Países Bajos y Alemania: su histórica rivalidad llevada al ámbito del heavy metal; Distillator y Cryptosis entran en escena para consolidar el thrash metal en el panorama holandés.
Texto: Diego Torres Vicente.
La rivalidad entre dos potencias europeas como Alemania y Países Bajos no es secreto para casi nadie. Si nos remontamos al siglo pasado, vemos cómo los holandeses apostaron por la neutralidad en la Primera Guerra Mundial y, gracias a eso, no fueron invadidos por Alemania. De ahí que el sentimiento contrario a lo germánico, convertido en denominador común en muchos países europeos tras el conflicto, no fue ni de lejos tan fuerte en los Países Bajos, que incluso acogió en su exilio al antiguo káiser alemán Guillermo II. Por eso, la invasión germana en la Segunda Guerra Mundial, después de que los Países Bajos hubiesen vuelto a declararse neutral, fue todo un shock. Los alemanes querían llegar a Francia y lo que hicieron fue iniciar, el diez de Mayo de 1940, una invasión de los Países Bajos que completarían en menos de tres semanas. Además, se consideraba esta zona como adecuada para su anexión al soñado Gran Reich Germánico. Eso supuso el inicio de una ocupación de cinco años en la cual el espíritu de la conocida como Resistencia Holandesa iba a instalarse para siempre en la sociedad de ese país, al igual que el recuerdo de la opresión, el hambre y el exterminio de buena parte de la población judía de los Países Bajos durante aquellos años, algo retratado en el muy conocido Diario De Ana Frank (Het Achterhuis, 1947)

Tres décadas después, y en adelante, lo ya comentado iba a experimentar un lógico auge en uno de los ámbitos más propicios para la exaltación colectiva: el fútbol. Una tarde de Julio de 1974, la legendaria Naranja Mecánica de Cruyff, Krol, Rep, Neeskens y compañía, caía en Múnich ante Alemania Occidental en la final del Mundial de aquel año. Es curioso, porque a pesar de que el conflicto bélico era relativamente reciente por aquel entonces (es probable que muchos de los protagonistas de aquel partido fuesen descendientes muy cercanos de personas que vivieron, de una manera u otra, la segunda gran guerra), se dice que entre los futbolistas holandeses no había, en general, una intención revanchista, pues parece que eran chavales un poco hippies y despreocupados, y con poco interés en la política. Para colmo, el futbol holandés había dominado el fútbol europeo durante la primera mitad de los setenta, ganando cuatro Copas De Europa seguidas gracias a Feyenoord y Ajax, y eso ya era algo. Y más teniendo en cuenta el conocido orgullo teutón.
Esto contrasta con el ambiente vivido en el siguiente de los capítulos más importantes de esta rivalidad. En Junio de 1988, Países Bajos se tomó su revancha y echó a los alemanes de la semifinal de una Eurocopa (celebrada, además, en la Alemania Federal) que terminaría ganando (el día en que Marco Van Basten marcó aquel gol de escándalo a la Unión Soviética en el último partido), y los holandeses se echaron a la calle para celebrar lo que ellos consideraban un triunfo en la verdadera final, exhibiendo pancartas con el lema Oma, we hebben je fiets gevonden (Abuela, hemos encontrado tu bici), que aludía al robo masivo de bicicletas (un objeto tan asociado a la sociedad holandesa) que los nazis perpetraron durante la invasión, con el objetivo de evitar la movilidad de la población holandesa. Supongo que era una forma de conectar con la generación que vivió la guerra de manera más cercana, y decirle así que, de alguna manera, se había hecho justicia. Los alemanes, por su parte, parecían sorprendidos por la animadversión holandesa, y por un feo gesto que tuvo Ronald Koeman, uno de los futbolistas clave de la selección naranja, con una camiseta germana tras el encuentro.
Aún quedaba un importante episodio de corte futbolístico en esta historia, y uno bastante curioso si se tiene en cuenta el contexto y todo lo ya comentado. Los octavos de final del Mundial de 1990 (qué mundial aquel!) no sólo vieron a la Argentina de Maradona derrotar de manera inesperada a Brasil, para acabar llegando a la final, si no que, por si un partido así fuese poco para una ronda tan alejada de la final, el flojo desempeño de los Oranje en la primera fase hizo que tuviesen que verse muy pronto las caras, una vez más, con Alemania (primera de su grupo), en otro temprano duelo bomba que se convirtió en mucho más que un simple partido de fútbol. Por qué? Estaba, por supuesto, el factor sociológico ya tratado, llevado a una contienda deportiva del máximo nivel. Nada que no se supiera ya. Pero todo eso coincidió también con el hecho de que el torneo se celebrase en Italia, un país cuyo campeonato doméstico era por aquel entonces la envidia de Europa, y en el que habían recalado, pocos años antes, las mayores estrellas holandesas (el mencionado Van Basten, Ruud Gullit y Frank Rikjaard) y hasta cinco de los más importantes futbolistas germanos. Pero la cosa no queda ahí. Dejando a un lado a Rudi Völler y Thomas Berthold, dos de los seleccionados alemanes y futbolistas ambos del Roma AC por aquel entonces, los otros tres italianos de la Mannschaft (Lothar Matthäus, Jürgen Klinsmann y el recientemente fallecido Andreas Brehme) jugaban en Milán, en el Internazionale, mientras que las ya nombradas figuras holandesas lo hacían en el rival local, el todopoderoso AC Milán de la época. Por si fuera poco, el duelo mundialista tuvo lugar en el estadio Giuseppe Meazza (San Siro), sede de ambos clubes. Todo un Derby Della Madonnina, pero en versión internacional. Y qué versión. Alemania se llevó el partido y, días después, el torneo, pero el encuentro tuvo, además de tres goles, escupitajos, peleas y expulsiones.
Según los sociólogos, la animadversión hacia Alemania de la juventud holandesa de principios de los noventa llegó a cotas propias de veterano de la segunda gran guerra. Por suerte, todo se ha suavizado a partir de entonces y, aunque en lo deportivo el enfrentamiento entre ambos países sigue considerándose un clásico de primer orden, las cosas ya no son tan calientes como entonces. Además, las relaciones entre ambos países, fuera de lo deportivo, parecen ser más que buenas. Al fin y al cabo son vecinos, y ya se sabe que algo así refuerza la rivalidad, pero también los vínculos. Incluso en Mallorca, en la zona de Palma a la que suelen acudir en masa los jóvenes (y no tan jóvenes) alemanes en busca de sol y fiesta, hay una parte más pequeña en la que destacan pubs holandeses, y la convivencia, que yo sepa, es buena. Otra cosa no tendría mucho sentido.
