Mike Della Bella, ¿Queda alma en la industria discográfica?

Texto: J.A. LuX / Fotos: mikedbproject web

La música, pese a quien le pese, siempre ha tenido un carácter mercantil que ha transgredido los soportes vitales tanto de la urgencia combativa de las manifestaciones más viscerales, de las reivindicaciones sociales acuciantes, de la trasmisión de mensajes espirituales, de la validación de la popularidad de dogmas, de la visibilidad de las diferencias de género o amor y así, hasta rozar puntos conflictivos entre la libertad de opinión frente al mal gusto, como del derecho a la integridad frente a la crítica tanto constructiva como destructiva, transitando también incluso por encima de los y las que se dirigen al matadero con una sintonía posesiva y generalmente vacía. Propósitos de inercia y con respaldos monetarios asegurados por las grandes marcas que ya no buscan el prestigio, ni mucho menos la quintaesencia de la cultura. Aquí el que manda es el sagrado dólar y, desde esa cuna, cualquiera de sus cambios de divisas mundiales en filiales que ejercen de repetidores sin alma a lo largo y ancho de por donde la raza humana decide repoblarse.

Muy, muy de vez en cuando, un artista consagrado, y, evidentemente forrado, da un salto sin red hacia territorios menos mundanos, congregando desde su púlpito inquebrantable, debates estériles que le proporcionan otro rédito que al final vuelve a morder su propia cola, el de la atención mediática que, de una forma u otra, suma ceros en alguna cuenta bancaria.

Y, como si de un milagro se tratara aparecen figuras que deseamos que se convirtieran en el bache definitivo para que la caravana en la que la realeza deambula por los bosques de la opulencia, se trabe y que aparezca nuestro Robin Hood para saquear sus arcas, al menos las etéreas, y repartir el botín entre los desdichados renegados de una sociedad tan consumista como ciega, tan empobrecida como castigada por su necedad. Ahí aparece el protagonista de nuestro artículo, Mike Della Bella.

Este romano nacido bajo el auspicio de un sueño en persistencia, amamantado por una ilusión recurrente y bajo la tutela de una crianza romántica, acude a una llamada anónima, evadiendo una heroicidad rogada, pero con sentido de responsabilidad civil. Sin visos ególatras para erigirse como un faro moral populista, pero con más lecciones de humildad por impartir que los divisores comunes y sus restos. Un mecenas que no busca más que la atención que merece. Ni una limosna de más, ni un premio de menos.

Su idilio con la música se fraguó en aquellos maravillosos años y se prolongó hasta los codiciados ochenta. La desinhibición que nos procuraron, quizás de una forma más histriónica en la imagen, algo frívola en su mensaje más frontal pero, de seguro, mucho más inspirada en su envoltorio pentatónico de cara a una inmortalidad que, juzgada cuarenta años después a través de un sumario menos purista, convive con un nombre demasiado sólido como para no ser mimado, al ser la cruz que cargaremos sobre nuestros hombros en una memoria colectiva que nos hace comunidad; la banda sonora de nuestras vidas.

Con Faber Farina como fiel escudero, fue apoyado en la banda The Joint Stock Company y llegaron a construir una simbiosis vital en la que la amistad y el soporte humanitario y técnico los convirtió en dos caras de la misma moneda hasta el día presente. Grabaron y disfrutaron, en 1987 y en 1989, en los noventa hicieron fuego y de sus ascuas, el bueno de Faber guardó cenizas, por si el sino estuviera algún día de su parte.

Mike con su guitarra primero y con los teclados después, intentó vivir el sueño, lo acarició, pero la obligación se interpuso entre el bocado real y llenarse la barriga de humo. Con los años, la profesión dotó al hombre de medios, pero no lo completó en su totalidad. Fue entonces cuando en sus circuitos más íntimos, se le animó a continuar el camino emprendido en la juventud. Un sendero que ahora lucía con empedrado dorado, y es que nuestro subconsciente es terco, demasiado, y encima es retorcido, pues añade detalles donde antes había lagunas y, por supuesto, nos sugestiona. Al menos a esa parte inconformista que nos critica desde los hombros y que hace que la entrepierna se nos tambalee, que las rodillas flaqueen y que, finalmente tome posesión de nuestras voluntades artísticas.

Mike Della Bella Project – Nothing I Wouldn’t Do ft. MaShanda Favors

Y así, el bueno de Michele y con la sorpresa de un siempre enfático Faber, quien desde las sombras de la admiración, recompuso un puzle hecho de cintas de cromo con idea de enmarcar unas joyas perdidas con la firma de Mike. Pero, antes de presentarle la idea, se dio cuenta de que el material era tan bueno que no podía serle arrebatado al nuevo mundo lleno de viejas almas. Della Bella accedió y así nació Mike Della Bella Project, donde estos italianos tan apasionados como galantes, reiniciaron todo su sistema operativo para ejercer de directores de orquesta y poder dar visibilidad a otros, a los que la suerte les había posicionado en el lugar correcto, en el momento adecuado.

