, ahora reforzada, les otorga potestades para desplazar poltronas folclóricas que ya no corresponden a endiosados precursores perdidos en el norte de sus inabarcables ombligos camino de Oz, o donde coño les venga en gana. ¡Coged impulso! La carretera es larga.
Cómo si de las fiestas de un pueblo perdido en mitad de ninguna parte se tratara, vaciaban los últimos barriles de elixir los más exaltados, pero en vez de con un Dj, con un tributo a Linkin Park en scratches de Linkoln Park, banda oficial española que puede contar con este privilegio. Buena despedida para los más juerguistas y un final que, vaso en mano, unió todo el sentido de esta edición del Leyendas del Rock.
Bueno, por nuestra parte solo queda aclarar que, tras este relato ficticio en sus formas para evidenciar que no somos un aburrido, pelota y falto de ideas medio más, tenemos que poner en valía el fondo y darle preponderancia. Aquí no ha habido ni vencedores ni vencidos, ni mutilados ni cadáveres, ni guerras y sus confabulaciones. Aquí se ha puesto imagen y sonido a una realidad que no debemos olvidar: si el METAL lo es todo para nosotros, para nosotras, ¿por qué no lo dejamos crecer y adoptar diferentes vocaciones? ¿Acaso encerrarías a tu hijo, a tu hija, a tu mascota en una jaula de cristal para que se aislara de la evolución? No, evidentemente no lo harías porque, el mínimo testigo que podemos dejar tras de nosotros mismos es la generosidad del que vive y deja vivir.













En este reel publicado en nuestro instragam podéis ver un resumen visual de esta cuarta jornada:

