Evento: Heidenfest
Lugar: Sala Mon, Madrid– 27 de enero de 2026
Texto y fotos: Héctor Sanfer
Lo ocurrido en la Sala Mon el pasado 27 de enero fue cualquier cosa menos un concierto convencional. El Heidenfest tomó Madrid como excusa para montar una liturgia folk metal en la que el desenfado convivió con riffs afilados y jarras en alto. Con el aforo completo desde temprano, la fiesta fue escalando hasta desembocar en una celebración, donde el género se sentía tanto en el cuerpo como en los oídos.
The Dread Crew of Oddwood
Les tocó abrir la noche, una tarea siempre ingrata, pero bastaron apenas unos minutos para que quedara claro que no iban a limitarse a calentar el ambiente. Desde el primer tema se adueñaron del escenario con naturalidad. Sus canciones, extremadamente pegadizas, fueron desfilando con frescura, sostenidas por una actitud arrolladora que convirtió el concierto en algo más que una simple sucesión de temas. Había complicidad y, sobre todo, una clara voluntad de divertirse y hacer partícipe a la sala de esa diversión.
Entre tema y tema fueron apareciendo los momentos que terminarían de definir el tono del show. El laúd tocado de espaldas, la flauta sonando de la forma más insospechada —con la nariz—, provocaron carcajadas y aplausos
constantes. Así, casi sin darse cuenta, la actuación fue tomando cuerpo y dejando claro que el folk metal también puede y debe ser desenfadado, festivo y cercano. “I Am The Best” marco un inicio perfecto, coronado por el bonito gesto de mencionar al resto de bandas del cartel.




Trollfest
Convirtieron la sala en un carnaval tan absurdo como glorioso, un espacio donde cualquier lógica estética quedó suspendida desde el mismo instante de su aparición. La entrada fue sencillamente inolvidable: todos vestidos de flamenco, cubiertos de pintura fluorescente y desafiando sin pudor cualquier idea previa de coherencia visual… y, precisamente por eso, funcionando a la perfección.

La banda no dejó de incitar al movimiento con su caótica mezcla de estilos, empujando al público a participar activamente en el desorden organizado que proponían desde el escenario. Uno de los momentos más delirantes llegó cuando dividieron a la sala para protagonizar un wall of death tan absurdo como memorable: mientras una mitad permanecía sentada, la otra saltaba sin parar, alternándose bajo las órdenes de la banda en un ejercicio de caos perfectamente coreografiado.
El clímax terminó de desbordarse con una conga que recorrió el recinto de punta a punta y acabó saliendo al exterior con media audiencia detrás. Temas como “Helvetes Tekno” o “Kaptein Kaos” pusieron la banda sonora definitiva a una locura total, sellando una actuación que transformó la noche en una experiencia tan caótica como inolvidable.




Heidevolk
La entrada fue limpia, sin artificios, una declaración de intenciones que dejó claro que, cuando las canciones y la interpretación son sólidas, no hacen falta adornos. El sonido fue arrollador, con una potencia y una claridad impresionantes. Cada instrumento encontraba su espacio, construyendo un muro sonoro compacto que envolvía la sala y sostenía la épica de las composiciones.
Himnos como “A Wolf In My Heart” o “Vulgaris Magistralis” fueron recibidos con auténtico fervor, coreados y celebrados por un público que conectó de inmediato con esa propuesta de folk metal épico y emocional, capaz de llegar directo al corazón.
Impecables de principio a fin, confirmaron que la contundencia y la emoción pueden ir de la mano cuando hay oficio y canciones de fondo.








Finntroll
Con la sala completamente abarrotada, Finntroll salieron a escena envueltos en su ya reconocible estética oscura. Fueron contundentes desde el primer segundo y no dieron tregua, desplegando sin pausa esa mezcla tan suya de agresividad y espíritu festivo que convierte cada concierto en una celebración salvaje.
La intensidad fue en aumento hasta alcanzar uno de los puntos álgidos de la noche con «Trollhammaren», que desató el caos absoluto y como colofón, la aparición de miembros de Trollfest para reforzar los coros terminó de elevar el espectáculo, provocando una ovación unánime y subrayando ese espíritu de hermandad tan propio del folk metal.





Korpiklaani
El cierre de la noche corrió a cargo de Korpiklaani, aunque esta vez no fue su actuación más inspirada. El arranque estuvo condicionado por evidentes problemas de sonido, con un bajo excesivamente alto que terminó por enturbiar el conjunto y restar claridad a las canciones. Aun así, y dentro de las limitaciones que impone el espacio, la banda supo moverse con soltura y se les vio cómodos sobre el escenario, tirando de oficio y experiencia para sostener el show. Con «Aita» el sonido mejoró de forma notable y el concierto empezó a remontar, permitiendo un repaso más disfrutable por algunos de sus clásicos más celebrados, como «Vodka» o «Tuli Kokko».
Pese a ese repunte, la sensación general fue algo agridulce. La ejecución fue correcta y profesional, pero por momentos se percibió cierta desconexión, como si faltara esa chispa que en otras ocasiones ha convertido sus conciertos en auténticas celebraciones.
Con todo, el balance global fue positivo. En conjunto, el Heidenfest en Madrid volvió a demostrar que el folk metal es un género que se vive tanto con el cuerpo como con el oído. Risas, pogos, bailes imposibles y esa sensación tan particular de pertenecer aunque solo sea por unas horas a una gran tribu pagana que se reúne para celebrar la música sin complejos.