Y One fue publicado, tras un escrupuloso contencioso entre el alma y la traducción de las aspiraciones en propiedad, cedidas a los cuerpos y mentes de otros. El dúo gestó a la criatura y la banda elegida le enseñó a caminar, pero con la distinción que ellos merecían. Daniele Trissati fue el mago a las guitarras que iluminó las noches de Oz en las neuronas de Michele, Mauro Scardini tomó los mandos de las teclas como una suave brisa de verano que eriza la piel, Marco Pistone arrimó el bajo para que cada palpitación rítmica tuviera su lecho de ecos prolongados con la batería de Francesco Isola. Y el verbo cayó sobre ella, Naná Petrossi, quien con su aroma a juventud y a poesía en movimiento, sentenció cada sílaba para que nuestros ojos les observaran a todos. Su música, entre el rock melódico y el westcoast enamoró en España y abrió puertas y ventanas a lo largo y ancho del mundo, donde miles de cabezas saludaron y donde otras, con verdadera educación, se quedaron a reposar y a sorber paulatinamente ese delicioso néctar que es la amistad. Comenzó bien su retorno a la algarabía circense del mundo del espectáculo, le devolvió años robados por el incesante ¿y sí?

Turn You On

Mientras preparaba su segundo disco con Mike Della Bella Project, el futuro The Man With The Red Shoes, tomó las riendas para atrapar a otra luna que no quería dejar escapar: la de que con toda su generosidad y sus medios, otros talentos pusieran sonido a sus arrebatos hard roqueros. No todo era ingenuidad romántica, también latía lascivia de cuero y tachuelas, de cardados imposibles y de melodías infecciosas. De ahí, con la ayuda de Faber y Daniele, tomaron forma Trideli. Con invitados como Matti Alfonzzeti (Jagged Edge, Bam Bam Boys) y Simone N’Diaye se dieron a conocer en España con una actuación gafada por la parafernalia inherente al propio ego del rock, algo que Mike desconocía. Él vivía en un país más allá de lo grotesco, más elevado que lo carnal. Tenía las canciones pero no la banda, así que, mientras esta habría de llegar, Mike es un soñador empedernido, lanzó el disco del hombre de los zapatos rojos y contó con estrellas de la música tales como Robbie LaBlanc (Blanc Faces, Find Me), Nathan East (Joe Satriani, Eric Clapton, Phil Collins), Rod Sullivan (The Temptations, Smokie Robinson), Shannon Forrest (Michael McDonald, Don Henley), Fran Alonso (Hackers, Krull), Peter Friestedt acompañante de David Foster, del tristemente fenecido Fergie Fredriksen y actualmente en CWF, MaShanda Favors (G Girls), Will Lee (Michael Bolton, Cher, Steely Dan), Jesús Espín (91 Suite/Secret), St. Paul Peterson (Prince, Peter Frampton) o Bill Champlin (Chicago, CWF, Jay Graydon). Todo un plantel de estrellas al servicio de sus más preciados códigos, siempre dispuestos a ser descifrados para quien tenga un mínimo de amor por la música. Toda la sangre, sudor, lágrimas y vil metal solo para proporcionarle al mundo un momento de belleza, sin más pretensiones, ni siquiera la de recuperar sus inversiones.

La piel del toro se volvió a aliar con él en su conquista de corazones y Mike, presa de la música en directo, se lanzó a por todas para que Trideli, un formato más directo y reducido de sumar a la vida, saborearan las mieles del éxito.

Quien busca, haya, y al tenaz latino el universo aún le debe favores, formalizando este 2026 la edición de su disco Jackpot, con el sello de unos Trideli que han dejado uno de los mejores discos de hard rock contemporáneo de la última década. Con N’Diaye asentado con su pertinaz bajo de fusiones jazzísticas, Trissati demostrando que es un auténtico hacha de las seis cuerdas y con Manuel Moscaritolo a la batería, todavía quedaba espacio para encandilarnos con las voces, fiel a la usanza de la mitad de los 65’ Bros. Marco Buzzi, actor y cantante, devorador de planetas contemporáneos y con perfil de figura icónica ha asumido ese encargo y, ¡de qué manera! Sus acuses vocales cubren desde la calentura de Mark Rankin (Gun) a la melancolía de Layne Stayley (Alice In Chains), dejando entre medias decenas de suspiros y emociones benevolentes.

¿Quién en su sano juicio se embarcaría en esta expedición en la que tus compañeros son, al menos, década y media más jóvenes que tú? Yo te respondo, alguien sin miedos ni traumas absurdos, una persona por encima del ego y más allá del sentido común. Un sonámbulo de la realidad, caminando a ciegas por entre los brazos de un Morfeo insomne y, quizás un rey mago de algún lugar entre Oriente y Occidente que todavía está por ser descubierto. No lo sé, pero lo que sí te garantizo es que hechos como este son posibles, pero poco probables.

Tan solo quiero dejar patente que en la música hay alma, en el ritmo hay compromiso, en la melodía hay jadeos de esfuerzo, en los compases hay secretos personales, en los arreglos existen niveles de humanidad y que en su conjunto, pentagramas aparte, todavía hay genios acomodados en lámparas forjadas con polvo de astros fugaces, aguardando a ser acariciados, con ternura, para desplegar todo su encanto y concedernos el más bello de los deseos: la capacidad de hacernos sentir y acompañarnos en ese acto que nos diferencia entre los de nuestra propia especie, rendida ya a lo vulgar, a lo sencillo y, en demasiadas ocasiones a lo condenado al ostracismo.

Todavía estoy esperando a que Metallica den toda su mano para que otros jóvenes cojan su brazo, a que el señor Malmsteen ceda escenario a cuatro imberbes superdotados, a que Iron Maiden presten a Eddie a una cápsula que explique al espacio ulterior que se cocía en la galaxia del rock, pero ya no soy ingenuo, Mike Della Bella solo hay uno.

TRIDELI – Here and Now (Official Music Video)
By J.A.Lux

Amante y coleccionista de música, adorador del Rock y Metal en todas sus vertientes. Apasionado del celuloide y más si es de terror. Defensor irreductible de la cultura, siempre dispuesto a debatir y colaborar para su progreso.

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