Festival: Brutal Assault 2025
Lugar: Jaromer – Josefov (República Checa) – 8 de agosto de 2025
Texto y fotos: Oiane Díaz
Para plasmar la cuarta jornada del Brutal Assault 2025 nos vamos a poner un tanto filosóficos. No sabemos cómo ni por qué pero, en nuestra experiencia festivalera siempre nos ocurre lo mismo: el primer día que llegamos a un evento de estas características las horas pasan lentas, el día, aunque haya bandas interesantes, transcurre despacio y pensamos que cuatro días de festival van a acabar con nosotros. Sin embargo, como por arte de magia, de repente nos damos cuenta que ya es el último día del festi y que nos tenemos que marchar a casa. Y es entonces cuando nos preguntamos, ¿qué leches ha ocurrido? ¿cómo ha pasado tan rápido?
Hemos querido investigar y, por lo visto, hay una explicación científica para dar respuesta a esto: desde la psicología y la neurociencia, el novelty effect y la hedonic adaptation, explican cómo debido a los estímulos nuevos del primer día unidos a que el cerebro se acostumbra al entorno, los días posteriores parecen más cortos porque se perciben como menos diferenciados. Y esto es precisamente lo que hemos vivido una vez más en el Brutal Assault. El martes aterrizábamos en Praga pensando en los cuatro intensos días que tendríamos por delante y, sin embargo, para cuando nos quisimos dar cuenta, ya habíamos llegado casi al final.

Una vigésimo octava edición plagada de buenas bandas, un gran ambiente y un clima que ha acompañado en cada una de las jornadas. Algo a destacar ha sido la enorme oferta de comida y bebida de todo tipo, incluso una zona completamente vegana con numerosos puestos. Helados, refrescos diversos, café calentito para las horas de madrugada, en las cuales no estaba de más ponerse una sudadera, y un sinfín de opciones han hecho que el BA sea aún mejor. También nos ha parecido un punto súper positivo la enorme cantidad de grupos que ofrecían meet and greet gratuito –entre diez y doce cada día–, entre ellos algunos de los cabezas de cartel.
Otro dato curioso fue la exposición de obras elaboradas por Mario Duplantier que se subastaban desde 666 coronas checas –algo así como 27 euros, muy pero que muy asequibles–, algunas llegando finalmente a cantidades bastante altas –unos 800€ por el print #14–. Este tipo de iniciativas que resultan bastante diferentes a otros festivales son cosas que hacen único al Brutal Assault, un evento que nos tiene enamorados desde la primera vez que acudimos. Una zona de prensa en la que no faltan refrescos, café, agua fría y que está siempre vigiladas por personas de la organización, nos parece otro puntazo a agradecer.
No nos vamos a enredar mucho más explicando estos detalles pero, en resumen, es un festival que merece mucho la pena incluso aunque este año se haya percibido una asistencia enorme, llegando incluso a ser molesta en ocasiones ya que apenas había espacio para moverse entre escenarios. Dicho esto, iremos al grano. El último día aún nos reservaba algunas sorpresas y bandas con nivelazo. Aunque el cansancio empezaba a pasar factura, teníamos unas enormes ganas de disfrutar de la jornada final.
Con las maravillosas Crypta abriendo el Sea Sheperd a eso de las once y cinco de la mañana, el día sería muy intenso. Las brasileñas encabezadas por Fernanda Lira, ofrecieron un bolazo, algo a lo que nos tienen ya acostumbrados, dando paso en el mismo escenario a To The Grave, que pusieron patas arriba Jaroměř. Una auténtica locura lo de estos chicos australianos, que llenaron a rebosar la campa del Marshall stage.
Como ya sabéis que el Brutal no da tregua, los franceses Benighted se subían al escenario adyacente a eso de la una del mediodía, para sacar su poderoso death metal y continuar con la tralla que, al parecer, se iba a convertir en una constante durante todo el sábado. Apenas disponían de cuarenta minutos sobre el escenario, pero vaya si los aprovecharon… La tremenda voz de Julien Truchan hizo temblar a todos los allí presentes y el concierto pasó en un abrir y cerrar de ojos para dar paso a Exhorder. Otra formación que se deja la piel en cada uno de sus shows y en esta ocasión no iba a ser menos. Impecables, al igual que lo estuvieron en la reciente visita a nuestro país –en abril se acercaron hasta Pontevedra, Valladolid, Madrid, Barcelona y Vitoria–, hicieron gala de su buen sonido y de sus tablas sobre el escenario que, sin ser una banda que derroche energía, tampoco se están parados. Muy bien.