Cuál es el motivo por el que una introducción como ésta aparece en un artículo supuestamente musical? Simplemente la intención de dar un poco de contexto a una posible rivalidad musical entre los dos países, a raíz de su historia común, e introducirla desde otra perspectiva social. Pero, existe algo así en cuanto al heavy metal? No lo sé, la verdad, y por eso me voy a ceñir solamente a lo que veo en la estantería de casa, con la intención de que eso pueda reflejar un poco (y desde lejos) la realidad. Siempre he sido consciente de la gran cantidad de grupos alemanes que escucho, pero hace ya algún año que me he dado cuenta de que está pasando algo parecido con los que vienen de Países Bajos.
No hay ninguna duda acerca del papel de los ingleses a la hora de hablar del metal continental y mundial, sobre todo en su vertiente más tradicional y clásica (no hace falta mencionar a nadie), como tampoco la hay con respecto al más que relevante papel de los países escandinavos en este sentido. Pero dejando a un lado a Inglaterra, Suecia, Noruega y Finlandia, no creo que haya en todo el continente dos territorios más potentes que Alemania y Países Bajos a la hora de hablar de heavy metal y metal extremo. Y si bien creo que Alemania va por delante en esta imaginaria carrera (el tamaño del país siempre es importante), no hay duda de que los grupos holandeses llevan décadas siendo, en cuanto a calidad y cantidad, mucho más que una simple e involuntaria respuesta al liderazgo teutón. Sé que compartir frontera lleva, en algunos casos, a que músicos de ambos países formen parte del mismo grupo (lo cual no deja de ser algo que pasa muy a menudo en bandas de cualquier sitio), y me imagino que no hay intención de competir por parte de los dos países, pero lo cierto es que los grupos holandeses son muchos y muy buenos.
No puedo hablar con el máximo conocimiento, pero a nadie se le escapa la inmensa cantidad de grupos alemanes que, de una manera u otra, entran dentro de ese cajón de sastre que es el power / speed metal, y que casi todo el mundo conoce. Bastante parecido pasa con el conocido panorama thrash teutón. Sin embargo, ninguna de estas dos vertientes (sobre todo la primera) parece ser tan popular en Países Bajos que destaca más por su escena death metal y por grupos tan conocidos e importantes como Pestilence, Hail Of Bullets, Gorefest, Asphyx, God Dethroned o Legion Of The Damned. Y no puedo resistirme a mencionar aquí a los poco clasificables The Gathering, un grupo que no tiene nada que ver con lo extremo, pero que de alguna manera estuvo relacionado con ese movimiento en sus inicios. He escuchado algún disco antiguo de ellos, incluso uno de esos en los que se decantan por el trip rock, y son brillantes en lo suyo.
Así que supongo que se puede decir que hay motivos para el debate, porque los grupos holandeses están en condiciones de competir con los alemanes y con los de cualquier país. Por suerte, se trata de una competencia sana que no tiene nada que ver ni con el deporte ni con la política. Parece haber sitio para todos.
Y es aquí donde entran en escena los protagonistas de este artículo, Distillator y Cryptosis, dos bandas que también encajan dentro del molde del metal extremo holandés y que podrían ser una gran respuesta holandesa al superlativo y muy popular thrash alemán, un subgénero que, como ya he dicho, creo que no es tan practicado en Países Bajos. Pero su evolución es tan evidente y carente de límites que se puede hablar de mucho más que de thrash metal. Y es evidente, sobre todo, porque no se trata de dos grupos que operen a la vez, si no de tres músicos muy capaces y ambiciosos que, una vez que notaron que ya habían dicho todo lo que tenían que decir como Distillator, mutaron en Cryptosis para seguir su camino.
Pero, en vez de contar esa evolución de forma cronológica, me limitaré a contar cómo llegué a conocerlos yo.
Hace ya unos cuantos años que conocí a los americanos Vektor. Tras la edición, en 2016, de su tercer álbum, Terminal Redux, parecía que se fuesen a comer el mundo. Y era normal, ya que son demasiado buenos como para pasarlos por alto, y después de sus dos primeros álbumes todo el mundo hablaba de ellos. Pero diversas circunstancias (que ahora no vienen a cuento) hicieron que el grupo de Tampa no sólo viese cortada su imparable progresión, si no también su propia existencia como tal. Por eso me sorprendió enterarme de que habían vuelto, ya en 2020, y la edición de dos canciones nuevas a través de un disco compartido llamado Transmissions Of Chaos (editado el veinticinco de Febrero de 2021, a través de un sello austríaco llamado District 19, y con la ayuda del gigante alemán Century Media) fue más que bienvenida. Una vez escuchados ambos temas (atención a la genial portada del artista guatemalteco Mario López), el siguiente paso era echar un vistazo al grupo que compartía el disco con ellos, ya que lo lógico es que haya una cierta afinidad entre ambos. Y así fue como conocí a Cryptosis, una banda de Enschede, Países Bajos, catalogada como thrash metal progresivo.
Cryptosis existen con ese nombre desde 2020, y el grupo lo forman el bajista (también encargado de los teclados) Frank te Riet, el guitarrista y cantante Laurens Houvast, y en la batería, Marco Prij. En Transmissions Of Chaos se incluyeron dos temas, y ambos acabaron formando parte de su álbum de debut, Bionic Swarm, editado también en 2021 (veintiséis de Marzo, Century Media). Después de alguna que otra escucha aleatoria a alguno de sus temas, decidí que me gustaban lo suficiente como para hacerme con el disco, que se grabó en los estudios locales Several y, si estoy en lo cierto, fue producido por el propio grupo, junto a Olaf Skoreng, Tony Lindgren y Fredrik Folkare. La portada es del muy famoso artista israelí Eliran Kantor, y conecta con la temática distópica tratada en el álbum. Y es que no sólo tienen cierto parecido musical con Vektor, si no que coinciden con ellos en algunos de los temas tratados en sus canciones (ciencia ficción, etc). El propio grupo ya lo advierte en la carpeta del disco: se trata de un álbum conceptual consistente en una serie de historias distópicas que acontecen en 2049. Cada una documenta algún tipo de progreso tecnológico desde el punto de vista de quienes se relacionan con los mismos, sean humanos o no. Todo esto hace que el disco tenga un aire muy chulo a lo Black Mirror (la conocida serie antológica británica), pero más distópico y futurista aún.
