Bandas: Black Spikes – Butcher Babies – Infected Rain
Lugar: O2 Academy Islington (Londres) – 28 de marzo de 2026
Fotos: Jesús Figueirido
Hay noches en las que las paredes de una sala de conciertos no parecen límites arquitectónicos, sino membranas que apenas contienen una presión a punto de estallar. El O2 Academy Islington, incrustado en el corazón neurálgico del norte de Londres, ha sido testigo de innumerables hitos del metal, pero lo vivido este fin de semana glorioso con Infected Rain desembocó en una tormenta colectiva desatada, una «mutación» en vivo que dejó claro que la banda liderada por Lena Scissorhands es ya tanto una promesa como una de las fuerzas más aplastantes del metal moderno.
Black Spikes: Esfuerzo y coraje ante la adversidad
La velada comenzó con pinta de declaración de intenciones. Los lituanos Black Spikes entraron en escena con un metal moderno que, lejos de ser puro relleno, puso a prueba la resistencia del público que llenaba la mitad de capacidad del recinto, cuya mayoría eran lituanos y se dejaban notar con sus gritos hacia la banda. No en vano, todo su repertorio era en su lengua materna, excepto una única canción en inglés “All Is Taken”, como proclamó su cantante Agnieška Volček.
Su sonido, desafortunadamente, sufrió muchos altibajos y fue la nota negativa en sus primeras canciones y, aunque luego retomaron el vuelo con su estilo de música denso y oscuro, sirvió como el aperitivo necesario para lo que vendría después.






Butcher Babies: La locura desatada antes de la tormenta
Pero la cosa empezó a coger temperatura con la salida de Butcher Babies. La banda de Los Ángeles, que compartía cartel como coestelar en esta gira Mutation Phase, desplegó su habitual arsenal de groove, caos total y agresividad melódica. Heidi Shepherd, ahora como única capitana del frente tras la salida de Carla Harvey, evidenció por qué es una de las figuras más potentes del género. Su set fue un golpe tras otro que preparó el foso para el caos que venía después.
Se apagaron las luces y un estruendo de graves hizo temblar el suelo. Nada de empezar poco a poco. Butcher Babies saltaron al escenario como si los hubieran soltado de una jaula. Y a la cabeza, una fuerza de la naturaleza, un verdadero ciclón: Heidi Shepherd.
Ver a Heidi desde la barrera es intimidante y absorvente a partes iguales. Su pelo rubio era un torbellino constante mientras arrancaba con la brutalidad de “Backstreets Of Tennessee” y la aplastante «Red Thunder» para abrir boca. La tiranía escénica de Heidi era absoluta; no canta, descarga agresión sin medida y es imposible no sentirla. Heidi exclamó: “¡Londres, es un honor estar aquí!” y dedicó el siguiente tema para los neófitos, y tronó «Monsters Ball», convirtiendo el foso ya en una zona de guerra. Heidi subió a las plataformas del borde del escenario, inclinándose sobre nosotros, con una mirada maníaca y una sonrisa de satisfacción mientras orquesto el primer Wall of death de la noche, al mismo tiempo que pidió unirse a él y, tan pancha, bajó de la tarima y se mezclo con la muchedumbre, para regocijo de las huestes en éxtasis.



La banda continuaba siendo una auténtica apisonadora. El groove metal que facturan sonaba atronador en la sala ya abarrotada. La interacción del guitarrista Henry Flury con el bajista Jason Klein era un mazo rítmico que te golpeaba en el pecho. Heidi estaba en todas partes, saltando, corriendo, se arrodilló en el borde del escenario para cantar cara a cara con la primera fila. No paraba de interactuar con el personal: “¡Londres! ¿Sabéis qué hora es?”, e introdujo como un cañonazo el tema “It’s Killin’ Time Baby”, y otra vez el caos se apodero del público.
Hubo un momento, durante la introducción de la majestuosa canción “Black Dice”, cuando la incansable Heidi proclamo a los cuatro vientos la primicia mundial de esta nueva canción y pidió, una vez más, la complicidad de los asistentes y, como no podía ser de otra forma, estos asintieron felizmente.
Con el final ya en el horizonte, Heidi bajó el ritmo para hablar en un tono más personal sobre “Last December”, una canción que, según explicó, le salvó la vida en su punto más bajo (diciembre de 2019). No olvidó dar las gracias a sus seguidores, a quienes reconoce parte de esa salvación, dejándolo claro en la propia letra. Una balada emotiva, intensa, de las que ponen la piel de gallina y que parece haber sido también su forma de sanar.
Echaron el cierre de su concierto con la magnífica «Magnolia Blvd.», y Heidi saltó al foso de seguridad, se subió a la valla para estar más cerca, sostenida por las manos de los eufóricos asistentes. Fue una auténtica salvajada. Butcher Babies lo dejaron todo patas arriba y el listón muy alto.







