Bandas: Saxon
Lugar: Sala Santana 27, Bilbao – 25 de abril de 2026
Fotos: Juan Ramón Felipe
Los conciertos que llenan la Sala Santana ya se perciben desde que bajas del metro en Bolueta. Pero esta vez no era solo cuestión de gente sino de un ambiente de puro y clásico heavy metal. Y es que lo de Saxon en Santana 27 fue una nueva reafirmación colectiva, sin preámbulos y sin necesidad de demostrar nada.


Al llegar la sala ya estaba prácticamente llena, calor acumulado y hasta que no estábamos bien adentro nos costó identificar qué tema sonaba en la PA. El murmullo era constante y no se fue cortando hasta que se apagaron las luces. Tras los primeros gritos y silbidos, arrancaba el show.
Arrancaron con “Hell, Fire and Damnation”, nada menos, y bastaron unos segundos para comprobar que la cosa iba muy en serio.
Después, “Power and the Glory”, “Solid Ball of Rock” y “Sacrifice” golpearon como martillazos, con las primeras filas empujando el foso y la sala completamente llena. “Madame Guillotine” añadió un punto más denso, con una iluminación más fría recortando siluetas, antes de que “Heavy Metal Thunder” terminara de desatar a toda la sala, de atrás hacia delante.

A partir de ahí, todo fue a más en profundidad. “Dallas 1 PM” bajó las pulsaciones, generando ese silencio atento que solo aparece cuando todo el mundo está completamente conectado. Y entonces llegó “Wheels of Steel”. Bastaron sus primeros acordes, como pasa con esas canciones que hacen leyenda, para que la sala cambiara de dimensión. Después sonaron “Motorcycle Man”, “Stand Up and Be Counted” y “747 (Strangers in the Night)”; no necesitaban presentación y todo el mundo coreaba, con puños y cuernos en alto.
Continuaron el repaso de la segunda parte de Wheels of Steel con “Freeway Mad”, “See the Light Shining”, “Street Fighting Gang” y “Suzie Hold On” manteniendo el pulso durante la recta final, sin fisuras, funcionando como un bloque sólido, impulsado por su público convertido en parte del propio show. “Machine Gun” fue el punto de unión total. Todo el mundo sabe que no es el cierre pero la implicación es la misma, un público que no dejaba de cantar, hombro con hombro amigos y desconocidos, todos disfrutando del momento, como queriendo inmortalizar el recuerdo.
Aún guardaban algo de pólvora británica en sus bolsillos. El bis arrancó con “Denim and Leather”, para pasar después a “And the Bands Played On”, como si la banda quisiese reconocer todo lo que estaba pasando allí. Con “Crusader” todo se tornó más épico, con la iluminación jugando en una modulación más cálida y envolviendo el escenario. Y cuando parecía que ya no se podía apretar más, “Princess of the Night” lo terminó de reventar todo, con la sala completamente desatada y la banda apurando el cierre hasta el último cartucho.
En líneas generales, en el centro de todo estuvo Biff Byford. Bastaron su presencia, su control y esa forma de mirar al público que conecta sin palabras. A su alrededor, el resto de la banda se mostró muy precisa, con la dupla de guitarristas Doug Scarratt y Brian Tatler, junto a Nigel Glockler a la batería y Nibbs Carter al bajo, todos sin fisuras, entendiendo perfectamente su papel y ejecutándolo con naturalidad.
Siguen siendo una de las bandas más significativas del heavy metal y, después de tantos años, continúan ofreciendo conciertos increíbles. Muchos consideran que podrían haber llegado aún más lejos, y así se lo reconocen en cada una de sus actuaciones.
Una vez más salimos de la Santana 27 con esa sensación difícil de explicar, de haber estado en algo más que un concierto. Y esa media sonrisa que no se te quita al salir a la calle. Porque mientras haya noches así, con bandas que salgan a tocar con esta intensidad, al heavy metal le queda recorrido.