La música es lo que más me interesa, en cualquier caso. Una misteriosa introducción (“Overture 2149”) da paso a “Decypher” (una de las dos canciones de Transmissions Of Chaos), que es buena muestra de lo que está por llegar: thrash metal furioso y (por lo general) veloz, que suele contar con el apoyo de unos teclados de fondo que aportan una ambientación grandilocuente y futurista al asunto. Supongo que por ahí le viene al grupo su carácter progresivo. Más de lo mismo en “Death Technology”, aunque ésta resulta algo más desenfadada por momentos, lo que contrasta un poco con la temática y la atmósfera general del disco. Se confirma que Houvast es una máquina a las seis cuerdas. Sigue la segunda de las canciones del disco con Vektor, “Prospect Of Immortality”, una canción larga en un álbum bastante breve, en la que Cryptosis dejan de lado la velocidad y la guitarra cede algo de protagonismo a los teclados de Frank. Más variedad en un tema que se aleja de lo convencional dentro del thrash metal. “Trascendence” trae de vuelta lo escuchado en las primeras canciones, siendo otro tema brutal y rápido que sólo al final da una mínima tregua.
Un breve interludio (“Perpetual Motion”) da paso a “Conjuring The Egoist”, que inaugura el último tramo del disco con un increíble riff de Houvast y los incansables bombos de Prij. Los teclados se unen un poco después. Puede que sea mi canción preferida del disco y el guitarrista suena verdaderamente amenazante con su voz (Suffering!), algo que es potenciado por los coros de Frank. “Game Of Souls” es otra buena muestra del arsenal de riffs de Houvast, bastante inspirado a lo largo de todo el disco, mientras que “Mindscape” es la réplica a “Prospect Of Immortality” de esta parte final del álbum. Cryptosis en su vertiente más innovadora y progresiva. Eso sí, como era de esperar, deciden cerrar el disco con otra demostración de thrash violento en “Flux Divergence”. Aunque el principio pueda no apuntar en esa dirección, la canción acelera drásticamente al llegar al medio minuto y el grito de Houvast confirma lo que está por llegar.
Gran disco. Creo que el grupo acierta al presentar un trabajo más bien corto, ya que es lo que mejor suele funcionar en un género como éste. Y más aún si la apuesta consiste en hacer algo más vanguardista y elaborado dentro del mismo, como es el caso. Esto no es ninguna norma, claro está, y todo el mundo conoce ciertos discos que triunfaron a pesar de contener canciones largas y más complejas, y de significar en su día un cambio drástico con respecto a lo que se hacía dentro del género y en la propia discografía de esos grupos, algo que hoy en día no supondría tanta sorpresa (Heathen o Metallica, por nombrar un par de ejemplos). Y ya que hablamos de lo que se hace en Países Bajos, en comparación con sus vecinos alemanes, se puede destacar un disco como Deception Ignored (1989), de los alemanes Deathrow, que contenía canciones bastante más largas y técnicas que las encontradas en los discos previos del grupo. Por otro lado, los chicos de Cryptosis afirman tener predilección por los suizos Coroner (no son alemanes, pero son vecinos), y en este sentido hay que destacar los álbumes Punishment For Decadence y No More Color, de 1988 y 1989 respectivamente, que mostraban a un grupo casi sin igual haciendo del thrash algo definitivamente distinto, pero a través de canciones cortas. Por todo esto, también pienso que Cryptosis hacen bien al no caer en la tentación de hacer en su primer disco algo mucho más ambicioso, elaborado y que pudiese suponer un impacto excesivo en ese sentido, ya que la música de Cryptosis no es asequible o de escucha fácil. Todo esto necesita de una explicación, a la que llegaré un poco más adelante.
El grupo ha estado muy ocupado girando y, ya en 2023 (uno de Diciembre), editó un Ep llamado The Silent Call (no tengo información acerca de la portada, pero parece que en el ámbito técnico el grupo volvió a trabajar con Skoreng y Folkare, y el Ep ha sido distribuido por Century Media también), que contiene la canción que le da título, otra inédita llamada “Master Of Life”, y otros dos temas en directo grabados en Atenas (Grecia parece tratarlos de manera especialmente buena): “Prospect Of Immortality” y “Trascendence”. “Master Of Life” es brillante, y queda a medio camino entre los temas más veloces de Bionic Swarm y las tendencias más innovadoras del grupo. Algo hacia el final incluso me recuerda a los míticos Voivod. Parece que esta canción salió de las sesiones de grabación de Bionic Swarm, por lo que supongo que se grabó, etc, en los mismos estudios. Lo mismo con respecto a la propia “The Silent Call”, de la que no diré nada ahora, porque una versión posterior, un poco distinta, aparece en el segundo álbum de los holandeses, Celestial Death, editado este mismo año (aunque hasta tres singles de adelanto han ido apareciendo, ya desde finales de 2024), el siete de Marzo, nuevamente a través de Century Media y también con portada de Eliran Kantor. Los tres músicos repitieron con el trío habituala la hora de grabar, esta vez en los estudios Tom Meier (de nuevo en Enschede) y Studio Moon Music (Falun, Suecia). Al igual que pasó con Bionic Swarm y Transmissions Of Chaos, la mezcla y la masterización se realizaron en Chrome Studios (Estocolmo) y Fascination Street Studios (Örebro, Suecia), respectivamente.
La verdad es que no recuerdo si me dio por escuchar alguno de los adelantos antes de tener el disco, porque no me suele gustar escuchar música a través de medios que no sean el formato físico o un Ipod. Como mucho para descubrir alguna cosa y ver si merece la pena ir más allá. Quizás escuché algo de este disco, pero daba igual en cualquier caso, ya que lo previamente escuchado era una carta de presentación más que válida. Lo que sí hice es leer alguna crítica del disco y ninguna bajaba del notable, lo que reafirmó mi convencimiento.