Infected Rain: La elegancia brutal
Llegó el momento esperado de la noche.
Cuando las luces se apagaron a las 21:45 para recibir a Infected Rain, el rugido de la variopinta audiencia londinense, una mezcla de veteranos del metal y nuevas generaciones atraídas por el éxito de su álbum Time, fue ensordecedor. La banda apareció entre sombras, con el intro “Mutation Phase”, con el batería Eugene Voluta marcando un ritmo bestial y, acto seguido, “The Answer Is You”. Fue entonces cuando ella apareció.
Con sus rastas moviéndose sin control bajo los focos estroboscópicos, Lena Scissorhands ocupó el centro del escenario. No necesitó decir una palabra para dominar la sala; su sola presencia emana una dualidad fascinante: una vulnerabilidad emocional profunda envuelta en una armadura de ferocidad técnica. La precisión de Vadim «Vidick» Ojog a la guitarra es, sencillamente, de otro nivel. En una formación que ahora se asienta firmemente como cuarteto, Vidick llena cada espacio sonoro con una distorsión que es a la vez nítida y demoledora. Su interacción con la bajista Alice Lane es el motor rítmico, marcando la pauta que obliga a toda la sala a moverse al mismo compás y permitiendo a Lena saltar con unos guturales que harían temblar al mismo diablo a melodías limpias de una belleza inquietante.
Inicio arrollador y tiempo para hacer constancia de dónde están y agradecer a Londres por la gran acogida a la banda. “Dying Light” continuó con la misma fuerza y el público respondía en pleno trance. Así arrancaba el show: técnico, agresivo y muy atmosférico.



Los fans en la primera fila enloquecían mientras gritaban las letras de «Orphan Soul», una canción que parece haber resonado profundamente en una generación que busca en el metal un refugio para sus traumas. La respuesta aquí fue de una lealtad inquebrantable. Lena, consciente de esto, se pasaba la mayor parte del tiempo al borde de las tablas, casi cayendo sobre las manos de la gente, permitiendo que la barrera física entre «artista» y «fan» se disolviera por completo. “Stranger”, último sencillo de la banda, y “Et Supra”, ambos temas tocados por primera vez en directo, mantuvieron el nivel de contundencia como sus predecesores, provocando que los crowd surfers llovieran sobre la seguridad del recinto.
El momento cumbre llegó cuando Lena llamó a Heidi para cantar a dúo “The Realm Of Chaos” y aquello se descontroló por completo. Ver a dos voces así en directo es impresionante. Tras esta, llegó uno de los himnos clave de su repertorio: la demoledora “Pandemonium”, que lo voló todo por los aires.
Terminaron con “Never To Return” y la brutal “Because I Let You” para transformar el recinto en un mar de puños en alto, coreando al unísono que no acabara la fiesta. Pero aún guardaban un as bajo la manga, un guiño a sus inicios que cerró el círculo de esta Mutation Phase con “Judgemental Trap”, poniendo el broche final a un concierto apoteósico.
Lo del sábado 28 de marzo fue una buena muestra del estado de forma del metal europeo y americano. Black Spikes dejaron buenas sensaciones y futuro, Butcher Babies tiraron de una resiliencia impresionante, e Infected Rain dejó claro que brutalidad y arte pueden ir de la mano. Ver a una banda de Moldavia conquistar una de las capitales mundiales de la música con tal autoridad es un testimonio de su ética de trabajo y su autenticidad.
Infected Rain en el O2 Academy Islington fue la confirmación de que el trono del metal moderno tiene nuevos aspirantes muy serios. Han pasado de ser una curiosidad exótica a una maquinaria de directo perfectamente engrasada que sabe cómo equilibrar la violencia sonora con la sensibilidad artística. Si esta noche es un indicativo de hacia dónde se dirige la banda en esta nueva etapa, el mundo del metal debería estar muy atento. La mutación no solo es necesaria, es imparable.