Como el día iba a ser un no parar, seguíamos del tirón con las japonesas Hanabie. Una propuesta bastante diferente al resto del cartel pero que resultaba igualmente atractiva. De la mano de Yukina al frente, Hanabie. comenzaban su show con unos diez minutos de retraso, algo extraño en este festival que siempre va muy ajustado de hora. Y es que fue dar inicio al concierto y comenzar los problemas técnicos –de ahí la demora–. Con cierto agobio, trataron de salvar la situación manteniendo una conversación con el público hasta que todo fue resuelto. Con una fuerte ovación por parte de sus fans, el concierto continuó de manera súper enérgica y dejó encantados a los allí presentes.
Brujería, con un público ansioso por verles, se subía al stage a eso de las cuatro de la tarde. Pudimos observar a muchas personas en entre sus fans con banderas mexicanas, a lo que El Sangrón respondió saludando en español e interactuó en nuestro idioma en más de una ocasión a pesar de estar en República Checa, incluyendo un enérgico “¿cuántos latinos están por aquí?”, a lo que numerosos asistentes respondieron levantando sus manos. Un show lleno de fuerza. Al mismo tiempo, de manera que medio concierto se solapaba con el de Brujería, la formación King Woman defendía su propuesta en el Obscure, un estilo a medio camino entre el doom y el post metal, curioso cuanto menos, con una imagen llamativa y una voz de un nivel altísimo.
Los siguientes en el Marshall serían los austriacos Harakiri for the Sky. Con su estilo post metal tirando al hardcore, sus temas nos gustaron muchísimo. Muy melódicos, recordándonos en algunos momentos a la banda Be´Lakor –si bien la voz es bastante diferente–, completaron un concierto sobresaliente. Percibimos a una enorme cantidad de fans coreando los temas, incluso en aquellos que provenían de su último álbum Scorched Earth, que ha visto la luz este mismo año. Un auténtico disfrute para los oídos con una ejecución impoluta.
Para cuando Harakiri for the Sky estaban acabando, Kataklysm esperaban en el escenario de al lado para dar el pistoletazo de salida a su show. También con una pista llena a rebosar, abrieron con una potencia devastadora. Pudimos verles en el mismo escenario hace escasamente dos años, ocasión en la que bordaron su show y, ahora en 2025, lo han vuelto a hacer. Kataklysm son otra de esas bandas garantía de calidad y lo han demostrado una vez más.

Otros incombustibles, por los que parece que no pasa el tiempo son Agnostic Front, que serían los siguientes en repartir a diestro y siniestro sobre el Marshall. Con un Stigma que sale siempre a tope, los neoyorkinos salieron a por todas. Y es que precisamente energía no les falta, ya que no paran ni un solo segundo de moverse de un lado para otro. Roger Miret, al que notamos un pelín justo a la voz en algunas ocasiones, volvió a darlo todo. Sinceramente, no sabemos cómo estos neoyorkinos que llevan más de cuarenta años de carrera musical siguen a este nivel.
Transcurrían las horas y se avecinaba la traca final. Para el cierre de esta edición, nombres como Priest, Gost y su sinthwave –poniendo el toque de fiesta a la jornada–, Hellbutcher, o bandas aún ‘más gordas’ como The Halo Effect o Dark Funeral, amenizarían la velada mientras la mayor parte de asistentes tenían puesta su mente en una formación, los cabezas del sábado: Opeth. Con el recinto a rebosar como nunca antes habíamos visto, todas las miradas estaban puestas en el Marshall stage a eso de las diez y diez de la noche.
Los miembros fueron subiéndose uno a uno hasta que apareció el bueno de Mikael Åkerfeldt, bajo un enorme estruendo de aplausos por parte del público. Un sonido espectacular y una acogida de sus fans aún más llamativa, convirtió ya solo la apertura del concierto en uno de los momentos más especiales del festival. Tras el primer tema, Mikael agradeció a sus seguidores su asistencia, con esa voz profunda y grave que le caracteriza. Sin extenderse demasiado, el show continuó con una sobriedad y elegancia que Opeth siempre derrocha. Un dato curioso fue la presencia de una emocionadísima Fernanda Lira de Crypta en el foso de los fotógrafos, emitiendo en directo el show a través de sus redes sociales a la par que cantaba, saltaba e incluso soltaba alguna lagrimilla. Está claro que Opeth levanta pasiones y que siempre ejecutan unos conciertos que cumplen con creces lo esperado. Tras hora y cuarto de concierto impoluto, los suecos se despidieron dejando un gran sabor de boca como broche final del festival.
Y era ya el momento de cerrar y marcharnos del precioso recinto –la Fortaleza de Josefov–, que nos había acogido durante cuatro intensos días. Ahora tan solo nos queda esperar 365 días –en realidad algo menos– para volver a disfrutar de este festivalazo. Y lo mejor de todo, ya se han anunciado las fechas y algunos nombres como Rise of the Northstar, Municipal Waste o Alcest. ¡Hasta el año que viene, Jaroměř!




