Celestial Death no parece tratarse de un disco conceptual, como lo fue el primero, pero Cryptosis siguen con la temática distópica, tecnológica y de ciencia ficción, la cual actúa como hilo conductor detrás de las canciones en cuanto a su temática. Un poco más de lo mismo en ese sentido. El álbum arranca con una introducción muy cinemática llamada “Prologue (The Awakening)”, que desemboca en “Faceless Matter”, un tema que inmediatamente se puede relacionar con el grupo si ya se ha escuchado Bionic Swarm (batería intensa, voz agresiva y los sintetizadores añadiendo cierta ambientación), pero que también demuestra que el grupo ha dado un paso adelante en su enfoque épico (énfasis en el ya comentado aspecto cinemático), y que los teclados han ganado protagonismo. Supongo que, también por todo esto, la manera de tocar de Houvast en este álbum parece más discreta. El propio Frank se encargaría de, más o menos, confirmar todo esto (más sobre esto un poco más abajo), al contradecirme cuando le comenté que este segundo disco no era fácil de escuchar y que parecía más complicado que el otro en comparación. Me dijo que era curioso que pensase así, porque todo lo relativo a la batería y la guitarra en Celestial Death era más simple (there is a lot less going on on guitar and drums on this album, según sus propias palabras)que en el primer disco, y sólo la orquestación y los teclados eran más elaborados y prominentes.
“Static Horizon” sigue la misma línea, aunque me parece más directa y Houvast recupera más protagonismo. La melodía durante el estribillo es brillante y se pueden escuchar unas siniestras voces de fondo durante la sección instrumental de la segunda y mucho más orquestada mitad del tema. Después llega la nueva versión de “The Silent Call”, uno de los puntos álgidos de todo el disco. Frank me comentó que las tomas vocales son mejores aquí que en el Ep, y que la orquestación ha perdido algo de protagonismo en esta nueva mezcla. Me encanta lo completamente épico del principio, junto con los blast beats de Prij, pero no tanto como cuando el grupo se lanza a una carrera sin freno siguiendo el salvaje riff que empieza cerca del minuto y medio. Al igual que en la canción anterior, la segunda parte del tema te da la sensación de estar en mitad de una película. La impactante melodía principal de “Ascending” no estaría fuera de lugar en un disco de death metal melódico, y la canción incluso presenta una parte más calmada que da más protagonismo al bajo de Frank.
Al igual que Bionic Swarm, el álbum se da un pequeño respiro a mitad de recorrido con “Motionless Balance”, otro breve tema instrumental con aire de banda sonora. “Reign Of Infinite” es el tema más largo, y en él siguen apareciendo esas voces a modo de coros que tanto aportan al contenido grandilocuente del grupo. Todo esto, bien equilibrado con su agresión habitual. Bonito título el de “Absent Presence”, que presenta un inicio con guitarras limpias que me recuerda a cosas escuchadas en discos de Vektor o incluso de Voivod. Muy logrado el ambiente de desesperación y soledad que genera esta canción.
“In Between Realities” resulta más amenazante y veloz, con las ráfagas speed / thrash de las estrofas, que contrastan con el genial puente previo al estribillo. También hay algo de aportación solista por parte de Houvast. En una onda parecida transcurre la rápida y violenta “Cryptosphere”, que vuelve a incluir blast beats y más genialidades de Prij con los bombos. Al contrario que en el primer disco, Cryptosis se guardan un final instrumental con aire de despedida que viene a cerrar, de manera simétrica, el círculo empezado con “Prologue”. “Coda (Wander Into The Light)” es su nombre, y hasta me recuerda un poco a las partes más melódicas de la trilogía de discos que sus compatriotas de God Dethroned le dedicaron a la Primera Guerra Mundial. Espectacular.
Tengo que reconocer que, como ya le dije a Frank, Celestial Death no ha sido un disco que me haya entrado rápido ni mucho menos. Es más, recuerdo pensar que, teniendo en cuenta lo que suele ser mi gusto más habitual, era un poco decepcionante notar que la guitarra de Houvast daba un paso atrás en cuanto a un protagonismo que le era cedido a los sintetizadores. Pero era cuestión de tiempo y alguna escucha más que mi opinión cambiase, por mucho que haya algo de cierto en lo comentado. Tras dar más oportunidades al disco (y partiendo de la brillantez de Bionic Swarm), encuentro que Celestial Death es, como poco, igual de bueno. No es fácil de escuchar, desde luego, pero va muy de menos a más. Luego está lo de la precisión técnica y la habilidad de los músicos que, conviene recordar, son sólo tres. Una vez más, nos encontramos ante un disco que no llega a los cuatro minutos de media por canción, lo que supone que el grupo ha vuelto a ser capaz de condensar algo tan brillante y elaborado en un álbum que no corre el peligro de aburrir al oyente.
Esto es todo en cuanto a Cryptosis, que siguen a lo suyo. Dado el nivel de evolución de la música de estos tres chavales, tengo gran curiosidad por saber qué vendrá después de Celestial Death, además de las lógicas ganas de verlos alguna vez en directo. Me pregunto cómo se las arregla Frank para tocar el bajo y manejar a la vez todo lo relativo a los sintetizadores y la orquestación.
Y aquí habría terminado este escrito, de no ser por otra oportuna aparición de mi amiguete Dani Gallar (ya mencionado en la crítica de Rejected Souls Of Kerberus, de los suecos Toxaemia). Él fue quien un día, hace no demasiadas semanas, me comentó algo acerca de Distillator, el grupo previo a Cryptosis. Yo me quedé sorprendido, porque recordaba haber leído algo sobre la existencia de un grupo anterior, pero de alguna manera se me había olvidado. Todo coincidió con la visita de Cryptosis a Viena (donde reside Dani), como teloneros de los ingleses Onslaught el pasado seis de Junio. Él fue a verlos, como suele hacer, y de paso me mandó una foto con todo el grupo. Algo muy habitual también, que no creo que haga con la intención de darme envidia, pero que me la produce igualmente. Supongo que, con motivo del concierto, le dio por escuchar también los discos de Distillator, y de ahí que me mandase la foto de uno de ellos. Me dijo que eran un grupo de thrash metal de la vieja escuela, y con canciones menos pulidas y elaboradas que las escritas para Cryptosis, y yo, como seguidor del género y en especial (por continuar con la conexión entre los dos países) de grupos como Sodom, Kreator o Tankard, pensé que algo así tendría que estar bien, sí o sí. Me dijo también que había estado hablando con los músicos y que el bajista y teclista, Frank, le había comentado que habían cambiado el nombre del grupo porque, a la hora de componer temas para el tercer disco de Distillator, estos eran tan distintos que no parecía tener mucho sentido seguir con el mismo nombre. No era su intención decepcionar a fans previos con música distinta y, a la vez, querían seguir su propio camino y mostrar a la gente su nuevo estilo. Esto también necesita de una explicación posterior. Yo, por mi parte, volví a la casilla de salida para hacer lo mismo que había hecho con Cryptosis: comprobar, a través de YouTube, si este grupo merece la pena. Para sorpresa de nadie, la merece.
Lo siguiente fue intentar contactar con Frank, a quien tengo la suerte de tener como amigo en Facebook, por muy infantil que pueda sonar lo de tener como amigo a alguien a quien no conoces en persona y probablemente no vayas a ver en la vida. Pero ya sabemos cómo funcionan estas cosas. Puestos a encontrar las ventajas de estercoleros como suelen ser las redes sociales a veces, aquí tenemos una. Quería ver si había alguna forma de conseguir los discos de Distillator, ya que no creo que hubiese podido encontrarlos por mí mismo.
Dicho y hecho. Frank me contestó muy rápido y, en pocos días, y por un precio más que razonable, tenía en casa una copia de cada disco. Y mucho más que eso, ya que Frank no sólo me envió los CD’s, si no que incluyó algunos detalles extra, entre los que se encontraba una copia de un Ep que había grabado con un grupo previo que él mismo había fundado llamado Profligate (en dicho grupo era uno de los dos guitarristas, siendo el otro su actual compañero, Laurens Houvast, que se unió después). Se trata de una banda de thrash / death, y el trabajo es de 2013, año en el que Distillator se juntaron. Pero lo más importante es que Frank ha resultado ser un tipo amable y cercano, que no sólo ha tenido los detalles anteriores con alguien a quien no conoce. Ha ido mucho más allá, ya que me ha mandado una lista de Spotify con grupos holandeses que le gustan (después de que yo le comentase lo ya dicho antes sobre Países Bajos y el metal extremo), me ha hablado de sus influencias a la hora de componer (incluida la música electrónica de Klaus Schulze), me ha adjuntado una entrevista con Houvast con motivo de una visita de Cryptosis a Grecia (para que me ayudase en todo esto y me aclarase un poco más la razón detrás de ese cambio de nombre), y hasta se ha ofrecido a tener una charla por videollamada conmigo, en caso de que yo necesitase algo más. Por no hablar de su entusiasta aprobación a este escrito y al hecho de que esté presentado desde la perspectiva de la supuesta rivalidad entre Alemania y Países Bajos (esto se lo pregunté porque no sabía si podía tratarse de un tema sensible para los holandeses). Como ya se habrá notado, cuando me ha tocado hablar de las canciones de Celestial Death, también ha tenido a bien darme su punto de vista con respecto a alguno de mis comentarios sobre la música de Cryptosis. Vaya fuera de serie. Estoy seguro de que tiene muchas cosas mejores que hacer con su (seguramente escaso) tiempo libre que atenderme a mí, por lo que no voy a molestarlo con videollamadas, pero sí que le pregunté acerca del ya comentado cambio de un grupo a otro. Me dijo lo que ya me había dicho Dani (de quien se acordaba perfectamente), y puso énfasis en el hecho de no decepcionar a nadie.
Es curioso, porque alguna vez he pensado en eso. Cuántos disgustos, decepciones y debates interminables (más propios de edades más tempranas, eso sí) nos habríamos ahorrado unos y otros (los grupos y quienes los seguimos) si ciertas bandas hubiesen actuado así? Mi punto de vista es que uno tiene que hacer con su arte lo que en cada momento siente que es mejor para expresarlo. Es lo más importante, serle fiel a uno mismo. Pero a la vez, por lo menos en el caso de la música, tus seguidores también son importantes, no? De alguna manera son los que te han puesto donde estás y esperan que les siga gustando lo que reciben a cambio. Y nadie habla de no evolucionar y todo eso, pero siempre he pensado que si el cambio va a ser demasiado drástico, lo que puedes hacer, quizás, es aparcar tu anterior proyecto y hacer lo que te apetezca hacer en el momento dado, pero con otro nombre. Así, los que te siguen saben a lo que atenerse y, si no les gusta lo nuevo, sabrán que lo que siempre les ha molado sigue ahí, intacto. Y si tú, como artista, decides más adelante retomar lo anterior y seguir con ello tal y como lo dejaste, siempre puedes hacerlo. Creo que así todo el mundo sale ganando.
No quisiera ser malinterpretado. Mi intención no es hablar como si lo que acabo de decir pudiera aspirar a ser la solución definitiva al dilema que supone evolucionar como artista, mostrando una voluntad de cambio, pero sin disgustar a nadie en el proceso. Al fin y al cabo, también hay motivos para pensar que no tengo razón, ya que grupos que me molan mucho, como Voivod o Enslaved, han hecho de la evolución su bandera. También es cierto que estas dos bandas, por ejemplo, nunca se han desviado en exceso de un disco a otro, y dicha evolución parece algo natural si se mira al todo que es su discografía con la perspectiva del tiempo. Pero, y que hay, podría alguien preguntar, de otros grupos que se han transformado completamente en algo distinto sin echar la vista atrás? No puedo decir mucho. Hay parte de razón ahí también, ya que tenemos el ejemplo de los ya comentados (y también holandeses) The Gathering, una de las bandas más hábiles a la hora de cambiar, hasta el punto de no tener nada que ver con aquello por lo que eran conocidos cuando empezaron, sin cambiar su nombre y con un asombroso nivel de aceptación por parte de seguidores antiguos y nuevos. Qué ha passado ahí? Quizás tuvieron suerte, o igual es que son tan buenos que se las han arreglado para tocar la fibra de todo tipo de audiencias. O ambas cosas. Quién sabe?
El caso es que me parece llamativo que los chavales de Cryptosis piensen de esta manera, porque me extrañaría enterarme de que hay por ahí fans de Distillator que se sienten decepcionados por todo esto. Puede gustarles más lo anterior, está claro, pero no creo que la música de Cryptosis supongan un cambio absolutamente radical con respecto a la de Distillator, ni mucho menos. Difícilmente podrías estar disgustado al encontrarte con que lo que iba a ser el tercer disco de Distillator se ha convertido en Bionic Swarm. Yo sigo considerando su música thrash metal. Con más detalles y todo eso, pero thrash al fin y al cabo. Ni se han convertido en Dream Theater, ni han pasado del Black Album a Load y Reload, o algo así. De hecho, en Celestial Death se pueden apreciar detalles de otros géneros dentro del metal extremo, y en este sentido he leído menciones a un género como el black metal en varias críticas. En relación con esto, el propio Frank también me comentaba sobre su afición por grupos como Emperor o Dissection. Por otro lado, la manera de cantar de Houvast es definitivamente más agresiva ahora, en Cryptosis, y la presencia de blast beats en algunos temas indica que el grupo puede apostar por canciones más elaboradas, pero está lejos de suavizar su sonido en general.
Y esto es lo que dije antes que necesitaba ser explicado: los tres músicos debieron pensar que lo que estaban escribiendo era notablemente distinto de lo hecho hasta el momento con Distillator, y por eso decidieron cambiar de nombre. Pero yo creo que ni siquiera les hubiese hecho falta. Si está bien para ellos, perfecto, pero por lo que leo por ahí, no se atisba ningún tipo de decepción en la gente. Sí se percibe, en cambio, algo de sorpresa al ver que lo actual puede que sea diferente, vale, pero nada comparado con lo que se estaba esperando tras conocer que el grupo iba a ser otro. Los discos de Cryptosis son lo suficientemente elaborados y detallistas para atraer a nuevos fans, pero nunca para perder a los antiguos de Distillator. Aunque esto es, por supuesto, una opinión.
En cuanto a las comparaciones con Coroner, más allá del formato trío de ambas bandas y de la admiración de esta gente por el veterano grupo suizo, creo que Cryptosis hacen ahora un tipo de thrash más vanguardista que el que practicaban como Distillator, está claro, pero sin abrumar al oyente con canciones muy largas o excesivamente progresivas. Un poco como lo que creo que Coroner hicieron con sus ya mencionados segundo y tercer disco. Y en lo que respecta a los alemanes Deathrow, la transición llevada a cabo por estos tres músicos holandeses me recuerda un poco, salvando ciertas distancias, a lo que los de Düsseldorf hicieron a finales de los ochenta, cuando pasaron de editar dos discos (el debut, Riders Of Doom, de 1986, y su continuación al año siguiente, Raging Steel) que, básicamente, presentaban el tipo de thrash metal teutón poco pulido y genérico que se hacía por aquel entonces, a dejar a todo el mundo alucinado (entre comillas, ya que no es que fueran, precisamente, Megadeth o algún otro de los grupos thrash multiventas) con el ya mencionado Deception Ignored. De todas formas, y como ya comenté, Deathrow se decantaron entonces por temas mayormente largos y complejos. No cambiaron de nombre, pero puede que el cambio fuese hasta más acusado que el de Houvast y compañía y, en mi opinión, a mejor.
Como ya he dicho, Distillator nacieron en 2013, fundados por Laurens Houvast y Frank te Riet, y ya ese mismo año grabaron un Ep (producido por ellos mismos, con la ayuda de Fredde Kaddeth, propietario de los estudios Dirty Bird, donde se mezcló el asunto, tras haberse grabado en Sound Wave Factory) que, según me ha comentado Frank, es en realidad una maqueta. Una de las tres canciones, “Bloody Assault”, aparecería después en el álbum de debut del grupo, Revolutionary Cells (2015). Las otras dos, “Warmonger” y “Distillator”, iban a correr distinta suerte: la primera no pasó de esta fase, pero la segunda sí puede encontrarse en Revolutionary Cells, aunque con otra letra y bajo el nombre “Death Strip”. Por aquel entonces, Houvast y Frank tocaban con otro batería, Karel Bonke, y los tres usaban un pseudónimo (me mola que hayan dejado eso atrás, la verdad). El caso es que Bonke llegó a grabar el primer disco del grupo, pero (según Frank, nuevamente) prefirió concentrase en su carrera como compositor de bandas sonoras. Es entonces cuando apareció Marco Prij, quien está acreditado como batería en el álbum, a pesar de no haber tocado en él.
Revolutionary Cells salió el diez de Febrero de 2015, a través de Empire Records (Bélgica), pero sigue sin quedarme claro quién se encargó de la producción. Supongo que fue cosa del propio grupo, con la ayuda de un señor llamado Dennis Koehne en lo relativo a la mezcla, etc. Se grabó en los holandeses estudios Distillator y MilkMark, ambos en su propia zona de Twente, al este del país (justo al lado de Alemania, por cierto) y, tanto la portada (a cargo del artista bielorruso Andrei Bouzikov) del disco, como el logotipo del grupo, son más acordes con el estilo previo de los chicos, más asociado al thrash tradicional que lo que hacen ahora. Lo mismo se puede decir de las letras, más tendentes a la política, la violencia, etc, aunque las composiciones ya eran relativamente cortas, al igual que lo son ahora.
Ya desde el principio, con “Guerrilla Insurgency”, el oyente tiene claro de qué va esto: los riffs son más simples y directos, hay muchas más partes solistas de Houvast aquí que en Cryptosis, el bajo suele hacer de segunda guitarra, y la batería es tan enérgica e incansable como se espera en un álbum de este tipo. La voz es diferente, también, ya que Houvast no fuerza su garganta como lo hace ahora, pero a la vez opta por ciertos agudos bastante frecuentes a la hora de acentuar ciertas palabras, que me recuerdan un poco a David Di Santo, de los propios Vektor, o incluso a Schmier, de los alemanes Destruction. “Saturation Bombing” es de mis preferidas, con un inicio instrumental bastante brutal que va ganando en intensidad y que muestra algún detalle blues / rock muy chulo, algo que se repetirá a lo largo del tema. El bajo de Frank tiene algunos momentos para brillar en solitario en “Shiver In Fear”, aunque en general se trata de otro furioso y breve despliegue thrash con Houvast a la cabeza.
“Distinct Or Extinct” es una canción más larga, gracias a la cual el grupo tiene la posibilidad de ampliar su paleta y probar con otros tempos y detalles que le dan otro aire al tema y, de paso, algo de descanso a la audiencia. El tema título trae la velocidad de vuelta, y el riff principal resulta bastante convincente, a pesar de su aparente sencillez. Lo mismo ocurre en “Bloody Assault”, otra oportunidad para que el grupo aterrorice a tus vecinos con una nueva dosis de violencia musical de poco más de tres minutos. “Suicidal” presenta una temática bastante seria, introducida por unos pocos segundos en los que se escucha una batalla en su apogeo. Se habla de un severo estrés post traumático, con la guerra como trasfondo. La música? Distillator haciendo de las suyas, aunque hay sitio para alguna que otra sección algo más comedida, como la que precede a un gran solo de guitarra.
Y hablando de Alemania, la genial “Death Strip” (“Distillator” en aquella maqueta inicial) trata sobre la Guerra Fría, la creación del Muro De Berlín y la suerte que corrían aquellos que intentaban cruzarlo para escapar de la ridículamente llamada República Democrática Alemana. Thrash brutal que alterna con partes instrumentales menos rápidas, pero brillantes. El disco termina con “Sacred Indoctrination” y, dada la habitual manera bastante simétrica que suelen usar estos chicos para estructurar sus discos, me estaba esperando un tema algo más largo y con algo más de variedad. Un poco como lo mostrado en “Distinct Or Extinct”, quizás. Pero no, ya que esta canción es, tal vez, un poco más larga, pero ya está. Hacen bien, en cualquier caso, en terminar con otra canción violenta. Esta música consiste mayormente en eso.
Ya está. Poco más de media hora es suficiente para presentar un disco de thrash metal que, por mucho que pueda parecer más de lo mismo, destaca por dar al oyente exactamente lo que se espera de este género. Supongo que nadie acude a ciertos grupos en busca de algo que sabe que no va a encontrar en ellos. Distillator puede caer en ese saco, pero en lo que a mí respecta, esto no deja de ser un cumplido. Quien busque algo más variado y distinto puede recurrir, precisamente, a un grupo como Cryptosis. Así que Marco, Frank y Laurens han hecho los deberes más que de sobra en este sentido.
Dos años después, ya en 2017 (uno de Mayo), Distillator volvieron con su segundo disco, Summoning The Malicious, y todo lo comentado a nivel técnico y artístico para Revolutionary Cells, aplica aquí también: misma discográfica, mismo ingeniero e igual dibujante. La única diferencia es que no hubo que recurrir a los estudios MilkMark esta vez, y todo se grabó en los Distillator (no tengo ni idea acerca de una hipotética influencia de estos estudios en el nombre del grupo, o si todo fue casualidad). La portada y la propia música indican que poco ha cambiado en la banda desde que salió su debut, pero ese poco se deja notar en algo más de complejidad y variedad en las composiciones. Y si bien dicha portada y ciertas letras siguen ahondando en los mismos temas que en el primer disco, los nombres de algunas de las canciones indican que lo distópico y lo tecnológico ya eran temas que el grupo estaba dispuesto a explorar.
“Blinded By Chauvinism” abre fuego, y he de reconocer que se me hace difícil hablar de un tema como éste sin recurrir a los mismos términos usados ya. No quiero que suene a crítica, pues ya me he explicado un poco más arriba, pero es que es más de lo mismo con respecto a Revolutionary Cells. Rápido y bastante lineal. Al contrario que “Mechanized Existence”, donde sí se nota más variedad, pues sólo en el primer minuto pasamos de un inicio más melódico, que lleva al riff principal escuchado durante las estrofas, a una ráfaga incluso un poco death metal. Me encanta el puente previo al estribillo (Technology, streaming knowledge), y sobre todo éste (Supervised, organized, mechanized!). El tema vuelve al principio del todo durante el solo de Houvast, y hasta tiene otro de Frank al bajo, antes de que todo se vaya apagando de una manera relativa e inesperadamente tranquila. “Estates Of The Realm” vuelve a olvidarse de la velocidad en su comienzo (en el que la batería tiene un papel predominante), pero a pesar de ser la canción más corta de todas y estar esperando que el asunto se vuelva ultrarrápido de repente, todo transcurre a medio tiempo. La sección del solo vuelve a tener a Prij y su trabajo con los pies como protagonistas. No se puede decir que los músicos no estén intentando algo nuevo, y más teniendo en cuenta lo escuchado en la primera canción.
“Summoning The Malicious” suena bastante misteriosa, con ese inicio en el que destacan Prij y Frank, antes de que la guitarra se una con una frase muy guapa que acentúa dicho misterio. Cuando todo acelera, ese aire misterioso cambia a algo más bien amenazante, con acordes abiertos que se alternan con la anterior frase de Houvast. Muy buena. “Enter The Void” tiene un riff muy bueno, de esos que parecen girar todo el rato sobre sí mismos, pero el conjunto me suena más a heavy metal tradicional. De hecho, el tema instrumental de Iron Maiden, “Losfer Words (Big ‘Orra)”, del ya lejano Powerslave (1984), me ha venido a la cabeza gracias a ese riff. Y yo no es que entienda mucho de aspectos técnicos, pero tengo la sensación de que el bajo de Frank tiene más presencia, o quizás simplemente más volumen, en los discos de Distillator que en los de Cryptosis, y esto es algo que vuelvo a notar en “Algorithmic Citizenship”. Me encanta cómo todo el grupo acelera a mitad de tema, antes de que todo vuelva a la casilla de salida para empezar de nuevo.
“Stature Of Liberty” vuelve a dar bastante protagonismo al bajo, y hasta resulta un poco punk a ratos. Teniendo en cuenta la letra, cuándo salió el disco, y que el nombre del tema parece ser un juego de palabras que alude a la Estatua De La Libertad, no me extrañaría que la canción estuviese dirigida a Donald Trump. Sigue “The King Of Kings”, el tema más largo del grupo y en el que queda claro que Distillator están apostando por algo distinto, siendo la canción que más puede recordar a ciertas cosas que pronto se podrían escuchar en Cryptosis. Tiene sus momentos, sobre todo al principio, pero el problema es que siempre estoy esperando que la canción acelere y de paso a la violencia habitual del grupo, pero eso no pasa, y es como si el tema quedase algo incompleto. Trata sobre el papel de Estados Unidos y del Reino Unido en el golpe de estado iraní de 1953, lo que destaca el interés del grupo en temas políticos e históricos. El inicio de la final “Megalomania” me hace pensar que estoy escuchando a Running Wild y todo (de nuevo la inevitable sombra alemana) y, aunque el tema se vuelve más intenso por momentos, la parte del estribillo vuelve a incidir en esa idea.
No sé cuál de los dos discos me gusta más, aunque he de reconocer que tengo especial aprecio por el primero. Pero a la vez es raro, porque de las nueve canciones que hay en Summoning The Malicious, quitando “The King Of Kings”, la que menos me llama la atención es la primera, “Blinded By Chauvinism”, que es la que precisamente creo que tiene más similitudes con lo escuchado a lo largo de Revolutionary Cells. Supongo que eso es señal de que los pasos en otra dirección dados por el grupo en su momento estaban siendo convincentes.
2018 iba a ser testigo de cómo Distillator terminaban su etapa (aunque aún sin saberlo), de la misma manera que empezaría la de Cryptosis: con un Ep compartido. Esta vez con un grupo alemán (sorpresa), Space Chaser. Se trata de otra banda de thrash metal con inclinaciones parecidas a las de Cryptosis, por lo que tendré que escucharlos, pues ya se sabe cómo funciona esto. Supongo que el hecho de compartir este lanzamiento obedece más a una amistad o afinidad musical entre los dos grupos que a otra cosa. Para esta última ocasión, Distillator trabajaron por primera vez con el ya nombrado Olaf Skoreng, en distintos estudios de su zona. La portada corrió a cargo de Mario López, quien, como ya se dijo, abrió la nueva etapa de estos tres músicos con su trabajo en la portada de Transmissions Of Chaos.
Viendo la apariencia de la portada y los títulos de las nuevas canciones, resulta menos chocante que Distillator acabaran componiendo algo que les hiciera plantearse lo que más tarde se convertiría en un definitivo cambio de nombre. Además, este Ep ya expande la instrumentación habitual, pues se incluye un mellotrón, aunque esta vez a cargo de Houvast. Además, el grupo abre con la típica y breve intro instrumental que, hasta el momento, es denominador común en los discos de Cryptosis. Se llama “Overture” (suena de algo), aunque no tiene nada que ver con las introducciones cinemáticas de Cryptosis, ya que aquí lo que hay es una breve muestra de shredding por parte de Houvast, sobre una base que suena algo militar, y que enlaza rápidamente con “Perceiving Presence”, un temazo bastante directo, rápido y agresivo, con algunas líneas de bajo muy chulas. Más de lo mismo con “Swarm Intelligence”, inaugurada por un más que fugaz solo de batería de Prij. Esta canción es una barbaridad, e incluye unos cuantos detalles que incluso me recuerdan a los Vektor más frenéticos. El último tema propio se llama “Gates Of Autonomy”, y es una canción larga si se tienen en cuenta los estándares habituales del grupo. El principio parece indicar que Distillator van a reducir un poco la intensidad, y se puede decir que el tema tiene algo más de variedad, pero lo cierto es que el trío parece seguir inmerso en su propia cruzada de aniquilación sónica. Y llegamos al final con “Black Magic”, una versión del clásico de los primeros Slayer (Show No Mercy, 1983). Distillator hacen un buen trabajo al ejecutar el tema de manera bastante fiel, aunque, eso sí, un poco más acelerada y sin el encanto del original, que forma parte de uno de los mejores discos debut de la historia del género.
Distillator parecían estar absolutamente a tope en este Ep, pero hasta aquí llegó su historia. El grupo se dio cuenta de que componer y tocar thrash de la vieja escuela se les quedaba pequeño, y lo siguiente es la creación de Cryptosis y su futuristic multi-metal eruption (en palabras del propio Houvast) a partir de Distillator, además de su fichaje por Century Media, de lo cual ya se ha hablado un poco antes.

Como siempre, lo he pasado mejor que bien escribiendo, y si el reportaje ayuda a que quien lo lea pueda aficionarse a la música de estos grupos, tal y como me ha pasado a mí, mejor aún. Hay otra cosa buena al respecto, como es quedarme con la duda acerca de cuál de los dos grupos prefiero. Tengo claro que Distillator están más en la línea de los grupos que escucho de manera más habitual (no soy demasiado aficionado a los adornos), pero la ambientación, los temas a tratar, y las melodías conseguidas en los discos de Cryptosis son algo especial que de ninguna manera puede encontrarse en Distillator. Es como que el segundo grupo mantuviese cierta esencia del primero, pero sin que haya nada de las novedades aportadas por Cryptosis (más allá de las letras, etc, en los temas más recientes) en los álbumes de Distillator.
Así que me quedo con ambos y con el hecho de que el paso de uno a otro sea un ejemplo de evolución y cambio bien entendidos, y mejor ejecutados.
Gracias a Dani, una vez más, por evitar que pasase a Distillator por alto. Y, por supuesto, un millón de gracias a Frank. Ya he comentado todos los detalles que ha tenido conmigo, y cuál ha sido su reacción al saber que iba a escribir algo sobre ellos. Pero hay otra cosa que he decidido dejar para el final, debido a la gran impresión que me causó. Me explico. Por muchos años que pasen, me sigue haciendo ilusión que salga música que me gusta, ya sea de los grupos veteranos o de otros nuevos a conocer, y me sigo poniendo un poco nervioso cuando tengo la oportunidad de hablar o hacerme una foto con algún músico al que admiro. Por eso, le agradecí a Frank poder hablar con él, y que fuesen él y los otros dos miembros de Cryptosis gente tan humilde en este sentido, a lo que simplemente me contestó: we’re metal fans, just like you.
Difícilmente podría haberme dado una respuesta mejor.
Hasta pronto!

